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 Sucesos inesperados

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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Ene 23, 2012 11:17 am

No le contestó, sabía que si le decía que la molestaba él la llamaría de esa forma durante el resto de los días de su vida yu si le decía que no... probablemente la seguiría llamando así de todas maneras así que prefería ahorrarse el discutir con él si sabía de antemano que el ojos zafiro haría lo que se le viniera en gana. No obstante, ese diminutivo tampoco le sonaba tan mal en labios del menor... aunque como siempre esa sonrisa de medio labio que los adornaba la ponía de mal humor. En un principio le dio la razón, en los tiempos actuales los jóvenes eran muy acelerados en temas del corazón y se veían a chiquillos de once con novios ya, pero ella, que llevaba toda su vida sin un hombre -no lo necesitaba de todas formas- estaba en edad perfecta de merecer aunque no tenía prisa, no se le iba a pasar el arroz después de todo y era una mujer independiente, no tenía porqué estar detrás de un hombre durante todo lo que pudiera durarle el noviazgo.

- No le hago ascos a las que me buscan pero prefiero los hombres... Aunque realmente no soporto ni a unas ni a otros -respondió en primer lugar dejando en claro que su tendencia era más bien abierta. En temas de gustos físicos se tiraba más hacia los hombres aunque, como dijo, no le hacía ascos al cuerpo de otras mujeres, pero en temas del corazón el físico no importaba demasiado y no toleraba a nadie, los adolescentes en general -o críos, como ella los consideraba- la molestaban, siempre tan ruidosos, chismosos y exagerados... Aguantaba a Mattias porque podía decirse que se crió con él pero lo tenía completamente descartado, como pareja no valía, no para ella al menos. De todas formas la pregunta no logró ponerla nerviosa, al contrario, la respondió con un tono bastante neutral tras haberse recuperado de nerviosismo anterior... aunque no por mucho tiempo.

Sus ojos se clavaron en los ajenos como si le advirtiera mudamente que cerrara la boca, aunque como era obvio eso de seguro sólo alentaba al varón a continuar con su blablabla al que prestaba atención sólo para intentar formular una respuesta coherente y tajante en su mente. Estuvo a punto de mandar al diablo la tranquilidad y pasividad que había mostado ahsta ahora pues poco le faltó para levantarse y hundir su puño en la cabeza del menor cuando le recordó que se había trabado al hablar y la risilla que acompañó ese molesto recordatorio no ayudó, lo que sí lo hizo fue quebrar la tableta por la mitad imaginándose que era el cuello del peliblanco, aprovechando para llevarse una de las actuales mitades a los labios y empezar a darle mordiscos que arrancaban una honza y poco más del grupo.

- Si me gusta alguien o no es asunto mío, no tuyo, así que deja de preguntar como si fueras una vieja chismosa -le dijo molesta justo después de ver que le guiñaba un ojo y se ahorró comentarios sobre la confidencialidad de Dominic. Creía estar segura de que, si le decía que le gustaba alguien, en menos de un minuto ya lo sabría todo el castillo. No dudaba que Dominic no fuera capaz de morderse la lengua, pero con tal de molestarla estaba convencida de que no tendría escrúpulo alguno de salir a gritar a los cuatro vientos que a Elizabeth le gustaba X o Y persona. Iba a mandarle al diablo con palabras de no ser por la expresión maliciosa que se le dibujó en la cara, la cual le hizo dudar e incluso temer las siguientes palabras del varón. La primera pregunta no fue gran cosa, incluso se dio la libertad de soltar un cansado suspiro en el que parecía decir un "MIra que eres pesado" con tono hastiado, sin embargo su calma se quebró al completo cuando escuchó esa última cuestión.

¿Tan obvia había sido? Imposible, ni ella misma estaba segura de que él le gustara más allá de lo físico así que era prácticamente imposible que él lo hubiera adivinado. Seguro sólo lo dijo para molestarla pero... ¿si fue así, por qué desvió su mirada? Cuando se burlaba de ella solía mirarla a la cara, más aún si quería regocijarse con las múltiples expresiones que ella ponía, de ahí que le resultara incluso contradictorio que una pregunta -a su entender- dicha para molestarla no estuviera acompañada de una intensa y jocosa mirada aún cuando sí hubiera tenido ese molesto tonito cantarín que la incitaba a arrancarle la lengua. De una forma u otra sintió sus mejillas arder y lo estuvo pensando durante algunos segundos, aprovechando para hundir más su espalda en el respaldo del sillón y así aumentar -si bien sólo unos centímetros- la distancia entre ambos al tiempo que pasaba su pierna derecha sobre la homóloga y se cruzaba de brazos, desviando su rostro y mirada a su izquierda haciendo que los mechones de su flequillo y de la coleta que traía en el lado derecho de la nuca se ondearan un poco, cubriéndole -al menos el flequillo- parte del rostro pero sin llegar a ocultar ni sus ojos ni el tono rosado de sus pómulos.

- ¿Y qué si así fuera? -fue su ambigüa e incluso algo avergonzada respuesta. No lo afirmaba, pero tampoco lo desmentía pues prefería no dar nada por sentado y tener así libertad de reacción según la respuesta que recibiera del varón. SI le decía que no de seguro él acabaría instándole a confesar si le gustaba alguien o no y no estaba de humor para aguantarle pues sabía lo insistente y terco que llegaba a ser; por otro lado, si le decía que sí no sólo admitiría lo que llevaba ya una semana negándose inconscientemente, sino que también cabía la posibilidad de que él se burlase. Así pues prefería no arriesgar nada y dejar la incógnita en el aire para así, ante el menor rastro de burla por parte del peliplata, ella le regresaría la mriada sacándole la lengua con una expresión triunfante y diciéndole un "Idiota", ocultando así la verdad, por desgracia para ella leer mentes no era una de sus especialidades, y no era capaz de imaginar cómo iba a reaccionar Dominic ante su indirecta confesión.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Ene 23, 2012 7:54 pm

Dejaría escapar un suave suspiro al oir que prácticamente le daba igual el sexo de la persona que se le acercase, más allá de la predilección por los hombres, escuchar que la joven era bisexual sería suficiente para hacer que cualquiera comenzase a tener extrañas fantasías. No diría nada, y todos aquellos pervertidos pensamientos quedarían en el interior de su mente ya que su rostro ni se inmutaría ante los mismos. Dejando atrás todo pensamiento fuera de lugar, se concentró en las reacciones de la muchacha mientras él continuaba hablando sin parar, ignorando por completo las miradas que la joven le dirigía como si le dijera que por su bien no debería seguir hablando. ¿Pensaba que algo así iba a detenerle? Si en efecto lo pensaba se había equivocado, el joven no se detendría a menos que le diera un puñetazo en el rostro.

Era divertido ver como reaccionaba tanto por sus palabras como por el resto de sus acciones, sabía bien que las risas que él dejaba escapar le molestarían a la rubia y dicha molestia era fácilmente apreciable cuando ella daba mordidas molestas a la barra de chocolate que él le había dado. No pudo evitar sonreir divertido al comentario de la joven. ¿Vieja chismosa? Él no había planeado usar algo así para burlarse... al menos no a menos que ella le diese una buena razón para ello, quizás lo usaría solo para extorsionarla, pero era poco probable eso también. Sin importar qué no tenía planeado detener su molesto monólogo hasta que la joven estallase y se le tirase encima para callarlo a golpes y fue entonces que la idea de que el sadomasoquismo quizás le gustaba llegó a su mente. ¿Qué otra razón podía haber para que le encantase molestar a la joven a pesar de que ella por lo general terminaba las bromas con dolorosos golpes? Dominic reconocía tener gustos raros, pero algo como aquello sería extraño incluso para él.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la respuesta de la joven, una respuesta que jamás esperó de parte de ella. ¿Podía ser que hubiera dado en el clavo? No podía asegurarlo, pero algo era seguro, de ser un rotundo no ella simplemente se habría molestado y le habría golpeado, le habría insultado o quizás le hubiera insultado mientras le golpeaba, pero que diera una respuesta ambigua en un momento como aquel dejaba aunque sea un mínimo margen para poder pensar que existía al menos la mínima posibilidad de que ella se sintiese atraida por el varón. Tragó grueso, hubiera preferido un rotundo no de parte de la muchacha a esa respuesta que le dejó claramente descolocado ya que no la había considerado en sus planes. ¿Cómo iba a imaginar que ella podía dejar abierta una puerta respecto a un tema así?

Guardó silencio durante algunos segundos luego de que la joven le respondiese de esa manera tan poco usual. ¿Debería seguir con su afan de molestarla o lo mejor sería cortar por lo sano y acabar con aquella "broma" antes de que terminase yéndosele de las manos? Me burlaría de tí por al menos tres meses. Diría con una irónica sonrisa en el rostro, aunque dicha sonrisa fue fingida, había optado por cortar con aquella bromita y la mejor manera de hacerlo que se le vino a la mente fue con una respuesta como aquella. No estaba conforme con lo que había dicho, ¿cómo podía conformarse luego de haber tenido que mentir para salir del posible apuro al que se había estado por meter? Se reprochó mentalmente por haber comenzado a hablar de aquello justo en un día donde no debería haberlo hecho, después de todo, luego de lo que le pasó a la joven comenzar a hablar de extrañas confesiones no era lo más indicado.

Ya había metido la pata y lamentablemente tendría que seguir con aquella farsa para no levantar sospechas. Además... Suspiró para aclarar sus ideas y volvió a mostrar un rostro neutral. ¡Cómo si fuera posible que tú te fijaras en mi! Comenzó a reir forzadamente pero debido a lo poco natural que resultaba su risa quizás la fémina terminaría por darse cuenta de que nada de lo que estaba diciendo era cierto. ¡Y cómo si yo fuera a fijarme en tí! La risa del varón mantuvo su volumen mientras se golpeaba la pierna con la palma de la mano para que pareciese un poco más real, aunque ni así lo lograría, tenía ganas de golpearse por lo que estaba diciendo cuando en realidad pensaba todo lo contrario y por más que lo negase ya se había dado cuenta que ella le gustaba.

Comenzó a respirar más profundamente aparentando necesitar recuperar el aire. Bueno, ya está bien de bromas... Diría observando a la rubia. ¿Qué pasaría si yo te confesara que me gustas? Preguntó con curiosidad. Ya sé que me dirás algo como "Como si eso fuera posible" o similar... Suspiró mientras dirigía la mirada a la ajena. Pero en el supuesto caso de que pudiera llegar a suceder... Se acomodó en el respaldo del sillón con la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante para que su cabello cubriera sus orbes, pero sin dejar de mirar a la muchacha en ningún momento. Ella había utilizado esa técnica para evitar que él le mirase directamente y ahora aprovecharia el largo de su cabello para algo. Era probable que la muchacha terminase por responderle con una burla tal y como él mismo lo había hecho, pero existía la posibilidad de que no fuera así, sentía curiosidad y probaría su suerte.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Ene 23, 2012 8:31 pm

Que pasaran pensamientos pervertidos por la mente de Dominic cuando ella afirmó que era liberal en cuanto a sus posibles -y por ahora inexistentes- parejas no se le ocurrió, más que nada porque seguía pensando que ella no le atraía y sería por demás contradictorio que alguien tuviera pensamientos obscenos en los que se incluía una persona que no le gustaba. No obstante, de haberlo sabido el varón no se habría librado de una buena patada de esas tan propias de la fémina pues ella parecía saber siempre dónde golpear para causar el máximo dolor, otra cosa es que alcanzara su objetivo pues estaban tan acostumbrados a pelearse física y verbalmente que tenían ya habilidad para esquivar los golpes del otro. Como fuera, sabía que su insistente mirada no le iba a detener, pero igual tampoco le costó mantenerla, quién sabe, con lo raro que estaba el menor en ese último tiempo a Elizabeth le era imposible ya adivinar sus posibles reacciones pues cada vez que lo intentaba le salía con una distinta.

El silencio que se formó tras su respuesta la puso más nerviosa, se sentía incómoda y centraba su atención en intentar que él no lo notara, incluso tuvo que tragar grueso también para mantener su postura y no salir corriendo de allí. ¿Estaba pensando en huir antes de escuchar una respuesta? No quería reconocerlo, pero la verdad era que sí. Desconocía cuándo habían empezado a darle miedo las respuestas a esas preguntas que llevaban rondándole la mente tantos días, pero si bien antes estaba molesta por no encontrar soluciones ahora las temía. No se sorprendió cuando le escuchó al fin, se esperaba algo como eso pero más exagerado así que simplemente y de manera inconsciente tensó un poco los músculos de sus brazos, aumentando la presión del agarre que su mano derecha tenía sobre su brazo izquierdo al estar de brazos cruzados.

Mantuvo su rostro ladeado y su mirada desviada, ni siquiera le insultó ni hizo nada de lo que tenía planeado para hacerle pensar que era broma y que se la había jugado. No pudo hacerlo, aunque hubiera querido se quedó muda, algo que la estaba molestando ya demasiado de tan seguido que estaba pasando últimamente- Lo supuse -fue cuanto sonido logró sacar de su boca y no la convenció, el tono neutro que había intentado ponerle a sus palabras había sido sustituido por uno triste e incluso decepcionado, aunque esperaba que Dominic no se diera cuenta, si no la había escuchado sería genial, no quería dar explicaciones sobre ese tono que no había podido controlar. Tras ello no pudo evitar soltar un "Hmp" casi divertido y resignado al tiempo que una extraña y pequeña sonrisa se le dibujaba en los labios. ¿Acaso creía que ella era tan insensible como para no fijarse en él? Era adolescente, incluso aunque no quisiera se habría terminado fijando en él -o en su cuerpo por defecto- tarde o temprano, después de todo por mucho que su mente pudiera decir "No" su cuerpo decía "Sí".

Pudo darse cuenta de que la risa ajena era forzada, lo que no supo averigüar fue el porqué. Que él mismo no se creyera sus propias palabras era algo que no llegó a cruzársele por la mente, sería por demás extraño al fin y al cabo. Realmente poco le faltó para darse cuenta de que él estaba mintiéndole, pero el tono y la forzada risa pasaron a un segundo plano con las siguientes palabras que llegaron a sus oídos. Tenía razón, aún en el caso de que a ella le gustara -algo que ya estaba pasando- ese sentimiento no tenía porqué ser recíproco. Dominic ya se lo había aclarado en variadas ocasiones, ella no le atraía, ni siquiera su cuerpo por sí solo. Pensó en levantarse e irse, ya le daba igual tenerle burlándose lo que le restaba de curso e incluso llegó a despegar la espalda del sofá y a descruzar sus brazos, pero la pregunta que le formuló la detuvo en seco. Realmente no le entendía. No hacía ni un segundo que estaba burlándose por la posibilidad de que a ella le gustara y ahora le salía preguntándole eso. ¿Quería descolocarla? Pues lo había conseguido. Se mantuvo en silencio, escuchando con atención lo que le decía e imaginándose -sin quererlo pues ni ella sabía cómo podía reaccionar- esa hipotética situación en la que él se le confesara. Dominic no era un tío romántico según ella sabía así que su declaración sería de todo menos normal, puede que hasta se lo dijera durante una pelea... sí, eso sería muy propio de él. Aún así no pudo contestar, no quería contestar.

- ¿Por qué el repentino interés? Tú mismo has dicho que no te fijarías en mí así que no hay porqué seguir con esto -su tono de voz fue resignado y sus orbes se entrecerraron un poco más, dejando ver apenas una franja de esa tonalidad tan única que mezclaba el color esmeralda con una especie de franja marronada en la base del iris. Estaba claramente evadiendo la pregunta y en ningún momento volvió a mirarle a la cara así que no se percató de que él ocultaba sus ojos a su vista. La verdad es que, para ser tan inteligentes como lo eran, ahora mismo parecían dos idiotas, y enamorados por si no fuera suficiente. Lo más divertido de todo era que, si bien reconocían para sí mismos que el otro les gustaba, ni estaban enterados que era mucho más que un simple gusto adolescente, por lo menos en el caso de la joven. No quería seguir con esa situación, no quería hacerse vanas ilusiones y le dolía que le estuviera preguntando eso cuando -según creía- ella no llegaría a gustarle hiciera lo que hiciese. Prefería no responder, aún cuando pudiera llegar a ser cierto que el que calla otorga.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Lun Ene 23, 2012 11:25 pm

¿Por qué demonios es que tenía que comportarse como un completo imbécil todo el maldito tiempo? Había gente que podía comportarse como una persona normal, pero él no, él tenía que dar el mal ejemplo en todo lo que se le ocurriera hacer o decir, y si bien era algo que no le molestaba por lo general, en estos momentos le hacía dar ganas de golpearse el rostro hasta dejárselo irreconocible. Comenzó a maldecirse una y otra vez por la manera en que le había respondido a la joven, pero no por el hecho de haber respondido algo que no era lo que en verdad sentía, sino por la forma en que ella le respondió, aquel "lo supuse" que ella le dirigió, a pesar de las risas que él soltaba llegó a sus oidos haciendo que se sintiera como un maldito infeliz y ciertamente lo era por haber hecho aquello.

No hacía falta que buscara razones, lo tenía más que claro, tenía claro porque la forma en la que ella respondió le había hecho sentir como si le hubieran agarrado el corazón, se lo hubieran retorcido y triturado para luego volver a dejarlo en su pecho. No era para nada difícil entender que se sentía mal por haber hecho que ella respondiese de esa forma. Tras la última pregunta que formuló, escondió sus orbes bajo su cabello mientras continuaba reprochándose el comportarse como lo había hecho. A decir verdad, hubiera preferido que ella se levantase, le insultase y le golpease antes que se quedara callada como lo hizo, haciendo que el tiempo pareciera detenerse para el menor que esperaba con ansias la respuesta de parte de la rubia, era extraño, estaba más nervioso que nunca.

Cuando la fémina finalmente rompió el silencio y respondió a la pregunta que él había hecho sintió deseos de darse un golpe directo al rostro por haber respondido de la manera en que lo había hecho anteriormente. Se sentía patético, no podía ni siquiera comportarse como una persona normal en aquella situación y la única manera que tenía para escapar de la verdad era comportándose como lo hacía, haciendo que ella terminase por responder de una manera que parecía que él la había lastimado con sus impulsivas y torpes palabras. Tragó grueso mientras sus manos se aferraban fuertemente a los brazos del sillón intentando contener el deseo de las mismas de darse un buen coscorrón, sin embargo, lamentarse no resolvería nada, ya había actuado de manera estúpida y tendría que encontrar la forma de solucionarlo.

Se levantó de su sitio y avanzó hasta quedar a escasos centímetros del sofá donde la joven se encontraba, guardando silencio, un silencio que sería roto solo por el suave golpe que podría oirse en el suelo cuando el joven se arrodilló (o más bien se dejó caer de rodillas) sobre la alfombra. Su mirada se dirigió hacia la cabeza de la rubia mientras que un suave suspiro escapaba de sus labios. Golpéame Diria en un suave murmullo mientras continuaba mirando hacia la joven sin ver su rostro a causa de la postura de la misma. Le tomó una de las manos y volvió a hablarle. Por ser un idiota... Suspiró pesadamente mientras soltaba la mano de la muchacha. Vamos... me lo merezco por comportarme como lo acabo de hacer... Por extraño que pareciese, prefería los golpes de la rubia a indiferencia o tristeza de parte de ella.

Sin importar que fuera lo que ella decidiera, continuaría hablando, en caso de que ella le golpease, simplemente volvería el rostro hacia la muchacha y proseguiría con lo que iba a decirle, y si ella no le hacía nada haría lo mismo. Fuera como fuera, la mirada del varón volvería hacia la joven, aclarando su garganta para aclarar sus ideas también. Liz... dime... Apoyó sus manos sobre el asiento del sofá. ¿Por qué crees que reaccioné de esa forma por lo que sucedió hoy..? Su mirada bajó y se mantuvo fija en sus manos. Si me lo hubieras preguntado algunos días atrás no sabría qué responder... Suspiró suavemente. Creo que en estos momentos si puedo decir cuál fue la razón de ello.

Elevó su mirada hacia la muchacha y a menos que ella se lo impidiese le tomaría de la mano, presionándola con suavidad. Sentí celos... Suspiró con molestia. Ver como alguien te besaba... me molestó... y luego ver que intentabas sacártelo de encima me hizo enfurecer... Sus mejillas parecieron encenderse en llamas adoptando una tonalidad rojiza bastante notoria. Lo que quiero decir es que creo que... El corazón parecía estar a punto de salírsele del pecho o peor aún, a través de su garganta a causa de los nervios que sentía en esos momentos. Liz... me gustas... Guardó silencio mientras presionaba un poco más la mano de la joven, pero no lo suficiente como para lastimarla. Me he comportado como un imbécil porque no quería aceptar sentir algo así... pero no es algo que yo pueda controlar al parecer... Suspiró resignado mientra bajaba la mirada hacia la mano de la joven. Soy un tonto... ¿no lo crees?
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 12:04 am

De haber sabido que el varón estaba sintiéndose culpable por la manera en que le había respondido Elizabeth se quedaría sorprendida, después de todo el peliplata no era alguien que soliera cargar con las culpas y mucho menos dejarse hundir por ellas. SIn embargo, no podía leerle la mente, de haberlo hecho tampoco sabría cómo habría reaccionado pues toda la situación era extraña, insólita, demasiado como para que pudiera ordenar sus pensamientos e idear una manera de salir de allí sin que pareciera que estaba huyendo, de ahí que no hiciera nada y permaneciese en el sofá, quién sabe, a lo mejor el varón cambiaba de tema como lo había hecho antes... Prefería hablar de su pasado antes que de eso, algo le decía que incluso sería menos incómodo.

Esperó paciente a que Dominic dijera algo, eludiendo su mirada pues no le hacía falta verle para saber que él sí la miraba, podía sentir cuando esos ojos zafiro se posaban en ella y cuando no. Aün así no pudo retener el impulso que le hizo voltear a mirarle cuando le escuchó levantarse, dirigiéndole una extrañada mirada que pasó a preocupada e incluso algo asustada al verle dejarse caer de rodillas en un golpe seco que de seguro le lastimó las piernas muy a pesar de la mullida alfombra. No pudo huir de esa nueva mirada, sus ojos se quedaron clavados en los ajenos y sus mejillas se tiñeron de rosa, estaba nerviosa porque temía que él descubriera sus actuales sentimientos a través de esa mirada, no obstante su expresión mostró un notable cambio cuando escuchó ese murmullo que logró desconcertarla.

- ¿Qué...? -no tenía más palabras para decirle, más que nada porque estaba realmente sorprendida y no era capaz de pensar nada coherente. No era nada común que él le pidiera golpearle y menos que admitiera ser un idiota mietnras la tomaba de la mano. El contacto le causó escalofríos pero no se opuso a él e incluso tuvo el impulso de aferrar la mano contraria, aunque fue tarde pues para entonces él ya le había soltado- No... no comprendo -confesó en un susurro al no encontrar sentido a lo que estaba pasando ahora. ¿Por qué Dominic se comportaba así? ¿Acaso... acaso su inconsciente suposición era acertada y lo que le dijo antes era todo mentira? De ser así, ¿por qué? Estaba confusa, hecha un completo lío pero ni así iba a aceptar la invitación, ni aunque quisiera podría golpearle viéndole en ese estado, parecía abatido... indefenso.

Al no haber sido capaz de apartar sus orbes del peliplata él no encontraría dificultad para unir sus miradas y, si bien por un momento parecía hipnotizada por aquellas gemas azules el resto de sus sentidos estaban centrados en lo que él le decía, intentando así encontrar algo de lógica a la situación en la que se había visto envuelta sin pretenderlo. Hubiera querido responder a la pregunta que le formuló, pero no tenía la respuesta, ni siquiera comprendía porqué se lo estaba preguntando y si bien ella misma se lo había preguntado en un principio pensó que fue porque habían usado su apariencia, no porque la estuvieran besando. Por eso cuando admitió haber estado celoso fue como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. Se quedó sin aire y su corazón empezó a latir aceleradamente al tiempo que sus mejillas pasaban directamente del pálido color de su piel a un rojo intenso, similar al que poco después presentaron las mejillas del menor.

El pequeño preámbulo que le hizo antes de confesársele se le hizo eterno, y durante éste intentó quitar la idea de una confesión así de su mente pues, por rara que fuera la situación, eso le parecía ya demasiado extraño para él. Se equivocó, y ciertamente se alegró de haberlo hecho pues su sonrojo aumentó de intensidad al oírle ese casi silencioso "Me gustas", sintiendo cómo un agradable calor recorría su cuerpo al tiempo que sus latidos aceleraban el ritmo. No respondió la retórica pregunta que le formuló después, estaba analizando todavía esas palabras que habían logrado acertar de lleno en su corazón, sorteando las barreras que ella solía tener alrededor y que, ahora, estaban hechas pedazos. Sonrió, un acto involuntario que no pudo contener al igual que las siguientes acciones que la llevaron a soltar la mano que atrapaba la suya sólo para pasar ambos brazos sobre los hombros ajenos, abrazando así a Dominic hasta hundir su rostro en el hueco derecho de su cuello.

- Me temo que los dos lo somos -respondió al fin, todavía con la sonrisa dibujada en sus labios y un tono de voz que no podía calificarse de otra forma que no fuera feliz. Sus manos se aferraron a la espalda de la camiseta ajena para afianzar mejor el abrazo y, aún cuando estaba inclinada hacia él con la cadera todavía en el borde del sofá para así poder estar a la altura del menor, no parecía en absoluto incómoda, más bien lo contrario. Ya no tenía porqué negárselo, el calor del platinado la reconfortaba y más ahora que una situación como la vivida en el patio había terminado en algo así. Jamás hubiera imaginado que el haber perdido la elección de su primer beso sería compensado con una confesión como aquella, y no pudo retener un par de lágrimas que cayeron de sus orbes. Le parecía un poco tonto sentirse tan feliz por un mero "Me gustas", se sentía como una chiquilla que tiene a su príncipe azul, pero por ridículo que a ella misma le pareciese no cambiaría esa sensación por nada.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 1:36 am

Luego de que terminase aquella confesión que sería demasiado extraña incluso para el mismo varón que hasta cierto punto no podía creer que hubiera terminado por revelarle a la joven qué era lo que realmente sentia, todo pareció quedarse en blanco en su mente, como si todo a su alrededor se hubiera detenido por completo. No supo cuánto tiempo pasó desde que terminó de hablar hasta que la joven respondió a lo que le había dicho, sin embargo, como si pudiera ver todo en cámara lenta, todos y cada uno de los movimientos y reacciones de la joven fueron seguidos por Dominic. No pasó desapercibido el notable color rojo que había invadido las mejillas de la rubia, como tampoco el que ella prácticamente se quedara sin aire luego de que él terminó de hacer su declaración (extraña, pero declaración al fin) de sus sentimientos.

El tiempo pareció volver a correr sólo cuando ella se movió en su dirección, abrazándole por sobre los hombros. No pudo evitar sonreir como idiota al sentir aquel contacto ¿había aceptado sus sentimientos entonces? Eso es lo que parecía, era extraño, jamás se había sentido como en ese momento, estaba feliz, de eso no había dudas y es por ello que sus brazos rodearían el cuerpo de la rubia acercándola un poco más hacia él. La diestra del peliplata recorrería la espalda de la joven en suaves caricias que ascenderían hacia la cabeza, terminando por posarse sobre la parte posterior. La zurda por otra parte se mantuvo en su lugar, le sostenía como si temiera que ella se alejase de donde él se encontraba. ¿Temía que ella le estuviera jugando una broma? Sería demasiado cruel, incluso para Elizabeth si solamente estaba bromeando con él en ese momento.

No fue hasta que la rubia respondió a sus palabras que se quitó finalmente la idea de que ella pudiera estar jugando en un momento así, y debido a ello, apoyó suavemente su mejilla sobre la cabeza de la rubia, dejando que un relajado suspiro escapase de sus labios. Continuó acariciando la cabeza de la joven durante algunos segundos hasta que se separó algunos centímetros para poder observar el rostro de la rubia, notando ahora como algunas lágrimas parecían haber caido por su rostro sin llegar a sus mejillas gracias a la camiseta del varón que detuvo su avance. Tonta... no llores... Sus ojos se cristalizaron al ver los rastros de lágrimas en el rostro de la rubia. o harás que yo me emocione y termine llorando como un niño pequeño...

Acaricio con suavidad el rostro de Elizabeth para secar sus lágrimas y apoyo su frente contra la frente de la joven. Le observaría a los ojos durante un buen rato sin decir palabra alguna, no había necesidad de hablar, ya que observarle en silencio era suficiente para él. Liz... Sostuvo las mejillas de la rubia mientras le observaba con ternura. te quiero... Diría en un suave susurro antes de inclinar su rostro ligeramente hacia la derecha para comenzar a acortar la poca distancia que había entre ambos. Sus labios finalmente terminaron por posarse sobre los de la rubia. La mente del joven se quedó en blanco luego de sentir la suavidad de los labios ajenos en un beso que parecía ser el oasis que el joven necesitaba en el desierto de su alma.

No haría nada que pudiera incomodar a la rubia, simplemente movería sus labios para acompañar los movimientos de sus compañeros si es que ella correspondía el beso. Luego de lo que le había ocurrido no iba a intentar nada extraño, si ella correspondía ya habría tiempo luego para besarle con mayor intensidad, en ese preciso instante, nada más le importaba que estar junto a aquella muchacha que a pesar de los años de discusiones, peleas y demás, se había mantenido a su lado, esa joven que había soportado el insufrible carácter que tenía y aún así seguía hablándole aunque solo fuera para molestarlo. Había que admitirlo, la rubia había tenido demasiada paciencia con él a lo largo de los años, cualquier otra persona quizás lo hubiera mandado al diablo. Cuando ella decidiese terminar el beso, él se separaría algunos centímetros y luego de darle una suave caricia en el rostro le susurraría un suave "te quiero" en el oido.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 2:05 am

Al sentir que su abrazo era correspondido la fémina no pudo evitar que su sonrisa se ampliara así como tampoco quiso retener el impulso de acercarse más a él, casi echándosele encima cuando despegó su cuerpo al completo del sofá para unir su torso al del varón y hacer así que el abrazo fuera más cómodo para ambos, incluso más intenso. Sus reacciones no eran una broma, nada de lo que estaba pasando en esos momentos tenía como finalidad darle algo con lo que burlarse del peliplata, ni se le cruzó por la cabeza esa posibilidad y, en el hipotético caso de que Dominic estuviera gastándole una broma pesada, de seguro no saldría ileso de la sala. Por suerte para ambos todo estaba yendo muy en serio, nada era simple afán de burlarse, sería cruel por parte de ambos hacer algo así, cruel no sólo para el otro, sino también para ellos mismos.

Las caricias que él le daba lograron relajarla a tal punto que ya casi no quedaban recuerdos de lo sucedido en el patio haría quién sabe cuánto tiempo pues entre unas cosas y otras había perdido la noción del teimpo y en una sala como aquella, sin ventanas, era difícil saber si no habían terminado ya las clases de la mañana aunque poco importaba eso realmente. Permitió que él la alejara un poco pero no se separó, apenas sí aflojó el agarre para hacerle más sencillo la tarea de verla directamente al rostro. Hasta ese momento ni se había dado cuenta de que estaba llorando y sonriendo al mismo tiempo. No le reprochó que la llamara tonta, sólo rió por lo bajo dejando que le limpiara esas dos lágrimas rebeldes que habían logrado salir de sus ojos, riendo luego un poco más confiada cuando le escuchó decir que sería posible que él llorara también.

- Eso sería raro... -mencionó divertida pues no recordaba haberle visto llorar nunca, aunque no creía que fuera desagradable verle llorar como lo estaba haciendo ella ahora, las lágrimas de alegría lograron hacerla sentirse bien pero no dejó libres todas las que le restaban, también en ella llorar era algo por demás extraño. El contacto entre sus frentes le hizo cerrar los ojos con calma, disfrutando la sensación de plenitud que ahora la embargaba volviendo a mirarle sólo cuando le nombró, mostrando un brillo curioso en sus ojos. De más está decir que sus mejillas enrojecieron aún más -si es que eso era posible- cuando le hizo aquella confesión tan directa. Se quedó sin palabras y al verle acercarse no pudo evitar recordar por un segundo al impostor que la había besado antes.

Se preguntó si todavía tendría ese sabor amargo en los labios y quiso evitar que él la besara no porque no quisiera que lo hiciera, sino para evitar que notara también ese desagradable sabor, aún así no pudo moverse, todo lo que hizo fue cerrar los ojos y entregarse al beso como si fuera el primero. Fue como su madre se lo había descrito en los cuentos con los que la arrullaba para dormir: dulce, con mariposas en el estómago, una suave explosión que logró poner su mundo patas arriba. Sus manos abandonaron la espalda del menor para aferrarse directamente en su torso al mismo tiempo que un suspiro escapaba de sus labios para ahogarse en la boca ajena. Tímida al principio la fémina correspondió, moviendo sus labios de forma torpe y demostrando así su inexperiencia en todo eso, pero no faltó esa mezcla de amor y pasión en cada uno de sus movimientos. Jamás pensó que los labios de Dominic fueran tan adictivos, y sin duda cualquier rastro de los labios del disfrazado Mikhail que pudiera quedar en los propios se había borrado ya.

Realmente no quería separarse, deseaba seguir ese beso más tiempo pero el aire le faltó rápido -probablemente por la maraña de sentimientos mezclados- y se separó sólo un centímetro, respirando con la boca abierta, más bien mezclando su aliento con el del varón antes de que éste se dirigiera a su oído para volver a confesarle esas dos palabras que lograban hacerla temblar, además de erizarle la piel del cuello y provocarle un nuevo suspiro al sentir el cálido aliento del albino sobre su oreja. Liberaría la camiseta ajena de su agarre para elevar ambas manos a las mejillas del varón, guiándole suavemente para que la mirara a la cara. Estaba segura, ahora ya no le quedaban dudas, ya no tenía miedo de reconocer lo que, sin saberlo, llevaba seis años guardando en su corazón- Te amo, Dominic -y si él se lo permitía volvería a juntar sus labios con los suyos, dispuesta a borrar todo rastro que el impostor pudiera haberle dejado, dispuesta a entregarse al ojos zafiro en la intimidad de la Sala de los menesteres.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 1:12 pm

Simplemente sonrió divertido al oir el comentario de la rubia, tenía razón, sería raro en él verle llorar ya que nunca lo había hecho, al menos no desde el ataque donde sus padres murieron. También es raro verte llorar a ti... Respondió mientras continuaba con las suaves caricias sobre la cabeza de la joven que buscaban hacer que se sintiese cómoda, debía hacerlo ya que la experiencia que ella había tenido antes definitivamente no habia sido buena y no le sorprendería si rehuyera el contacto con sus labios. Siguió pensando en que quizás ella terminaría por sacarlo a patadas por intentar besarla luego de lo ocurrido, pero todo pensamiento al respecto pareció borrarse de su mente cuando ella cerró los ojos, aceptando así la unión entre sus labios.

Pudo sentir como ella comenzaba a corresponder el beso tímidamente ¿podía ser que hubiera besado a pocas personas a lo largo de su vida? No lo sabía, así como tampoco sabía que en realidad su primer beso había sido robado por aquel sujeto que había adoptado su apariencia para poder llevar a cabo un acto tan rastrero como el robarle un beso a la muchacha. Nada importaba, algo como aquello estaba lejos de interesarle al varón que simplemente se había dedicado a disfrutar de la suavidad de aquellos labios que en los últimos días le habían provocado una enorme tentación. ¿Quién hubiera imaginado que dos personas que se pasaban los días discutiendo terminarían de esa forma? Dominic no lo hubiera creido posible y tampoco lo creería si no fuera porque en ese momento estaba besando a la rubia.

Cuando finalmente se separaron, podría disfrutar del aliento de la joven al estos mezclarse debido a la cercanía entre ambos, acercándose luego en dirección al oido de la rubia para susurrarle aquel "te quiero". Sin embargo, jamás pensó escuchar lo que ella le diría. ¿Le amaba? Las palabras que antes él le había dedicado a la joven parecieron tan mezquinas luego de oirle que no pudo evitar morderse el labio inferior a modo de regaño, temiendo asustarla si le decía algo así había optado por la opción que había utilizado y ella se había atrevido a decir lo que el joven no. Y yo te amo a ti Elizabeth... Le respondería mientras le daba una suave caricia sobre la mejilla. La mirada del varón se mantendría clavada sobre las esmeraldas ajenas, prácticamente embobado por la belleza de las mismas.

Fue cuando la rubia volvió a acercarse hacia él que volvió a inclinar el rostro hacia la derecha, aceptando así el beso que ella había iniciado en esos momentos. Poco a poco los labios del varón comenzaron a moverse con lentitud, correspondiendo los movimientos ajenos en un suave beso que le haría sentir un escalofrío que recorrería toda su espalda. La zurda del varón descendió hasta apoyarse sobre la cintura de Elizabeth, manteniéndose en el lugar, aunque dando pequeñas caricias al mover la mano de izquierda a derecha con lentitud. Por otra parte, la diestra del joven pasó de estar sobre la mejilla de la fémina a posada sobre la parte posterior de la cabeza de ella, entrelazando sus dedos en la rubia cabellera, mientras que sus labios comenzaban a moverse con algo más de intensidad.

El tiempo parecía detenerse cuando los labios de ambos se unían en aquella pequeña demostración de amor de los dos jóvenes, eso, sumado al silencio en el que aquella sala estaba sumida, roto solamente por el crispar de las llamas de la chimenea hacían que ese momento fuera mágico. ¿Cuánto tiempo llevarían allí adentro? Era difícil de saber, no había manera de averiguarlo, pero no es como si le importase demasiado aquello. ¿Cómo preocuparse por el tiempo si estaba con ella? Con descaro, el varón comenzaría a detener un poco los besos, solamente para poder apresar con sus dientes el labio inferior de la muchacha, ejerciendo una ligera presión que buscaba provocar alguna reacción en ella. Difícilmente la lastimaría, no la estaba mordiendo fuerte como para hacerlo.

Abriría sus ojos mientras el tierno y delicioso labio inferior de la fémina estuviese atrapado entre sus dientes, dejando escapar una suave risilla mientras comenzaba a masajear la cabellera de la joven con suaves movimientos de la diestra. Aprovecharía el breve intervalo para recuperar un poco el aire, haciendo que el labio de la joven fuera acariciado por su aliento en repetidas ocasiones. La zurda del varón entraría en acción y tiraría del cuerpo de la joven para acercarle aún más hacia él, pudiendo llegar a provocar que el pecho de Elizabeth terminase apretándose contra el propio. Todo sucedería en unos pocos segundos, ya que ni bien sintiese el cuerpo de la rubia contra el suyo, soltaría el labio ajeno y se dirigiría rápidamente en dirección a su oreja para susurrarle un suave Te amo... para luego apresar entre sus labios el lóbulo de la joven de orbes esmeralda.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 2:10 pm

No pudo evitar soltar una pequeña risilla cuando él afirmó su comentario, diciéndole que también era raro verla llorar a ella. Lo sabía y no dejaría que más lágrimas salieran de sus ojos, pero esas furtivas que habían logrado escapársele antes habían sido necesarias por así decirlo. De todas formas tras un divertido- Lo sé -dejaría el tema de lado antes de que el beso se llevara a cabo. En cualquier otra situación seguramente sí que le habría hecho alejarse e incluso le habría golpeado para conseguirlo, quizá incluso diciéndole algunos insultos de paso pero ahora que habían aceptado sus sentimientos no tenía motivos para negarse lo que deseaba, no iba a permitir que un cobarde que se ocultaba bajo la apariencia de otra persona le amargara la vida, no ahora que empezaba a tomar de nuevo las riendas.

Que el varón se diera cuenta de su inexperiencia no era algo que la preocupase mucho, al igual que la del ojos zafiro su mente se quedó en blanco y se limitó a disfrutar, nada de pensar, nada de recordar ni de preguntarse cómo era posible que ellos dos hubieran terminado en esa situación. Antes pensaba que del odio al amor había un barranco, ahora no estaba tan segura al igual que tampoco sabía a ciencia cierta si realmente había empezado a enamorarse de él desde ese encuentro en el campo de quidditch... o si sus sentimientos llevaban escondidos mucho más tiempo del que ella creía. Fuera como fuera ahora no le importaba ser o no consciente de eso, le bastaba con sentir los labios ajenos sobre los suyos, con tener a Dominic allí para ella.

Cuando le vio morderse el labio tras su confesión llegó a asustarse un poco. ¿Se habría precipitado? ¿Había sido demasiado impulsiva? Muchas preguntas de ese tipo cruzaron su cabeza en apenas unos cuantos segundos, incluso dejó de lado su intención de besarle pensando si debía disculparse por esa confesión que, sin lugar a dudas, era mucho más intensa que un "Te quiero". Sus manos temblaron un poco pero cuando él respondió al fin toda la angustia desapareció, borrada por esas palabras y la caricia que hizo arder su mejilla de un modo insólitamente agradable. Tras algunos segundos de mirarle intensamente retomó su acción anterior incluso con impaciencia al casi lanzarse sobre los labios del varón, sintiendo luego un escalofrío que acabó en un gemido ahogado cuando la mano ajena se le instaló en la cintura. Incluso sobre la ropa había logtrado erizarle la piel y, sin notarlo siquiera, las coletas en las que mantenía atado su melena se deshicieron cuando la diestra del menor pasó a acariciarle los cabellos, dejando caer las cintas negras que las habían sujetado al tiempo que ella suspiraba y casi volvía a gemir a medida que el beso se intensificaba.

Un gemido claramente audible acabaría saliendo de su boca cuando él apresó con los dientes su labio inferior, aprovechando que el beso se cortó para tomar aire con la boca abierta debido a que Domiic lograba robarle hsta la última gota de aire en cada movimiento. Durante el nuevo beso sus manos habáin pasado de las mejillas del platinado a su cuello y de ahí la diestra pasaría a la nuca, buscando colarse dentro de la camiseta mientras la zurda descendía por el torso en busca de la linde de aquella prenda que, al igual que las prendas que traía ella encima, empezaba a resultarle molesta. Al escuchar la risilla ajena no pudo evitar arañarle un poco con la diestra en la zona en la parte alta de la espalda al tiempo que un gruñido salía de su garganta, siendo cambiado rápidamente por otro gemido cuando sintió su cuerpo pegarse al completo con el del lycan, más aún cuando sus senos se aplastaron contra el torso del menor y sus piernas quedaron a cada lado de las contrarias, con las rodillas apenas rozando la alfombra por la clara diferencia de alturas pues al estar Dominic también arrodillado ella debía estar sentada sobre sus muslos o en alguna otra posición para alcanzar a tener su rostro a la altura del contrario.

Aquel nuevo susurro logró hacerla estremecer, incluso susurró a medias el nombre del varón terminando en un ahogado gemido cuando le atrapó la oreja. Por mero impulso movió su rostro al lado contrario en un movimiento que hizo que sus gafas cayeran al suelo, además dada la actual cercanía su mano izquierda quedó atrapada entre los torsos de ambos, apenas sí la pudo liberar de forma torpe antes de que una de sus manos -la homóloga a la oreja atrapada- se elevara para enredarse en los cabellos del varón mientras la otra se aferraba a la camiseta, teniendo el brazo sobre el hombro ajeno para mantenerse a la altura. Sus dedos se aferrarían, cada uno a la superficie donde se encontraban y sintió un agradable cosquilleo en la mano que se entrelazara en los mechones plateados pues eran más suaves de lo que esperaba. Lo primero que le había llamado la atención de Dominic desde que le conoció había sido ese único tono de cabello que nunca sabía si era blanco o plateado y que a simple vista se veía realmente sedoso, siempre había querido tocarlo y ni siquiera en sus peleas lo había logrado, ahora que lo hacía era como si cada mechón que rozara sus dedos le enviase una placentera descarga no tan intensa como la que recibía por los labios del varón, pero notable aún así.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 4:11 pm

No esperó que ella prácticamente se le tirase encima para continuar con el beso, a decir verdad no esperó jamás una reacción así de parte de la rubia. Con todo lo que sucedía había solo una cosa de la que estaba seguro, y era que a pesar de los años que llevaban de conocerse no sabía nada de ella. Dejó de lado sus pensamientos de momento ya que estaba disfrutando el accionar ajeno tanto como el propio al poder probar una y otra vez sin temor a recibir una golpiza los labios de la rubia. De más está decir que en medio de sus acciones ni se percataría de que le había desatado las coletas del cabello hasta que no sintió el mismo contra la mano que se encontraba más abajo, haciéndole pensar que era demasiado torpe como para llegar a desarmar el peinado de la rubia solo con acariciar su cabeza.

Todo era tan extraño que hasta parecía irreal. ¿Estaría soñando? ¿Podía ser que estuviera cumpliendo alguna extraña fantasía que había mantenido oculta durante mucho tiempo mediante sus sueños? No sería hasta que la joven gimió de manera audible por la mordida sobre su labio inferior que el varón se convencería que no soñaba y que lo que estaba pasando era mucho mejor que un simple sueño. Todas y cada una de los movimientos de la joven serían apreciados por el joven, desde el suave tacto sobre sus mejillas hasta el posterior sobre su cuello, deliciosas e increibles sensaciones que experimentaba gracias a las manos de Elizabeth. ¿Era posible que le hiciera sentir escalofríos con simples caricias como las que le estaba dando al mover sus manos de un lugar a otro? Si que era una situación atípica, pero agradable sin dudas.

Fue cuando la rubia metió su mano por debajo de la camiseta que un notable estremecimiento sacudió el cuerpo del varón, y no solo eso, sino que dicho movimiento sería acompañado por la mano de la joven justo en el linde de la prenda que cubría su torso, como si le pidiese u ordenase que se la retirara. Así lo haría, y detendría su accionar por unos breves segundos para tomar la prenda por la parte baja y retirarla de una vez dejando a la vista de la rubia su torso desnudo. Sus músculos se marcarían una y otra vez debido al ritmo respiratorio agitado que el varón tenia en esos momentos, pero no esperaría mucho tiempo antes de volver a buscar los labios ajenos. Sin embargo, antes de siquiera volver a unirlos, pudo sentir como las uñas de la joven se hundían sobre su piel, provocando no solo un delicioso escalofrío en el cuerpo del varón, sino que también, provocó que un gemido de masoquista placer escapase de sus labios antes de volver a apresar los ajenos.

No hace falta decir que cuando los senos de la rubia se presionaron contra su cuerpo (siendo acompañados por un gemido de su dueña), el varón sintió un fuerte escalofrío recorrer todo su cuerpo, un escalofrío que nació en su pecho y rápidamente recorrió el resto de su anatomía. De haber sabido que luego de que ella entrelazara sus dedos en su cabello se le habrían cruzado un sin fin de ideas extrañas acerca de que tenía el cabello sedoso (llegando a provocarle placer el tocarlo), le habría detenido tan solo para comenzar a reirse de ella por algo así. Para fortuna de ambos, de la situación, y de la propia integridad física del peliblanco (porque si llegaba a burlarse de ella seguramente terminaría con un ojo morado), él no podía adivinar qué es lo que pensaba y así se evitó un enorme problema.

Aquella sinfonía de gemidos y caricias que ellos dos estaban creando, haria que la temperatura comenzara a aumentar, específicamente la temperatura corporal del varón que ya no sólo sentía sus mejillas acaloradas, sino que todo su rostro y su cuerpo había comenzado a sentirse caliente también. Debido a ello, es que ya con el lóbulo de la joven atrapado entre sus labios, presionó el mismo hasta que luego de un rato lo liberó, con la única intención de dirigirse hacia el cuello de Elizabeth. Sus labios se abalanzaron contra dicha zona y comenzaron a dar cortos besitos, no demasiado prolongados, pero si numerosos. Poco a poco sus labios se entreabrieron y dieron paso a su lengua, dando lentas y descaradas caricias sobre la suave piel de la rubia luego de que sus labios besaran dicha zona.

Entre besos y lamidas, sus manos no se quedaron quietas, lejos de ello, bajando cuidadosamente la mano que había estado acariciando la cabellera de la joven, tomaría el linde del sweater que él mismo le había prestado anteriormente y ayudándose con la zurda, comenzaría a retirar dicha prenda pero sin dejar de besar el cuello de la joven. Se detendría solamente cuando la prenda estuviera cerca del cuello de Elizabeth y en ese momento se separaría lo suficiente como para poder retirar la misma. Sin siquiera consultar, la zurda del varón se dirigiría en dirección a los glúteos de Elizabeth y una vez allí, haciendo algo de fuerza la cargaría haciendo las dos piernas de la fémina quedasen una a cada lado del torso del varón. En esa posición, caminaría hasta llegar a unos cuantos pasos de la chimenea y con cuidado se inclinaría para dejar a la mujer en el suelo, apoyando su espalda sobre la mullida alfombra.

Ni bien la acomodase, él se pondría sobre ella (ligeramente hacia la derecha), apoyando sus rodillas en el suelo y sus manos una a cada lado de la cabeza de la joven de dorados cabellos. Tan solo detenme si crees que me estoy pasando de la raya... Le diría antes de bajar para volver a unir sus labios con los de la rubia. Sus besos ahora eran más profundos, apasionados, con ligeros movimientos de su cabeza para acomodarse mejor, y una vez firme, levantaría la diestra hasta llevarla al vientre de la joven. Con su mano en posición, comenzaría a acariciar al abdomen de Elizabeth, mientras que con cada nueva caricia su mano ascendía algunos centímetros. Si ella no le detenía, continuaría hasta llegar a la altura de sus senos y una vez allí, tomaría el seno izquierdo con su mano y lo presionaría suavemente, continuando con los besos en todo momento.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 4:49 pm

La primera reacción de la fémina cuando el beso se cortó fue emitir un molesto gruñido que se detuvo sólo cuando adivinó las intenciones del varón, llegando incluso a ayudarle a deshacerse de la molesta prenda que poco faltó para ser desgarrada por las manos de Elizabeth. Estaba impaciente y se notaba, pero era comprensible teniendo en cuenta que ahora, tras haber aclarado todo, tenía las hormonas descontroladas y la razón mandada al diablo. Durante el corto tiempo que tardó el peliplata en quitarse la camiseta ella dejó que sus orbes vagaran descaradamente sobre la piel que iba descubriéndose, recordando por un momento que había sido ese mismo cuerpo el que la había hecho evitarle por tres días al no poder evitar imaginarse a Dominic sin nada cubriéndole de cintura para arriba cada vez que le miraba. Era incluso gracioso que hubiera estado evitándole y ahora no quisiera alejarse de él.

Por un momento se sintió poderosa, cuando ese gemido producido por sus propios arañazos impactó contra sus labios no pudo evitar formar una maliciosa sonrisa y suspirar como si le estuviera retando, como si le dijera que tenía el control por esos escasos segundos aunque cuando un nuevo beso se produjo el juego de dominio le pasó a un segundo plano. Ciertamente él tuvo suerte de no haber sabido lo que ella pensó sobre su cabello, de haber sido así la situación se habría tornado algo violenta y, si bien no se le qutiarían las ganas de continuar con lo que estaban haciendo, el ojos zafiro podría haber terminado con algo más que arañazos y morados por el cuerpo. Ella no se caracterizaba por ser una mujer dulce y él tampoco, pero si quería ahorrarse unos dolorosos golpes más le valía no burlarse de ella... no demasiado al menos.

Cuando los labios del menor cambiaron de objetivo la rubia mordió su labio inferior en un vano intento por acallar los múltiples suspiros que aquellos besos le provocaban, aunque cuando los labios fueron sustituidos por la lengua los pequeños gemidos serían fácilmente audibles pues, sin exagerar, estaba gimiéndole directamente en el oído mientras la mano que mantenía sobre la espalda ajena arañaba su piel sin llegar a hacer una herida como tal, pero de seguro dejando unas reconocibles marcas rojizas sobre su piel. El calor de Dominic no tardó en pasar al cuerpo de la joven, casi sofocándola por las tres capas de ropa que traía encima y, si bien su piel solía ser fría en comparación con la del platinado, su temperatura corporal también había aumentado, agradeciendo en silencio que él comenzara a retirarle el ahora molesto sweater, dejándose hacer y ayudándole en la tarea al levantar sus brazos, soltando el cuerpo ajeno para permitirle deshacerse de la mencioanda prenda.

Un nuevo gruñido escapó de sus labios cuando sintió la zurda del varón sobre su trasero, aunque esta vez se mezcló molestia y placer en dicho sonido, acoplándose tras ello a la posición que él le puso y aprovechando para rodearle el torso con ambas piernas en una especie de abrazo para ayudarse a sostenerse mientras él caminaba. Le daba igual dónde la llevara y cuando su espalda tocó por fin una superficie su propio cabello le hizo unas placenteras cosquillas al quedar esparcido como una cascada dorada sobre el rojo de la alfombra, rojo que combinaba a la perfección con el que se había implantado en las mejillas de la ojos esmeralda. Sus manos se quedaron cerca de su rostro, teniendo las de Dominic entre ellas y su cabeza mientras sus ojos se mantenían fijos en los contrarios, asintiendo débilmente para darle a entender que le había escuchado.

La veradd es que se estaban pasando un poco, quizá lo estaban haciendo todo muy deprisa pero ni muerta le diría que parase. ¿Qué más daba que hiciean apenas unos minutos de sus confesiones? Llevaban seis años esperando, Elizabeth no pensaba esperar más y lo demostró en ese nuevo beso en el que dejó que su lengua se aventurara por la boca ajena, primero lamiendo los labios ajenos y luego colándose entre ellos furtivamente de ser necesario mientras sus manos se alzaban en pos de deslizarse sobre el pecho del albino. Debido a su cercanía de seguro él podría percibir cómo el cuerpo de la mayor tembló al sentir el contacto de piel contra piel en su vientre, estremeciéndose a cada centímetro que la mano ascendía por no hablar de su piel, la cual se erizaba ante su paso. Cuando al fin su seno fue alcanzado la fémina arqueó la espalda y echó el rostro hacia atrás, cortando así el beso al gemir casi en un grito al tiempo que, sin pretenderlo esta vez, volvía a arañar la piel ajena por la zona de los pectorales. Ni ella se creía que fuera capaz de ser tan sensible, reaccionaba ante cualquier cosa y si estaba así de acalorada sólo por besos, lamidas y una presión en el pecho, quién sabe cómo estaría con algo más.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 5:57 pm

Tenía que admitir que todos y cada uno de los gemidos que ella dejaba escapar a través de su boca provocaban que un enorme placer e incluso morbo le invadiesen, inflándole el orgullo al saber que era por su propio accionar el que ella reaccionase de una manera tan increible. A punto de pedirle que mordiera su oreja estuvo pero se detuvo al pensar que ella terminaría tachándole de raro masoquista, pero a decir verdad, el dolor le resultaba placentero, es por ello que cuando ella hundió sus uñas sobre su piel gimió de esa forma. No pudo evitar que un suspiro divertido escapse de sus labios y muriese en los ajenos cuando le escuchó gruñir luego de que le había tomado por el trasero. ¿Se habría molestado? Probablemente la había hecho sentir incómoda y si hubieran estado en otra situación seguramente se habría ganado una buena golpiza por aquello, aunque pensándolo bien, cuando ella se lastimó en el campo de Quidditch también le había tocado el trasero y había salido medianamente bien parado de ello.

No pudo evitar relamer sus labios cuando le vio tumbada en el suelo, ¿quién iba a decir que ella se vería tan atractiva de esa forma? No tuvo mucho tiempo para pensar pues mientras tontas y relativamente inocentes ideas aparecían en el interior de su cabeza, la joven terminó por utilizar su lengua para en primer instancia, lamer los labios del platinado y en segunda, adentrarse al interior de su boca. No detuvo su accionar en ningún momento, por el contrario, aprovechando que ella había sido quien había tomado la iniciativa, correspondió permitiendo que la lengua de la joven avanzase y una vez allí, comenzaría a mover la propia en suaves caricias a la de su compañera. Continuó utilizando su lengua mientras su mano continuaba ascendiendo, deteniendo los besos por breves instantes que utilizaba para mirar el rostro de Elizabeth y dar una fugaz lamida a sus labios. De más está decir que cuando ella terminó por arañar nuevamente su piel, un sonoro gemido escapó de los labios del varón mientras que en tono quizás hasta suplicante le pedía que siguiera hundiendo sus uñas sobre su piel.

Cortó el beso en el instante mismo en que ella arquéo su espalda en aquel gemido similar a un grito, con el único objetivo de lanzarse contra la parte frontal del cuello de la rubia en un beso que descendería algunos centímetros hasta llegar al pecho de la joven, al menos lo más cerca que pudiera ya que la prenda que aún tenía sobre su torso le incomodaba. Al encontrar dicha limitación, dejó escapar un divertido gruñido de molestia antes de tomar dichas prendas y comenzar a tirar de las mismas hacia arriba, intentando retirar al mismo tiempo tanto la sudadera como la camiseta, dejándole solo con el sostén. Tragó grueso, la vista era espectacular y no tenía por qué guardarse lo que pensaba. Me fascina tu cuerpo... Diría relamiéndose los labios con una lasciva expresión en el rostro.

Bajó hasta los labios de la joven para comenzar a besarlos, utilizando su lengua en apasionados movimientos, mientras que la mano que anteriormente había presionado el seno izuqierdo de la rubia descendía y comenzaba a acariciar los muslos de ésta, sin llegar a tocar la falda que aún cubría el cuerpo de la fémina, pero estando deseoso de hacerlo cuanto antes. Se separó algunos centímetros, cortando el beso en el proceso, para comenzar a besar nuevamente el cuello de Elizabeth al tiempo que comenzaba a descender y ahora si, llegaba hasta sus senos sin la barrera que suponían las prendas. Sin poder detenerse, continuó besando hasta que sus labios se posaron directamente sobre la piel que dejaba al descubierto el sostén, mientras que su mano comenzaba a ascender desde las piernas de la rubia hasta su destino, sus senos.

Sin cuidado para evitar que el sostén se rompiese, tiró del mismo hacia abajo, destapando de una buena vez los pechos de la rubia deteniéndose a observarlos durante algunos segundos. Solo esperaba que no fuera a hacerle alguna pregunta del tipo ¿Son grandes? o ¿te gustan? porque terminaría por golpearse el rostro con la palma de su mano, no por la pregunta en sí, sino porque seguramente si la hacía sería debido a las incontables ocasiones donde el ojiazul había criticado los pechos de la rubia tachándoles de pequeños cuando no era así y sólo lo había hecho para molestarla. Como fuera, sin dejar pasar más de unos cuantos segundos, luego de descubrir los senos de la joven, comenzaría a besarlos, lamerlos y presionarlos con deseo y lujuria, dando pequeños movimientos circulares con su lengua. Recorrería la totalidad de los mismos con la lengua hasta finalmente llegar a sus pezones, y una vez allí, se metería uno de ellos en la boca para comenzar a succionar, mientras que con su mano derecha acariciaría el seno libre, presionándolo con firmeza, pero sin llegar a lastimarle.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 6:35 pm

Debido a su capacidad para percatarse de los detalles no pudo evitar darse cuenta de cómo él se relamió los labios al verla tendida en el suelo y por unos segundos desvió su mirada a un lado, quizá un poco avergonzada por la reacción que había provocado en su acompañante. De todas formas tampoco tardó demasiado en regrear su mirada hacia él ni en apoderarse de su boca, gimiendo por lo bajo y de forma ahogada cuando ambas lenguas hicieron al fin contacto, provocándole un escalofrío que comenzó en su boca y bajó hasta instalarse en su cadera, entre sus peirnas para ser concretos haciendo así que las cerrara en un acto impulsivo quizá atrapando entre ambas una o las dos del varón según su posición, si no simplemente frotaría sus muslos entre sí al sentir ese extraño y creciente calor en su bajo vientre. Además de sus ahogados gemidos las ocasiones en las que el ojos zafiro cortaba los besos dejaba escuchar breves gruñidos que acababan en suspiros por las lamidas que recibía. No le gustaba que liberara sus labios pero al menos así lograba recuperar el aire perdido y mientras no se tardara en volverlos a unir a ella le parecía bien, podría decirse que se quejaba por el mero hecho de hacerlo, sabía que sus gruñidos molestaban o divertían al albino según la situación, quién sabe, a lo mejor ahora también lograban alguna reacción en él.

Se sorprendió un poco al escuchar el nuevo gemido proveniente de Dominic en principio por no saber qué lo provocó aunque al mover un opco sus manos lo descubrió y el tono suplicante que había tenido le hizo esbozar otra vez esa maliciosa sonrisa que no llegó a borrarse hasta que no sintió los labios ajenos pasearse de nuevo sobre su cuello, descendiendo hasta el recatado escote que le dejaba su sudadera y la veraniega camiseta que traía bajo ella. No pudo evitar reír por lo bajo al oírle gruñir y, tras arañarle un poco el brazo derecho al haberse sujetado a éste así como la parte izquierda de la espalda ajena, le ayudó a quitárselas, quitando sus manos del torso ajeno para alzarlas y así descubrir su torso salvo por la lencería que, como aquel día en el campo de quidditch, presentaba un color rojo aún cuando éste fuera menos apagado, más vivaz por así decirlo, y ya ni hablar de cómo era pues, al igual que la prenda inferior, presentaba ciertos encajes que lo transformaban en un sensual conjunto, un estilo al que Elizabeth le había empezado a coger gusto hacía apenas un par de días.

Ambas prendas superiores se le quedaron en la zona de los antebrazos, teniendo ella los brazos hacia arriba y ahora como si estuviera atada por las muñecas pues cuando intentó sacarse las prendas para liberar sus brazos fue cuando escuchó el comentario del varón, sintiendo cómo sus mejillas ardían aún más y cómo esas simples palabras habían logrado hacerla estremecer, provocando que los movimientos de sus manos fueran torpes y que más que quitarse las dos prendas acabara liándolas lo suficiente como para ser incapaz de deshacerse de ellas por su cuenta, no cuando la intensa mirada del menor lograba ponerla nerviosa y mucho menos cuando le vio aquella lasciva expresión. Le habría insultado de no ser porque apenas llegó a musitar una "I" de "Imbécil" o de "Idiota" antes de que él la besara, arrancándole un nuevo gemido y haciendo que la lengua de la fémina buscase hacer retroceder a la contraria en un pequeño juego de "a ver quién controla".

Sus piernas volvieron a moverse cuando sintió las caricias sobre uno de sus muslos, notando el tacto de Dominic incluso sobre las medias. Cuando su boca fue liberada respiró una amplia bocanada de aire que tuvo que soltar en cuanto los labios del varón volvieron a descender por su cuello con un claro objetivo. La verdad es que estaba bastante nerviosa pues todavía tenía en su mente las múltiples burlas que él le había lanzado sobre su cuerpo. Nunca las había tenido en cuenta, ella se gustaba tal y como era pero ahora no sabía qué pensar, temía no estar a la altura, no ser lo que él esperaba y por ello sus manos -aprovechando estar liadas en la sudadera y la camiseta- se aferraron a las prendas que las atrapaban mientras los gemidos salían de sus labios y su espalda se arqueaba a medida que él descendía por su cuerpo. Cuando literalmente le arrancó el sostén el rostro de la fémina se encendió, volviéndose tan rojo como el color característico de los Gryffindor y ya fuera por frío o por tener los ojos del menor sobre su anatomía la joven tembló. Aunque hubiera querido no habría sido capaz de formular ninguna de las preguntas que al lycan se le pasaron por la cabeza.

Tragó grueso en un intento por aclarar su garganta y tomar el valor de mirarle de nuevo pues había desviado la mirada apenas un segundo después de que le arrancara la prenda íntima, aunque cualquier cosa que fuera a decirle acabó en un gemido algo más alto que el que había soltado cuando le tomó el seno antes. Su mente quedó completamente en blanco, su corazón se desbocó y su respiración se agitó considerablemente a medida que sus pechos eran consentidos por las manos y boca del varón, siendo incapaz de retener los gemidos que aquellas acciones le provocaban. Al momento en que uno de sus pezones fue capturado por la boca del varón sí que gritó, soltando un fuerte gemido que la dejó sin aire por varios segundos y en el que podría distinguirse la primera sílaba del nombre del ruso, sintiendo también algo más en la otra zona sacra de su cuerpo. Vamos, que era vírgen pero no estúpida, sabía que estaba excitada y que su cuerpo lo reflejaba tanto en sus erectos pezones como en la creciente humedad que empezaba a sentir en su entrepierna, así como en la creciente necesidad de más placer.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 7:52 pm

Al sentir como la rubia cerraba sus piernas, dejó escapar un suave gruñido al sentirse prácticamente atrapado por ella, aunque no iba a quejarse, no en ese momento al menos. Por otra parte, los gruñidos que la joven soltaba lo único que lograban era provocar gracia y ternura en el varón que le observaba divertido cada vez que ella dejaba oir alguno. ¿Le molestaba acaso que dejase de besarla a pesar de que lo hacía para besar otra parte de su cuerpo y así provocarle placer? Si que era rara si así era, pero no es como si le molestase volver a besarla sólo para complacerla. Seguiría con su tarea hasta que su mirada se quedaría pegada sobre la joven y ese sensual sostén que estaba usando, incluso parecía que había salido lista para una situación como en la que se encontraban ahora. Ni en sus más remotos sueños se le hubiera cruzado por la cabeza que iba a terminar jugando para ver quién tenía el control sobre la lengua del otro.

No había planeado que las dos prendas que había querido sacar de una sola vez terminasen atrapando los brazos de la rubia, pero viéndolo desde su perspectiva le daban una linda imagen. Daba gracias de encontrarse en la sala de los menesteres, en cualquier otro lugar del castillo los gemidos de la joven podrían ser oidos con facilidad, aunque nadie aseguraba que los mismos que resonaban en todo el interior de la habitación no pudieran oirse fuera de ella. El nuevo grito que ella dejó escapar, le haría levantar la mirada para dirigirla hacia el rostro de la rubia, aunque sin sacarse de la boca el seno de la joven, por el contrario, continuaba succionando el mismo dándole una expresión entre pervertida y graciosa al estar observandoa a la rubia con aparente curiosidad inocente.

Con la diestra bajó dando suaves caricias al cuerpo de Elizabeth y con delicadeza comenzó a retirar su falda, dejando al descubierto la prenda íntima de ésta que como lo suponía, estaba a juego con el sostén. Así que a final de cuentas tu ropa interior si es a juego~ Musitó cantarín, refiriéndose obviamente a una de sus experiencias subidas de tono pasadas. No dejaría que ella respondiese, ya que ni bien terminara aquella frase se abalanzaría en dirección a su boca, besándole de manera apasionada y aparentemente desesperada. Deseaba hacerla suya, pero temía estar apresurando mucho las cosas, aunque el deseo era más fuerte que su razón en esos instantes. Continuaría besándola, utilizando su lengua para acariciar y empujar la ajena con claras intenciones de no permitir que ella tomase el control de la situación.

Cortaría el beso luego de un rato sin importar que pudiera recibir un posible gruñido de parte de la joven por esto, y sin mediar palabra alguna volvió a dirigirse en dirección a los senos de ésta, besándolos, lamiéndolos y dándoles suaves mordidas mientras su aliento acariciaba suavemente la piel ajena. Sin detenerse su diestra se dirigiría hacia los muslos de la joven y comenzó a acariciar los mismos, mientras que sus labios comenzaban a descender por todo el cuerpo de la rubia, dando lamidas y besos sobre su abdomen hasta finalmente detenerse en el linde de la pantaleta. Con descaro, comenzó a subir la diestra en dirección a la entrepierna de Elizabeth, y sin siquiera preguntar comenzó a estimular su intimidad por sobre la pantaleta, sintiendo apenas entró en contacto con la misma la humedad de la joven.

Volvería a subir en dirección a los pechos de la rubia y una vez allí, combinaría su accionar con las caricias en la intimidad ajena que poco a poco se hacían más veloces y sonoras a causa de la exitación de la fémina. Estás empapada... Le diría con una sonrisa maliciosa en el rostro antes de volver a succionar los senos de la ojiverde, disfrutando ante cada caricia de su lengua en los erectos pezones de ésta. Continuaría acariciando la entrepierna de la rubia, hundiendo la prenda interior entre los labios mayores de la joven. Súbitamente detuvo su accionar en la intimidad ajena y volvió su mirada hacia ella. ¿Debería? Preguntó con un curioso brillo malicioso en los ojos y sin esperar una respuesta llevó sus dedos hacia su boca, dándoles una lujuriosa lamida para probar el elixir de la rubia.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 8:23 pm

Debido al placer que estaba sintiendo se le hacía una complicada tarea el mantener sus ojos abiertos así como tampoco le era sencillo mantener la mente lúcida, si a eso se le sumaba que las acciones de Dominic le provocaban tales espasmos de placer que lograban hacerle arquear la espalda hasta despegarla de la alfombra -la cual por cierto llegaba a hacerle cosquillas- era normal que no se diese cuenta de que él llegó a mirarla mientras jugaba con sus senos, aunque poco después sí que sintió que esos orbes azules estaban fijos en ella sin necesidad de comprovarlo con la vista, esos escalofríos que sintió recorrer su columna no podían haber sido provocados por otra cosa que no fuera esa estúpida y excitante mirada que él le dirigía mientras se entretenía haciéndola casi desesperar, por no decir que se creía cerca de la locura por esas succiones que de seguro le dejarían una notoria marca roja en la piel.

No opuso resistencia cuando él le quitó la falda aunque sí frunció el ceño y quiso soltarle un molesto "Cállate" al oirle hablar, acompañando seguramente aquella palabra con varios suspiros mientras intentaba en vano regular su respiración pero no le dejó ni pronunciar la primera sílaba, ahogando un quejido molesto que pasó pronto a convertirse en más gemidos por la pasión que se desbordaba en aquel beso. Al parecer no era la única que estaba impaciente, de no ser así carecía de explicación para la desesperación que pudo notar durante esa nueva unión de sus bocas en la que, aún sabiendo que no iba a lograr tomar el control, luchaba contra la lengua ajena como si en verdad tuviera posibilidades de ganar. No entendía porqué, pero sentirse bajo el control de Dominic empezaba a resultarle demasiado atrayente y, si bien no quería reconocerlo, el tener las manos enredadas en sus prendas como si estuviera atada y a merced del varón la excitaba. Jamás hubiera pensado que ser sometida resultara tan placentero, aunque ni muerta se lo haría saber al menor, no con palabras pues era obvio que su cuerpo lo decía a gritos.

Cuando ese beso se cortó fue incapaz de gruñir, necesitaba recuperar el aire y respiró con la boca abierta, notándose los labios un poco hinchados y los pulmones reclamando oxígeno de tal manera que, de querer hablar, seguro sería incapaz de hacerlo. Su descanso no duró mucho pues una nueva tanda de gemidos salió de sus labios ante el nuevo descender de la boca del varón, estremeciéndose a cada centímetro que él bajaba por su cuerpo, sintiendo lo que calificaría como una descarga eléctrica bastante placentera cuando los besos llegaron a su ombligo y de ahí siguieron bajando, haciendo que su cuerpo casi se contorsionara por el placer que aquella traviesa boca le estaba proporcionando. Sus ojos se abrieron de par en par y otro más se unió a la lista de esos gemidos gritados cuando sintió el cotnacto, si bien no directo, sobre su intimidad, intentando cerrar las piernas por mero impulso aunque encontrándose con el cuerpo del varón como obstáculo, remarcando así un poco los músculos de sus muslos al tiempo que su espalda volvía a arquearse y su rostro se alzaba en lo que pareció ser un violento espasmo, como una sacudida de placer más intensa que cualquiera de las que había sentido antes.

Fue en esos momentos cuando empezó a maldecir mentalmente la sensibilidad de su cuerpo, al menos por unos segundos pues cuando se unieron las caricias sobre su entrepierna y laslamidas y demases sobre sus senos los gemidos de Elizabeth fueron casi incontrolables, apenas sí logró ahogar un par de ellos aunque ni eso le impidió escuchar esa vergonzosa frase que él le susurró, ganándose una afilada mirada que se cortó cuando una nueva succión la obligó a cerrar los ojos y a morderse el labio inferior con fuerza para no gemir. Realmente no sabía si lo que pasaba dentro de la sala podía escucharse fuera, pero aún así intentaba ser lo más silenciosa posible... algo difícil cuando sólo la boca del varón lograba hacer que perdiera la razón. Cuando él se paró la joven buscó recuperar el aire y entreabrió sus orbes para mirarle desde su posición, apenas llegando a apreciar parte del rostro ajeno. No llegó a entender su pregunta, no hasta que le vio llevarse los dedos empapados con su esencia a los labios,mismo momento en que su rostro vlvió a enrojecer y lo desvió a la izquierda, manteniendo el ceño fruncido pero sin poder quitar la clara excitación visible en su rostro- ¡Maldita sea! ¡Si vas a hacer algo hazlo ya! -le gritó como pudo sin volver a enfrentar su mirada. Podía admitir que le excitaba ser dominada, pero que él jugara a tentarla de esa forma era demasiado provocador como para poder ocultar el deseo y la lujuria que reflejaron sus ojos cuando él lamió sus propios dedos.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Mar Ene 24, 2012 9:22 pm

Todas y cada una de las reacciones de la joven lograban saciar en cierto modo la lujuria del joven. Todos y cada uno de sus gemidos le hacían inflar el ego, mientras que los estremecimientos que ella mostraba le provocaban un efecto igual o mayor al de los gemidos. No había palabras para describir lo bien que se sentía saber que estaba haciendo que la rubia disfrutase, si por él fuera podría estar todo el día así. Fuera como fuera, debido al tono que había tomado aquella situación y que la tensión sexual entre ambos era quizás demasiado alta, el falo del varón había comenzado a endurecerse, provocando una presión algo molesta debido a su pantalon. Podría apreciarse con facilidad el bulto que se había formado en la prenda del joven. ¿Cómo culparlo si estaba con una belleza como Elizabeth en un jugueteo sexual como ese?

Fue cuando la joven le gritó aquello que el varón detendría su accionar para observarle con algo de sorpresa pero sin dejar de lamer sus dedos. Le observaría con una expresión que hasta podria parecer inocente mientras continuaba limpiando sus dedos de los líquidos ajenos. Impaciente~ Diría divertido antes de dar una nueva lamida a sus dedos como si estuviera lamiendo una paletita de dulce. No se haría rogar más, ya él mismo se estaba desesperando por fundise con ella. Se arrodilló entre las piernas de la rubia y tomó la pantaleta con las dos manos, tirándola suavemente hacia abajo terminando por descubrir por cumpleto el cuerpo de la rubia. ¿Cómo podia haberse privado de aquello durante tanto tiempo? No tenía explicación lógica para ello.

Fue en esa posición que comenzó a desabrochar su pantalón, quitándoselo para así dejar al descubierto su erecto miembro que parecía estar listo para entrar en acción. Se llevó la mano hacia su miembro y observando a la rubia con deseo lo masturbaría unas tres veces antes de inclinarse en dirección a la ahora descubierta intimidad ajena. No pudo contenerse ¿Por qué iba a hacerlo después de todo? No iba a quitarle las medias que ella llevaba, a decir verdad, verle con ellas le exitaba y provocaba. Como fuera, se acercó lentamente en dirección a la intimidad de la rubia y luego de dirigirle una mirada cargada de malicia y lujuria, entreabrió sus labios para dar paso a su lengua la cual se apoyaría sobre el orificio vaginal y comenzaría a subir lentamente, separando los lábios de la rubia hasta finalmente llegar a su clítoris. Allí se detendría y abriría su boca para colocar el pequeño órgano sexual ajeno en la misma.

No dudó un segundo en dar una succión lo suficientemente fuerte como para que la muchacha sintiera un espasmo en su cuerpo, pero no permanecería mucho tiempo ahi, por el contrario, comenzaría a subir hasta llegar a los labios de la joven los cuales besó con pasión. Sus manos se extendieron en dirección a las ajenas y las liberarían para que ella pudiera hacer lo que quisiera con ellas. ¿Lista? Preguntó antes de tomar su miembro por la base y empujar su cadera hacia adelante para apoyar el glande en la entrada al cuerpo de la fémina. Movería su falo de arriba a abajo abriendo los labios íntimos de la rubia un par de veces para que el mismo se lubricase con los flujos de Elizabeth y una vez preparado, empujaría hacia adelante comenzando a penetrar el cuerpo de la rubia.

Movería su pelvis lentamente, la primera vez era dolorosa para la mujer y teniendo en cuenta la falta de experiencia que ella había mostrado en sus besos, quizás también sería la primera vez que ella tendría sexo. Cuando esa idea cruzó por su mente se detuvo sin llegar a terminar la penetración y se le quedó viendo. ¿Eres virgen? Preguntó con curiosidad mientras se inclinaba para poder besar los labios de la rubia. Quería oir su respuesta, pero también quería seguir, era indescriptible el delicioso placer que sentía a causa del cuerpo de la rubia, estar en su interior, en su cálido y suave interior... definitivamente era sublime. Continuó moviendo su cadera hacia adelante, intentando hacerlo con cuidado para no lastimar a la joven y que ella también disfrutase de ello.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Miér Ene 25, 2012 9:46 am

A pesar de que por su posición le sería casi imposible apreciar que no era la única que estaba disfrutando al máximo la situación realmente no le hizo falta ni mirar, cuando él estuvo jugando con sus senos e incluso cuando ella intentó cerrar sus piernas pudo sentir -si bien por apenas unos segundos- algo inusual en el cuarpo ajeno y no necesitó adivinar qué era, por virgen que fuera sabía de estas cosas y muy listo tampoco hacía falta ser para saber que Dominic tenía una erección. Si a él le inflaba el ego oírla gemir y sentirla estremecerse bajo su cuerpo, a ella le pasaba lo mismo con cada gemido que sus arañazos le habían arrancado, con cada vergonzosa frase que él había y pudiera seguir diciéndole y, por supuesto, con aquella erección por la que quizá no tardaría en rogar.

- ¡Cállate imbécil! -le ordenó más bien en tono de réplica cuando él sacó a la luz lo que era obvio que ambos sabían, aprovechando para clavarle una afilada mirada que, si bien mostraba ganas de matarle, no ocultaba en absoluto el sonrojo de sus mejillas y el placer y deseo que tenía impregnado en sus dos esmeraldas. ¿Y qué si estaba impaciente? Él no tenía porqué recordárselo y mucho menos burlarse por ello, era su culpa que Elizabeth estuviera así, estaba segura que ninguna mujer estaría en mejores condiciones que ella si fuera el peliplata quien estuviera tocándolas, complaciéndolas como la tocaba y complacía a ella. Eso sí, ni en su estado iban a faltar esas muestras de su carácter rebelde y su lengua malhablada, llegando a gruñir por lo bajo una vez más al verle lamer de nuevo sus dedos en un acto que a la fémina le resultaba tan vergonzoso como excitante al saber que él -por lo que parecía- disfrutaba saboreando su esencia.

Cuando él la retiró la última prenda la mayor tragó sonoramente, intentando calmar un creciente nerviosismo que había nacido en ella al saber lo que continuaba. No se la podía culpar, aún cuando lo estuviera deseando con cada poro de su cuerpo sabía que iba a doler, incluso la más mojigata de las mujeres sabía que la primera vez era dolorosa, la pregunta que se formulaba ahora en su mente era cuánto. Estaba acostumbrada al dolor, se peleaba día sí día también después de todo y los golpes de Dominic no eran precisamente suaves, pero no era lo mismo ni por asomo, podría decirse que era otro tipo de dolor. Fuera como fuera aquellas preguntas desaparecieron de su cabeza por unos segundos al verle comenzar a desabrocharse el pantalón, siendo incapaz de no seguir con su mirada -tanto como le fuera posible- los movimientos de aquella mano, llegando incluso a temblar y gemir por lo bajo al verle masturbarse, sabiendo que la miraba mientras lo hacía.

Creía que no era posible que estuviera más excitada, al menos hasta que esa acción del mayor le hizo sentir una humedad mayor en su intimidad que ya la estaba llegando a molestar con unos impacientes pinchazos quer la advertían de la necesidad de algo más que unos dedos jugando con ella- ¿Q-qué vas a...? -musitó al verle acercar su rostro hacia su cadera, entendiendo qué era lo que se proponía cuando le mandó esa mirada cargada de deseo, logrando hacerla temblar y mojarse al saber qué era lo que pensaba hacerle- No, ni se te ocurra, ¡estate quiéAh~! -y ese fue el fin de sus quejas pues cuando la lengua de Dominic entró en contacto con su entrepierna la mente se le quedó en blanco, terminando por desgarrar parte de su sudadera al clavar las uñas sobre dicha prenda mientras sentía cómo todos los músculos de su cuerpo se tensaban y relajaban a un ritmo casi igual de frenético que el que tenían sus latidos, el cual aumentó de forma violenta cuando le succionó el clítoris.

Llego a pensar que incluso se había corrido ya pues el gemido que soltó por ello fue largo e intenso y la humedad de su intimidad era casi exagerada. Sin duda Dominic sabía cómo excitarla y llevarla casi a la locura, incluso hubiera creído que buscaba matarla de placer porque ni bien empezó a recuperarse de la placentera descarga que recorrió su cuerpo ya le había apresado los labios de nuevo, impidiéndole respirar aunque cuando sus manos fueron liberadas lo primero que hizo fue usar la zurda para tomarle del cabello y tirar hacia atrás, cortando el beso de una forma quizá algo salvaje mientras su diestra le arañaba el brazo izquierdo, aprovechando para respirar a grandes bocanadas justo sobre la boca del varón, como si le tentara remarcándole la cercanía pero sin soltar su agarre para evitar que la ahogara en un beso. Le liberó sólo cuando él le preguntó, asintiendo en respuesta mientras pasaba sus manos sobre los hombros ajenos con claras intenciones de aferrarse a su espalda y, si él se dejaba, acercar ambos torsos hasta sentir un delicioso escalofrío en el momento en que sus senos se aplastaran contra los pectorales del varón.

Dada la diferencia de alturas que sus torsos quedaran pegados no impediría los movimientos del peliplata sobre ambas intimidades así como tampoco los obstaculizaría, por lo que la rubia era libre de gemirle en los labios o incluso en el oído al sentir el primer roce entre sus genitales, dañando de nuevo la espalda ajena con sus uñas, mordiéndose fuerte el labio inferior y acercando su boca a la oreja derecha de Dominic en un intento porque no viera la expresión de dolor que se le marcó en el rostro cuando el falo comenzó a abrirse paso en su interior. Cuando le sintió detenerse se permitió liberar su labio que ya mostraba una pequeña herida sangrante producida por su propio colmillo izquierdo, siendo lamida justo después aunque eso no impidió que una furtiva gota de sangre le cayera por el mentón y el cuello.

Realmente no le haría falta responder, el temblor de su cuerpo y la estrechez de su intimidad responderían por sí solas la pergunta del varón sin embargo aflojó su abrazo -si es que él había llegado a permitirle unir sus torsos- para permitirle que él la mirara a la cara, siendo incapaz de responder antes de que la besara aunque sí que logró musitar un avergonzado y entrecortado- S-sí.. -entre beso y beso, ahogando ahora en los labios del albino un quejido que mostró dolor y placer. Si había pensado que el varón era masoquista cuando le pidió que siguiera arañándole ahora afirmaba que la masoquista era ella, no había más explicación para que el punzante dolor que sacudía su cuerpo también la estuviera excitando de tal manera que cuando el miembro del lycan entrase por completo -superando la barrera que marcaba su virginidad- soltaría un amplio gemido en el que se mezclarían una vez más esos dos conceptos tan opuestos como iguales.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Miér Ene 25, 2012 2:53 pm

Dejó escapar una divertida risita cuando ella le respondió de esa manera... tan normal en ella. Era bueno saber que a pesar de que se encontraban en una situación como aquella no dejaba que esa personalidad insoportable para muchos y divertida para él cambiase. Sus gruñidos no harían más que amentar la líbido del varón a causa de esas por demás entretenidas e incluso exitantes maneras de demostrar el descontento. No se detuvo ni por un instante luego de retirar la mojada prenda que cubría la intimidad de la joven, no iba a dejar que las palabras de ella le hicieran cambiar de parecer respecto a la idea de lamer su cuerpo. ¿Por qué hacerlo si a final de cuentas tanto él como ella iban a disfrutarlo? Simplemente sonrió cuando ella inició la pregunta de qué es lo que iba a hacer, y volvió a sonreir cuando ella prácticamente le ordenaba que se quedase quieto terminando aquella frase con un sonoro gemido de parte de la rubia que al parecer había disfrutado el contacto con la lengua.

Sintió como si su miembro comenzase a palpitar al ver los movimientos de la joven, los movimientos que él le había provocado con su accionar y que le hacían sentirse satisfecho. Cabe decir que tanto él como la joven habían llegado a pensar que ella se había corrido cuando la succión sobre el clítoris fue dada. ¿Era posible que se hubiese mojado de esa forma y no se hubiera corrido? Difícil de creer, más cuando los labios del varón presentaban numerosas gotitas que empezaron a caer por su mentón directamente hacia la alfombra. Luego de volver a besarle gruñó por lo bajo en el momento en que ella le tomaba del cabello y lo tiraba hacia atrás, aunque ni tiempo para quejarse tuvo ya que antes de que pudiera echárselo en cara ella le dio un nuevo arañazo sobre el brazo, haciendo que un escalofrío recorriese todo su cuerpo, acompañando al mismo de un nuevo gemido que buscó ser apresado por los labios del joven, pero que en dicha tarea no tuvo éxito.

No puso resistencia alguna cuando ella colocó sus manos en su espalda, tirando de él para que los torsos de ambos se unieran, presionando en tal acto el pecho ajeno. Dejó escapar un suave gemido al sentir como los suaves senos de la rubia entraban en contacto con su cuerpo, aunque dicha suavidad también era acompañada por la dureza de los pezones de ésta provocando una sensación por demás placentera sobre la piel del peliblanco. Tanto los gemidos como los arañazos en su espalda hacían que ya no aguantase más las ganas de poseer a la rubia, deseaba penetrarla, aunque en realidad lo que más deseaba era hacerla disfrutar. En el pasado, si bien Dominic había tenido experiencias sexuales, no habían sido más que eso, sexo sin ningún tipo de sentimiento involucrado, por ello es que lo que estaba experimentando en estos momentos superaba y por mucho todo lo que había sentido en el pasado.

Dejaría escapar un gemido a causa del delicioso dolor que le provocaban las uñas de la rubia y en ese momento fue que se percató de aquella traviesa y tentadora gotita de sangre que había caido desde el labio de la rubia hasta su mentón, siguiendo su camino hasta llegar finalmente a su cuello. Se quedó observando aquella gota de vitae como si de un vampiro se tratase, relamiéndose los labios por mero reflejo. Salió de sus pensamientos cuando la rubia finalmente le confesó lo que él había sospechado. Tragó grueso, era extaño enterarse de que sería el primer hombre en la vida de la joven, era extraño saber que luego de todo lo que ellos dos habían pasado sería justamente él quien tomase la virginidad de la rubia. Asintió con la cabeza para darle a entender que le había oido y terminó de hundirse en el interior del cuerpo de la rubia, gimiendo de placer a causa del delicioso contacto que el interior de la joven le provocaba.

Se lanzó como viajero sediento a un oasis en dirección a la gota de sangre que había caido y marcado un rojo camino por el rostro de la rubia, lamiendo dicho camino de manera lenta y extasiada, al tiempo que su pelvis comenzaba a moverse hacia atrás sacándole suspiros de placer que acariciarían la piel del cuello de la rubia. Seguiría limpiando la sangre del cuerpo ajeno hasta finalmente llegar a su boca y una vez allí besaría a la rubia con pasión al tiempo que su cadera se volvería a mover hacia adelante, penetrando de nueva cuenta el cuerpo de la rubia. Su lengua aún presentaría algunos rastros de sangre y quizás el sabor molestaría a la rubia, pero al menos para él, sabía casi tan dulce como la mismísima escencia de la joven que anteriormente había probado de sus dedos.

Poco a poco los movimientos de la pelvis del joven comenzaría a repetirse con mayor frecuencia, pero aún así siendo bastante lentos como para no lastimar a la joven. De atrás hacia adelante se movería en un suave vaivén acompañado de suspiros y gemidos de placer que terminaría muriendo en los labios de su amante. No podía explicar con palabras lo bien que se sentía estar en su interior, una sensación adictiva, demasiado adictiva como para no llegar a ser peligrosa, después de todo, estando allí en el castillo sería complicado saciar la lujuria cada vez que quisieran. Ya pensarian en ello luego, por el momento lo único que le importaba era complacerla, satisfacerla y por sobre todo y aunque no lo diría amarla. Soltaría los labios de la rubia por breves instantes tan solo para poder observar la expresión de ésta y de paso, esperar pacientemente que otra traviesa gota de vitae escapase de la pequeña lastimadura que ella se había provocado para lanzarse sobre sus labios una vez más para limpiarla.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Miér Ene 25, 2012 3:59 pm

Sinceramente la joven no sabía si molestarse o no cada vez que escuchaba al varón reír. De normal se molestaba o simplemente le ignoraba, pero escucharle reírse por sus acciones mientras estaban en esa íntima situación era algo extraño muy a pesar de que no fuera capaz de pararse a pensar en ello por poco más de unos segundos. No esperaba que él le hiciera caso, sabía de sobra que Dominic siempre hacía lo que le daba la gana y que, si ella le decía que no, con más ganas lo hacía... puede que inconscientemente se lo negara por eso, porque sabía que al negarse él reaccionaría con más intensidad y, de haber tenido algún orgasmo en su vida, se habría dado cuenta que poco le había faltado para llegar a uno a pesar de que por ahora no había sido el caso. No importaba mucho que se hubiera corrido o no, su intimidad estaba más que lista y ambos jóvenes estaban preparados para la siguiente fase, un orgasmo más o uno menos no cambiaría la situación.

Aún trespirando agitadamente la fémina no se negó el gusto de mostrar una maliciosa y triunfante sonrisa cuando le escuchó gruñir, sintiendo un placentero escalofrío por ese sonido que le arrancó al varón. Si él se sentía así cada vez que ella gruñía entendía el porqué de su afán de molestarla y, si bien por apenas unos tres segundos, sería ella quien tuviera el control evitando que él ahogara ese delicioso gemido en sus labios, haciendo que él se moviera a su gusto cuando le juntó a ella de tal forma que ni el aire podía pasar entre ambos. Durante un rato se sintió poderosa, haberle provocado ese nuevo gemido con el juntar de sus torsos había sido una sabrosa acción. Pero sin duda lo que más la excitaba y le aumentaba el orgullo era saber que, por inexperta que fuera, estaba logrando acabar con la razón de Dominic, le estaba haciendo gemir y desesperarse, incluso antes había logrado que casi suplicase por sus arañazos. Oh, eso sí que fue música para sus oídos...

No pensó que era la única inexperta, por cómo la estaba tratando así como por suposiciones al parecer nada erróneas la joven ya sabía que él no se había privado de uno de los más dulces placeres de la vida. Eso no le importaba, por cursi que sonara era bien sabido que muchos hombres deseaban ser los primeros de ciertas mujeres, mientras que muchas mujeres buscaban ser las últimas de un único hombre. A Elizabeth personalmente le daba igual lo que él hubiera hecho antes y ya más tarde se preocuparía por el después, lo que le importaba era el ahora y la respuesta que recibiera -no precisamente verbal- por parte de Dominic tras su afirmación. Tras verle asentir terminó por cerrar los ojos en un intento por relajarse, sintiendo al fin cómo la barrera que marcaba su pureza se quebraba al tiempo que algunas gotas de sangre caían rodeando el falo del varón y el gemido de éste impactaba en su cuello al haber echado el rostro hacia atrás, sacudiendo vilentamente sus cabellos, sus senos... su cuerpo entero en realidad.

Sus uñas volvieron a clavarse casi con fiereza en la piel del menor cuando, acompañados de un gemido por su parte, los labios ajenos tomaron la vitae que había descendido por su cuello, afianzando sus arañazos cuando él comenzó a moverse. Su cuerpo tardaría en acostumbrarse a la intrusión pues, aunque no exagerado, Dominic estaba bastante bien dotado y dada la situación a la fémina le costaba relajarse. No obstante los fluidos de la joven harían su trabajo, empapando el miembro que ahora salía de ella sólo para volver a entrar cada vez con más confianza y velocidad aunque siempre con un cuidado que la sorprendía pues se había imaginado que sería más... salvaje, por así decirlo. No se quejaba, en absoluto, pero conociendo al platinado como lo conocía hubiera jurado que le iba un sexo más duro e incluso algo violento.

Dejaría esas locas -y pervertidas- ideas de lado cuando el sabor de su propia sangre llegó mezclado con la saliba del ojos zafiro. Estaba más que acostumbrada al sabor de su propia sangre y no le molestó, más bien podría decirse que incluso le gustó pues el beso, dada su herida, se volvió un poco doloroso y al mismo tiempo muy placentero, que hubiera sangre de por medio sólo aumentaba el morbo de la acción. Se sentía como si estuviera drogada, cada movimiento de su amante lograba aislarla del mundo que la rodeaba, la obligaba a centrarse sólo en él y ni siquiera era ya capaz de pensar con claridad, actuando ahora tal y como su instinto y sus sentimientos le dictasen. Ni se percató del momento en que el dolor desapareció absorta como estaba en el beso y la ardiente temperatura que su cuerpo poseía a causa de las más que deliciosas penetraciones con las que él la estaba poseyendo.

Su expresión sería un claro reflejo de que el dolor había pasado a la historia, al menos el proveniente de su intimidad pues, poco eso sí, la herida de su labio no dejaría de sangrar de forma lenta pero continua debido a que el anterior beso había evitado -como harían los siguientes- que la costra comenzara a formarse aunque cuando él tomara esa nueva gota de vitae ella le clavaría las uñas más o menos a la altura de media espalda, desplazándolas hacia arriba hasta dejar unas notorias marcas rojas desde media espalda hasta el inicio de los hombros, incluso de seguro en alguna parte del trayecto habría acabado arañando tan fuerte que le hiciera herida y no dudaría en ponerse a su nivel, alejando sus rostros lo suficiente para llevar su mano izquierda cerca de su boca, lamiendo los tres dedos centrales desde la última falange hasta las uñas, recogiendo únicamente con su lengua las gotas de la vitae licántropa que hubieran quedado en ellas.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Jue Ene 26, 2012 3:21 pm

No fue hasta que su miembro terminó por romper el himen de la rubia debido a la penetración que él terminó de pensar que todo aquello era un sueño, aquellas pequeñas gotitas de sangre que bañarían su miembro pasarían desapercibidas para su tacto, pero no así para su olfato, que al igual que el de un depredador podía percibir la vitae con facilidad. Tanto por la sensación sobre su falo, como por el posterior arañazo salvaje que recibió en la espalda, dejó escapar un gemido de placer que podría calificarse de grito por lo alto que había sido. ¿Cómo no gemir de esa forma si la presión en la candente y húmeda intimidad de su amante era tal que parecía succionarlo a su interior? Era increible que hasta ese entonces la joven se hubiese mantenido casta, después de todo, era una joven bastante atractiva. ¿Ninguno habría tenido el valor de enfrentar esa explosiva personalidad de ella entonces?

No importaba, y si bien lo que él había confesado, lo que él sentía por ella iba más allá de la tonta idea de querer ser su primer hombre a toda costa, aunque debía admitir que se sentía bien saber que él era aquel que había tomado su virginidad. Fuera como fuera, una vez que comenzó a sentir como su miembro ingresaba con mayor facilidad, aumentaría en intensidad y velocidad sus penetraciones, teniendo cuidado aún, pero ciertamente serían bastante más placenteras que hasta ahora, tanto para él como para ella (o al menos eso esperaba). Ante cada nuevo embiste, la respiración del varón terminaba por entrecortarse debido a los constantes gemidos y jadeos que soltaba, estaba extasiado, definitivamente estaba disfrutando tanto o más que la misma joven, jamás hubiera creido llegar a sentirse así.

Sin pensárselo dos veces se lanzaría en dirección a la nueva gota de sangre que escapaba del labio inferior de la rubia, terminando por gemir de manera ahogada cuando ella arañó su espalda con la fuerza suficiente como para atravesar la barrera que suponía su piel, provocando que algo de sangre brotase de su espalda. En el instante mismo en que sintió aquel arañazo, la cadera del varón se hizo hacia atrás y luego hacia adelante con la suficiente fuerza como para provocar que todo el cuerpo de la rubia se moviese a causa de aquella penetración, haciendo que sus senos se moviesen de arriba hacia abajo a causa del golpe que fue acompañado de un sonido similar a un aplauso por el choque de los dos cuerpos. Gimió nuevamente, se había estado controlando hasta ese entonces y que ella le clavase así las uñas había despertado el deseo de sexo salvaje en el varón.

Le observó lamerse los dedos, una vista provocadora sin importar como se le mirase. Tardó menos de tres segundos en acercar su rostro hacia la boca de la rubia con la clara intención de saborear su propia vitae directamente de la boca ajena, uniendo sus labios en un largo y apasionado beso que fue acompañado por unas diez penetraciones tan fuertes como la anterior, dejando un espacio de apenas unos segundos entre ellas. Su lengua se adentró en el interior del a boca de la rubia, moviéndose de un lado al otro que en cierto modo buscaban mostrar que era él quien tenía el control de la situación. Vaya par que eran, intentando demostrar quién tenía el control en un momento como aquel, definitivamente no iban a cambiar ni siquiera cuando estuvieran en la cama.

Liberaría los labios de la rubia tan solo para poder tomar algo de aire y cambiar la posición, aunque ésta no variaría mucho. La zurda del varón se dirigiría hacia la pierna derecha de la joven, tomándole por la parte posterior de la rodilla para moverla y acomodarla sobre su hombro. Los torsos de ambos estarían ahora algo separados, pero la posición prácticamente continuaría siendo la misma. Numerosos jadeos podían oirse provenientes del varón, y éstos solo incrementaron cuando cambió de posición con la única intención de hacer más fuertes las penetraciones. Ante cada nuevo movimiento de vaivén, los músculos del joven se marcarían al tiempo que alguna que otra gota de sudor comenzaba a recorrer traviesamente los abdominales del joven. Hacía calor, o al menos el estaba acalorado, quizás no había sido una buena idea haber acomodado a la rubia junto a la chimenea, pero que más daba.

Las manos del peliblanco se aferraron con fuerza en la alfombra mientras su pelvis se movía vigorosamente de atrás hacia adelante, dando profundas, rápidas y fuertes penetraciones a la joven como si estuviera poseido por un espíritu lujurioso y ella fuera la única capaz de saciar sus deseos. La mente del varón lentamente comenzaba a ponerse en blanco mientras gemía de placer, completamente agitado. Poco a poco tanto él como la rubia podrían comenzar a sentir que el miembro del ojiazul parececía ponerse más y más duro, algo aparentemente imposible, pero que sin embargo estaba sucediendo, dureza que sería acompañada por un delicioso cosquilleo que comenzaría en su glande y lentamente iría recorriendo la totalidad de su falo, alcanzando sus gónadas y parte baja del abdomen. Iba a correrse, de eso no había duda, la presión que el cuerpo de la joven generaba le provocaba un placer indescriptible, pero no se correría a menos que ella fuera a hacerlo también. Disminuiría y aumentaría el ritmo para intentar controlar su orgasmo hasta que ella alcanzase el suyo.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Jue Ene 26, 2012 4:42 pm

Por imposible que pareciese dado el volumen de su propio gemido la fémina fue capaz de escuchar el gemido de Dominic, sintiéndose de una forma excelente al saber, al notar que él estaba disfrutando de su cuerpo tanto como ella lo hacía del suyo. Si quisiera describir todo lo que estaba sintiendo en ese momento le faltarían palabras, era indescriptible, lo único que sabía era que había sido una idiota por esperar tanto. Sabía por boca de otros que el sexo era uno de los mayores placeres, sin embargo jamás se imaginó que fuera tan adictivo. No iba a mentir, a lo largo de su vida muchos hombres le habían parecido atractivos y, sólo contando el físico, podrían ser considerados incluso como pareja de una noche pero ella no gustaba ir de flor en flor. Aún desconociendo el placer sexual lo había rechazado durante toda su adolescencia, prueba de ello era esa sangre que cayó de su intimidad, y el porqué era bastante simple en realidad: no quería tener sexo. ¿Por qué entregar su pureza a un hombre cualquiera o a un niñato creído? Era ilógico, molesto y de seguro problemático, además bastante tenía con ser violenta como para encima parecerse a algunas de sus compañeras a las que el adjetivo "zorra" sería un alago más que un insulto.

No obstante, muy a pesar de que había defendido su cuerpo por tanto tiempo no había dudado ni un segundo a la hora de entregárselo al platinado. ¿Por qué? Porque le amaba, porque no era sexo, por muy niñato creído que fuera no estaba sólo satisfaciéndose al poseerla, estaba amándola y eso cada poro de su cuerpo, cada latido de su corazón se lo decía. No había probado el sexo casual, pero estaba segura de que no se comparaba en nada a lo que estaba sintiendo. No existía cosa alguna en la Tierra que pudiera comparársele, no para ella y eso lo demostraba con cada estremecimiento, cada suspiro, cada gemido... reacciones que se volverían mucho más notorias cuando la intensidad de las penetraciones aumentó, obligándola a mantener la boca abierta en todo momento para respirar no sólo por conseguir el oxígeno que soltaba casi a gritos cuando gemía, sino también para intentar refrescar su cuerpo. Estaba ardiendo, era una sensación similar a cuando se tiene fiebre pero muchó más placentera, sobre todo teniendo en cuenta que las gotas de sudor que empezaron a perlar su cuerpo estaban frías y eso no sólo la estremecía, sino que erizaba la piel por la que se marcaba el travieso y brillante recorrido de cada una de esas perlas.

Un gemido ahogado de dolor y placer se escapó de su garganta cuando el varón volvió a besarla, presionándole la herida del labio para tomar de ella la nueva gota carmesí e incluso durante el beso la joven se tomó un segundo para alejarse y sonreír maliciosa al escucharle gemir por sus arañazos. El hecho de que él fuera masoquista no la incomodaba, al contrario, ya se había dado cuenta de que arañarle la excitaba, lo que no sabía era si esa excitación era debida a los arañazos en sí o a lo que provocaban en su amante, puede que ambas y resultase que a ella también le iba el S&M pero no iba a ponerse a pensar en eso ahora, que el dolor les provocase placer sólo era otra de las muchas cosas en común que -muy a pesar de lo diferentes que eran- ambos tenían. Eso sí, la descarga que sacudió su cuerpo cuando él la embistió casi con violencia no pasó desapercivida ni tampoco el gemido que se escuchó muchísimo más excitado que cualquiera de los que antes había soltado Elizabeth. Estuvo a punto de correrse pero quién sabe cómo logró retener el orgasmo, no quería durar tan poco aunque de seguro el ojos zafiro sentiría cómo las paredes vaginales de la joven aprisionaron su miembro en aquel momento.

Estar al borde de la locura no le impidió lamer sus dedos con lujuria, incluso llegó a meterse uno de ellos en la boca, lamiéndolo allí dentro sin cerrar los labios como si le estuviera dando un pequeño espectáculo al menor aunque no duró demasiado, en cuanto él se lanzó a por sus labios los rastros de sangre bailaron en las bocas de ambos, pasando de lengua a lengua después de que la Slytherin se sintiese desfallecer cada vez que su cuerpo era literalmente sacudido por las fuertes penetraciones que ahora sufría. Sus acciones habían despertado a la bestia, y por todo lo sagrado que lo estaba disfrutando de una forma que no podía ser más pecaminosa. Se resistió al ataque de la lengua contraria, sin embargo tenía todas las de perder y lo sabía, sólo se mostraba como era: rebelde en un intento de seguir manteniendo la actitud indomable que la caracterizaba aún cuando ya estaba a la completa merced de su amante, de ahí que tampoco hubiera quejas ni resistencia cuando él le colocó la pierna, dándose un mejor acceso a la ardiente intimidad de la fémina. Era una suerte que ella estaba acostumbrada al ejercicio físico -más por peleas que por cualquier otra cosa- porque de otra forma seguro que ya habría agotado sus fuerzas hace tiempo, además el tener predilección por cualquier estilo de combate que usara las piernas era una gran ventaja en ocasiones como ésta pues le otorgaba una mayor flexibilidad, aunque de por sí ella era tan escurridiza como una serpiente y tan flexible como un gato.

La nueva postura, por otro lado, no impidió que la ojos esmeralda siguiera teniendo una espectacular vista del cuerpo de su amante, siguiendo con sus gemas el recorrido de algunas gotas de sudor que se perdían entre los músculos del albino hasta llegar a su entrepierna, provocándole una extraña envidia que no tardó en mostrar cuando sus manos cobraron vida propia y empezaron de forma torpe pero apasionada a recorrer cada centímetro del torso del varón, desde su mentón a sus labios y de éstos de vuelta hacia abajo, rozándole con las uñas y, por los bruscos movimientos de cadera y el continuo sacudir de su cuerpo, arañándole de vez en cuando. Si hubiera estado un poco más lúcida de seguro habría recordado cuando en la enfermería él le comentó que podían llegar a parecer una pareja tras una sesión de sexo salvaje... ahora, con todas las heridas que estaba dejando a lo largo del pecho y espalda del varón sería difícil disimular otra cosa aún cuando la situación fuera inversa pues Elizabeth no presentaba ninguna herida física salvo ese corte en el labio que, encima, se había hecho ella misma. Sin embargo no había duda de que al terminar perdería todas sus fuerzas y de que agujetas y otros dolores aparecerían incluso a la hora siguiente... aunque la verdad era que no le procupaba, ya se las arreglaría para encontrar un lugar donde descansar su dolorido cuerpo porque con esas violentas penetraciones su cuerpo no podía salir ileso.

- Dom~ N-no... No pued¡Ah~! -no fue capaz siquiera de avisar de su incapacidad para seguir conteniéndose. Por muy resistente que fuera seguía tratándose de una primeriza y ya era todo un logro que hubiera podido aguantar hasta entonces, más aún teniendo en cuenta que podía haberse corrido en todas y cada una de las salvajes embestidas con las que el sacudía su cuerpo y aumentaba su lujuria. Apenas un par de gemidos más, apenas una penetración más de esas y cuando el miembro del varón estuviera dentro de ella Elizabeth sentiría un placer indescriptible, inigualable ni aunque se juntaran todas y cada una de las descargas de placer que la habían sacudido durante todo el acto. Su interior apretaría el ardiente y duro falo del Gryffindor durante unos eternos segundos como si no quisiera dejarlo salir al mismo tiempo que sus fluidos se desbordaban, llegando a empapar incluso los testículos de Dominic. Si él no se movía la rubia comenzaria a recuperarse pronto pero lentamente de su explosivo primer orgasmo, si por el contrario se movía su orgasmo se prolongaría un poco más, haciéndola temblar de pies a cabeza y arañarle el pecho con la zurda, dejando un conjunto de cinco marcas rojizas sobre el pectoral derecho que más parecían un zarpazo que un arañazo pues las tres centrales llegaron a soltar algunas gotas de sangre que le mancharían la mano al no haberla retirado tras crear aquellas heridas.

De una forma u otra buscó mantenerse lo bastante lúcida como para sentir la dureza y temperatura del miembro que salía y entraba de ella, intentando averiguar cuánto le faltaba a él para correrse y, cuando lo hiciera -quizá adelantándose por inexperta- le llamaría en un nuevo gemido que tenía la primera sílaba de su nombre inscrito, buscando que él la mirara a los ojos antes de jadear un- Hazlo... dentro... Lo quiero dentro~ -que fue una reconocible súplica pues no se molestó en disimular el tono de ruego que había puesto en su voz. Sabía lo que estaba pidiendo pero aún cuando él se corriese fuera seguía habiendo riesgos. Había métodos para evitar una sorpresa y ya se encargaría de conseguirlos después, ahora lo quería todo de él. Dado el bajo nivel económico que había tenido en su infancia aprendió a conformarse con poco, pero ahora no, podía sonar todo lo egoísta que se quisiera pero no iba a conformarse con menos de lo que pedía, y lo que pedía era que él la poseyera hasta el final, que marcara hasta el último centímetro de su cuerpo y su alma, que le dejara sentir su esencia inundándola.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Jue Ene 26, 2012 6:47 pm

Cada gemido de la rubia, cada jadeo, cada suspirar... todos y cada uno de los sonidos que provenían de ella parecían una sinfonía compuesta por el mejor músico, lograban embriagar los sentidos del platinado, lograban transportarle a un lugar lejano y cercano a la vez, un paraiso terrenal que se encontraba ni más ni menos que en el cuerpo de la rubia. Placer y lujuria indescriptibles era lo que sentía en esos momentos donde el sonido de los cuerpos al chocar superaban a los gemidos, un espectáculo morboso para oidos de los únicos presentes en aquella sala que se había convertido en el recinto donde finalmente se entregaron por completo el uno al otro, donde finalmente dejaron de lado sus diferencias y se entregaron al amor, al placer, al deseo y la lujuria.

De más está decir que en el instante en que la joven estuvo a punto de correrse la presión aumentó hasta el punto de parecer que buscaba no dejarle ir, como si aquella unión entre ambos estuviera destinada a durar por toda la eternidad. La joven le dio un espectáculo estremecedor y exitante cuando comenzó a lamer sus dedos en el interior de su boca, dejando los labios entreabiertos para que el joven observase con deseo aquella lengua que no tardó en atacar, agradeciendo mentalmente que ella no se quejase por la nueva posición que le había obligado a tomar. Había que admitirlo, la joven tenía un cuerpo increible y que más de una vez en el pasado le había causado deseo al joven muy a pesar de que intentase ocultar dicho sentimiento con burlas y demás. ¿Alguna vez ella habría creido que su físico era poco atractivo a causa de las palabras que él le habia dirigido? Lo dudaba, ella no era una persona que se dejase llevar por los comentarios ajenos, aunque por obvias razones quizás nunca se enteraría que dicha duda había pasado por la mente de la joven en el instante mismo en que él había comenzado a desvestirla.

Agradecía que la joven tuviera la flexibilidad que tenía, de otra forma se habría tenido que privar de aquella espectacular vista del cuerpo de la joven que gracias a esa posición parecía ser capaz de volverle loco. ¿Cómo no hacerlo viendo a la joven cubierta de gotitas sudor que embellecían aún más su cuerpo?. Las caricias que ella comenzó a darle sobre el cuerpo lograrían que numerosos escalofríos recorriesen toda su espalda haciéndole estremecerse. Su atención se mantenía centrada por completo en la joven mientras ella atendía su torso con movimientos que quizás a ella se le hacían torpes, pero que para él eran encantadores, más que nada porque era ella quien los realizaba dándole una imagen apasionada e incluso amorosa que contrastaba bastante con la que ella siempre solía mostrar.

Cuando escuchó a la joven hablarle le observó con curiosidad pero sin detenerse en ningún momento, sin embargo, no le hizo falta que ella terminase de hablar para entender qué era lo que iba a decirle. Tras unas cuantas penetraciones más la rubia finalmente se correría, presionando de manera infernalmente placentera su miembro. Tal fue la descarga de placer que le provocó aquella presión que estuvo a punto de correrse pero de alguna manera logró retenerlo para poder continuar penetrando con bastante fuerza el cuerpo de la joven. El placer le estaba volviendo loco, ya poco más podría aguantar considerando que las paredes internas de la rubia se habían vuelto tan estrechas que el falo del varón lograba ingresar de manera forzada haciendo que aquel cosquilleo que había sentido anteriormente se intensificara enormemente.

Ya no aguantaba y su expresión lo demostraría con facilidad. El último arañazo que recibió le haría morderse el labio con la fuerza suficiente como para provocar un pequeño corte en el mismo. No tuvo tiempo para pensar en el dolor de su labio, ya que ni bien sintió ese arañazo del cual brotarían algunas gotas de sangre, pudo oir aquella petición que la rubia le hacía. Se maldijo mentalmente al no traer condones consigo, pero de todas maneras toda la situación le había tomado por sorpresa, no tenía forma de saber que iban a terminar así después de todo. Aún así, la petición de la joven le sorprendió, no imaginó jamás que ella le pediría que se corriese en su interior con todos los riesgos que dicha acción suponía, pero tenía que admitir que sentía deseos de cumplir el deseo de la joven. Nunca antes había tenido contacto sexual sin un condón de por medio y es por eso que no había tenido la oportunidad de correrse en el interior de una mujer.

No asentiría, pero estaba claro que por la expresión de su rostro le había escuchado a la perfección. Penetraría apenas dos veces más a la joven hasta que sintió como aquel delicioso cosquilleo en su miembro comenzaba a recorrer todo su cuerpo en una descarga de placer que no había sentido nunca antes. ¡Liz voy aAh! No logró terminar sus palabras cuando el orgasmo le hizo estremecerse hundiendo los dedos en la alfombra hasta el punto de casi arrancar un trozo de la misma. Pudo sentir numerosas explosiones en su falo que se verían reflejadas en al menos unos cinco disparos de semen que salieron a toda velocidad para adentrarse en el interior de la joven. Un gemido que pareció más un grito escapó de la garganta del varón amenazando con desgarrarla llevando consigo el nombre completo de la rubia. Sus brazos parecieron perder la fuerza y terminó por dejarse caer sobre la joven completamente agotado. Movería su cadera unas últimas veces para prolongar un poco más el placer que había sentido al llegar al climax, mientras besaba con ternura los labios de Elizabeth.

Permaneció sobre la joven durante algunos segundos en los que respiraba con la boca para intentar recuperar el aliento, dando alguna que otra suave caricia sobre el rostro de la rubia. Finalmente se separaría de la joven, retirando su miembro del interior de ésta. Se quedó observando la intimidad de la rubia, no podía evitar sentir el morboso deseo de ver como su blanco y cálido nectar buscaría escapar del interior de la rubia haciendo que él se relamiese los labios ante la mera idea. Fue cuando relamió sus labios que se percató de la lastimadura que él mismo se provocó al morder su labio inferior. No prestó atención a eso, simplemente se recostaría junto a la rubia y abrazaría con celosa ternura, pareciendo no querer dejar que ella se alejase de él, como si no quisiera que le abandonase nunca.

La respiración del varón comenzaría a normalizarse haciendo que volviese a respirar por la nariz ahora que el aire finalmente volvía a sus pulmones. Liz... Diria mientras continuaba acariciando el cuerpo de la joven, específicamente su espalda y sus mejillas. Te amo... Le susurraría antes de dejar escapar un agotado suspiro sin detener en ningún momento las caricias sobre el cuerpo de la ojiverde. Se quedaría en esa posición un rato, no porque quisiera recuperar el aliento, sino para poder disfrutar del delicioso aroma de la joven, para poder disfrutar de su compañía, ya que una vez que abandonasen aquella habitación lo más probable es que volverían a su rutina de peleas para no llamar la atención, aunque a decir verdad, poco le importaba mantener las apariencias.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Jue Ene 26, 2012 7:42 pm

Por culpa de su reciente orgasmo muchos detalles de la situación se escaparon a la normalmente aguda visión de la fémina como lo fue la herida que él se provocó en el labio o algunas expresiones que, aún habiéndolas visto, apenas había logrado prestarles atención y con las que probablemente acabaría deleitándose una vez recuperara la cordura y las memorias de ese acto asaltaran su mente con todo lujo de detalles, fijarse en todo cuanto veía y memorizarlo casi por instinto -como su pader le enseñó- era una curiosa maldición a la que iba a sacar un buen provecho en los días siguientes. No obstante sí que vio la sorpresa plasmada en Dominic cuando le hizo aquella petición, incluso creyó que se negaría ya fuera por precaución o por simplemente llevarle la contraria pues ya había quedado demostrado en algunas ocasiones que ni en el sexo dejarían de pelearse y molestarse el uno al otro. Se equivocó y la verdad es que terminó siendo ella la sorprendida cuando él accedió silenciosamente a su ruego y esperando impaciente al orgasmo del varón, sintiendo todavía las secuelas del suyo propio que se alargaban a medida que las penetraciones continuaban.

Cuando le escuchó gritar su nombre se sintó en el paraíso y ya ni hablar cuando la esencia de Dominic llenó su interior, arrancándole un gemido de similares características que el del varón. Si de por sí su cuerpo ardía el del peliplata debía estar como un volcán pues su semen la quemaba de un modo tan placentero que juraría haberse llegado a correr por segunda vez. Fuera o no así Elizabeth dejaría descansar su cuerpo sobre la alfombra, poniendo sus brazos a ambos lados de su rostro y sintiendo cómo toda su anatomía temblaba apenas un par de segundos antes de que el menor cayera sobre ella, siendo recibido por un lento abrazo sobre los hombros, realmente no tenía fuerzas para más que esa acción y el corresponder de aquel beso en el que inevitablemente ahogó varios gemidos que no cesarían hasta sentir el miembro de su amante salir de su cuerpo, dejando caer hacia la alfombra la morbosa mezcla de esencias apenas distinguiéndose sus traslúcidos fluidos del semen.

Su estado era muy parecido al del Gryffindor, puede que más cansado por su falta de experiencia por lo que su corazón tardaría en empezar a calmar sus frenéticos latidos al igual que su respiración, la cual seguía siendo de grandes bocanadas para saciar sus pulmones haciendo que, por mera física, su pecho subiera y bajara de forma rápida, puede que incluso rozándose contra el torso del ojos zafiro por la actual posición. Por su lado las caricias del varón lograron sacarle varios suspiros inocentes que pasaron a ser avergonzados cuando él observó descaradamente su entrepierna, recibiendo una molesta pero satisfecha mirada de la fémina a modo de reproche pero sin poder ocultar el hecho de que había disfrutado cada segundo. Al ser abrazada la joven no hizo más que acomodarse al apoyar su rostro en el pecho del menor, notando por ello cómo poco a poco pero más rápido que ella lograba recuperar el aliento. No se movió hasta que le escuchó llamarla, momento en el que se alejó apenas unos centímetros para mirar hacia arriba al tiempo que se estremecía por las caricias que él le otorgaba.

Sonrió ampliamente cuando él volvió a regalarle esas dos palabras que habían dado un enorme giro a su relación pero no respondió con palabras, eran innecesarias a decir verdad pues le bastó un beso para transmitirle al varón todo lo que sentía. Fue casto, tierno y amoroso, un simple contacto entre ambos pares de labios y un breve movimiento con el que buscaba masajear los contrarios antes de separarse y colocar su rostro sobre el brazo del menor, usándolo como si fuera una almohada pero manteniendo su frente pegada al torso ajeno al tiempo que entrelazaba sus piernas con las contrarias. Estaba cansada, mucho más de lo que había esperado y estaba segura de que se dormiría si es que cerraba los ojos durante más de tres segundos no sólo por la falta de energías, sino por Dominic. Estar cobijada en sus brazos, sentir su calor en un contacto de piel contra piel deleitaba sus sentidos y no sólo el del tacto, pues incluso desde donde estaba era capaz de oír los latidos de su corazón, apreciar su aroma y dejar que la embargara y, si bien estaba lo bastante exhausta como para no resistir un segundo asalto, la vista tampoco quedaba insatisfecha.

- Deberíamos... vestirnos... -musitaría con un tono que de seguro el varón nunca habría escuchado. No sólo demostraba felicidad mezclada con una satisfecha pasividad, sino también se podían notar unos tintes de cariño y amor que eran claramente impropios de la rubia, pero casi siempre presentes en su ambiente familiar de la infancia. Aún así sus palabras se contradirían con sus acciones pues aunque pensara que era mejor que se vistieran -ella tendría que lavarse antes pero eso ya era otro tema- lo que hizo fue todo lo contrario a separarse, se juntó más a él, apoyando sus antebrazos sobre el pecho ajeno al acurrucarse en éste como si fuera un animalillo en busca de calor. No había pensado qué ocurriría después de esto y era algo que tenían que hablar. ¿Seguirían comportándose como enemigos ante los ojos de los demás y se encontrarían donde no hubiera nadie para dar rienda suelta a sus sentimientos como si fueran amantes prohibidos? ¿Mandarían al diablo a todos los demás y dejarían que la nueva variable de su relación fuera descubierta por algún descarado acto en público? Ni lo sabía ni tenía ganas de pensar en ello, mucho menos ahora.



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Última edición por Elizabeth Lockheart el Sáb Ene 28, 2012 12:35 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Vie Ene 27, 2012 5:52 pm

Estaba agotado, total y completamente agotado y era fácil darse cuenta de ello. Su respiración estaba agitada, su corazón parecía estar a punto de escapar de su cuerpo de tan fuerte que latía y tanto sus piernas y brazos parecían temblar cuando intentaba hacer fuerza con dichas extremidades. De no ser por la respiración de la rubia parecería que el peliblanco se había quedado totalmente petrificado luego de alcanzar la gloria, sin embargo, no era así y la presión que generaba contra el torso ajeno le hacía sentir deliciosos escalofríos cuando los senos de la rubia se presionaban al ésta inhalar. Luego de que él se acomodase a un lado de la fémina comenzaria a respirar con mayor profundidad, pudiendo así recuperar el aliento a un ritmo mucho más rápido que antes.

Luego de abrazar a la joven, ésta se acomodó sobre su pecho, haciéndole cosquillas al peliblanco con aquel largo y sedoso cabello rubio. No tuvo palabras para describir la bella y tierna sonrisa que ella le regaló luego de volver a exteriorizar sus sentimientos a través de palabras, una sonrisa tan cristalina y pura era imposible de describir con palabras, seguramente se quedaría corto con las mismas si intentase hacerlo. Su atención volvió a la joven cuando ésta correspondió lo que él había expresado en palabras con un beso tan dulce que fue capaz de hacerle estremecer a pesar de la suavidad del contacto. Correspondería aquel beso con la misma suavidad que la joven, moviendo sus labios lentamente para responder a la invitación de los ajenos, observando como ella se acomodaba utiizando su pecho como almohada.

La respiración del joven ya se había normalizado, y ahora con la joven sobre su pecho comenzaría a respirar con menor profundidad, intentando disminuir lo más que pudiera el movimiento de su pecho al inflarse. Fue cuando la joven le dijo que lo mejor sería que se vistieran que su mirada volvería de la nada misma y se posaría sobre la rubia. Deberíamos... Diria sin la menor intención de soltar a la joven para ir a por sus prendas, no quería que ella se fuera, quería permanecer a su lado todo el tiempo que pudiera. El tono de su respuesta sería tranquilo, al igual que todas sus acciones, ya que ni bien respondió abrazó con firmeza a la joven para evitar que se alejara de él, comenzando a acariciarla con lentitud antes de mover su cabeza para darle un tierno besito en la cabeza.

Sus orbes se cerraron mientras continuaba acariciando la espalda de la fémina con sumo cuidado, no podía explicarlo, pero le gustaba consentirla, mimarla... ¿quién iba a pensar que ella le haría sentir deseos de ser asquerosamente dulce? Dejó escapar un suspiro divertido ante aquella crítica que él mismo se estaba haciendo sin dejar de recorrer la espalda de la mayor con sus dedos. Sabes... Observó su cuerpo y esbozó una divertida sonrisa. Cualquiera diría que te vengaste de lo que te hice en el brazo el otro día... Comentó antes de dejar que una divertida risilla escapase de sus labios. Por la cantidad de arañazos sangrantes que tenía en su cuerpo parecía como si una criatura salvaje le hubiera atacado, era curioso que quien provoco las lastimaduras encajase perfectamente en la descripción.

Dejaría de reir luego de algunos segundos mientras continuaba acariciando la espalda de la joven. Por cierto... Diría para volver a llamar la atención de la rubia al tiempo que una sonrisa maliciosa se le dibujaba en el rostro. Ahora que sé que te va el sadomasoquismo la próxima vez traeré cuerdas~ Comentó con malicia y de manera inmediata abrazó a la rubia para evitar que le diera un golpe por lo que acababa de decir, aprovechando para tomar a la rubia por el mentón y así darle un suave beso en los labios para contener cualquier deseo de insultarlo, morderlo o lo que fuera, sabía que era peligroso hacerle bromas y más aún al estar tan cerca el uno del otro, definitivamente no tenía lugar al que ir para evitar el castigo, ni el deseo de separarse de la rubia para hacerlo.

Liberaría los labios de la rubia algunos segundos después (a menos que ella se liberase antes) para observar a la rubia nuevamente. Será mejor que nos limpiemos... Comentó antes de volver a observar a la rubia. ¿El baño de prefectos o aquí mismo? Preguntó con curiosidad al tiempo que cerraba los ojos y pedía un lugar donde bañarse a la habitación, la cual rápidamente cumpliría el pedido del joven modificando por completo el lugar. La alfombra que antes recubriría el suelo pasaría a estar cubierto de azulejos blancos, mientras que los sillones que adornaban la sala desaparecieron, quedando en su lugar una única bañera. De más está decir que el cambio de la superficie del suelo haría que un travieso escalofrío recorriese la espalda del varón al éstos estar más fríos que la alfombra, pero no se quejaría, al contrario, esperaría divertido la reacción de la rubia ante aquello. Aunque si quieres el baño de prefectos tendríamos que correr desnudos por los pasillos para evitar ensuciar nuestra ropa~ Una sonrisita pervertida se dibujó en el rostro del varón ante la mera idea de ir corriendo desnudo hasta aquel baño que se encontraba en el quinto piso del castillo, el camino era largo hasta allí y podrían encontrarse con alguien que seguramente los castigaría, sería mejor que ella tomase la decisión, él por su parte, clavó su mirada sobre aquella bañera que apareció, que más que una bañera se trataba de un jacuzzi lleno de agua humeante.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Vie Ene 27, 2012 6:49 pm

En un principio la fémina no se dio cuenta de lo que ocurría a su alrededor pues intentaba regular sus constantes vitales y despejar su mente, no obstante una vez se hubo calmado lo suficiente sí logró fijarse en que no era la única a la que le faltaban las fuerzas. Obviamente nunca había visto a Dominic tras una sesión de sexo pero sabía -no había que ser un genio para adivinarlo de todas formas- que él tenía experiencia en el tema y encima poseía una gran resistencia gracias a su naturaleza licántropa, a su físico y a su entrenamiento, por lo que verle agotado la sorprendió. ¿Se habría equivocado en sus suposiciones? No, estaba segura de haber acertado pero había una variable que no tuvo en cuenta en sus cálculos: las anteriores relaciones del varón habían sido puro sexo, con ella fue distinto y su actual estado lo demostraba.

Fuera como fuese dejó de pensar en ello cuando él la abrazó y se centró en besarle. No era propio de ella demostrar tanta dulzura, y mucho menos tanta suavidad y ternura pero así fue. Seguramente cuando pasara un tiempo -mucho o poco, depende- se daría cuenta de que se estaba comportando de una forma muy cursi, pero ya tendría tiempo para reprocharse por eso... y para recordárselo al menor pues tampoco es que él se estuviera comportando de forma muy distinta. No se estaba quejando, en absoluto, le agradaba que él la acariciase, que la mimase incluso y cuando él la abrazó con mayor firmeza tras su respuesta Elizabeth no pudo evitar soltar una divertida e inocente risilla. Separarse de él no entraba en sus planes, apuraría el tiempo todo lo que pudiera y, de ser capaz, permanecería allí hasta el día siguiente... aún cuando eso no fuera posible, por mullida que fuera la alfombra acabaría con la espalda rota si dormía sobre ella.

Escuchó el suspiro ajeno y, si bien se percató de su tono divertido, no preguntó el porqué, conociendo al menor lo que le estaba cruzando por la cabeza podía ser cualquier cosa y ya se había dado cuenta de que intentar adivinar lo que él pensaba era una tarea imposible. Cuando le llamó la atención sólo soltó un suave "¿Hm?" para hacerle entender que le escuchaba, pero no abrió los ojos ni cambió su posición hasta que él le comentó sobre la venganza. Recién ahora se percataba de que el pecho sobre el que estaba apoyada se veía lleno de arañazos, especialmente ese que tenía sobre el pectoral derecho que, si bien había dejado ya de sangrar, aún conservaba el rastro de vitae y un vivo color rojo- No parecían molestarte... -musitó por lo bajo mientras desviaba su mirada hacia el techo, teniendo las mejillas rojas y los ojos entrecerrados pues, si de normal se sentía orgullosa por las heridas que producía en el cuerpo ajeno en sus peleas, ahora no podía hacer otra cosa que avergonzarse -también por la risa ajena- al saber que esos arañazos no habían sido hechos en una pelea precisamente. Por otro lado, todo hay que decirlo, cada marca que le dejó sobre el cuerpo era un recordatorio de que él le pertenecía, y eso sí que le agradaba.

Al escucharle nuevamente sí que elevó la vista para fijarla en los zafiros ajenos, mostrándose curiosa por lo que querría decirle aunque cuando afirmó lo del sadomasoquismo el rojo de sus mejillas aumentó de golpe y de forma considerable, pasando de un rosa pálido a un rojo intenso que vino acompañado de un escalofrío incomodamente placentero por lo de las cuerdas. A pesar de ello quiso replicarle por lo que su ceño se frunció rápidamente y su boca se abrió en busca de insultarle al mismo tiempo que sus manos se le apoyaban en el pecho en un intento por hacer fuerza y separarse lo necesario para golpearle pero sus fuerzas eran nulas comparadas con las del peliplata así que, lejos de alejarse, acabó más pegada a él y con sus brazos oprimidos entre ambos torsos. Por si eso fuera poco no le dejó insultarle pues apenas abrió la boca ésta ya era presa de los labios del varón, los cuales -junto a la casi nula distancia entre ellos- le arrancaron un gemido que terminó ahogándose en la boca contraria. Quiso morderle el labio para hacerle una herida a juego con la otra que ya presentaba pero no fue capaz siquiera de resistirse a corresponder, con molestia en sus actos, pero correspondiendo de todas formas.

Cuando le liberó la boca dejó escapar un quejido seguido de un audible gruñido que resumía todos los insultos que había pensado decirle por la sugerente proposición de las cuerdas. Cualquier cosa que hubiera pensado en responderle quedó en su cabeza y el cambio de tema la ayudó a calmarse un poco, ya más tarde le daría su merecido, por ahora se centraría en la pergunta que se le formuló y a la que no pudo dar respuesta pues apenas estaba pensando en ambas opciones cuando la cálida alfombra fue sustituida por unos gélidos azulejos que lograron hacerla gritar de una forma completamente dispar. Ella solía gritar como un hombre, no con tono de voz grave sino con esa misma fuerza y, si bien no se podía decir que tuviera una voz amachada -porque no era así- cuando gritaba no lo hacía con el tono chillón que casi todas las mujeres poseían. Sin embargo en esta ocasión su grito fue bastante femenino, la única diferencia fue que su voz no mostró ningún tono molestamente agudo. Junto a esa audible reacción vino otra que, ante la imposibilidad de levantarse y alejarse del frío, no fue otra que la de juntarse aún más si cabe al cuerpo del varón, sintiendo cómo su piel se erizaba y un escalofrío recorría su espalda.

Al recuperar la compostura gruñiría de nuevo y retomaría el hilo de sus pensamientos, a ser posible ignorando las burlas que Dominic le lanzara por su femenino grito que fue bastante similar a los típicos "Kya~" del anime. Una vez sopesadas ambas opciones maldijo el estúpido conjuro que impedía aparecerse dentro del castillo. Todo sería más fácil si les dejaran aparecerse pues de esa forma podría trasladarse fácilmente de un lado a otro... aunque en verdad quedaba una opción y se la haría saber tras mirarle con el ceño algo fruncido- Somos animagos, idiota -le recordaría con uno de sus típicos tonos ácidos no porque estuviera molesta -un poco sí pero eso da igual- sino porque la mera idea de salir de aquella sala desnuda en su forma humana era impensable. Nunca, jamás de los jamases iba a hacer algo tan vergonzoso como eso. Que no tuviera pudor con los Croft era una cosa, pero que no lo tuviera con todo Hogwarts era simple y llanamente imposible.

En fin, dicho eso esperaba que al menos él la dejase incorporarse y tomaría sus desgarradas prendas superiores para cubrirse los senos con la camiseta y la cadera con la sudadera, aunque sólo por encima antes de fijarse en la nueva habitación, quedándose casi a cuadros cuando vio la tina que había cerca de ellos- Dominic... ¿Por qué sólo hay UNA bañera? -preguntó con cierto escepticismo, como si supiera la respuesta pero no quisiera oírla. Para ella la bañera iba bien aunque fuera un jacuzzi, incluso una simple ducha le valdría en esos momentos pero... ¿acaso él quería que se bañaran juntos? Prefería estar equivocada porque de ser el caso a ella le tocaría sentarse sobre él a menos que estuvieran ambos con las piernas flexionadas, lo cual haría un poco incómodo el hecho de bañarse... Pero no es como si lo fuera a hacer, no, ni hablar- "Debo dejar de pensar estupideces" -se reprochó mentalmente por siquiera tantear la posiblidad de que ella accediera a compartir la tina con el lycan.



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