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 Sucesos inesperados

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Dominic Smirnov
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Vie Ene 27, 2012 8:59 pm

No haría más que reir ante la respuesta de la joven a lo de los arañazos, definitivamente no le habían molestado, es más, le habían encantado. Era extraño, más considerando que él solía ser bastante quisquilloso con su cuerpo, detesta a las marcas sobre éste y estar tan tranquilo luego de que ella le dejase tantas era por demás llamativo. Como fuera, se alegró cuando pudo sentir como ella parecía dispuesta a moverse para golpearlo o insultarlo luego de mencionar lo de las cuerdas, se había adelantado a lo que ella podía hacer y era algo para sentirse orgulloso, sin embargo no diría nada al respecto. Disfrutaría de cada instante de aquel beso que había utilizado para silenciar los insultos de la joven y aún más de aquellos quejidos y gruñidos que ella dejaría escapar dándole a entender todo el repertorio de insultos que él había logrado evitar.

Lo que sucedió a continuación fue algo que no creyó posible, algo que no vería (mejor dicho oiría) antes de morir... ¿Desde cuándo la rubia gritaba de esa forma? No sabía cómo había sido posible que la rubia emitiese un sonido así, más cuando él estaba acostumbrado a los gritos normales de ésta los cuales no eran ni por asomo tan adorables como el que ella acababa de dar. Se quedaría enternecido tras aquello y ni bien ella intentó apegarse más a él, le rodeó con los brazos forzándola a terminar sobre él para retirarla del frío piso. Si que era adorable cuando realmente se lo proponía... o mejor dicho, cuando ni siquiera se lo proponía ya que estaba más que seguro que aquel cambio de temperatura ni debía habérsele pasado por la cabeza a la rubia hasta que lo sintió de primera mano.

Se quedaría observándole pensativo cuando ella le dirigió una mirada a ceño fruncido, diciéndole que ambos eran animagos, algo que era cierto, pero el comentario se lo había hecho con la clara intención de hacerla sentirse incómoda, apenada. Claro porque sería muy normal ver a un lobo y a una serpiente vagando por los pasillos del castillo de noche... Diría divertido al no contemplar la idea de separarse de la rubia ni aunque ella decidiese dirigirse al baño de prefectos, no podía entenderlo, en el pasado cuando había tenido sexo con una mujer, prácticamente pedía porque éstas se fueran y le dejaran en paz, y ahora era él quien no quería separarse de la rubia. Sacudió su cabeza para volver a prestar atención a lo que sucedía en la habitación.

Ni siquiera pensaría sobre qué es lo que podría estar cruzando por la mente de la joven respecto a la idea de salir a caminar desnuda por Hogwarts, de saberlo se burlaria de ella sin dudas. Se le quedó observando cuando comenzó a levantarse, sintiendo deseos de detenerla pero finalmente la dejó ser mientras veía como se colocaba algunas de sus prendas para cubrir su cuerpo. Como fuera, la pregunta que ella le haría luego sería la misma que él se estaba haciendo desde que la bañera había aparecido. ¿Por qué demonios había salido sólo una de ellas? No lo entendía, pero quizás era por esa necesidad de estar junto a la rubia, una necesidad que si bien no había exteriorizado, estaba latente en el interior de su mente. ¿¡Y-Y a mi por qué me preguntas¡? ¡Pregúntale a la maldita sala! Diría sin poder evitar inflar los mofletes en un mohin bastante infantil al sentirse traicionado tanto por su subconsciente como por la misma sala de los menesteres.

No mentía, no había estado en sus planes que la sala hiciera aparecer solamente una bañera y eso se notaría fácilmente por la reacción del menor, sin embargo, logró calmarse luego de respirar profundo y contar hasta diez. Además... Esbozó una sonrisa maliciosa. Ni que fuera a ver algo que ya no haya visto... Se relamió los labios. o lamido...~ Diría antes de levantarse y comenzar a caminar en dirección a la bañera con claras intenciones de meterse, pero se detuvo en el camino y se giró a observar a la joven. ¿Vas a decirme que estás apenada de estar desnuda ahora? Comentó como si nada mientras se paseaba por todos lados como Dios lo trajo al mundo.

Se quedaría viendo a la joven durante algunos segundos antes de finalmente decidir meterse a la bañera, sentándose en el interior de la misma. Un suspiró relajado escapó de los labios del varón, el agua estaba a una buena temperatura, y le llegaba prácticamente hasta el pecho. Colocaría sus dos brazos en los bordes y echaría la cabeza para atrás cerrando los ojos, pero no permanecería mucho tiempo con los ojos cerrados, ya que pasados apenas unos quince segundos volvería la vista hacia la joven. ¿Vienes? Preguntó con curiosidad y un tinte de malicia. No voy a morderte... a menos que me lo pidas claro está. Diría antes de esbozar una sonrisa entre divertida y maliciosa acompañada de una expresión de similares características.

Independientemente de lo que la muchacha hiciese, él tomaría algo de agua y mojaría su cabello haciendo que éste quedase pegado a su rostro, sin embargo, lo peinaría hacia atrás dándole una imagen bastante... extraña para él, pero que incluso si no fuera por el hecho de que estaba desnudo podría verse elegante acompañada por un traje o alguna prenda por el estilo. Por su parte no tenía mucho que limpiar, salvo algunas gotas de sudor que se habían paseado por entre sus músculos, y una ligera higiene a su intimidad no tenía mucho por hacer y si la joven no quería entrar junto con él, no tenía más que salir para ir a buscar sus prendas, colocárselas rápidamente y finalmente dejar la sala a completa disposición de la rubia que parecía demasiado pudorosa considerando lo que había ocurrido apenas unos minutos atrás.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Vie Ene 27, 2012 9:52 pm

De más está decir que su propio grito la sorprendió una vez se dio cuenta del tono de éste, sin embargo lo que más la avergonzó no fue que Dominic la escuchara gritar así, sino que la alejó del frío colocándola directamente sobre él por lo que todo su cuerpo quedaría en contacto con el del peliplata, aplastando sus senos contra el torso ajeno entre otras cosas. Aún así logró recuperar la suficiente compostura para echarle en cara su capacidad para transformarse. No pensaba correr desnuda por Hogwarts ni aunque su vida dependiera de ello, por lo que la sugerencia del menor no surtiría efecto- Eso dilo por ti, yo no soy vista si no lo deseo -le respondió con un tono burlesco en el que parecía poner en duda las habilidades del varón en cuanto al sigilo a pesar de que sabía por propia experiencia que él era mucho más silencioso que ella en ese aspecto. Lo que la rubia no sabía era que, quizás, ponerle excusas para no salir de la Sala de los menesteres era en sí mismo una simple excusa para no alejarse ella... aunque tampoco es que a la fémina le atrayese mucho esa opción.

No obstante sentía curiosidad y eso la hizo incorporarse para poder observar su actual alrededor, aprovechando para quitarse de encima suya porque, aún en el caso de que no lo quisiera, estar pegada al ojos zafiro en esas condiciones la excitaba y no era algo de lo que querría que el varón se diera cuenta. De todas formas al oírle gritarle una pregunta a modo de respuesta no pudo evitar gruñir alto- Estoy a tu lado, no tienes porqué gritarme -mencionaría algo molesta no por la pregunta ni la expresión que el varón puso, al contrario, esas reacciones le provocaron tremendas ganas de reír y/o de cogerle de los mofletes y tirar de ellos como si él fuera un crío pequeño. Estaba molesta porque le había gritado casi al oído y, si bien creía que tras tantos gemidos altos estaría sorda por un buen rato, resultaba que sus sentidos permanecían bastante agudos... pero todos, incluso el gusto pues le bastaba con mover un poco la lengua para sentir el sabor de la sangre ajena todavía impregnado en su boca.

Desgraciadamente para ella la actitud infantil e incluso tiernamente enojada del menor duró poco, demasiado como para que pudiera burlarse de él pues pronto recuperó su personalidad insufrible y cuando le reclamó por haberse cubierto las zonas sacras de su cuerpo se sonrojó sin remedio, teniendo que aguantar las ganas de tirarle algo más que nada porque lo único que tenía a mano era su ropa y no sería nada agradable lanzarle a la cabeza su falda o alguna de sus prendas interiores. Por ahora se conformó con gruñirle alto -a pesar de que eso no quitara su rubor ni hiciese desaparecer el molesto calor que había empezado a sentir de nuevo en su cuerpo al oírle la palabra "lamido"- y mirarle como si buscara matarle, unas acciones que se afianzaron cuando escuchó su estúpida pregunta.

- ¿A-a ti qué te parece, idiota? -musitaría por lo bajo sintiendo que su labio inferior y ceño temblaban no sólo porque le costaba reconocer que, en efecto, se avergonzaba de que él la viera desnuda incluso después de habersele entregado, sino porque encima él había tenido la poca vergüenza de caminar delante de ella sin ropa alguna... y eso le provocó un ahora conocido pinchazo en su intimidad que le afirmaba lo que ella ya sabía y maldecía: el cuerpo de Dominic la excitaba, aunque sólo fuera verlo pues no pudo apartar la mirada de él, esperando que no se diera cuenta de eso. Cuando le vio entrar dejó escapar un suspiro silencioso entre aliviado y decepcionado pues la tina le tapaba las vistas, pero al menos así podría intentar relajarse y disimular su estado.

Cuando él le preguntó los orbes de la fémina volvieron a abrirse para fijarse en los ajenos pues los había cerrado buscando calmarse antes y quizá habría respondido de no ser por lo que le dijo después. Su garganta se secó en apenas un segundo y el recuerdo la asaltó de forma rápida. Aquella frase, si bien no era igual, se parecía mucho a la que el impostor le había susurrado antes de besarla y eso la incomodó. Sabía que no eran la misma persona pero eso no logró evitar que su ceño se frunciera levemente y sus orbes se entrecerrasen al tiempo que su cuerpo temblaba, aunque probablemente el temblor pudiera ser confundido por el frío que su cuerpo sentía, pero que ella ni notaba. No supo cuánto tiempo estuvo callada y quieta, mirándole como si en realidad viera a otra persona y no estaba eso muy lejos de la realidad. Sin embargo se obligó a centrarse, mordiendo la herida que traía en su labio inferior para que el dolor la devolviera a la realidad, permitiéndose así discernir los gestos y demás que habían acompañado a la insinuación de su amante.

Se habría transformado y largado tras algún comentario tajante de no ser por la sonrisa que se dibujó en los labios ajenos. Ya más tarde se reprocharía, pero ahora su orgullo había sido atacado y por ello no dudó ni un segundo antes de levantarse -un poco tambaleante al principio- y dirigirse hacia la tina, dejando caer las prendas justo fuera de ésta cuando entró. Soltaría un amplio gemido cuando el agua caliente la cubriera hasta casi la clavícula, manteniéndose a flote al dejar su cabeza sobre el borde del jacuzzi, aprovechando para entrelazar sus dedos de ambas manos y estirarse hacia arriba antes de hundir sus brazos en el agua, manteniendo las piernas replegadas para evitar cualquier roce casual con el cuerpo del varón. Eso sí, al igual que había tenido cuidado para no tocar a Dominic también lo tuvo con su cabello y lo había dejado colgando por fuera salvo su flequillo y los dos traviesos mechones que le llegaban a la altura del pecho y que ahora se pegaban a su piel por el sudor salvo en su último tramo, pues flotaban sobre el agua. No iba a arriesgarse a que lo que fuera que hacía el efecto masaje del jacuzzi atrapara por accidente su cabello y tirase de su rostro hacia abajo, incluso pensó en volverlo a recoger pero se dejó las cintas en... bueno, en algún lugar de la sala estarían.

Cabe añadir que no le pasó inadvertido el cambio que supuso en el varón echarse el cabello hacia atrás. Su apariencia habitualmente salvaje cambiaba a una incluso elegante si hacía que su de seguro rebelde cabello se mantuviese quieto en un peinado más o menos formal, aunque personalmente era incapaz de imaginárselo con un traje a menos que éste presentara desgarros y ciertas modificaciones como accesorios de metal, corbata mal colocada o inexistente, chaqueta al hombro o sin ella, camisa con botones sin abrochar o sin ellos directamente, etc. Esa sí era una imagen que podía dibujarse en su cabeza... y no era tan mala como hubiera podido suponerse aunque no dejó que eso se reflejara en su rostro, suficiente tenía con controlar sus actuales impulsos -algo que gracias a la agradable temperatura del agua estaba logrando- como para ponerse a imaginar al varón con ropas de por sí tentadoras.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 28, 2012 5:47 pm

No haría más que dejar escapar un gruñido cuando ella le diría a modo de burla que si no quería nadie la veía. Si, ella era sigilosa y eso no lo discutía, pero en varias ocasiones el varón había tenido que distraer a algunos guardias o profesores para que la muchacha no terminase siendo regañada. No se lo iba a echar en cara, de hecho si había actuado de esa forma era porque quería y por nada más. Como fuera, como su manera de responder lo demostró, la pregunta de la rubia le había tomado totalmente desprevenido y eso se notó cuando le respondió con aquel sonoro grito que haría molestar a la rubia, recibiendo de su parte un comentario molesto, comentario que recibiría como respuesta un nuevo gruñido del varón ya que ella tenía razón, prácticamente le había gritado en el oido y si la situación hubiera sido a la inversa él hubiera reaccionado igual o peor que Elizabeth.

Era hasta tierno ver como la rubia parecía avergonzada por estar sin ropa frente a él luego de que él ya la hubiese visto desnuda, luego de que los dos se hubiesen entregado por completo el uno al otro. El silencio se apoderó de la habitación luego de que de manera inconsciente dijera una frase que el sujeto que le había reemplazado anteriormente también había utilizado, de haber sabido que ese tipo había dicho exactamente lo mismo que él ahora se habría sentido mal por traer aquellos recuerdos a la mente de la rubia. De todas maneras percatándose del silencio que se había formado entre ambos abrió los ojos para observar a la rubia notando como ella se había quedado quedado completamente quieta durante ese tiempo. ¿Qué le pasaría? Se preguntaba ello varias veces en su mente pero no tuvo tiempo de formular su pregunta.

Luego de un rato que la joven se había mantenido estática en su lugar, ésta comenzó a caminar en su dirección, despojándose de aquellas molestas prendas que evitaban que el varón pudiera disfrutar por completo del cuerpo de la rubia, aquel cuerpo que pocos minutos atrás había tenido la suerte de poder sentir con cada centímetro del suyo. No pudo evitar sentir un escalofrío recorrer su cuerpo al oirle gemir al entrar en contacto con el agua, claramente recordando los gemidos que él mismo le había provocado anteriormente. Su mirada se deleitaría con la rubia ingresando en el agua, viendo como poco a poco cada centímetro del cuerpo de la joven comenzaba a mojarse hasta que el agua alcanzó finalmente su clavícula, sin creer aún que ella hubiera aceptado meterse en la misma bañera que él.

Si que era afortunado por verle de esa forma, la joven era hermosa, de eso no había dudas y todos y cada uno de sus movimientos se veían seductores a pesar de que quizás ni siquiera los hiciera con esa intención. Ver como se estiraba de esa forma era tentador, bastante le costó aguantar las ganas de lanzarse sobre ella a besarla, pero lo había conseguido de alguna forma. Fuera como fuera, y a pesar de que la vista era fantástica decidió controlarse porque sabía que si se le ocurría hacer algo terminaría exitado nuevamente y sería problemático... sería problemático si la joven no escapase a tiempo ya que él no respondía una vez que sus hormonas se descontrolaban y terminarían como habían estado un rato antes. Suspiró para calmarse y quitarse ideas raras de la cabeza, pero el hecho de que un suave cosquilleo comenzara a sentirse en su intimidad no era para nada buena señal.

Ajeno a todo pensamiento que pudiera estar pasando por la mente de la rubia se quedó mirándole a los ojos con cierto brillo que jamás había mostrado antes, un brillo que mezclaría el orgullo y la felicidad. ¿Pero orgullo por qué? No era por haber tomado la virginidad de la joven, algo que si bien le había resultado lindo no era lo que más le importaba. ¿Entonces por qué tenía esa mirada de idiota? No podía decirlo con certeza, pero ciertamente no era el hecho de haber cumplido la fantasía de varios de los hombres de Hogwarts al acostarse con ella, no, era algo bastante más profundo e incluso sentimental que algo así. Dejó escapar un sonoro suspiro mientras cerraba sus ojos y echaba su cabeza hacia atrás dejándola colgando en el borde del jacuzzi, habían muchas cosas que tenían que hablar.

Permanecería en silencio durante algunos segundos antes de dirigir la mirada hacia la rubia. Oye... Diría con algo de nerviosismo mientras volvía la mirada a la rubia. ¿Seguiremos comportándonos como siempre..? Preguntó con curiosidad haciendo clara referencia a cómo iban a tratarse a partir de ahora. No sabía qué es lo que harían y cualquier cosa que ella decidiera posiblemente fuera la mejor, no sabía si iban a mostrarse quizás algo más "melosos" a partir de ahora, pero quizás un punto intermedio sería lo mejor para no perder aquella personalidad que les había atraido. Como fuera su vista no se despegó de la rubia en ningún momento, suspirando con pesadez notando que estaba algo incómodo por lo que estaba a punto de preguntarle.

Dejaría de lado dicha incomodidad y tomaría el valor necesario para dejar su lugar y acercarse a la rubia. Si bien el jacuzzi no era demasiado grande tenía el tamaño justo como para que hubiera una buena separación entre ambos. ¿Te molesta si te abrazo? Preguntaría con cierto tonito inocente ya que no sabía por qué, pero sentía el deseo y la necesidad de estar cerca de la rubia. Si la respuesta de la rubia era negativa simplemente se detendría y volveria a su lugar, y en caso contrario se acomodaría a un lado de ella y la movería sobre su cuerpo para poder abrazarla por la espalda, entrecruzando sus brazos delante del vientre de esta en un suave abrazo. Independientemente de la respuesta, sus próximas palabras serían las mismas. ¿Dije algo que te molestó? Te quedaste callada bastante tiempo hace rato... Fue la primera pregunta que formuló ya que la misma había estado rondando su mente desde hacia un rato. ¿Qué es lo que somos ahora..? Le preguntó finalmente sin saber cómo calificar su relación en esos momentos. ¿Eran novios, amigos con derechos, amantes ocasionales? No lo sabía, y quería saber la respuesta a dicha pregunta para adaptarse a ello.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 28, 2012 6:44 pm

La única reacción visible la fémina ante el gruñido que recibió de parte del varón fue un divertido y malicioso "Hmp" aunque era obvio que no sabía lo que estaba recordando el varón en ese momento. ¿Él la había cubierto para no ser descubierta? Era difícil de creer pero aún en el caso de que fuera verdad no es que a Elizabeth le importara que los profesores le echaran el sermón, total, nunca los escuchaba y terminaba siempre haciendo lo que le daba la gana. No obstante, si llegara a saber que el varón se había arriesgado varias veces por ella sería una enorme sorpresa, no se lo esperaba de alguien tan egocéntrico como Dominic después de todo. Por otro lado el segundo gruñido que recibió logró hacer que su mirada se afilase un poco más, como recordándole que era ella quien debía sentirse molesta por haber recibido un grito en plena oreja y no él que más parecía un niño siendo regañado por algo que había hecho pero no quería reconocer.

Por otro lado no tenía ni idea de que se veía tierna mostrando pudor tras la... intensa situación en la que habían estado minutos atrás. La verdad es que no sabía ni cómo lograba mantenerse despierta pues seguía notando un increíble cansancio, de no ser por la repentina aparición del suelo de azulejos helados de seguro no le habría llevado más de unos pocos minutos dormirse en los brazos del menor, aunque era fácil suponer que cualquier rastro de sueño desapareció al sentir el frío calarle hasta los huesos en aquel fugaz segundo que fue desde el grito hasta que Dominic la apartó del suelo. Esa acción no la agradeció con palabras aunque su cuerpo sí que se relajó pues la diferencia entre el suelo y el varón era clara y la temperatura de este segundo mucho más agradable. Después de eso no se percató de que su silencio había despertado incógnitas en su compañero ni de que sus mismas acciones habían impedido que él le cuestionara.

Dejó de lado su pudor -más bien lo ignoró pues seguía presente- y se introdujo en la bañera sin ser consciente de que sus movimientos eran como un sensual espectáculo privado para el peliplata así como tampoco de que su gemido le había provocado, tentado en cierta manera junto con sus acciones que sólo buscaban ayudarla a relajarse aún cuando sabía que eso sería imposible debido a la situación. Como fuera, una vez se acomodó en el lugar tomó algo de agua para mojarse la cara y tras ello parte de la cabeza, aprovechando ahora que tenía el flequillo mojado para moverlo un poco y dejar parte de su frente libre así como sus ojos. Pudo notar que tenía los labios hinchados y que la herida que permanecía en el inferior ya empezaba a mostrar una pequeña costrita -más bien una gota de sangre coagulada- lo bastante frágil como para que incluso un simple movimiento de su lengua pudiera quitarla. Fue tras ello que sus ojos se abrieron, encontrándose directamente con los ajenos que le hicieron sentir un nuevo escalofrío. No supo discernir cómo la miraba, sólo sabía que lograba estremecerla al mismo tiempo que la divertía pues le veía una cara de idiota, aun así contuvo las ganas de burlarse, molestarle estando tan cercanos y encima desnudos no era algo sensato, menos aún teniendo en cuenta el carácter explosivo que él poseía.

Dejó de lado eso y se centró en intentar relajarse aunque su atención pronto se desvió de nueva cuenta al ojos zafiro cuando éste la llamó, preguntándole algo que ya se le había cruzado por la cabeza en un par de ocasiones. No dudaba ser capaz de comportarse como siempre con él después de lo ocurrido, pero tampoco quería que todo Hogwarts supiera que alguien había logrado domar a la bestia. Cierto era que lo que los demás pensaran le daba absolutamente igual aunque quizás para ahorrarse problemas -al menos ella, no era misterio que muchas chicas estaban coladas obsesionadas por Dominic- podrían seguir como siempre y aprovechar x momentos para dejarse llevar. Sería algo así como burlarse de la estupidez de los demás. Incluso podrían considerarlo un juego, a ver cuánto duraban sin que sus propios sentimientos les hicieran perder el control de tal manera que alguien los descubriera porque el hecho de ocultar la relación no implicaba que no pudieran provocar al otro para ver quién caía ante la tentación por medio de miradas indiscretas, roces casuales y esas cosas.

A pesar de estar considerándolo no comentó nada sobre esa posibilidad que se estaba formando en su mente, más que nada porque él no le dio tiempo a responder aún cuando fue más culpa suya pues se había tomado su tiempo para pensar en la pregunta. Su mente quedó completamente en blanco cuando le escuchó aquella indirecta petición, al principio creyendo haber escuchado mal y, apenas un segundo después, sintiendo que sus mejillas se ponían rojas de nuevo. Si ya le costaba controlarse eludiendo el contacto físico con él no quería ni imaginarse el golpe que sufriría su autocontrol si él la abrazaba... pero la verdad era que sí quería tenerle cerca. Por ello utilizó un sencillo actio para llevar a su mano una de las cintas y recogerse el cabello en un moño que dejaría libres sólo los mechones mojados antes de negar con el rostro, dando a entender que podía hacer lo que quisiera y cuando fuera acomodada sobre él -porque cuando él la abrazara por la espalda irremediablemente acabaría sentada sobre él- soltaría un nuevo gemido ante el contacto, llevándose rápidamente la mano izquierda a la boca para cubrirla en un intento fallido por silenciar tal reacción al mismo tiempo que se reprochaba por ello. No quería parecer una pervertida pero su cuerpo estaba increíblemente sensible, prueba de ello era que el mero roce entre ambos la había hecho gemir... y eso la avergonzaba.

Fuera cual fuera la reacción de Dominic ante eso si sus preguntas no variaban la fémina bajaría su mirada hacia el agua, jugando un poco con ella al mover sus manos y dedos formando un par de pequeños remolinos antes de responder- Lo de morderme. Él... Él dijo algo parecido antes de... -no terminó la frase pero no le haría falta, estaba segura de que su acompañante sabría a quién se refería y, por si en sus palabras pudiera haber alguna duda, su tono de voz sería suficiente para confirmar que hablaba del hombre que la había besado en el patio. Esperó paciente cualquier reacción por parte del menor y cuando le preguntara sobre ellos se quedaría pensativa unos segundos, considerando las distitnas opciones que también habían apsado por la cabeza del varón antes de decidirse a contestar, aunque no pudo resolver la duda.

- La verdad... es que no lo sé -confesó con cierto tono divertido en un intento de dejar atrás el tema del primer beso, puede que fuera importante para las mujeres en general pero el karma le había recompensado con algo que sólo en sus fantasías se hubiera podido imaginar. Por otro lado, si bien no sabía lo que eran tenía muy claro que no eran amigos con derechos, que no quería ser sólo eso. Tampoco quería limitarse a ser su amante pero... ¿soportarían una relación estable? Se amaban, los dos lo habían dejado claro, pero sus personalidades chocaban demasiado y era de conocimiento general que en las parejas las diferencias se hacen más notables y suelen ser producto de constantes discusiones. Dominic y ella discutían siempre pero su relación no pasaba de ser rivales y casi amigos, si se convertían en una pareja formal era posible que sus discusiones fuesen más frecuentes y más duras, siendo eso lo que precisamente la asustaba. ¿Y si al final de todo los dos acababan odiándose? No podía adivinar el futuro, pero estando esa posibilidad prefería conformarse con ser su amante.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 28, 2012 7:52 pm

Era una verdadera lástima no saber qué era lo que la joven pensaba, pensar en comenzar un juego de provocaciones no era mala idea en lo absoluto y a decir verdad podía llegar a ser una muy buena manera de alimentar sus fantasías. Dejando de lado el hecho de que no tenía forma de saber lo que ella había pensado, se quedó observándole entretenido cuando ella gimió de esa forma ante el mero contacto físico enter ambos, un contacto tan suave que era hasta llamativo que ella tuviese una reacción como aquella. No dijo nada, de hecho había disfrutado de aquello al sentirse bastante bien de ser capaz de provocar una reacción de esa magnitud con un suave contacto sobre el cuerpo de la rubia. Tras sus preguntas guardaría silencio, silencio que sería roto tan solo por las respuestas de Elizabeth.

Estuvo expectante de las mismas durante algunos segundos, sin embargo, tras oir la primer respuesta no pudo más que suspirar con tristeza, había hecho que se sintiera incómoda con una frase que él solía utilizar bastante y que el maldito impostor había utilizado para personificar mejor al peliplata. Entiendo... Diría afianzando el abrazo sobre el cuerpo de la rubia, tomándola un poco más fuerte. Con su respuesta estaba claro que intentaría quitarse ese molesto hábito de utilziar aquella frase, quería evitar a toda costa que ella recordase esa fea situación por la que había tenido que atravesar. Fuera como fuera, la respiración del varón se mantuvo tranquila, acariciando con suavidad la piel desnuda de la rubia, justo sobre su hombro derecho para ser exactos.

Se quedó pensativo y con los ojos cerrados mientras intentaba borrar de una vez por todas esa maldita frase de su repertorio, evitando así volver a repetirla, pero sus pensamientos se vieron cortados de manera abrupta cuando ella respondió la segunda pregunta que él le había hecho apenas unos segundos atrás. No te preocupes... Diría a modo de respuesta por lo que ella le había dicho. ¿Qué mas daba después de todo? Eso al menos fue lo que quería hacerse creer, que no importaba mientras pudiera estar con ella, pero lo que le incomodaba en cierto modo era no saber cómo le veía ella a él. Suspiró con pesar, dando un suave besito sobre el hombro de la rubia antes de apoyar su rostro sobre el mismo, dirigiendo su mirada hacia el muro que estaba directamente hacia la derecha de ambos.

Se quedaría pensativo observando hacia la nada misma en aquel muro, ni un sonido escaparía de los labios del varón más allá de algún que otro travieso suspiro. No entendía qué era lo que le pasaba, definitvamente estaba raro y hasta él podía darse cuenta de ello. No supo cuanto tiempo permaneció en ese estado de trance, pero algo era seguro, su mente no dejaba de dar vueltas al asunto en cuestión, ya fuera pensando en posibles respuestas para sus propias incógnitas como para las que la rubia le había generado al responder que no sabía qué es lo que eran. De saber que ella temía que los dos terminasen odiándose si es que llegaban a iniciar una relación formal habría intentado quitar esas ideas de su mente, pero ella tenía razón, discutían demasiado normalmente y comenzar una relación probablemente no sería la mejor idea.

Dejó escapar un sonoso suspiro antes de finalmente decidir que no le importaba "etiquetar" lo que fuera que ellos tuvieran siempre y cuando pudiera estar junto a la rubia. ¿Qué más da..? Sería lo que el varón diría antes de continuar. Me basta con tenerte a mi lado... Comentó antes de levantar su rostro para darle un nuevo beso sobre el hombro y se movería hacia la mejilla de la rubia para dar otro en ese lugar. Pero quiero que sepas que no te veo como un objeto para saciar mi lujuria... Dejó escapar un suspiro. Significas mucho más para mi que eso... Apoyó su mentón con suavidad sobre lel hombro de la rubia. ¿Está claro? Diría antes de dar otro besito sobre la mejilla de la joven.

Esperaba que al menos con sus palabras le hubiera dado a entender que no la veía como a una amiga con derechos o a una simple amante, si bien no había sido del todo claro quizás, la joven no era tonta, todo lo contrario, y no dudaba que se daría una idea de lo que él había querido decir. Aunque en otro momento él hubiera preferido morir, ahora no le molestaba en absoluto darle a entender a la joven que ella significaba mucho más para él de lo que pudiera creer. Guardó silencio, las palabras sobraban ya a decir verdad, lo mejor iba a ser que continuaran tratándose como lo habían hecho hasta entonces, y sobre qué tipo de relación tenían ya habría tiempo para pensarlo, eso no cambiaría de ningún modo lo que él sentía hacia ella, y aunque no pudiera decirse que eran novios, al menos él no tenía en mente fijarse en nadie más desde ahora, era extraño, ella había logrado hacerle sentir diferente y no quería traicionar la confianza de la joven.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 28, 2012 9:08 pm

No le hizo falta voltear a mirarle para saber la posible expresión que él tendría dibujada en el rostro al escucharla gemir, de ahí que tras el gemido se dejara escuchar un bajo gruñido que demostraba una curiosa mezcla entre molestia y vergüenza, aunque lo primero -sorprendentemente- era más por su actual sensibilidad que por saber que a él podía parecerle hasta divertida su reacción. Aún así tuvo que agradecer en silencio pues él no se había reído, algo que de seguro lograría cabrearla, ni había hecho nada para provocar un nuevo gemido en ella... aunque siendo sincera consigo misma lo segundo era una idea bastante tentadora y tuvo que negar con el rostro casi sacudiendo sus cabellos para apartar de su mente cualquier imagen pervertida antes siquiera de que se formaran. Por mucha curiosidad que pudiera despertarle la idea de hacerlo en un jacuzzi -algo que la hacía sentirse rara, incluso teniendo los Croft varios de esos ella siempre había preferido una humilde tina a la hora de bañarse- no quería que su cuerpo lo exteriorizase, quién sabe lo que haría Dominic si se enterase...

En fin, cuando respondió la verdad era que no quería hacer que él se sintiera incómodo, incluso pensó en callar para que él no se culpara por la frase pues sabía que no lo hizo a propósito, después de todo él no sabía lo que había pasado antes del beso y la joven no estaba por la labor de contarle lo ocurrido, entre otras cosas porque hacerlo sería admitir indirectamente que le había estado evitando porque había descubierto inconscientemente que le gustaba y, si bien ahora eso era más que obvio, prefería no mostrarse más torpe en el plano sentimental de lo que ya lo había sido. El triste suspiro que escuchó logró tensar algunos de sus músculos, especialmente los de las manos pues en un acto reflejo había acabado abrazándose, teniendo sus brazos más o menos sobre los senos y las manos sobresaliendo un poco del agua. No quería que él se sintiera mal por raro que le resultara y cuando sintió afianzar el abrazo soltó un pequeño suspiro al tiempo que se relajaba un poco, apoyando su espalda contra el pecho ajeno tanto para acomodar su posición como para sentirle más cerca y que él supiera que no iba a alejarse.

- No tienes porqué hacerlo -comentó por lo bajo sabiendo de antemano lo que en esos momentos cruzaba por la cabeza del varón. No quería que él cambiase ni una mísera parte de su personalidad sólo porque ella tuvo una mala experiencia. Agradecía que intentara no recordarle lo sucedido, pero si había soportado ver a sus padres muertos soportaría aquello pues incluso teniendo en cuenta que la voz fue la misma que pronunció aquellas palabras, ella podía captar la diferencia. Ínfima, puede que incluso inexistente, pero ella la encontraba. No tuvo mucho más tiempo para pensar en ello, la respiración que sintió sobre su hombro logró erizarle la piel que fue bañada con el aliento del varón al tiempo que un nuevo escalofrío recorría su columna y el rojo de sus mejillas se mantenía vivaz incluso mientras respondía a la siguiente cuestión, sintiéndose todavía confusa sobre su situación a pesar de que él le dijera que no se perocupara.

Desconocía que su propia confusión incomodaba al varón pero no podía hacer nada para evitarlo. Nunca había tenido una pareja ni mucho menos estado enamorada así que temía que cualquier posible respuesta fuera una mala respuesta, no quería precipitarse y estropearlo todo aunque las nuevas acciones del menor le impidieron seguir dándole vueltas al tema pues ni bien sintió el beso sobre su hombro ahogaría un gemido al morderse el labio inferior, haciéndose un poco de daño en la herida pero logrando silenciar casi al completo aquel sonido. Tras ello movió su rostro un poco a la derecha, lo justo para poder ver a Dominic de reojo sin que ninguno de los dos estuviera incómodo. La verdad es que sentía curiosidad por lo que pudiera estar pensando pues no era normal en él quedarse callado tanto tiempo. No fue mucho en realidad, sólo el suficiente como para que a la rubia se le antojase inusual el silencio, incluso decidió llamarle la atención para comprobar si es que seguía despierto o para tener al menos alguna reacción suya pero la nueva pregunta la tomó desprevenida, y ya ni hablar el comentario que la siguió.

Su sonrojo aumentó con aquella inocente confesión y volvió a mira hacia delante, tragando grueso al sentir que sus mejillas ardían con cada beso que él le daba y que lograban arrancar, como mínimo, leves suspiros no precisamente inocentes. Sin embargo, fueron las siguientes palabras las que la desarmaron por completo. Claro que entendió lo que le había querido decir, por eso mismo fue incapaz de esconder la sonrisa que se dibujó en sus labios antes de asentir en respuesta y girar su rostro para, desde esa posición, besar los labios ajenos al principio con una suavidad casi impensable y luego dejando ver unas muestras de pasión cuando sus labios comenzaron a moverse, masajeando los contrarios e incluso aventurándose a pasear la punta de su lengua sobre ellos. Era cierto, las palabras sobraban. Para ella él tampoco era un simple amante, era el único que necesitaba, el único que quería.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 28, 2012 11:33 pm

Debía admitir que cuando ella se acomodó sobre su pecho, relajando sus músculos le dio a entender a la perfección lo que había querido, en ese momento él pudo sentir que ella efectivamente no iba a alejarse de él y eso lo reconfortaba en cierto modo. Se sentía mal de que alguien hubira utilizado su apariencia, pero era consciente de que no era su culpa y que no había nada que hubiera podido hacer para evitarlo. Su mente continuó siendo una maraña de pensamientos y sentimientos cruzados durante algunos segundos hasta que las palabras de la joven ciertamente le despertaron de su trance y le dejaron completamente desconcertado. ¿A qué se refería con aquellas palabras? ¿Podía ser que fuera capaz de leer sus pensamientos sorteando con maestría aquella barrera que él había logrado colocar en su mente con años de entrenamiento? No... no era posible, al menos eso esperaba él.

Descartada la posibiidad de que ella fuera capaz de adentrarse en su mente, pasó a su segunda opción, una opción bastante más lógica ya que no era secreto que su accionar permitía ver en su alma como si fuera un libro abierto. ¿Podía ser tan transparente acaso? ¿O quizás la rubia ya había logrado entender y "leer" las reacciones del va´ron por todos los años que llevaban de conocerse? Podía ser, ya nada le sorprendía de aquella joven de rubios cabellos a la que le había confesado su amor apenas ese día, tantos años de conocerla y ni siquiera sabía que ella podía haber sentido algo como lo que él sentía hacia ella. Suspiró ante la idea de que ella le conocía de esa forma, quizás no lo exteriorizaran, pero siempre iban a estar el uno para el otro a pesar de que se pasasen los días peleando, y tan solo con ver al otro eran capaces de entender si se encontraba o no bien.

Se había quedado pensando en aquella conexión que, sin querer quizás, ambos habían formado entre ellos. Debido a la cercanía entre ambos fue que pudo percatarse de los intentos de la rubia por acallar aquel nuevo suspiro que buscaría escabullirse traviesamente por sus labios, siendo apresado en los mismos por aquella sensual mordida que ella se había dado quizás para evitar que él la tratase de pervertida por gemir y suspirar por acciones como aquellas. No lo haría, sentirlas a pesar de sus intentos por ocultarlas era mucho más satisfactorio a decir verdad, ya habría tiempo para echárselo en cara luego. ¿Por qué utilizar todas sus cartas en un solo juego? Sintió como ella se acomodaba para poder verle, aunque no volvería su vista al estar más centrado en sus pensamientos que en las propias acciones de la rubia.

Tras sus palabras, esperó por una respuesta de parte de su... pareja, y fue entonces cuando pudo percatarse de la sonrisa de la rubia gracias a la posición en la que él se encontraba, una sonrisa tan hermosa como la misma portadora. Le observó girarse y tras sentir el beso comenzó a corresponderlo con un suave movimiento de sus labios que aumentaría gradualmente a medida que los mismos besos de la rubia se hacían más y más apasionados. Un delicioso escalofrío recorrió la totalidad de su anatomía cuando ella comenzó a utilizar la punta de su lengua para acariciar con maestría los labios de él, una sensación tan placentera que podría hacerle perder la razón si es que ella seguía comportándose de esa forma. Poco a poco su lengua comenzaría a aventurarse al exterior con la única y traviesa intención de acariciar a la de Elizabeth.

Las manos del varón se separarían para poder acariciar con suavidad el torso desnudo de la rubia, moviéndose de arriba a abajo en suaves masajes a todo su costado, llegando hasta escasos centímetros de donde los senos de la rubia se encontraban, aunque no llegaría a tocarlos aún, pero sintiendo deseos de hacerlo. Sin que por su mente cruzase siquiera la idea de llegar nuevamente a comenzar un acto sexual, sus labios continuaron apresando tierna y apasionadamente los ajenos, disfrutando de cada roce, cada presión, cada contacto con la lengua ajena. Indescriptibles sensaciones que era increible volver a sentir, era extraño, jamás pensó que se volvería dependiente de algo en su vida, pero se estaba dando cuenta que los labios de la rubia se le estaban haciendo tan necesarios como el aire.

Embriagado en las sensaciones que ella le hacía sentir, el tiempo nuevamente pareció detenerse por completo y si ya de por si no tenía ni la más remota idea de cuánto tiempo llevaban allí, en estos momentos parecía que nada de eso importaba. Elevó la diestra para poder acariciar el rostro de la rubia, una suave y delicada caricia en su mejilla fue dada antes de que él se separase algunos centímetros. Eres muy cruel... Diría dando un corto besito sobre los labios de la rubia. Haces que no piense con claridad, me haces desear tus labios y nublas la poca razón que tengo... Diria con un inusual brillo en sus zafiros que con intensidad se mantenían clavados sobre las bellas y delicadas esmeraldas ajenas.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 29, 2012 12:19 am

A pesar de su excepcional habilidad para memorizar y aprender la verdad era que la fémina no era capaz de atravesar la barrera que Dominic tenía alrededor de su mente, suponía que ni ella ni nadie sería capaz de hacerlo pero la verdad era que no lo necesitaba, le bastaba con analizar un poco la situación para comprender qué era lo que estaba pasando por la mente de su compañero y, si bien sus suposiciones podían ser erróneas, en esta ocasión había acertado. Haber compartido peleas y discusiones con el varón durante seis años dio sus frutos y, aún cuando era obvio que no se conocían pues poco era lo que sabían el uno del otro -y casi todo lo que sabían lo descubrieron por casualidad-, fueron precisamente todas esas discusiones y peleas las que los habían llevado a su actual situación además de que era curioso que la persona con la que más tiempo parecían pasar fuera precisamente con el otro pese a que sus encuentros siempre habían acabado en insultos, gritos y golpes. Es más, si la rubia se ponía a analizarlo podía asegurar que pasaba con Dominic casi el mismo tiempo que con su hermanstro, y eso ya era decir mucho. Como fuera, todo eso ahora era más bien irrelevante, lo que importaba era que habían acabado como un par de idiotas enamorados, no que acabaran de esa forma después de su largo y conflictivo historial.

Por otro lado no sabía qué podía estar pensando con respecto a sus reacciones y de saber que se guardaría todo eso para usarlo de burla después de seguro le daría un buen codazo aprovechando que su envergadura era mucho mayor a la de ella, alguna ventaja debía tener ser pequeña y alcanzar puntos débiles con facilidad era una de esas ventajas. El menor debía dar gracias a que ella no supiera leerle la mente y que en ese momento estuviera lo bastante centrada en responder como para adivinar lo que estaba pensando pues de ser así el jacuzzi podría haberse convertido en un mini campo de batalla... eso si duraba lo suficiente aunque quizás una nueva pelea entre ambos no fuera una gran idea, en esas condiciones Elizabeth tenía todas las de perder y, aún cuando no lo pensara, era consciente de ello. De todas formas cualquier pensamiento se borró de su mente cuando le besó, sonriendo en sus adentros cuando él correspondió y arrancándole un ahogado gemido cuando ambas lenguas se encontraron. Ese no fue el único pues algunos más le siguieron cuando las manos del peliplata recorrieron su piel, erizándola y haciéndola estremecer aún cuando se negara a reconocer que su sensibilidad era tal que estaba excitándose sólo por un beso y unas pocas caricias. Era una deliciosa tortura sentirle acariciándola sin llegar nunca a pasar por las zonas sacras de su cuerpo, llegando incluso a hacerla arquear un poco su espalda al tiempo que sus manos se afianzaban a los antebrazos del varón no con intención de detenerle, sino por la simple necesidad de aferrarse a algo en un intento por controlar su propio cuerpo.

Dicha tarea se le estaba volviendo algo imposible aunque recuperó algo de cordura cuando sintió la caricia sobre su mejilla pues había tenido cuidado de que sus manos no obstaculizaran ni entorpecieran los movimientos ajenos. Aún así se sorprendió cuando la tachó de cruel, no entendiendo al principio a qué se refería aunque a medida que las palabras iban saliendo la ojos esmeralda se sintió orgullosa al saber que era capaz de provocar todo eso en alguien como Dominic, aunque su actual estado no le permitía jugar con esa ventaja, ni siquiera podía adoptar un tono malicioso para burlarse un poco de él así que terminó por ni siquiera intentarlo. De todas formas aún cuando hubiera sido capaz el brillo en la mirada del varón la dejaría muda durante unos eternos segundos- T-tú eres... el c-cruel -terminaría por reprocharle tragando grueso y, a pesar de sentir que no podía sostenerle la mirada, sin despegar sus orbes de los zafiros del menor. ¿Acaso no se daba cuenta de lo que le provocaba con el más simple movimiento? Lo dudaba, Dominic podía ser particularmente atento cuando le interesaba así que era una posibilidad que quedaba descartada aún cuando podía ser que estuviera tan centrado en su rostro, en ella en general que ni se percatase de lo que le había estado provocando desde que casi se paseó delante de ella sin pudor alguno antes de entrar en la bañera.

La verdad era que no le estaba recriminando, ni siquiera se quejaba pues estaban en las mismas: ella era cruel por hacerle perder la razón, por obligarle a actuar según sus instintos; y él era cruel por eso mismo y mucho más pues estaba convencida de que las variadas imágenes que se le habían cruzado por la mente al pensar que iban a bañarse los dos juntos no se las habría imaginado jamás de no ser por la intervención del licántropo. Ella no era una pervertida, no hasta ese momento al menos y le sería altamente vergonzoso reconocer que el haber retenido sus hormonas durante toda su adolescencia le estaba pasando ahora factura pero... ¿quién podía culparla? Se había vuelto adicta a Dominic, a su cuerpo, a sus caricias, a sus suspiros, a sus gemidos, a sus besos... lo sabía, y estaba convencida de que él también era consciente de ello.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 29, 2012 3:56 pm

Pudo sentir fácilmente como al piel de la rubia se erizaba, cada caricia que recorría aquel cuerpo que había poseido minutos atrás lograba transmitir al peliplata un sin número de sensaciones gracias a su tacto. Diferencias de temperatura y de consistencia podía notarlas sin siquiera esforzarse, era difícil de creer que un cuerpo pudiera transmitir tantas cosas con tan solo entrar en contacto con él. De más está decir que para él también resultaba tortuoso acariciar el cuerpo de la rubia intentando contener el deseo de que aquellas caricias terminaran por estimular alguna zona íntima en el cuerpo de ésta. Todo su autocontrol sería puesto a prueba, pero... ¿por qué contener lo que su instinto le dictaba? Quizás algo de razón aún quedaba en la mente del albino y por temor quizás a un posible embarazo es que temía continuar, a pesar que poco antes hubiera mandado todo al diablo por cumplir la petición de Elizabeth.

Fuera como fuera, las caricias continuaron, comenzando a recorrer la espalda en suaves movimientos que harían que su mano se intercalase entre el costado y la espalda de Elizabeth, aprovechando cada vez que ella arqueaba la espalda para poder acariciar con suavidad el pequeño canal que separaba la misma. Fue cuando la rubia le habló que se detuvo, observándole con curiosidad por lo que le decía, enterneciéndose también al notar que ella se trababa de esa forma al hablar. No respondió, simplemente sonrió mientras su diestra daba una nueva y suave caricia a la mejilla izquierda de la joven. Parecía estar hipnotizado por el rostro de la fémina, tanto por sus orbes que siempre se le habían hecho llamativos y lindos como por sus labios, su nariz, su piel... todo parecía perfecto a ojos del peliplata, todo parecía digno de ser observado con el mayor de los detenimientos.

Luego de un rato su diestra descendería en dirección a las caderas ajenas, posándose lentamente sobre las mismas acompañando a la zurda que había hecho lo mismo algunos segundos antes. Sus labios esta vez no se dirigieron a los de la joven, sino que fueron directo hacia el cuello de Elizabeth dando un beso cargado de deseo sobre el mismo, subiendo lentamente por toda su extensión. Sus manos por su parte se encargarían de acomodar a la rubia, haciéndo que terminase girando por completo para que sus piernas quedasen una a cada lado del cuerpo de él, moviéndose ligeramente más hacia el centro para que ella terminase sentada de manera más "cómoda" sobre él. Comenzando a acariciar nuevamente el torso de la ojiverde mientras que con sus labios atendía con cuidado el cuello de ésta.

La nueva posición provocaría que un nuevo y prolongado suspiro escapase de los labios del varón debido al roce de intimidades que el movimiento provocaría y que se intensificaría si es que la joven no ponía sus rodillas o alguna otra parte de su cuerpo para sostenerse. Si bien el varón no buscaba iniciar un nuevo acto sexual, era tentador al menos juguetear un poco, aunque quizás en realidad lo que quería era provocar nuevamente a la fémina para volver a convertirse en uno con ella. No pensaría más en ello, simplemente disfrutaría besando el cuerpo de Elizabeth que ante cada nuevo beso que él le daba parecía volverse mucho más tentador y delicioso, le deseaba, quizás más de lo que debía, pero algo que tenía que admitir era que el cuerpo de ella, junto con sus acciones en general, tanto las que ella iniciaba, como las que eran consecuencias de los propios actos del varón le resultaban adictivos.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 29, 2012 4:55 pm

Hubo un momento en el que incluso la fémina llegó a maldecir a su amante a causa de esas caricias que no dejaban de tentarla, de hacerle desear algo más pero intentaba contenerse, intentaba evitar que su cuerpo mostrara ese deseo que había vuelto a aparecer y crecía de forma desmesurada. Sin embargo ella no buscaba contenerse por una posible consecuencia a posterior -ya había decidido que se encargaría de eso luego y que iba a tomar las respectivas precauciones a partir de este día- sino porque no quería que él volviera a burlarse de su impaciencia, no quería que pareciera que se había vuelto adicta al sexo aún cuando sólo lo hubiera probado una vez... pero bien sabía que era una tarea casi imposible, era como si el contenerse por tantos años la obligase ahora a seguir sus instintos y sus deseos, los cuales se podían resumir en una cosa: Dominic. Era casi impensable que una situación por demás inusual la hubiera llevado a donde estaba ahora pero no pensaba en eso precisamente, ¿cómo hacerlo si las caricias sobre su torso le impedían pensar siquiera en las palabras que iba a formular? Y por si eso fuera poco cuando comenzó a acariciarle también la espalda la joven sintió una leve descarga de placer. Fuera lo que fuera que él hubiera tocado allí le había gustado y eso se reflejó en un nuevo estremecimiento de su parte que, aún así, no le impidió responder.

Tragó grueso cuando él elevó su mano para acariciarle la ardiente mejilla y se quedó casi en trance mirándole a los ojos, aunque en el momento en que sintió contacto sobre sus caderas entrecerró la mirada, gimiendo por lo bajo e incluso recogiendo un poco las piernas pues las había cerrado poco antes en un intento nulo por calmar la incomodidad que sentía entre ellas. Aún así su postura no duraría mucho pues dejó que él la acomodara aunque le tomó por sorpresa que la hiciera girar para quedar de nuevo frente a frente, por lo que no pudo acomodar sus piernas antes de sentir el incitante roce entre ambos sexos, sintiendo un furtivo escalofrío recorrer su columna al mismo tiempo que un gemido más alto escapaba de sus labios. Quedó de rodillas pero sus piernas estaban flexionadas por lo que había una casi inexistente separación entre sus intimidades y bastaría con que cualquiera de los dos se moviese un poco para efectuar un nuevo contacto. Sus manos habían soltado hacía ya rato los antebrazos del varón y ahora estaban apoyadas sobre sus hombros, aferrándose a ellos y hundiendo un poco sus uñas en la piel del varón -sin llegar a hacer herida, era más bien una prolongada presión- al tiempo que su rostro se elevaba, sacudiendo los mechones libres de su cabello cuando los besos en su cuello acompañaron a las caricias.

La estaba volviendo loca, apenas la estaba tocando y ya sentía que su intimidad se había humedecido de forma notable, por no hablar de sus pezones que también mostraban lo excitada que ella estaba ya. Gimió su nombre y su mismo cuerpo se movió hacia abajo en busca de crear un nuevo roce entre sus intimidades, sacándole a ella un gemido que impactaría directo sobre el oído del varón junto a una... petición que no habría hecho si estuviera calma- Muérdeme... -le susurró con un tono sensual que le salió sin pretenderlo. Sabía que él podía acabar burlándose de eso o que le resultara una petición extraña, a ella también se lo parecía y más aún después de que el impostor le hubiera dicho aquella frase pero le daba igual que él afirmase de nuevo que le iban los juegos salvajes, en su estado le era imposible negar que deseaba sentir los dientes del varón marcando su piel como aquella vez en los jardines, deseaba que la marcara como ella le había marcado a él... no necesariamente con múltiples arañazos, pero al menos ahora quería sentirse de su propiedad, ya luego se reprocharía por actuar de esta manera absurdamente sumisa.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 29, 2012 5:29 pm

La posición en la que habían terminado era por demás cómoda, podía besar prácticamente todo el cuerpo de la rubia con apenas unos movimientos. Dejaría escapar un suave suspiro que acariciaría el cuello de la rubia al sentir el contacto con las uñas de ella, le exitaba que ella clavase las mismas sobre su cuerpo, la sensación que le provocaba aquello era más de lo que podía soportar. Fue por ello que continuó besando el cuello de la joven, aunque cada vez lo haría con mayor intensidad, al tiempo que sus manos comenzaron a acariciar las piernas, la espalda y los costados de la rubia en rápidas y cuidadosas caricias que buscaban provocarle pero sin llegar a tocar alguna zona "sensible", aunque al parecer todo su cuerpo se encontraba mucho más sensible que de costumbre.

Extasiado como estaba, continuó besando a la rubia hasta que ésta se movió provocando un exquisito roce de intimidades que harían que el varón se detuviese en seco en cuanto a su accionar sobre el cuello y cuerpo, abrazando con firmeza a la rubia al tiempo que intentaba acallar un gemido al morderse su labio inferior. El gemido sería silenciado parcialmente, pero debido a la cercanía ella seguramente lograría oirlo de todas formas. Su mente pareció quedarse en blanco durante algunos segundos hasta que escuchó la petición de la joven, un pedido que en otro momento seguramente habría logrado ganarse una o varias burlas de parte de él, pero que en ese preciso insante le resultó tan exitante que fue capaz de provocar un delicioso escalofrío que se extendió por toda su espalda.

Su miembro había comenzado a endurecerse y debido a la prácticamente nula distancia entre ambos ella seguramente terminaría por darse cuenta de aquel detalle. Tras aquella palabra, el varón tragó grueso, relamiéndose los labios mientras observaba la suave piel del cuello de la rubia. No lo pensó, simplemente se dejó llevar y tras un lapso no mayor a unos diez segundos sus dientes aprisionarían la piel de la muchacha, acompañando dicha presión por una succión. Buscaba dejarle un chupetón, tal y como había hecho días atrás luego del accidente de Elizabeth en el campo de quidditch, una marca que demostrara que ella era completamente suya y que cualquiera que se pasase de listo se estaría metiendo en un terreno peligroso. Súbitamente su mente pareció nublarse al morder el cuello de la rubia, acompañando la mordida de pequeñas y cortas lamidas.

Era gracioso, gracioso el pensar que él se estaba comportando como un animal marcando su territorio con aquellas acciones, pero no le importaba, en ese momento no podía pensar en nada más que en ella y una situación que en otro momento podía ser extraña ahora parecía ser afrodisíaca. Las manos del varón finalmente se aventuraron hacia el sur, terminando por posarse una sobre cada glúteo de la joven, presionando los mismos antes de mover su cadera como pudo para provocar un roce sobre la intimidad ajena que fácilmente le dejaría sentir la dureza de su falo. Comenzó a dar continuos y circulares masajes con sus manos al trasero de la rubia, mientras que algún que otro suspiro escapaba entre los dientes del varón que aún no había soltado a la rubia, continuando con aquella mordida que no provocaría daño sobre la piel como para hacerle sangrar, pero que seguramente no tardaría mucho en adoptar una tonalidad violácea.

Finalmente le soltaría el cuello, sin embargo, no sin antes dar una descarada lamida que recorrería todo el costado izquierdo del mismo, descendiendo con suaves besos hasta llegar a la clavícula de Elizabeth. Su intimidad había vuelto a endurecerse como una roca, pareciendo palpitar luego de aquellos contactos entre intimidades. Nublado por completo, comenzó a mover la cadera haciendo que el tronco de su falo se hundiese entre los labios íntimos de la rubia, masajeando de esta forma su clítoris y prácticamente toda la extensión de su vulva. Liz... Diria antes de dejar escapar un exitado gemido como el que ella le había dado al oido segundos atrás, debido más que nada al calor que había envuelto a su miembro en el instante mismo en el que comenzó a provocar roces intencionales para satisfacer sus deseos.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 29, 2012 6:37 pm

Su cuerpo no tardó en estremecerse de continuo, como si estuviera temblando cuando el suspiro del varón acarició la húmeda piel de su cuello y las caricias de éste empezaron a vagar por su cuerpo, evitando todavía su pecho e intimidad. Eso la molestó en cierta forma, su cuerpo estaba ya muy caliente, incluso las zonas que quedaban fuera del agua habían empezado a mostrar algunas pequeñas gotas de sudor que se mezclaban con las gotas de agua que permanecieron en su piel y necesitaba un contacto más directo, su mismo cuerpo se lo estaba pidiendo, rogaba por atención. Sonrió tras el gemido que soltó por su propia acción pues había hecho una pequeña venganza cuando provocó ese roce, sentir el gemido ajeno golpear su piel fue exquisito, al igual que notar que se detuvo por culpa de su acción. Ella se había excitado con la cercanía y las caricias, pero saber, ser consciente de que podía dejar paralizado a Dominic con un roce como aquel fue un empuje a su ego y a la parte indomable de su carácter pues le había dado un poco de su propia medicina, después de todo había sido un roce, no un contacto propiamente dicho aún cuando estuviera más que deseosa por ello.

Debido a estar con los cuerpos casi pegados pudo notar un ligero cambio en el varón cuando le pidió que la mordiera, si bien no sabía exactamente qué supuso que había logrado provocarle un escalofrío o simple y llano placer pues no se le escapó el incremento en la dureza del miembro que tenía bajo ella. Fue delicioso, pensar que podía excitarle con una simple palabra logró que se sintiera orgullosa del poder que tenía sobre él, incluso pensó que le había puesto nervioso pues pudo oír cómo él tragaba grueso, además de que la piel de su cuello se erizó ante la intensa mirada que el peliplata le dirigió a esa zona de su anatomía. Llegó incluso a tener ganas de burlarse un poco de él por su tardanza pero todo lo que salió de sus labios fue un ampli gemido cuando todo su cuerpo se sacudió por aquella mordida que marcó su piel. Sus uñas presionaron la piel del varón hasta hacerle un par de heridas sobre los hombros y, al sacudirse su cuerpo, sus senos rebotarían haciendo que un tentador roce se llevara a cabo entre sus pezones y la piel del menor. Todo eso unido la hizo encogerse, sintiendo una punzada de placer en su intimidad y tuvo que morderse el labio inferior para no pedirle que la tomara en ese mismo instante.

No pudo mantener por mucho tiempo su boca cerrada pues ni bien él la tomó de los glúteos la fémina suspiró, convirtiendo ese suspiro en un fuerte gemido cuando ambos sexos volvieron a tener contacto. Su espalda se arqueó e hizo su rostro hacia atrás casi con violencia, sintiendo que todo su cuerpo temblabade forma más notable y que su vista empezaba a nublarse ya fuera por el placer, por el calor o por ambas, le daba igual, lo que sabía era que su cuerpo ardía aún cuando la temperatura del varón siguiera siendo más alta que la propia. Intentó resistirse pero fue incapaz de impedir que los gemidos escaparan de su boca cuando todo su sexo era estimulado por el falo de su amante al mismo tiempo que aquella mordida continuaba, siendo acompañada por succiones y lamidas que la estaban volviendo completamente loca. Los dientes casi clavados en su piel le hacían daño, pero de un modo masoquistamente placentero- Dom~ S-sigue... -pidió entre gemidos sintiéndose como si fuera a explotar. Quería más, necesitaba más pero todo lo que el varón estaba haciéndole le gustaba demasiado como para pedirle que parara, incluso cuando eso significara que le diera más placer. Terminó por acomodar sus manos a la espalda ajena, juntando por completo sus torsos al mismo tiempo que movía sus piernas para abrazar con ellas la cintura del varón, sujetándose a él y haciendo así que el contacto entre ambos cuerpos fuera mayor.

Le dejó sentir cómo sus senos volvían a aplastarse contra su pecho, cómo sus pezones le acariciaban la piel con cada respiración, estimulándose con tal taco aunque deseaba que fueran las manos o boca del ojos zafiro las que consintieran aquellos dos erectos botones. Tampoco pasaría inadvertido que, gracias a la posición de sus brazos, los arañazos se volverían más intensos así como el continuo contacto entre sexos pues ahora Dominic podía moverla como quisiera y sin problemas pues él era fuerte y su peso de seguro era escaso para el albino. Aún así no duraría mucho conformándose con sólo disfrutar y gemir, la humedad de su vagina había aumentado considerablemente y empezaba a sentir unos ya conocidos espasmos que la atacaban cada vez que su clítoris era estimulado. No quería correrse todavía, pero como él siguiera así no iba a aguantar mucho más y eso era más que perceptible, bastaba con mirarla para darse cuenta de que el orgasmo estaba a punto de sacudirla por completo. Sólo esperaba que él no aprovechara la situación para torturarla, estaba segura de que no soportaría que la dejara con las ganas.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 29, 2012 8:13 pm

Aquel movimiento que haría rebotar los senos de la rubia no pasaría desapercibido para el joven que sintio una excitante caricia sobre su pecho provocada por los duros pezones de la rubia. Gimió, debido a aquella caricia como a la presión que las uñas ajenas sobre su piel la cual provocó un nuevo juego de heridas en sus hombros las cuales liberarían unas cuantas gotitas de sangre que rápidamente comenzarían a descender por su torso hasta manchar los senos de la joven. Todo aquello era demasiado y él al menos ya sentía deseos de penetrar a la rubia para volver a alcanzar la gloria, sin embargo, se contendría para hacer que ella desesperase, quería tentarla, quería que ella le pidiera seguir, que le pidiera que la tomara nuevamente. Quizás era cruel al esperar por aquello, pero iba a disfrutarlo.

No debió esperar mucho tiempo, aquel contacto que tendrían a través de sus intimidades lograría hacer que la joven reaccionase en consecuencia, moviendo la cabeza hacia atrás comenzando a temblar a causa del placer al parecer. Cuando ésta comenzó a gemir, el varón no podría evitar sentir aún más deseos de volver a hacerle el amor, la deseaba, más de lo que él mismo podía creer. No podía contener los deseos, pero no era que no estuviera disfrutando de aquel jugueteo, todo lo contrario, ya que si bien no era tan placentero como el mismísimo acto sexual, era una muy buena segunda alternativa dentro del menú del peliplata. De más está decir que no haría falta que ella le pidiera que continuara, ni loco iba a detenerse ya que seguramente su propia intimidad se lo prohibiría.

Ni bien la rubia abrazó su torso con las piernas el varón gimió de placer debido a la presión que recibiría sobre su miembro, siendo aplastado por un lado por la intimidad ajena y por el otro por su propio cuerpo. Tal fue la sensación de placer que su miembro se endurecería aún más a pesar de que algo así parecía imposible, sintiendo como su glande parecía comenzar a doler a causa de la excitación. Nada podía pasar por entre sus cuerpos, y eso se podía ver con facilidad si se observaba cómo estaban de apretados los senos de la rubia contra los pectorales del menor, moviéndose sin parar generando exquisitos escalofríos al sentir sobre su piel los endurecidos pezones de ella. Continuaría moviendo su cadera para estimular el cuerpo de la rubia, planeaba hacer que ella se corriese a como diera lugar.

Se estaba desesperando, por lo que presionó los glúteos de la rubia con la fuerza suficiente como para dejar marcados sus dedos sobre ellos, pero no tanta como para provocarle dolor y una vez los tuvo sujetados, comenzaría a mover el cuerpo de la rubia de atrás hacia adelante en un rápido y vigoroso vaivén que tenía como objetivo estimular a mayor velocidad toda la intimidad de la rubia. Un sonoro gemido escapó de los labios del varón que buscaron apresar uno de los senos de la rubia entre ellos, tomando el derecho antes de comenzar a succionar y lamer el pezón y gran parte del seno al estar prácticamente metido hasta la mitad en boca del varón que parecía no tener ni la menor intención de detenerse antes de que ella alcanzase el climax con aquel jugueteo.

Ni bien ella alcanzase su orgasmo, él la apoyaría en uno de los bordes de la bañera, obligándola a sentarse de ser necesario para luego soltar el seno derecho de la rubia y comenzar a dar un sin fin de besos y lamidas por todo su cuerpo, descendiendo hasta su vientre y aún más abajo, llegando hasta la zona púbica de ésta antes de detenerse para observarle con una lasciva expresión en el rostro. No mediaría palabra alguna, ya que ni bien mantuviera contacto visual directo con ella, sus dedos comenzarían a estimular el clítoris de manera rápida, aunque intentaría tener la delicadeza suficiente para evitar provocarle dolor. Al parecer ella había logrado hacer que él se desesperase por completo y eso se vería reflejado en el pervertido accionar que tendría a partir de esos momentos.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 29, 2012 8:42 pm

Un nuevo escalofrío recorrió su columna cuando sintió un líquido distinto al agua y al sudor recorrer su piel, no necesitó bajar la mirada para afirmar lo que suponía pero aún así no se resistió a clavar sus ojos sobre las gotas de sangre que manchaban sus manos y, ahora, sus senos así como el torso del varón. Sintió un lascivo deseo de lamer cada gota de la vitae ajena y se contuvo sólo porque su cuello era apresado por los dientes de Dominic, si no se habría lanzado cual vampiro a probar esa esencia carmesí con lujuriosas lamidas. No pensó que la idea de torturarla hasta la locura estuviera presente en la cabeza del varón y de ser así seguro que se quejaría, pero era bien obvio que no le estaba disgustando en absoluto todas y cada una de las acciones que él ejercía sobre su cuerpo. La había tomado una única vez y ya parecía conocerlo a la perfección, si hasta llegó a pensar que las caricias anteriores habían sido una especie de simulacro en el que él buscaba aquellos escondidos puntos erógenos que toda persona tenía en su anatomía y que, al menos uno de ellos, Elizabeth lo tenía en la espalda, muy cerca de la espina dorsal.

Se sintió en el paraíso cuando le escuchó gemir al abrazarle con brazos y piernas, y sentir su falo endurecerse aún más fue una deliciosa y tentadora sensación aunque no pudo disfrutar mucho de ella pues llegó a perder la razón cuando la tomó de las nalgas con más fueza, marcando su piel e intensificando de forma desesperadamente placentera los roces entre sus intimidades y fue en el mismo momento en el que la boca de su amante apresó su seno derecho cuando la fémina sintió una enorme descarga eléctrica recorrerla de abajo a arriba y de vuelta a abajo, siendo acompañada de un gemido que más bien era un grito que podría haberse escuchado incluso en el tercer piso del castillo. Le bastó una lamida más para gemir en alto volumen el nombre cortado del peliplata al mismo tiempo que el orgasmo la sacudía por entero, haciendo que sus uñas volvieran a clavarse en la piel del menor y que sus piernas perdieran fuerza, haciendo así que Dominic tuviera una mayor facilidad a la hora de cargarla y colocarla sobre uno de los bordes de la tina. Ella no opuso resistencia, estaba aún recuperándose del orgasmo sintiendo como un travieso hilo de saliva le caía hacia el mentón y cuello mientras sus ojos se mantenían cerrados, sus mejillas ardiendo y su cabello desordenado, amenazando con soltarse en cualquier momento pues la cinta que lo sujetaba se había aflojado un poco.

Ni un segundo le dio para recuperar el aire pues pronto un nuevo gemido escapó de sus labios al sentir cómo los contrarios hacían camino hacia abajo, obligándola a abrir los ojos para comprobar qué demonios era lo que él pretendía. Sus mejillas, por imposible que pareciera, enrojecieron aún más cuando le lanzó aquella lasciva mirada pues no era difícil suponer qué iba a hacer. Intentó detenerle pero todo lo que pudo hacer fue aferrarse a los bordes de la bañera con ambas manos para mantener el equilibrio y no caerse, pues en cuanto los dedos del varón comenzaron a jugar con su clítoris su espalda se arqueó como si le hubieran dado una descarga y, de no haber estado agarrada a algo, bien podría haberse ido para atrás. Intentó cerrar las piernas pero el cuerpo del peliplata se lo impidió y no le quedó más remedio que gemir, intentando controlarse pero sin resultado, si había estado sensible tras unos minutos de su primer orgasmo que él la volviera a excitar justo después de sentir otro era una tortura que no iba a poder soportar mucho tiempo- ¡Do~m!... -no pudo decir más, incluso en su estado le avergonzaba reconocer lo que quería y, si bien no tuvo reparos a la hora de pedirle que la mordiera, suplicarle porque tocara, lamiera y poseyera su cuerpo era algo que no podía decir por mucho que su cuerpo lo expresase, incluso su mirada tenía plasmada esa súplica, pero no podía formular tales palabras, el pudor y el orgullo se lo impedían y esperaba que él no deseara quebrárselo porque era consciente de que no iba a resistir mucho, y si él la seguía torturando mandaría el orgullo al diablo y acabaría pidiéndoselo quién sabe cómo y con qué palabras, pero estaba segura de que no serían palabras inocentes, ni mucho menos.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 29, 2012 10:47 pm

El gemido que la joven soltaría luego de que él atrapase su seno con los labios fue lo suficientemente fuerte para hacer que él cerrase los ojos a causa del extremadamente alto sonido, era en situaciones así que el ser lycan se volvía problemático. No dio importancia a aquello, ni siquiera algo como eso iba a hacer que se detuviese de lo excitado que se encontraba en esos momentos. Fue cuando ella gimió su nombre de manera entrecortada, clavando sus uñas en su piel que supo que su orgasmo finalmente había llegado, comenzando a ejecutar su plan antes de que ella se recuperase por completo. La acomodaría tal y como lo había planeado y comenzó estimular el cuerpo ajeno con una mezcla de lujuria, impaciencia y deseo, sentimientos que iban en contra de su autocontrol, superándolo ampliamente.

Mientras estimulaba el clítoris de la rubia, sus comenzaría a subir con su boca recorriendo cada centímetro del torso de la rubia hasta llegar finalmente a su pecho, metiéndose en la boca el seno izquierdo de la joven para comenzar a lamerlo con la misma intensidad que había lamido al derecho, mientras los movimientos de su mano disminuían en velocidad al tiempo que sus dedos buscaban acercarse al orificio delantero de la joven. Sin detener sus atenciones sobre el pecho de Elizabeth, el índice de su mano derecha terminaría por hundirse en el cuerpo de la joven, avanzando a paso lento a su interior para que en rápidos movimientos presionase y frotase su punto g. Pudo sentir como los fluidos de la joven comenzaron a caer por su mano en forma de gotas en un principio, formándose un hilillo finalmente, tal y como el que ella tenía que iba desde su boca hasta su mentón.

La zurda del varón se posicionaría justo en la espalda baja de la rubia para ayudarla a sostenerla ya que se había percatado de que había estado a punto de perder el equilibrio antes y separándose apenas, subió un poco más para poder lamer aquel hilo de saliva que caía por su cuello, llegando a su mentón y finalmente en su boca, lugar donde se detuvo para comenzar a besarla, utilizando su lengua para acariciar la ajena. Con el aparente control total del cuerpo de Elizabeth continuaría penetrándole con su dedo, sumando a su tarea su dedo medio para provocar un estímulo aún mayor en la joven. El sonido de los fluidos de la joven comenzarían a oirse en una morbosa sinfonía que aumentaba en intensidad a medida que el varón subía la velocidad de sus movimientos haciendo que algunas gotas empezaran a salpicar por doquier.

Ya no podía aguantar más, estaba demasiado caliente y quería hacer algo que le había quedado pendiente, es por eso, que retiraría sus dedos del interior de la rubia y liberaría sus labios para comenzar a bajar en una larga lamida que iría desde su cuello todo el camino por entre sus senos y su viente hasta llegar finalmente a su puvis. Se detuvo apenas unos segundos antes de lamer sus dedos para saborear de nueva cuenta la escencia de su amante y luego de una traviesa mirada que iría acompañada de un besito al aire y un guiño se lanzó en dirección a la candente y mojada intimidad de Elizabeth, besando en primera instancia los labios íntimos de ella para luego endurecer su lengua, colocándola sobre su orificio vaginal. Delinearía la entrada al cuerpo de la joven con su rosado músculo antes de comenzar a subir por su vulva, separando a su paso los labios de la joven con la lengua hasta llegar a su clítoris.

No podía explicar con palabras el placer que le provocaba consentir de esa forma a la rubia. Es por ello que ni siquiera se quejaba o pedía que ella hiciera algo similar por él. Como fuera, una vez sobre el diminuto órgano sexual de la rubia comenzaría a lamer de lado a lado y de arriba a abajo el mismo, presionándolo de vez en cuando con la misma lengua al tiempo que su dedo índice y medio derechos volvían a adentrarse en las profundides del cuerpo de la ojiverde para comenzar a estimular su otro punto erógeno. Se detendría apenas unos segundos para relamer sus labios y darle una pequeña succión al clítoris de la mujer, sacando sus dedos de su interior para intentar otra cosa. Volvió a colocar su lengua en la entrada ajena y con lujuria volvería a delinear su contorno pero esta vez, endurecería su lengua para penetrar a la joven con ella moviendo la misma de manera circular en su interior.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 29, 2012 11:30 pm

Mordió con fuerza su labio inferior cuando la boca del varón comenzó a subir de nuevo por su torso, reabriendo la herida que tenía en él al mismo tiempo que sus manos se aferraban con más fuerza a los bordes de la bañera antes de acabar aferrándose a él, colocando su mano derecha sobre sus cabellos y la izquierda sobre su brazo para así poder arañarle y usarle como apoyo para no caer. Lo que estaba sintiendo no tenía comparación, por un lado quería que él se detuviera para al menos poder respirar con normalidad pues sentía que en cualquier momento podía llegar a ahogarse o que su corazón acabaría estallando de tan rápido que latía, pero por otro lado no quería que él parase, quería que siguiera consintiendo su cuerpo hasta que ya no fuera capaz de mantenerse despierta. Sin duda estaba disfrutando aquellos juegos como si no hubiera un mañana, como si su cuerpo se hubiera creado pura y exclusivamente para el deleite del varón. No le pasó inadvertido el descenso de la velocidad de los dedos que jugaban con su sexo pero teniendo en cuenta que también su seno estaba siendo consentido le era imposible calmarse ni mucho menos respirar con algo de normalidad, al contrario, incluso su ritmo cardíaco se aceleró cuando el primer dedo la penetró, haciendo que su cuerpo volviera a sacudirse. ¿Era posible sentir tanto placer con sólo una maldita falange? Al parecer sí, Elizabeth estaba ahora mismo dando fé de ello.

El gemido que el beso ajeno le arrancó quedó ahogado precisamente por los labios del menor al mismo tiempo que ella bajaba su diestra para acariciarle el torso sin preocuparse ya mucho por sostenerse, él lo hacía ya por ella. Quería tocarle, sentirle, hacerle disfrutar tanto o más de lo que él la estaba haciendo disfrutar a ella, sin embargo en su posición no mucho podía hacer salvo seguir arañándole y dejarse llevar para demostrarle que la estaba llevando al límite. Al sentir un segundo dedo introducirse en ella llegó incluso a morder el labio del varón, abriéndole la herida que él llevaba y haciendo así que ambas sangres se mezclaran durante el beso mientras, sin ser consciente, había comenzado a mover la cadera en un torpe intento por acoplarse al ritmo de aquellos dedos que se abrían paso en su interior, todavía más o menos estrecho pero infernalmente humedecido y ardiente. Por si su excitación no fuera suficiente ya ésta aumentaría cuando la joven, debido a tener sus gemidos ahogados, escucharía el sonido que provocaban las acciones ajenas sobre su intimidad, excitándose y avergonzándose por ello a partes iguales.

La verdad es que se extrañó un poco cuando él retiró sus dedos, incluso soltó un demandante quejido por ello. No quería que parase, maldita sea ahora no, estaba tan caliente que si él no hacía algo acabaría por ser ella quien continuara con las acciones del varón y de seguro no habría nada más vergonzoso para ella que masturbarse delante de él, algo que quería evitar a toda costa y que, al menos por ahora, no tuvo que hacer pues al sentir el rostro del varón sobre su intimidad supo lo que iba a hacer. No pudo decirle nada para detenerle, quizá por no querer o por no poder, eso daba igual la cuestión es que no hubo quejas de su parte, todo lo contrario, ahora que su razón había quedado reducida a nada no se molestaba en intentar disimular lo que le gustaba, y era más que obvio que sentir aquellos labios y lengua jugar con su sexo iba a provocarle un nuevo orgasmo como no se detuviera pronto. Sus manos se aferraron al cabello del varón pero no con la intención de separarle, no tenía fuerzas para eso ni mucho menos ganas de hacerlo. Tampoco es que sus movimientos buscaran incitarle a continuar pero estaba claro que lograba dar esa sensación, más aún cuando sus piernas se abrieron para darle mayor espacio y su cadera volvió a moverse, buscando un mayor contacto, deseando que el rosado músculo se adentrase en ella como pensó que sucedería cuando lamió su entrada.

Fue incapaz de retener por mucho tiempo sus reacciones y en cuanto la lengua ajena comenzó a explorar su interior un nuevo gemido avisó de un próximo orgamos, haciendo que, si él no se detenía, la fémina se corriera por tercera vez. Aguantaría, sorprendentemente seguiría con fuerzas tras ese orgasmo si es que llegaba a efectuarse. De ser así ojalá él le dejara al menos unos segundos de descanso en los que ella lucharía para abrir sus ojos y enfocarlos en él, dejando a un lado a un lado cualquier complejo y su orgullo, su cuerpo no iba a soportar mucho más- Do~m... N-no puedo... Lo q-quiero den-tro... -musitaría con el poco aire que había logrado tomar entre gemido y gemido, aprovechando cualquier gota de aire para darle a entender su necesidad llegando incluso a susurrar palabras como "Tómame" o algunas otras menos reseñables producto claramente de la lujuria. Le quería, le necesitaba, y le necesitaba ya aunque sí él acababa viéndose rehacio a ello acabaría soltándole un suplicante pero al mismo tiempo tajante- Fóllame... -a la mierda con las palabras suaves, no era capaz de pensar con claridad lo que decía y mucho menos de buscar palabras delicadas para expresar lo que en esos momentos deseaba. Sabía que todo lo que estaba pasando no era simple lujuria, pero la había llevado a un extremo en el que ya no recordaba ni su propio nombre.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Ene 30, 2012 5:17 pm

Quizás la joven no se encontraba en una posición adecuada para atenderle como él lo hacía con ella, pero aquellos arañazos que ella le daba los cuales marcaban con facilidad la blanca piel del varón con marcas rojizas eran más que suficientes para hacerle sentir en el paraiso. Jamás había pensado que podía sentir tanto placer debido al dolor, en cierto modo era preocupante ya que disfrutar de las heridas no era demasiado normal que digamos, pero no es como si algo en Dominic fuera normal después de todo. Tras introducir un segundo dedo al interior de la rubia recibiría una mordida a modo de represalia, haciendo que su sangre brotase nuevamente a través de la pequeña herida que tenía allí. El sabor de la sangre ciertamente era un aliciente para que Dominic no sintiese deseo alguno de quejarse por la mordida, sin contar que le había excitado el hecho de sentir dolor sobre sus labios que aunque no fuera a admitirlo, eran bastante sensibles.

Debido al silencio de la sala que tan sólo era roto por los ahogados gemidos de la rubia, el morboso sonido de las penetraciones con los dedos parecería retumbar en todo el interior de la sala, llegando con facilidad a oidos del varón que parecía disfrutar el hecho de mover sus dedos para que el mojado ruido se intensificase. Finalmente de rodillas frente a ella, y luego de comenzar a utilizar su lengua para estimular el sexo ajeno, sintió como las manos de ésta se aferraron a su cabeza, erredando sus dedos en los blancos cabellos del menor. Dicho contacto, haria que un escalofrío recorriese su cuerpo al percatarse por dichas acciones que ella realmente estaba disfrutando de las atenciones que él le brindaba con la lengua y al parecer no tenía planes de detenerle en lo absoluto.

La excitación del varón parecía llegar al punto de no retorno, ya que antes de que se diera cuenta ella había abierto más las piernas permitiéndole así tener un acceso mucho más fácil a su intimidad. El hecho de que ella comenzase a mover su cadera nuevamente, tal y como lo había hecho anteriormente por sus dedos harían que su miembro palpitara de deseo al prácticamente sentir como si ella estuviera follando su rostro con sus movimientos. A pesar de que su cuerpo prácticamente le suplicaba que dejase de provocar a la rubia y la penetrase de una vez, su mente parecía dictarle lo contrario, parecía pedirle que siguiera dando rienda suelta a toda su perversión para lograr que ella se corriese en su boca. Si, eso era lo que inconscientemente quizás deseaba y la razón principal por la que aún no había vuelto a poseer el cuerpo de la joven.

Sin detenerse su lengua continuaría jugueteando en el interior del cuerpo de Elizabeth, pero a dicho jugueteo se sumaría ahora la ayuda de su diestra la cual se posaría sobre el vientre de la fémina. Una vez en posición, el pulgar de la misma comenzaría a moverse hasta quedar sobre el clítoris, masajéandolo al mismo tiempo que la lengua antendía el interior del cuerpo de la mujer, buscando provocarle un nuevo orgasmo que dada su posición terminaría por recibir directamente en la boca. El solo hecho de imaginarse algo así le hacía estremecerse, un estremecimiento de deseo al querer para si todo aquel elixir que brotaba de la prohibida fuente ajena. ¿Cómo no iba a sentir deseos de saciar su sed de lujuria de aquella forma? Su juicio que ya de por si era prácticamente nulo, había terminado de desaparecer por completo por todo lo que ocurría.

Ni bien ella llegase al climax, él se mantendría firme frente a su intimidad, separándose luego de algunos segundos con los claros signos del orgasmo ajeno en sus labios, mentón y cuello. Suspiraría satisfecho, relamiéndose los labios antes de observar directamente el rostro de la rubia con una pervertida sonrisita de medio labio. No tendría tiempo a hablar, ya que la rubia lo haría antes, llamándole la atención en primera instancia al decir su nombre, siguiendo con una petición que jamás creyó oir de parte de ella, un pedido que dejaría no tar el cansancio de la joven tanto en su tono como en el hecho de que sus palabras se entrecortaron. Sin embargo aquella simple palabra que haría las veces de súplica y orden a la vez lograría descolocarle por completo.

No exteriorizaría muestra alguna de asombro en su rostro, sin embargo dicho sentimiento estaría presente en él. No comentaría nada al respecto, si bien podría utilizar aquello para burlarse, no era el momento, por lo que simplemente comenzaría a acariciar las piernas de la joven, deteniéndose sobre aquel tatuaje de araña en su pierna para observarlo con detenimiento, esbozando una sonrisa al recordar la anécdota del mismo. Recupera el aliento antes... hermosa... Diría para luego continuar acariciando las piernas de la mayor con cuidado y ternura. Deseaba comenzar, su cuerpo se lo pedía, pero también entendía que ella necesitaba descansar luego de tener dos orgasmos seguidos. Planeaba continuar acariciando las piernas de la joven hasta que ella le diese la señal para continuar.

Ni bien lo hiciera, él simplemente se acomodaría entre las piernas de la rubia teniéndole sentada aún al borde del jacuzzi. Tomaría su miembro por el glande y tras tocar la intimidad ajena para humedecer sus dedos en sus fluidos, masajearía su falo para lubricarlo. Bajaría hasta el tronco de su sexo y con cuidado lo acercaría a la vagina de la rubia, colocando la punta en la entrada a la misma antes de mover su cadera rápidamente hacia adelante para dar una fuerte penetración que haría que el agua en el interior de aquella bañera comenzase a moverse amenazando con caer por los costados y seguramente haría mover el cuerpo completo de la rubia. Ni bien su miembro llegase hasta el fondo movería la cadera hacia atrás y comenzaría un vigoroso movimiento de vaivén, penetrando una y otra vez a la rubia, gimiendo de placer justo sobre la piel de su cuello.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Ene 30, 2012 7:15 pm

El orgasmo que sacudió su cuerpo por entero fue incluso más intenso de lo que había esperado por culpa de las últimas caricias que su clítoris recibió mientras la lengua del varón exploraba su interior. Sus gemidos fueron tan altos que en cualquier momento podría llegar a quedarse sin voz, pero eso no le importaba, no le preocupaba estar en una condición como aquella en la que muy apenas lograba recordar el nombre de su amante. El placer que le había estado provocando era tal que todo su alrededor había desaparecido, sólo existían ellos dos y a lo mucho el agua que, debido a su actual temperatura, lograba estremecerla y erizarle la piel pues la sentía fría. Como era de esperar no había tardado nada en correrse después de que la diestra del menor se uniera a las acciones y, si bien la sorprendió y avergonzó que él recibiera todo su orgasmo en la boca, no pareció sentir pudor alguno cuando le llamó y mucho menos cuando sus palabras salieron de sus labios. Siendo sincera ni ella sabía de dónde había conseguido el aire ni la lucidez suficiente para hablar, aunque de seguro si hubiera estado en mejores condiciones hubiera preferido morir antes que pedirle aquello, menos aún de esa forma tan... sucia, por así decirlo.

Tras ello intentó por todos los medios mantenerse calma al menos el tiempo suficiente para que su corazón dejara de latir tan fuerte que en cualquier momento podría ser capaz de romperle la caja torácica. Quizá ese pensamiento era un poco exagerado, pero no iba a negar que tras esos dos orgamos su corazón le dolía de tan rápido que estaba latiendo y era cierto, necesitaba un descanso tanto o más de lo que necesitaba a Dominic en su interior así que reunió las pocas fuerzas que le quedaban para mantenerse sobre el borde del jacuzzi -agradeciendo que éste fuera más amplio que el de las bañeras normales- para que su cuerpo descansara un poco. Cabe añadir que su sensibilidad era alta, desmesuradamente alta por lo que no fue raro que se estremeciera a cada caricia que él le daba a sus piernas mientras esperaba y, si bien eso la tentaba aún más, al menos no la provocaba lo suficiente como para dejar de lado su recuperación. Además, su descanso se vio un poco prolongado cuando cayó en la cuenta de que, en su estado, no iba a tardar nada en correrse de nuevo y, si bien disfrutaría -porque iba a disfrutar de seguro-, prefería durar más, y para ello debía al menos recuperar fuerzas por lo que no hubo queja alguna de su parte cuando él se lo dijo.

No supo cuánto tiempo logró aguantar, quizá minutos o puede que cortos segundos pero de todas formas el gemir de nuevo la primera sílaba del nombre del albino fue la única señal que él necesitaría. Sus manos volvieron a aferrarse al cuerpo de su acompañante cuando el primer roce tuvo lugar y, si bien no lo vería, sí podría sentir que él estaba utilizando su esencia sobre el miembro que no mucho más tarde introdujo en su interior. Aquella brusca embestida logró hacerla gritar de placer, sacudiendo su cuerpo al completo y haciendo rebotar sus senos casi con violencia, rozándolos además contra el torso de su amante pues la nueva posición les había dejado muy cerca. Sus caderas pronto se ajustaron al ritmo del varón y sus piernas volvieron a rodear el cuerpo ajeno, buscando incitarle a que la penetrara con más intensidad mientras sus manos seguían repartiendo arañazos por cada zona del cuerpo ajeno que tenía a su disposición, llegando en ciertos momentos a descender incluso hacia el vientre del platinado en busca de marcarle allí con sus uñas, una tarea bien sencilla pues le bastaba con posar la mano sobre dicha zona para que las propias embestidas de Dominic lograran hacer que ella le hiriera.

Estaba fuera de sí y los gemidos que amenazaban con rasgar su garganta daban fe de ello así como cada una de las reacciones de su cuerpo ante las potentes penetraciones que la sacudían de pies a cabeza, haciendo que en cada una de ellas sus senos rebotaran, a veces sólo rozándose contra el pecho del licántropo y otras aplastándose y frotándose contra éste. Llegó un momento en el que entre gemidos volvió a pedirle que la mordiera, que no se detuviera bajo ningún concepto y, por si fuera poco, llegó un momento en que terminó suplicándole por embestidas más fuertes, rápidas y profundas, terminó suplicando porque la tomara de la forma más salvaje que pudiera. era más que obvio que no estaba midiendo sus palabras pero iban muy en serio, su razón había desaparecido por completo hacía ya un buen rato y ahora la inundaban el deseo y la lujuria. Llegó incluso a aprovechar la situación para tomar entre sus labios el oído del menor, primero gimiéndole encima, luego atrapando el lóbulo con sus labios, posteriormente con sus dientes antes de dejar que su lengua recorriera todo el contorno de la oreja, dándole un mordisco en la zona superior seguido de otro algo más fuerte -no lo bastante para hacer herida, pero sí para dejar una marca bien visible- en el lóbulo, masajeándolo después con sus labios y lengua como si fuera un dulce que tenía a su completa disposición.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Ene 30, 2012 9:11 pm

No tenía problemas en esperar a que la joven recuperase el aliento, aunque claro, eso era en la teoría, ya que en la práctica ya no podía contener las ganas de lanzarse sobre ella. Logró contenerse de alguna manera, al menos hasta que ella comenzó a estremecerse por las suaves y relativamente "inocentes" caricias que él había comenzado a darle en las piernas apenas unos segundos atrás. Fue debido a ellas que el varón sintió aún más deseos de actuar antes de que ella se recuperase, pero por extraño que pareciera, mostró algo de piedad y se contentó con dar un suave y largo besito en el muslo de la pierna izquierda de la joven, precisamente sobre el tatuaje de araña que ella tenía allí, dejando apoyados sus labios por al menos unos veinte o treinta segundos antes de separarse.

El gemido que ella dejaría escapar en el cual claramente podría apreciarse la primer sílaba de su nombre fue la señal que necesitó para saber que finalmente podría continuar con aquella deliciosa tortura. Tras la primer arremetida se deleitaría viendo como los pechos de la rubia comenzaron a moverse en un excitante espectáculo de rebotes que culminarían cuando los mismos rozaran el torso del peliplata. El mero contacto con el pecho ajeno lograría sacarle un prolongado suspiro que sería fácilmente apreciable sobre la delicada piel del cuello de la rubia. Embestida tras embestida no solo provocaría una sensación extremadamente placentera en todo el falo del varón, sino que además el espectáculo que le daría el cuerpo de su amante al reaccionar ante las penetraciones sería delicioso a la vista.

Las manos de la joven no se quedaron quietas y fue gracias a ello que el estómago del varón pareció contraerse al sentir el contacto de las uñas de la rubia sobre él, provocándose deliciosas lastimaduras a causa de ellas por la misma fuerza que utilizaba para embestir el sexo ajeno. Comenzó a sentir no solo un delicioso y masoquista escalofrío en su vientre a causa de las uñas, sino que también un deseo aún mayor de poseerla de la manera más salvaje que pudiera. La delicadeza que había logrado mostrar anteriormente parecía haber desaparecido por completo de su ser, el deseo, la excitación y la lujuria habían comenzado a ganar terreno y ciertamente, controlarles ahora sería una tarea imposible para el varón que lo único en lo que podía pensar era en dejarse llevar.

Continuó penetrando a la rubia hasta el instante mismo en que ella le pidió que volviera a morderla, momento en el que se detuvo de manera instantánea para relamer sus labios y finalmente cumplir con aquel pedido de parte de la rubia. Sus dientes se clavarían esta vez sobre el hombro derecho de la rubia, comenzando a succionar para dejar un chupetón y quizás abrir una pequeña herida con sus colmillos sobre la piel de la rubia. Todo parecía que iba a seguir como hasta ese entonces, pero fue cuando ella le pidió penetraciones aún más fuertes que todo rastro de lucidez se fue al mismísimo demonio. Sin dejar de morder a la rubia movería sus manos justo por debajo de la articulación de las piernas, terminando por tomarle del trasero para luego levantarse por completo dejando que el agua comenzase a resbalar entre sus cuerpos.

Tras algunos segundos, el varón liberaría la piel de la rubia de la prisión que suponían sus dientes para poder observarle a la cara. En ningún momento había retirado su falo del interior de la joven y es por ello que ahora estando de pie podía mover el cuerpo de la joven a voluntad, y así lo hizo. Con las manos firmes sobre sus glúteos tiraría de ella para alejarla un poco de su cuerpo antes de empujar el cuerpo de la rubia hacia él, moviendo la cadera para dar una penetración mucho más profunda que las que había estado dándole hasta ese momento. El sonido de los cuerpos al golpear ante cada nueva unión sería fácilmente perceptible, pudiendo ser tapados únicamente por los gemidos que pudieran escapar de los labios del varón. Dada la posición en la que se encontraban, dichos gemidos serían dados justo frente a la joven, pudiendo incluso sentir el aliento de él al suspirar.

Aquel accionar que buscaba provocar penetraciones fuertes y profundas continuó, aumentando la fuerza con la que él traia el cuerpo de la rubia de vuelta hacia el propio, haciendo que la sinfonía de aplausos entre los cuerpos continuase e incluso se intensificase al ser acompañada por los suspiros, gemidos y jadeos que el varón dejaría escapar hasta que buscó ahogarlos al unir los labios con la rubia. Le besaría de manera apasionada, masajeando poco a poco la boca ajena con los labios para finalmente utilizar su lengua sin pedir permiso siquiera. Su rosado músculo se movería de manera frenética en el interior de la boca de la rubia, deteniéndose únicamente para morder el labio inferior de Elizabeth y así recuperar algo de aire. Una posición que requería de bastante fuerza, pero que Dominic podía controlar a la perfección, en una situación como esa agradecía haberse entrenado durante tanto tiempo.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Ene 30, 2012 9:44 pm

Durante su escaso tiempo de descanso la fémina tuvo un momento en el que estuvo por mandar al diablo su propio bienestar pues aún cuando el besto que recibió sobre su tatuaje podía calificarse de inocente eso no hizo más que desesperarla, recordándole dónde habían estado esos labios antes y haciéndole sentir una nueva punzada de excitada incomodidad en su sexo. Fue poco después de eso que gimió, rogando porque él no siguiera torturándola porque ya le faltaba poco para volverse completamente loca, por suerte no fue así y, si bien su tortura finalizaba, ahora daba inicio al placentero infierno que era tener al varón arremetiendo contra ella como si no existiera el mañana. Todas las reacciones del varón fueron percibidas por su cuerpo, desde el suspiro que el roce entre torsos provocó hasta la creciente excitación del miembro que entraba y salía de ella a un ritmo insano para su cordura así como las reacciones del cuerpo ajeno cuando le clavaba las uñas. Se sentía asquerosamente bien el poder marcarle en cada centímetro de su cuerpo sin que él se quejara, es más, lo disfrutaba y eso hacía que la fémna tuviese aún más ganas de continuar marcándole ya no sólo para delatar que ese hombre le pertenecía, sino porquue era la única forma -además de con las sacudidas que sufría y los posteriores movimientos de sus labios- en que podía excitarle y hacerle disfrutar aún más de la situación.

Soltó un suplicante quejido cuando él se detuvo tras la petición que le hizo aunque su queja no duró mucho pues pronto ese sonido se transformó en un gemido claramente placentero y masoquista al sentir los dientes del varón hundirse en su piel, dejando una visible marca tanto por los dientes como por la succión y las pequeñas heridas que llegó a provocarle, dejando escapar algunas gotas de sangre que caerían por su espalda y torso, vagando hacia el seno derecho aunque era obvio que algunas de esas gotas serían inmediatamente atrapadas por los labios de Dominic. Era imposible ser más clara, sentir los colmillos del varón clavarse en su cuerpo la había excitado de tal manera que por unos eternos segundos su interior se estrechó como si estuviera a punto de correrse, aprisionando aquel falo en su interior como si no fuera a permitirle salir jamás. Dicha presión no duraría mucho, más que nada porque cuando él la levantó sus piernas se movieron un poco para facilitarle tal acción, haciendo que sus músculos se relajaran y su interior se ensanchara un poco, no demasiado a decir verdad pues dada su constitución eso no cambiaría, al menos no hasta unos años más tarde.

Le daba completamente igual la posición en la que él la acomodara, sólo quería seguir sintiéndole, que siguiera apoderándose de cada milímetro de su cuerpo y alma aunque para ello tuviera que herirla, pero no era como si el dolor llegase a incomodarla, visto lo visto ambos tenían unas preferencias muy similares, especialmente en lo referente a esas muestras de masoquismo que, aún intensas, no llegaban a sobrepasar el límite de lo normal, al fin y al cabo dudaba que a ellos les fuera el estilo de cuero y látigos... o quién sabe. En fin, cuando él se levantó a ella no le quedó más remedio que abrazarle sobre los hombros para sostenerse, intentando mermar un poco la fuerza que él debía hacer para mantenerla además de que así ella podía conservar mejor el equilibrio aún teniendo en cuenta que Dominic tenía un total y descarado control sobre ella en esos momentos. Ahora que él la sostenía no tenía motivos para contener las reacciones de su cuerpo pues antes cabía la posibilidad de que hubiera acabado cayéndose, ahora contaba con que la fuerza del albino y su poco peso hicieran que caerse fuera una opción improbable por lo que no se cortó a la hora de arquear su espalda, sacudiendo todo su cuerpo hacia atrás ante las nuevas embestidas que lograban topar hasta el fondo de su interior, logrando provocarle unas violentas pero increíblemente placenteras descargas que la recorrían por entero en un ida y vuelta desde su sexo hacia la cabeza y vuelta abajo.

No se negó en absoluto al beso, es más, se entregó a él como si fuera la última vez que pudiera probar esos labios, dejando que la lengua del varón se adentrase en su boca como si le perteneciera, aunque aún conservando unos pequeños resquicios de su rebeldía cuando tras ello buscó hacerla retroceder de vuelta a la boca del menor. Múltiples gemidos fueron ahogados en ese beso y cuando le mordió el labio la fémina no pudo evitar gemirle un único y lujurioso- Más~ -que podía significar muchas cosas, entre otras podía ser que quería más velocidad, más besos, más mordiscos... puede que incluso le estuviera pidiendo que fuera más rudo y brusco, más salvaje... o quizá le estaba pidiendo todo eso pues por cómo empezaba a estremecerse y a sentir que sus músculos se tensaban y relajaban a un ritmo vertiginoso era fácil notar que su resistencia bajaba y que un nuevo y quizá último orgasmo se hiciera presente en cuanto su ambigua petición fuera cumplida.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Ene 30, 2012 11:20 pm

No podría imaginar en ningún momento que una acción tan aparentemente inocente como fue el besar el tatuaje de la rubia lograra hacer que sintiera algo así en su intimidad y mucho menos que lograse percibir todas y cada una de las sensaciones que le invadían. Había algo para reconocer, y era el hecho de que la rubia definitivamente estaba aprovechándose del acto sexual para dejar tan marcado el cuerpo de Dominic que parecía que todo una manada de leones se le había lanzado encima para afilar sus garras sobre su piel. No podía recordar a decir verdad cuándo había sido la última vez que había terminado con tantas lastimaduras sobre su cuerpo, porque ni siquiera el día posterior a los hechos del lago había estado en un estado como el que se encontraba ahora, era chistoso que no le molestase en lo más mínimo que su (en su opinión) perfecta piel fuera maltratada de esa forma.

Ni bien detuvo sus penetraciones se percataría del quejido de la rubia y cuando le mordió escucharía aquel gemido de placer, haciendo que se preguntase si había sido porque le había gustado o en realidad era porque le había dolido más de la cuenta. Si bien es cierto que se llegó a preocupar de haberla lastimado, dicha preocupación rápidamente se alejaría de su mente ya que sentía la imperiosa necesidad de continuar sus penetraciones, saboreando ahora el delicioso vitae que había comenzado a brotar por la herida que sus colmillos habían abierto al desgarrar la piel de la rubia. Tragaría algo de esa sangre y sintió deseos de lamer la que caería por la espalda y pecho de Elizabeth, pero se detuvo ya que hacerlo significaría tener que contener aún más las ganas de continuar penetrando a la joven y eso no era aceptable, menos aún cuando la intimidad de la joven había comenzado a presionar la propia de esa manera.

Era una verdadera pena que dadas las circunstancias no pudiera saber lo que ella pensaba, ya que que ella aceptase que compartían cierto gusto por el dolor sería suficiente para arrancar una sonrisa en el varón, y una carcajada por lo de que no les iban el látigo y el cuero... cuando en realidad el varón se mostraba predispuesto a probar todo tipo de cosas por poco ortodoxas que parecieran. Fuera como fuera, aprovechando que podía hacer prácticamente lo que le viniera en gana con la joven en esa posición, masajearía sus nalgas para luego comenzar a penetrarle, disfrutando de todas y cada una de las reacciones que dichas penetraciones provocarían en el cuerpo de su amante, cada arquear de su espalda, cada sacudida, cada rebote de sus senos, todo se unía en un excitante conjunto.

Era bueno saber que ella confiaba de tal manera en la fuerza de él, ya que cuando comenzó con las penetraciones estuvo a punto de soltarla al tener sus glúteos algo resbaladizos por el agua, para fortuna de la rubia el varón había logrado sostenerla y ella seguramente ni se habría percatado de lo ocurrido. Continuaría con las fuertes penetraciones combatiendo contra la lengua ajena en una silenciosa batalla de egos que en un momento así resultaba por demás tonta, tercos y cabezaduras que no dejaban de comportarse como perro y gato ni en una situación así. En medio de aquel acto sexual por demás descontrolado la palabra que escapó de los labios de la joven harían que él se sintiese confuso al no entender bien a qué era lo que se refería, si quería que la penetrara con más fuerza, que la besara, que la mordiese o incluso que la nalguease.

Debido a esa confusión fue que decidió hacer lo que mejor le pareció, justamente haría todo lo que había pasado por su mente en esos momentos y si algo no era del agrado de la joven tendría que aguatarlo por no ser más específica. En primera instancia las manos del varón comenzarían a presionar con algo más de fuerza los glúteos de la rubia haciendo que sus dedos se marcaran sobre la blanca y tersa piel de los mismos, aprovechando la presión para aumentar la potencia de las embestidas y así ganar más profundidad y velocidad. Continuaría así durante algunos minutos en los que su respiración pareció agitarse aún más debido al esfuerzo que estaba realizando para poder dar esas embestidas. Aprovechando que podía sostenerle con mayor facilidad los labios del varón comenzaron a besar el cuello de la joven, dando pequeñas y suaves lamidas al mismo.

Pasarían apenas unos treinta segundos hasta que no pudo contener más las ganas de volver a morderla, haciéndolo una vez más sobre el cuello de ella, aunque su mordida sería bastante más suave con la única intención de dejarle un chupetón en el lado opuesto al anterior. Succionaría mientras su cadera continuaría moviéndose de atrás hacia adelante sin parar, sintiendo como los fluidos de la rubia habían comenzado a descender por su falo, llegando a sus testículos y finalmente a sus muslos. A pesar de que su cuerpo aún se encontraba algo húmedo fácilmente pudo sentir como los fluidos de la joven comenzaban a bañar su cuerpo, haciendo que un delicioso escalofrío recorriese su espalda ante algo que alimentaba su morbo. Constantes gemidos y suspiros escaparían de los labios del varón poco más iba a aguantar.

Terminó por apoyar a la joven nuevamente en el borde del jacuzzi al sentir que sus piernas comenzaban a temblar ligeramente. Se arrodilló y continuó arremetiendo sin piedad contra el sexo de la joven, comenzando a sentir un delicioso cosquilleo en todo su miembro una vez más, su orgasmo estaba cerca, de eso no había dudas, pero tenía la boca demasiado ocupada con el cuello de la rubia como para siquiera decírselo. Como pudo logró separarse para observar a la joven a la cara. L-L-iz voy a... No haría falta que terminara su frase, ella debería entender a la perfección a lo que él se refería, simplemente continuó gimiendo y jadeando mientras las penetraciones continuaban su brusco ritmo al prácticamente no poder hacerlo con más fuerza. Esperaría a que ella le indicase dónde debía correrse, hasta entonces intentaría aguantar y contener su orgasmo.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 31, 2012 2:36 pm

Siendo cincera en un momento como ese Elizabeth no se había detenido a pensar que parecía estar usando el sexo como excusa para marcar cada centímetro de la piel ajena. No iba a negar que disfrutaba haciéndolo pero su intención no era hacer que, quizá, tiempo más tarde él se enojara por ver su perfecta -nótese el sarcasmo- piel marcada prácticamente por todos lados de cintura para arriba y su enojo de seguro le haría gracia, sin embargo su actual objetivo era únicamente el hacerle disfrutar pues ya había comprobado antes que el dolor de sus arañazos le provocaba placer, tanto a él por recibirlos como a ella por provocarlos. Ya más tarde podría burlarse de cada marca, ahora sólo buscaba el placer que éstas provocaban, nada más pues tampoco es que pudiera pensar con claridad, su mente estaba completamente en blanco desde hacía ya unos eternos minutos.

Como si toda la sala estuviera en silencio el trago del varón llegó a sus oídos con facilidad, hacéndole sentir un calor extra en las mejillas al saber que era su sangre la que se estaba deslizando por la garganta de su amante tras el mordisco casi vampiresco y del que iba a quedar una herida durante bastante tiempo. Más tarde tendría que agradecer que Dominic hubiera elegido el hobmro para morderla pues era más fácil ocultar marcas ahí que en el cuello y de seguro no iba a tener ni pizca de ganas de aguantar preguntas sobre las múltiples marcas que pudiera tener en su cuerpo y mucho menos de dar explicaciones pues, si bien muchas podían pasar por golpes o incluso picaduras de insectos algo grandes, un mordisco como aquel se notaba claramente que no había sido obra de un animal... no uno de distinta especie a la suya al menos porque irracional y salvaje sí que estaba siéndolo el albino, igual que ella.

Por otro lado si él hubiera sonreído cuando ella supuso lo de los gustos quizá soltase algún comentario burlesco, aunque si hubiera escuchado la posterior risa le habría golpeado avergonzada. Sabía que el peliplata era raro y de gustos extraños, pero no pensaba que llegasen hasta ese punto, aunque era obvio que -para haber compartido seis años con él- no conocía casi nada del ojos zafiro, mucho menos todos sus gustos sexuales aunque sería una por demás extraña sorpresa saber que a él le gustaba... experimentar, por así decirlo. No tendría tiempo para pensar en ello de todas formas, si bien en cualquier otra situación sentir las manos del varón en sus nalgas la habría molestado ahora realmente lo estaba disfrutando, más aún con esos masajes y las posteriores embestidas que su cuerpo recibía, saltando a la vista lo mucho que le gustaban ya fuera por sus múltiples gemidos o por cada reacción de su anatomía ante dichas penetraciones.

En su estado era imposible que se diera cuenta de que él estuvo a punto de soltarla y, dado que eso no ocurrió, la verdad era que no había porqué tenerlo en cuenta y su atención estaba más centrada en aquel choque de lenguas que se llevó a cabo en el interior de su boca, ahogando numerosos gemidos hasta que esa única petición escapó de su garganta. Pese a no saberlo era fácil de suponer que le había confundido con esa súplica, después de todo no había sido en absoluto específica más que nada porque lo quería todo, ¿por qué pedir una única cosa cuando cualquier acción de Dominic la iba a disfrutar? Le costaba menos pedirlo de esa manera y dejarle a él la elección de qué hacerle primero. Hoy, en ese momento, ella se mantendría sumisa a todo cuanto él quisiera o fuera a hacerle.

Sus gemidos se tornaron un poco más intensos cuando sintió una placentera molestia en sus glúteos, producto de la fuerza con la que él los agarró de seguro dejando diez marcas rojas sobre su piel, llegó incluso a gemir como si le pidiera sentir las uñas del varón deslizarse por su piel aunque ninguna palabra salió de sus labios ni cortó el beso para nada más que no fuera cortos momentos para recuperar el aliento, muchos de los cuales sólo serían para separar sus labios mientras dejaba que ambas lenguas siguieran peleándose entre sus bocas pero fuera de ellas. Además a eso se le unió una mayor potencia en cada penetración, se sentía a punto de correrse pero quería aguantar, abusar de su resistencia para seguir sintiendo ese placer enloquecedor que la inundaba y que al obligaba a soltar altos, sumisos y sensuales gemidos que se oirían a la perfección cuando él decidió trasladar sus labios a su cuello. Le dejó pleno acceso al echar su rostro de nuevo hacia atrás, sintiendo que los mechones libres de su cabello -más otros que se habían liberado solos por las violentas sacudidas- se pegaban a su piel, ahora completamente perlada de sudor y agua.

La nueva mordida fue correspondida por un fuerte arañazo en el omóplato derecho y un aumento de la esencia que ahora se desbordaba desde su intimidad, llegando incluso al agua a través del cuerpo ajeno por el que no tardó en deslizarse. Sentía que todo su cuerpo temblaba, sus músculos -especialmente los de su sexo- se tensaban cada vez que el miembro del varón se adentraba con velocidad y rudeza en su interior, haciendo que cada penetración llevara consigo una salvaje descarga de placer. Él no iba a aguantar mucho más, y la rubia tampoco. Cuando la apoyó de nuevo en el borde un fugaz escalofrío recorrió su columna, erizando toda su piel por el frío contacto aunque no liberó al varón del agarre de sus manos y uñas, incluso intentó volver a rodearle con sus piernas cuando notó que su orgasmo estaba cercano. Resistió como pudo y, si bien casi no lo entendió, pudo escuchar las palabras de su amante, sabiendo qué era lo que le estaba advirtiendo.

No tenía tiempo para pensar así que dejó que un simple- N-no te... ¡Ah~! No t-te deten-gas~ -saliera de sus labios, cortado por los gemidos y la falta de aire. No le estaba indicando explícitamente dónde quería que él liberara su orgasmo, entre otras cosas porque en su estado le daba igual si él quería correrse dentro o sobre ella pero sintió la necesidad de que lo hicieran juntos. De normal era casi imposible que una pareja llegara al orgasmo al mismo tiempo, pero en las condiciones en las que ambos estaban de seguro no iba a ser difícil, más aún cuando ella buscaba aguatnar todo cuanto pudiera para intentar correrse junto a él, y para eso necesitaba que siguiera embistiéndola. Además, si bien no estaba pensando en eso era mcuho más limpio que descargara su esencia dentro de la joven, al menos así el agua quedaría más o menos limpia para cumplir con la función por la que había aparecido.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Miér Feb 01, 2012 3:55 am

El estado de la piel del varón era lo que menos le interesaba en esos momentos, pero si ella llegaba a utilizar el estado en el que él quedaría luego de ese día seguramente él haría lo propio, incluso utilizando las mismas palabras de la rubia en su contra. Como fuera, la idea de vengarse de la forma que fuera no se había cruzado por su mente ni una sola vez, aunque no era de extrañar, su atención estaba completamente centrada en todas las sensaciones que la rubia le hacía experimentar, desde el glorioso placer de estar en su interior, hasta los escalofríos que el dolor le provocaba, pero que sin embargo disfrutaba como si fuera la mejor manera de complementar el placer sexual. Jamás había llegado a creer que se comportaría de una manera tan masoquista y pervertida, pero la rubia había logrado hacer que él sintiera que podía experimentar y dar rienda suelta a su imaginación al estar con ella.

Tal y como la rubia pensaba, el accionar falto de delicadeza y cordura del platinado había logrado dejar un sin fin de marcas sobre su cuerpo, pero así como él lo había hecho, ella también le había dejado numerosas marcas, aunque por suerte ninguna era demasiado notoria y podría ocultarlas con facilidad, o al menos eso esperaba. Algo que habría logrado descolocar seguramente al varón hubiera sido el pensamiento de la rubia de mantenerse sumisa a todo cuanto él pudiera hacerle. ¿Era la misma Elizabeth que él conocía y que era todo menos sumisa? Si que se comportaban de manera extraña al estar cerca, y más aún en una situación así. Difícil de creer que las actitudes que los dos jóvenes estaban teniendo provinieran de ellos, ya que si algo era seguro es que ambos eran por demasiado especiales cuanto menos respecto a su forma de ser y comportarse, siendo la de ahora completamente nueva y extraña.

En cierto modo debería dar gracias a que la rubia prácticamente le dejó actuar como a él le viniese en gana luego de aquella ambigua solicitud, ya haría todo lo que tenía en mente y lo primero en su lista ciertamente fue el presionar los glúteos de la rubia para marcarlos, apreciando en todo momento los gemidos que ella dejaría escapar a causa de sus movimientos, aunque lamentablemente, él no sería capaz de utilizar sus uñas ya que de por sí, siempre las mantenía bastante cortas y dudaba que lograra tener éxito en la tarea de arañar a la rubia. Tal era el grado de excitación presente en los dos jóvenes que ni siquiera cuando buscaban separar sus labios permitían que sus lenguas perdieran el contacto, acariciándose aún estando fuera de la boca de sus dueños. Que ella le dejase libre acceso a su cuello fue realmente útil ya que no sólo pudo dejar un chupetón ahora en el lado izquierdo del cuello de la rubia, sino que también pudo dar una fugaz lamida en la base del mismo, no sin antes haber quitado de en medio algunos rubios mechones que estorbaban en ese lugar. Continuó subiendo lentamente hasta llegar a su mentón, avanzando centímetro a centímetro en un tortuoso paso en dirección a sus labios.

De más está decir que luego de haber dado la mordida al cuello de la rubia, él terminó recibiendo su paga, un arañazo que tendría la suficiente fuerza para lograr atravesar la piel del peliblanco. Dicha reaccion, acompañada además de la creciente humedad de la joven que terminaba por empapar el cuerpo del varón de la cintura para abajo lograba nublarle por completo. En su estado actual, ni siquiera se dio cuenta que la rubia había llegado a sentir un escalofrío tras el contacto con el borde del jacuzzi, aunque no era de extrañar considerando que él le estaba penetrando como si fuera la última vez que fuera a hacerle el amor, como si en el mañana todo pudier acabar de manera apresurada. Una cosa era segura, y es que el varón se estaba sintiendo como nunca antes lo había hecho en su vida, cada reacción de Elizabeth lograba hacer que se estremeciera, ya fuera por sentir el contacto de las piernas de ésta al rodearle, o la presión de sus uñas sobre su piel al penetrarle.

Una sensación familiar había comenzado a ser fácilmente apreciable para el varón y puede que incluso para la joven. Su falo parecía haber vuelto a endurecerse aún más de lo que ya estaba, dándole a entender a Dominic que poco más podría continuar con su accionar antes de que teminase por eyacular. Los gemidos del varón parecían no tener fin mientras intentaba como podía contenerlos para poder oir con mayor facilidad los de la joven, aunque dicha tarea se le estaba dificultando demasiado para su gusto. Dejó de preocuparse por ocultar sus gemidos y sacando fuerzas de algún lado comenzó a dar penetraciones bastante más seguidas que antes, aunque quizás éstas no eran ni tan profundas, ni tan fuertes como las que había estado dándole mientras había estado parado, pero aún así tenían la fuerza suficiente para estimular con facilidad el cuerpo de la ojiverde.

Los jadeos del menor podían oirse en toda la habitación, pero súbitamente se detuvieron cuando la joven respondió a la muda pregunta que él le había hecho anteriormente, dejándole prácticamente en vilo. La respuesta si bien no lo suficientemente exacta como para ser absoluta, pero aún así lograría dar a entender al varón que a ella prácticamente le daba igual donde él se corriese, en lo que a él respectaba, también le daría igual. Numerosas fantasías comenzarían a rondar la mente del varón respecto a donde descargar su orgasmo, imaginando cómo sería hacerlo sobre el pecho de la joven, o sobre su rostro, sin embargo, debía admitir que sentía algo de pudor de simplemente retirar su miembro del interior de ella y cubrirla de aquel blanco y pegajoso fluido, no... no quería hacerlo de esa forma, quería verle a los ojos al instante en que ambos se corriesen.

Ya decidido, la pelvis del varón continuó su movimiento de vaivén haciendo que algo de agua terminase por caer del jacuzzi a causa de las olas que se habían formado por las fuertes penetraciones del menor. La mirada del ojos zafiro se quedaría clavada sobre la ajena, sintiendo un cosquilleo que le provocaría un escalofrío en toda su anatomía. Sus testículos parecieron endurecerse, su falo pareció palpitar, y en medio de aquella sonata de gemidos, choque de intimidades y jadeos, un último gemido que llevaría el apodo de cariño que había comenzado a utilizar para llamar a la rubia sería dado. El miembro del varón pareció estar a punto de explotar debido al placer que sintió al alcanzar el climax, disparando al menos unas cuatro veces el semen del en el interior de Elizabeth.

Mordió su labio inferior ni bien comenzó a eyacular, terminando por apresar los labios de la rubia en un beso que en parte buscaría silenciar cualquier posible grito de placer de parte de él. Movió su cadera unas cuantas veces más para que cada gota del candente líquido blanquecino llegase al interior de la rubia, amenazando con desbordar la intimidad ajena. Algunas gotitas de semen mezclado con los traslúcidos fluidos de la joven comenzarían a caer por el falo del peliblanco que aún se encontraba en el interior de la rubia, fundido como uno en el cuerpo de su amante. Buscaría abrazarle, rodear el cuerpo de Elizabeth y tras liberar sus labios se quedaría viéndole directo a los ojos, con la respiración agitada pero una mueca de felicidad nunca antes vista en el varón, como si fuera un niño al que acaban de llevarlo al mejor parque de diversiones de su vida.

Batallaría contra el cansancio que sentía su cuerpo para no caer completamente rendido, para poder apreciar todas y cada una de las reacciones de la rubia. Lentamente comenzaría a mover su cadera hacia atrás para separarse de una vez del cuerpo de su amante, pero en ésta ocasión no se le quedaría mirando para esperar a que ella expulsase el blanquecino intruso de su intimidad, todo lo contrario, su mirada no se movería del rostro de la fémina ni por todo el oro del mundo, quería verla directamente a los ojos y darle a entender que la amaba sin necesidad de utilizar palabras para expresarlo. Un suave suspiro escapó de los labios del menor, un suspiro de tranquilidad y satisfacción, sentimientos que fácilmente podrían apreciarse en su rostro. Si... estaba hecho todo un idiota enamorado, sin lugar a dudas.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Feb 05, 2012 12:14 am

Resultaba increíble que, a pesar de todo el placer que estaba sintiendo, sus sentidos todavía fueran capaces de percibir las pequeñas acciones que complementaban cada embestida pues no sólo fue la presión en sus glúteos lo que sintió, sino también aquella mordida en su cuello que pronto se transformó en una lamida que logró hacerla estremecer aún más hasta que sus labios volvieron a unirse. ¿Cómo no estar sumisa ante todo eso? Por muy rebelde que fuera su carácter y por mucho que le agradara llevarle siempre la contraria a Dominic quejarse por lo que estaba sintiendo sería una de las mentiras más grandes de su vida. Además, aún si hubiera querido rebelarse le hubiera sido imposible, estaba tan cegada por el placer que ni siquiera se quejaría si el varón comenzaba a dañar su cuerpo siempre y cuando continuara penetrándola. Estaba loca, su cordura había volado lejos hacía ya tiempo y cuando comenzó a sentir algo distinto en su intimidad supo que no iba a aguantar mucho más así. Ya no era solo tener que contener su orgasmo, sino hacerlo cuando sentía cómo el miembro de su amante se endurecía más y más cada vez que entraba y salía de su interior.

No sabía cómo era posible que siguiera gimiendo de esa manera que más bien parecía gritar, cada gemido salía de sus labios como si fuera a arrancarle la voz de la garganta, como si cada uno de ellos fuera el último antes de dejarla muda... eso cuando no tenía la boca atrapada por la del varón pues fueron pocas las ocasiones en las que dejó que su boca y/o labios perdieran el contacto con los contrarios, al menos no fueron muchas antes de que él le avisara y ella respondiera. Ni idea de los pensamientos que le cruzaron la mente en esos momentos y sin duda se habría avergonzado de imaginarse con la esencia de Dominic deslizándose por su cuerpo, pero no estaba como para hacer suposiciones así que se limitó a dejarle elegir, sintiendo cómo sus músculos se tensaban y relajaban cada vez con más rápidez al mismo tiempo que su cadera se movía torpemente pero al compás con la ajena hasta que las penetraciones se hicieron tan rápidas que ella, en su posición, fue incapaz de mantener el ritmo. Se sentía completamente extasiada y, sin que se diera cuenta, el agua había comenzado a moverse de forma un poco más violenta a como lo hacía por las embestidas del albino.

Su propio placer, su descontrol estaba reflejándose tanto en su cuerpo como en la masa de agua que había empezado a desbordarse y a caer al suelo de la sala, llegando incluso a embrabecer el agua de la bañera y a dejar varios chorros flotando en el aire y moviéndose de un lado para otro en direcciones completamente aleatorias y con una fuerza inusual, pero sin llegar siquiera a rozar en ningún momento a los dos amantes, por ende, llegando incluso a pasar desapercibido ese espectáculo de control acuático que la fémina estaba haciendo sin ser consciente de ello. De todas formas todo acabó cuando, con apenas una milésima de segundo de diferencia, el placer llegó a un punto en el que ninguno de los dos jóvenes fue capaz de soportarlo, soltando al fin sus orgasmos casi a la par y, probablemente, Elizabeth un poco antes que el menor aunque no sería una diferencia notable. Él la llamó por su apodo, ella no fue capaz de pronunciar más de esa primera sílaba de su nombre que parecía haber adoptado también como apodo cariñoso hacia él o porque simplemente el aire no le daba para más que una única sílaba cuando sus músculos se tensaron al completo y su interior se estrechó de forma que parecía no querer dejar escapar el miembro que la penetró dos veces más, haciendo que su clímax se extendiera durante un par de eternos segundos más.

Habría gemido mucho más fuerte de no ser porque apenas le nombró el peliplata había atrapado de nuevo sus labios y, si bien al principio fue incapaz de hacer nada más que aceptar el beso, una vez su cuerpo se relajó sí que llegó a mover sus labios levemente, correspondiendo tal unión hasta que no les quedó más remedio que separarse para complacer a sus pulmones. Contra todo pronóstico sus orbes, si bien se habían cerrado en cierto momento clave de su éxtasis, se mantenían entrecerrados, dejando aquellas esmeraldas fijas en los orbes de su amante cuando al fin, tras el abrazo, ambos se miraron el uno al otro, dejando que el placer diera paso a lo que normalmente la fémina consideraría como una atmósfera excesivamente cursi... ¿pero qué le iba a hacer? La expresión de felicidad que vio en el rostro del varón la desarmó por completo y no pudo evitar esbozar como pudo una leve sonrisa mientras sus ojos dejaban ver ese curioso y excepcional brillo que sólo las mujeres enamoradas poseían. No tenía sentido negar lo evidente a estas alturas: estaba loca y perdidamente enamorada de Dominic, de su irritante y pulgoso compañero. Apenas un segundo le llevó admitir de nuevo esa verdad y, tras ello, no esperó, le besó. Le besó como si no existiera el minuto siguiente, como si no tuviera más de unos segundos para demostrar todo lo que sentía por él. Fue un beso suave y amoroso que correspondía a la perfección la mirada que él le había dirigido, un beso que tenía escrito un "Te amo" con todas sus letras y significado.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Feb 06, 2012 4:34 pm

Le habría llamado masoquista de haber sabido que habría estado dispuesta a dejar que él le lastimase siempre y cuando continuase embistiéndole de esa forma, aunque él no era precisamente el más indicado para criticar o siquiera mencionar algo de aquello, ya que la enorme cantidad de marcas que decoraban su cuerpo eran una clara señal de que el también sentía un gusto poco sano por el dolor. Cabe decir que en ningún momento se dio cuenta de que el agua a su alrededor había comenzado a moverse más de la cuenta, ya que en primer lugar, la misma había estado a punto de desbordar a causa de los movimientos del cuerpo del varón y en segundo, su atención se encontraba completamente fija sobre la rubia. ¿Cómo iba a fijarse en algo que no fuera el rostro o el cuerpo de su amante?

Ni bien ambos jóvenes alcanzaron el climax, el sonido del agua al caer podría apreciarse, haciendo que el joven se percatase de que ella había hecho levitar el agua a su alrededor vaya a saber para qué, desconociendo en realidad que solamente había sido un acto involuntario al estar dejándose llevar. La presión en el interior de la rubia era infernal, pero a la vez deliciosa, haciéndole sentirse mucho mejor que si estuviera en el paraiso. La delicada mirada de la mujer, sumado a la forma en que le había nombrado hacían de aquella situación un espectáculo asquerosamente cursi, y que en cualquier otro momento habría hecho que él sintiese deseos de reir de tan dulce que podía resultar una situación así, situaciones que podían apreciarse a menudo en el mismo castillo al ver a algunas parejitas besándose o algo por el estilo.

La sonrisa de la joven y su posterior beso le harían sentir un calor poco común en él, un calor que sólo ella lograba provocarle y no era precisamente porque ambos estuviesen desnudos, no, era mucho más profundo que aquello. Correspondió a la joven y cuando finalmente sus labios se separaron la traería hacia él para que ambos quedasen en el agua, haciendo que ésta limpiase sus cuerpos, terminando por salir del jacuzzi con la rubia en brazos. Volvió a imaginar aquella sala que había pedido en un principio, haciendo que todos los sillones apareciesen nuevamente, haciendo que nuevamente todo quedase donde lo habían dejado. Tras cubrir sus cuerpos con algunas prendas, él se recostaría sobre el sofá donde había dejado a la joven apenas entraron a la sala de los menesteres y prácticamente forzaría a Elizabeth a recostarse sobre él. Ya lo había decidido, planeaba pasar la noche allí.

Tras prácticamente tirar a la rubia sobre él -y luego de esquivar al menos unos tres puñetazos al rostro de parte de ella que, a pesar de estar cansada, había recuperado su actitud rebelde y pendenciera- comenzó a acariciar la espalda de Elizabeth con suavidad, recorriendo la misma de arriba a abajo. Centímetro a centímetro sus yemas recorrieron la espalda de la ojiverde, logrando así que ella comenzase a cerrar sus ojos poco a poco. Víctima del cansancio quizás, la rubia terminó por quedarse dormida sobre el pecho del peliblanco, el cual le observaba como si se tratase de un niño pequeño embelezado con un dulce, jamás se habría imaginado que la rubia podría verse tan tierna al dormir, más aún considerando el carácter que ésta tenía. Tras esbozar una sonrisa, cerró sus ojos sin dejar de acariciar ni por un segundo la espalda de la joven, terminando por quedarse dormido pocos minutos después que ella.


Fin de la escena.
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Sucesos inesperados

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