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 Sucesos inesperados

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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Sucesos inesperados   Jue Ene 19, 2012 6:21 pm

Privado
[Mikhail Smirnov + Dominic Smirnov]

Ya habían pasado cuatro días desde el desafortunado suceso del lago y tres desde las tan extrañas escenas que habían tenido lugar en la enfermería. Si tras lo ocurrido en el campo de quidditch la rubia estaba confusa, ahora realmente tenía la cabeza hecha un lío. ¿Cómo demonios había sucedido todo eso? Ya no era sólo que el peliplata que ahora ocupaba todos y cada uno de sus pensamientos se hubiese mostrado extrañamente distinto, sino que además la había defendido. Le había costado hacer memoria pero ya tenía todos los recuerdos que antes se le escapaban y sabía que se había caído de la cama al huir del contacto con el profesor, pero también sabía que no recibió ningún impacto, sino que el menor lo recibió por ella. ¿Desde cuándo Dominic se hacía daño por otros?... Mejor dicho, ¿desde cuándo se hacía daño por ella? Era algo que no llegaba a comprender por mucho que lo meditase.

- ¿Podría ser que...? -y tras unos segundos de silencio negó rápidamente con la cabeza, riendo por lo estúpido de su pensamiento- Imposible, no soy su tipo -porque por muchas vueltas que le diese no encontraba ni una sola razón por la que pudiera gustarle al ojos zafiro. Para empezar él era dominante, y ella no era sumisa; él era arrogante, y ella no lo soportaba; ambos eran orgullosos y, si bien a ella le atraía en cuestión de físico -porque siendo sinceros, el joven estaba muy bien formado- dudaba que la situación fuera también en viceversa, después de todo él se había burlado del tamaño de sus senos y de su apariencia en general. Nunca le dio motivo alguno para suponer que ella podía atraerle, ni emocional, ni psicológica ni físicamente, y para colmo de males en estos últimos días le había estado evitando porque al tenerle cerca le era imposible no recordar los variados momentos en los que él se quedó sin camiseta delante suya, haciendo que un calor cada vez más habitual se instalase en sus mejillas... y en otras partes del cuerpo menos reseñables.

Suspiró por quinceaba vez en los quince minutos que llevaba dando vueltas por los pasillos antes de llegar a ese patio bordeado de pasillos que conducía a la entrada del castillo y en cuyo centro se apreciaba la fuente decorada con águilas y serpientes. El fluir del agua siempre la ayudaba a calmarse y reflexionar, no por nada era su elemento pero ahora parecía que nada le serviría para desenmarañar la enredadera de su mente. Cansada por tanta cavilación y aprovechando que la mayor parte de alumnos estaban en las optativas -si mal no recordaba tocaba runas antiguas y adivinación, y a ella que estaba sólo apuntada a adivinación no le importaba saltársela- y que el resto estaba haciendo el vago intentando que los profesores de guardia no les pillasen pues se dedicó a observar la fuente por unos momentos antes de sentarse en su banco, apoyando la espalda contra una de las estatuas y alzando el pie izquierdo para apoyarlo también en el banco, dejando que el otro colgara hasta el suelo mientras metía ambas manos en el bolsillo central de su sudadera sintiendo algo de frío en la zona que iba desde la falda entablillada de color gris casi negro hasta sus habituales medias azul marino que la cubrían de pies a medio muslo.

Aprovechando la calma y el relativo silencio se puso de nuevo a pensar, recordando el contacto que le provocó el shock y descubriendo en esos precisos instantes algo de lo que no se había dado cuenta hasta ahora: el tacto de Mikhail le resultaba desagradablemente familiar. Pero... ¿de qué? Él era ruso, ella inglesa; él un adulto, ella una adolescente; él un nuevo profesor, ella una alumna a punto de graduarse. ¿Acaso era posible que hubiesen coincidido en algún momento de su vida? Elizabeth no le recordaba, la manía de su padre por obligarla a memorizarlo todo y a percatarse de todos los detalles posibles empezó desde que ella era bien pequeña, pero casi todos sus recuerdos de la infancia se habían cerrado con llave en un rincón de su mente, sellados con la escena digna de la mejor película gore jamás creada. Tenía algunos recuerdos desbloqueados, pero eran cosas vanales como algunos días de escuela, un par de encuentros con serpientes y el más importante: una visita al zoo que no se ponía a recordar desde que le enseñaron a conjurar el patronus en la clase de DCAO. Pero en ninguno de ellos aparecía el profesor de pociones.

- Estaba cansada, sólo eso -se dijo a sí misma, dándose una posible explicación de porqué esa sensación de familiaridad -por incómoda que resultase- antes de suspirar por lo bajo y volver a cerrar los ojos, dejando que la música indundara su mente y nublara sus sentidos. Necesitaba un descanso, tanto pensar en su relación -si es que se le podía llamar así- con Dominic empezaba a darle jaquecas. Dejó de pensar en qué debía hacer, en si debía permitir que el varón siguiera acercándose a ella aún a pesar de que se burlara por su sonrojo... Simplemente dejó de prestar atención al mundo y a sus propios pensamientos, hundiéndose en la historia que aquella canción le relataba.



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Última edición por Elizabeth Lockheart el Mar Ene 24, 2012 4:08 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Vie Ene 20, 2012 8:39 pm

Tan solo tres días habían transcurrido desde aquel atardecer donde tuvo que dirigirse a la enfermería para poder hablar con su sobrino y Elizabeth Lockheart a causa de un incidente ocurrido la noche anterior. La rutina del pelinegro había sido normal, absolutamente normal, a excepción claro de la misma noche del día de la visita a la enfermería, noche que pasó desquitándose contra todo objeto que se encontrase en su camino a causa de un inusual enojo que le había invadido. Le había resultado bastante difícil contener la molestia que llegó a sentir no solo por el accionar de la muchacha, ya que a pesar de que el golpe que ella le dio para alejarle no había causado una herida o magulladura alguna, lo que provocó en el interior de Mikhail había sido poco común.

La mente del moreno se había mantenido activa durante todo el día posterior, intentnado encontrar la explicación del extraño comportamiento de Elizabeth. Si de verdad se llevaba tan mal con Dominic, ¿por qué les había encontrado en una situación tan comprometedora como aquella? ¿Sentirían deseo o amor el uno por el otro? Era una explicación viable, más considerando que quizás ni ellos mismos se percatasen de ello, pero que a pesar de no entender su comportamiento, se defendían como una pareja defendiendo a su ser querido. Fue así, que con algo de molestia comenzó a idear una manera de acercarse a la joven. ¿Cómo podía lograr acercarse a un persona como Elizabeth? Ella era del tipo de personas que celaban en demasía su espacio personal, y había quedado más que claro que el mero contacto con él, haría que la joven reaccionase de mala manera.

Meditó durante unos segundos hasta que una sonrisa de medio labio se dibujó en su rostro. ¿Por qué no? Se preguntó antes de mandar a llamar a Dominic a su oficina, bajo la excusa de tener que entregarle algo. El menor acudiría, era sabido que por lo general era Mikhail quien le proveia de pociones matalobos al ser bastante más efectivas que las que el mismo Dominic preparaba. Una vez en su oficina, simplemente tendría que conseguir algo del menor, cabello, piel, uñas, cualquier cosa le serviría. No tendría que esforzarse demasiado, en parte gracias a una de las manías del menor, una reacción que adoptaba siempre que se molestaba por algo y afortunadamente, para el mayor era bastante fácil lograr que Dominic perdiera la paciencia y terminase por revolver sus cabellos con rabia, desprendiendo varios de los mismos en el proceso.

Fue así como el día anterior había logrado preparar una de sus más grandes adicciones, poción multijugos, una poción que le permitía llevar sus dotes como actor hasta otro nivel. ¿Qué mejor manera de interpretar un papel que tomando la imagen del personaje en cuestión? Solo debía conseguir algunas prendas que fueran similares a las que Dominic solía utilizar y todo estaría listo. No debió pensar mucho en la manera de conseguirlas, los estudiantes en busca de promesas de mejores notas solían hacer lo que fuera y mejor aún, no divulgaban detalles sabiendo que tener de enemigo a un profesor no era la idea más inteligente que podía llegar a cruzárseles por la cabeza. Como fuera, todo lo que necesitaba estaba preparado, solo debía practicar un poco la odiosa personalidad de Dominic y estaría listo para llevar a cabo su plan.

Tomó la poción y se colocó algunas prendas y esperó a que la transformación comenzase. En un abrir y cerrar de ojos el cabello del moreno comenzó a cambiar, adoptando la característica tonalidad que Dominic poseía, su estatura disminuyó apenas unos centímetros y su espalda aumentaría algunos centímetros su tamaño. Debía agradecer que los cambios fueran mínimos, gracias en parte a la gran similitud que tenía con el menor. Fuera como fuera, una vez en la piel de su sobrino decidió dar un pequeño recorrido por el castillo, era un día de clases opcionales ¿qué mejor manera de encontrar a Elizabeth? Estaba más que claro que la muchacha podría llegar a saltarse las clases, más aún si éstas eran clases opcionales. No tardaría más de diez minutos en encontrar a la rubia.

Se quedó observándole durante algunos segundos, parecía pensativa. ¿Qué podría estar rondando su mente? No se quedaría con la duda, por lo que sin dudarlo se acercó hacia la muchacha con el típico andar del peliplata. ¿Cómo debía entablar conversación? Un simple "Hola" sería demasiado atípico para Dominic, era sabido que siempre que se hablaban terminaban discutiendo. El caracter de Dominic era extraño y siempre solía hacer bromas pesadas. - Vaya que te ves pensativa.- Diría en primera instancia para hacer que la joven saliese de su ensimismamiento. - No te esfuerces, por más que pienses no encontrarás la manera en que yo salga contigo. - Esbozó una sonrisa de medio labio, no era difícil comportarse como el imbécil de Dominic a fin de cuentas.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Vie Ene 20, 2012 9:37 pm

Debido al alto volúmen que salía de sus auriculares era obvio que ni se diera cuenta de que había dejado de ser la única persona en aquel patio, aunque estaba claro que jamás se imaginaría quién era la persona que tenía delante. En un principio ni se dio cuenta de que alguien caminaba hacia ella y dado que estaba sumergida en la música tampoco le escuchó, ni siquiera le vio pues sus ojos estaban cerrados y su cabeza ligeramente agachada, dejando que su flequillo le cubriese casi medio rostro. Más que escuchando música parecía dormida pues el cable de los auriculares lo traía bajo las ropas y a la espalda, el aparato descansaba dentro de su bolsillo central y los auriculares -así como sus orejas- estaban escondidos bajo mechones de su cabello, recogido en dos bajas coletas que caían una hacia el banco y el suelo y la otra hacia el banco y el agua, mojándose debido al largo que presentaban.

Extraño pero en esta ocasión llevaba esas gafas de pasta negras que, sin embargo, no hacían ver sus ojos más grandes como las gafas habitualmente hacían, sino que incluso los volvían más afilados y pequeños. No era un dato importante de todas formas, pero era curioso verla con ese accesorio cuando todos sabían que era más habitual verla con lentillas por simple comodidad. Si bien complicada Elizabeth solía ser una mujer de gustos sencillos, en ropa y accesorios iba a lo cómodo con... más bien nulas excepciones, de ahí que los zapatos reglamentarios del uniforme hubieran sido sustituidos por unas botas altas con un tacón ancho de apenas dos o tres centímetros y casi sin suela, al igual que su uniforme que había sido cambiado -como tantas otras veces- por prendas más de su gusto y estilo.

Como fuera, en esos momentos era bien difícil que la rubia se diese cuenta de cualquier cosa que pasara a su alrededor por lo que no vio al varón acercarse, mucho menos le escuchó. Es más, sólo se dio cuenta de su presencia porque unos segundos después de que él hablara la canción terminó, poniendo así otra en apenas uno o dos segundos haciéndole soltar un pesado suspiro tras el cual Elizabeth se levantó, haciendo el ademán de caminar por lo que abrió los ojos topándose de golpe -aunque sin llegar a chocar- con el torso de alguien. Fue mero instinto el que le hizo retroceder, y chocar sus piernas contra el banco, cayendo sentada en éste poco antes de maldecir por lo bajo, sobarse la cadera y mirar hacia arriba con el ceño fruncido al tiempo que usaba su diestra para retirarse uno de los auriculares.

- What the hell!... ¡Dominic! ¡¿Qué demonios haces aquí?! -exclamó antes de su aparatosa caída y justo después de ella, cuando reconoció el rostro del hombre al que había estado evitando. Por suerte en esta ocasión su enojo logró mantener alejada la vista del torso ajeno desnudo por lo que no hubo más sonrojo que el típico de rabia que solía formarse en cualquiera que se enfadase y que era fácilmente reconocible por eso mismo, además de que resaltaba en la pálida piel de Elizabeth como un punto negro en una pared blanca.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 3:53 pm

Al notar que la fémina ni siquiera se había percatado de su presencia entendió que ella debía estar escuchando música. Suspiró por lo bajo y estuvo a punto de dirigirse hacia ella para darle un suave empujoncito, pero que la muchacha se levantase de su lugar e hiciese el ademan de avanzar hasta estar a punto de golpear contra su torso le hizo detenerse. Le observaró caer sentada nuevamente en el banco, por lo que dejó escapar una fingida risita divertida para aparentar. Se quedó viendo a la muchacha durante algunos segundos, sonriendo de medio labio cuando le vio fruncir el ceño con aparente molestia y reaccionar de una manera bastante llamativa. Simplemente mantendría una sonrisa de medio labio mientras que sus orbes recorrerían una y otra vez el rostro de la rubia.

Pasarían algunos segundos durante los cuales una suave brisa comenzó a soplar, haciendo que los cabellos del peliplata comenzaran a ondearse en un suave vaivén, acentuando aún más el silencio que reinaba en el castillo a causa de las clases, siendo roto solamente por el suave y relajante sonido del agua de la fuente. Era increible que tal sensación de tranquilidad pudiera apreciarse allí, un lugar bastante transitado por lo general, pero que en ese instante era un paraiso para cualquiera que desease estar solo para meditar un rato. Prácticamente se había quedado embelezado observando todas y cada una de las reacciones de la muchacha, a decir verdad, si tuviera una cámara de video seguramente se quedaría filmando a la joven todo el día tan solo para poder apreciar una y otra vez sus expresiones y reacciones luego.

Dejando de lado todas sus ideas propias de un acosador detrás de una celebridad, rascó su cabeza para en cierto modo, despertar del trance en el que estaba sumido, comportándose como si de un adicto al arte frente a la mayor creación del hombre se tratase. - No es asunto tuyo. - Diría con arrogancia antes de sin pedir permiso siquiera se acercase al banco donde la joven se habia caido. Tomó asiento a la derecha de la rubia, girando su rostro hacia ella. - ¿No deberías estar en clases? - Preguntó como si le importase la respuesta de la rubia, respuesta que seguramente sería agresiva y quizás utilizaría las mismas palabras que el menor había utilizado. Fuera como fuera, se quedaría observando a la rubia durante algunos segundos, manteniendo el silencio luego de su pregunta.

Tanta tranquilidad le molestaba, estaba acostumbrado al bullicio y que todo estuviera en silencio le provocaba asco. - Por cierto... - Diría en busca de llamar la atención de la fémina. - ¿Tienes algún problema conmigo? - Preguntó aparentando curiosidad, después de todo, no había pasado desapercibido para él que la fémina había estado evitando a Dominic durante los últimos tres días. - Estuviste evitándome durante los últimos días después de todo... - Indiferente fue su tono al tiempo que se quedaba viendo hacia la nada misma como si estuviese absorto en sus pensamientos, aunque lejos de ello, simplemente repasaba una y otra vez su papel en el interior de su cabeza para intentar interpretarlo a la perfección.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 4:50 pm

Estaba tan acostumbradas a las arrogantes risas de su compañero que la que escuchó cuando se cayó de culo en el banco de al fuente no la sorprendió, aunque fue un verdadero desahogo haber caído en el banco y no directamente en el agua pues eso sí que habría sido motivo para que el varón se le burlase por días, semanas incluso. De todas formas lo que sí le pareció extraño, por no decir impropio del varón fueron esos segundos de silencio, ese corto pero significativo momento de paz que hubo desde su pregunta hasta la respuesta que, normalmente, habría recibido de forma casi inmediata. Su ceja derecha se alzó en señal de confusión durante ese silencio fugaz aunque cuando al fin recibió su contestación no hizo más que suspirar cansada e incluso enojada, más aún al escuchar la pregunta que se le dirigió justo después.

- No te incumbe... y puestos a eso tú también deberías estar. Aunque a Sybill no parece importarle mucho -comentó con su típico tono venenoso que más bien, en esa ocasión, ponía para aparentar dando gracias a ser en cierto modo buena actriz. Hasta donde ella sabía compartía optativas con el varón pues a ninguno de los dos -que ella recordase- le entusiasmaba Runas antiguas y Adivinación era la única optativa libre de esa hora si no estaba equivocada. Pensándolo bien compartía todas sus malditas clases con el peliplata, incluso la de Estudios muggles en la que estaba segura que le apuntaron por error. tras su respuesta se levantó de nuevo, dispuesta a esquivar al menor para irse lo más lejos posible de él, suficiente tenía con soportar de nuevo su maraña mental como para encima hacerlo cerca del mismo que se la estaba provocando.

Para su desgracia sus intenciones de huir -porque seamos sinceros, eso es lo que estaba haciendo aunque no lo reconocería ni muerta- fueron cortadas de lleno por la nueva pregunta del ojos zafiro, pregunta que le hizo voltear a mirarle de soslayo una vez estuvo a su lado derecho pues no había avanzado más de un par de pasos desde que se levantó del banco. Le miró como si quisiera matarle con la mirada, afilando esas dos esmeraldas que tenía por ojos y abrió la boca para responderle de forma seca y tajante, pero cuando él continuó, afirmando que ella le había estado evitando cualquier palabra que hubiera estado a punto de decir se le quedó en la garganta. Sabía que el peliplata era inteligente, pero en verdad hubiera deseado que no se percatase de que, efectivamente, le había estado evitando y que procuraba pasar el menor tiempo posible en la misma habitación que él, incluso en una tan amplia como el Gran comedor.

- Eso... Eso a ti no te interesa -respondió ttras aclararse disimuladamente la garganta. No quería admitirlo pero su presencia la estaba poniendo incómoda y no sabía porqué. Es decir, no es que aquella vez en el lago fuera la primera vez que le veía semidesnudo, dadas sus múltiples peleas era obvio que las prendas de ambos acabaran siempre en mal estado, pero... se sentía diferente, como si el cuerpo del menor le provocara cosas que antes nunca se le había pasado por la cabeza ni imaginarlas. ¿Por qué ese repentino cambio? Lo desconocía, pero cuanto más cerca creía estar de entenderlo más se alejaba la respuesta, llegaba a sentirse idiota incluso pues ella era inteligente y de rápido pensamiento, que una respuesta jugase con ella al gato y al ratón la molestaba, y mucho. Como fuera, tras responder intentaría seguir su camino, estar cerca de él no le ayudaba a pensar con claridad.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 6:19 pm

sonrió satisfecho al oir la rápida y certera respuesta de la rubia, si, Dominic quizás estaría en la aburrida clase de adivinación en esos momentos. Fuera como fuera, se quedaría observando a la muchacha, siguiendo todos y cada uno de sus movimientos como si estuviera analizándole, como si ella se tratase de un pequeño animalillo de laboratorio siendo observado por los atentos orbes de un científico. Si que eran encantadoras todas y cada una de las reacciones de la joven, ciertamente parecía un libro abierto en determinadas ocasiones, ya que a pesar de querer ocultar su sentimientos con molestia, estaba claro que al parecer había dado en el clavo con la pregunta que acababa de hacerle. Por fortuna la fémina se detuvo ni bien el varón le hizo la pregunta de si había estado ignorándole.

No pudo evitar sentir que un escalofrío recorría su espalda cando ella se giró levemente para poder observarle de soslayo, clavando sobre él una agresiva mirada que se tornaba aún más aterradora por la tonalidad de los ojos de la muchacha. Había que admitir que las gafas de la rubia hacían que su mirada se notase aún más fiera, después de todo, hacían que los ojos de la rubia parecieran (si es que eso era posible) aún más afilados de lo normal. Se percató de que ella iba a responder, pero también de que se detenía al oir que él continuaba hablando. ¿Qué era lo que planeaba decirle antes de arrepentirse? No podía saberlo y ciertamente aunque le preguntase ella no le iba a responderle, era una lástima, quizás si hubiera esperado un poco antes de continuar hablando habría logrado oir lo que ella tenía para decir.

Dejando de lado su curiosidad, simplemente se mantuvo en su sitio observando a la muchacha ahora algunos pasos más lejos de su posición. Parecía agobiada, ¿estaba incómoda por la pregunta que acababa de hacerle y por eso respondía de esa manera? Era lo más probable, después de todo, quizás intentaba evitar que el imbécil de Dominic se diera cuenta de que ella le estaba evitando. No tendría demasiado tiempo para pensar sobre ello, porque ni bien respondió ella intentó alejarse de donde estaba, algo que ciertamente él no podía permitir ya que comenzar a perseguir a la joven por todo el colegio podía hacer que sus planes se arruinasen. Sin saber en qué moment podría llegar a aparecer el verdadero Dominic decidió dejar de lado todo lo que había planeado, sería mejor que improvisase sobre la marcha después de todo.

Ya decidido, se levantó de su sitio y dio unos rápidos pasos en dirección a la rubia, tomándole por el brazo derecho y tirando del mismo de manera firme para hacer que ella se detuviese y a su vez girase en su dirección, haciendo que (a menos que ella pusiera sus manos) terminase por golpear contra su pecho. - ¿Tanto me temes? - Preguntó con malicia mientras relamía sus labios. Una mirada recorrió por completo el rostro de la rubia, terminando por detenerse sobre los labios de la misma. - Deja de escapar de mi...- Sonrió de medio labio llevando la diestra en dirección a la cintura de la joven, en un suave abrazo que buscaba evitar que ella se alejase. - No muerdo a menos que me lo pidas... - Diría en un tono... sensual si se quiere.

No tardó mucho, sabía que con la rubia todo podía terminar en un abrir y cerrar de ojos y más teniéndole de esa forma. El sonido de voces comenzó a oirse con facilidad, al parecer las clases opcionales habían terminado y los alumnos comenzarían a aparecer en cualquier momento, debía actuar cuanto antes. Sin mediar palabra alguna, acercó su rostro en dirección al de la rubia, acortando la distancia hasta apenas unos dos o tres centímetros, distancia suficiente como para poder apreciar como el aliento de la muchacha acariciaba su rostro. Innumerables sensaciones parecían embriagarle en ese momento, deseo, placer, morbo... ¿Cómo no sentir ese morboso placer de besar a la hija de la pareja que había desfigurado por completo? Con todo eso en mente, finalmente alcanzó los labios de la rubia, uniéndose en un beso que rápidamente aumentó de intensidad e incluso le haría utilizar la lengua para forzar su entrada al interior de la boca de la rubia, presionando el cuerpo ajeno contra el propio en un espasmo involuntario cabe decir, ya que ni bien entró en contacto con el los labios de Elizabeth la mente de Mikhail quedó totalmente en blanco.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 7:00 pm

Si se paraba a pensarlo un poco se daría cuenta de que Dominic estaba muy raro en ese momento. Ya no era sólo que hubiese tardado tiempo -por poco que fuera en realidad- en responder su pregunta ni que tuviera la osadía de sentarse cerca de ella cuando sabía perfectamente que estaba molesta y que en esas ocasiones era mejor mantener la distancia, sino que además se la había quedado mirando de una manera tan intensa que le dio escalofríos. Estaba siendo observada y eso no solía incomodarla, pero era más bien quién la observaba y la manera en que lo hacía la que le ponía los pelos de punta. Se sentía como una rata de laboratorio siendo observada por un científico que la usa de experimento, o al menos esa es la mirada que creyó ver plasmada en los ojos zafiro de su acompañante y, de más está añadir, eso le pareció sin duda extraño e inusual. Sin embargo... estaba claro que nada se compararía a lo que sucedió después.

Creyó que no la seguiría, que la dejaría marchar pero se equivocó con creces porque ni bien se alejó medio metro sintió algo tomarla del brazo derecho y tirar de él, sacándole un quejido por la poca delicadeza de tal acción y una protesta por lo molesta que le había puesto que él la detuviera, bueno, más bien para intentar ocultar que sus mejillas habían pasado de tener un ténue color rosa de rabia a uno de vergüenza al haberse visto descubierta. Fue incapaz de liberarse y todo lo que pudo hacer fue colocar sus brazos entre ella y el torso ajeno en un mero impulso, pues ni cuenta se había dado cuando él la acomodó en su pecho. ¿Qué demonios intentaba Dominic? Fuera lo que fuese escapaba a su compresión y cuando él le cuestionó aquella estúpida pregunta frunció el ceño con notoriedad, aunque su tajante y venenosa respuesta quedó una vez más detenida antes siquiera de salir de sus labios. Jamás pensó que el ojos zafiro tuviera tanto poder sobre ella, ¿un simple contacto, la súbita cercanía y verle relamerse los labios con ese toque de malicia era suficiente para dejarla sin palabras ni argumentos? Así parecía ser, y por si fuera poco eso logró que un nuevo escalofrío recorriese su espalda, aunque ni ella sabía si fue provocado por esas cosas ya mencionadas o por la nueva mirada que recorrió su rostro.

No sabía qué estaba pasando, en verdad le parecía estar soñando de tan extraña que era la situación. Muy apenas lograba mantener la mirada del varón y estaba nerviosa, le era ya imposible ocultarlo aún cuando su ceño siguiera fruncido y su expresión mostrase enojo. Tragó grueso cuando le ordenó que dejara de huir y cuando la tomó de la cintura hizo fuerza con sus brazos -con ambos si es que él le había soltado el derecho- en un intento por hacer distancia y librarse de ese extraño agarre que, lejos de lo que pensaba, no le había agradado demasiado, al contrario, trajo consigo aquella sensación de desagradable familiaridad que había sentido cuando el profesor la tocó. No tuvo mucho tiempo para pensar en ello, cuando le susurró las siguientes palabras detuvo sus acciones al completo y sus pómulos enrojecieron, no de una manera vistosa e intensa, más bien fue un sonrojo suave pero que en su pálida piel resaltó como sangre sobre la nieve.

- ¿P-pero qué haces? ¡Idiota suelta...! -no pudo acabar la frase, se quedó literalmente muda cuando el aliento ajeno empapó sus labios y sus ojos se abrieron de golpe con clara sorpresa por la repentina cercanía, aunque para cuando la boca ajena se apoderó de la suya la muchacha entró en shock durante los primeros -y casi eternos- dos o tres segundos. Despertó de su trance sólo cuando sintió algo húmedo atravesar sus labios sin permiso, introduciéndose en su boca sin consideración, incluso hubiera jurado que buscaba reclamarla como suya. No pudo oponer resistencia ni cuando la besó ni cuando le introdujo la lengua, tampoco cuando pegó sus cuerpos tanto que ni el aire pasaría entre ellos, haciéndola sentir el calor ajeno a pesar de que no lo disfrutaba, es más, la sofocaba.

No lo entendía, de repente todo su cuerpo había perdido la fuerza, si el mero hecho de mantenerse en pie le costaba horrores pues sus piernas temblaban, al igual que el resto de su anatomía. Cerró los ojos con fuerza buscando no derramar las lágrimas que de pronto se le habían agolpado en los orbes al tiempo que intentaba alejarse usando sus brazos para empujar al varón por el torso sin demasiado resultado, es más, su oposición parecía no surtir ningún tipo de efecto, como si de repente se hubiera convertido en una muñeca que bailaba al son que otro le marcaba. Aún así no correspondió, se resistió cuanto pudo e incluso intentó morder a la lengua intrusa o a los labios ajenos, alejando su propia lengua cuanto pudiera. Jamás se imaginó que los besos de Dominic fueran tan... no sabía ni cómo describirlo, pero le resultaba desagradable. No tenía palabras en esos momentos pero sin duda no era nada placentero, se sentía obligada, encarcelada, ahogada y -por extremista que suene- violada. Era una sensación repugnante incluso y buscó por todos los medios acabar con ello, pero en su posición y estado era impsoible de golpear al varón por lo que no le quedaba más remedio que resignarse, esperar a que él la soltara para entonces darle su merecido. No obstante, su liberación vino de la mano de la última persona a la que esperaba ver en ese preciso momento...



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 7:52 pm

¿Cómo describir mejor el aburrimiento que Dominic sentía? Era imposible que algo lograse explicarlo mejor que la misma imagen de Dominic tirado prácticamente sobre la mesa durmiendo a tal punto de parecer que en cualquier podría comenzar a roncar. Adivinación era aburrido, no lo iba a negar, ni siquiera sabía la razón por la cual estaba metido en una materia como esa, aunque siendo sinceros, tampoco es que le interesase mucho aprender sobre runas antiguas y debiendo elegir entre cualquiera de esas dos, optó por adivinación al ser una asignatura mucho más relajada (clara señal de ello era que podía dormir cuanto quisiera y aún así la profesora prácticamente ni le molestaba por ello.). Estuvo profundamente dormido hasta que a lo lejos, pudo oir que la clase había terminado.

Tras aquella mágica frase, los orbes del peliplata se abrieron, sintiendo molestia en un principio, más que nada por la intensa luz que golpeó sus orbes ni bien los abrió. Un sonoro y largo bostezo escapó de sus labios mientras que en su lugar se estiraba para desperezarse un poco, levantándose lentamente para comenzar a caminar en dirección a la salida del salón de clases. "¿Por qué debo tomar clases optativas..?" Se preguntó mentalmente al tiempo que avanzaba con una lentitud tal que parecía un anciano que tardaba horas en caminar apenas unos metros. Su mente trabajaba sin cesar, la principal razón de ello fue que no había visto a Elizabeth al comenzar la clase y tampoco al finalizar la misma, aunque no era extraño ya que había una enorme laguna en todo el intermedio de la misma.

Se quedaría pensativo, hacía ya algunos días que no se cruzaba con la rubia, específicamente desde el día que habían estado en la enfermería. Acarició su rostro y sonrió de medio labio, al menos estaba contento de que no hubiera quedado una horrible marca en su rostro y aunque no fuera a admitirlo, agradeció a Mikhail, ya que si él no hubiera utilizado aquel hechizo sobre Elizabeth para cerrar sus heridas, probablemente ahora tendría una cicatriz arruinando su piel. Mientras avanzaba volvió a pensar en Elizabeth. ¿Por qué estaba preocupado de que ella le hubiera estado evitando? No lo sabía, a deir verdad, era extraño ya que nunca antes le había molestado que lo hiciera. ¿Se habría dado cuenta de las verdaderas intenciones que el varón había tenido ese día y le evitaba porque estaba molesta?

No tenía idea de la razón por la cual la mujer podía estar ignorándole de esa forma, y dicha duda se vería reflejada en el rostro del ojiazul. Tan absorto en sus pensamientos se encontraba que ni se percató de que estuvo a punto de chocar con tres estudiantes mientras avanzaba sin prestar atención a su alrededor, afortunadamente, los otros tres jóvenes habían tenido buenos relejos y habían logrado esquivar al despistado varón evitando así un problema innecesario. Su ensimismamiento acabaría al escuchar a dos estudiantes indiscretos que al son de "¿Es Elizabeth besándose?". La mirada del peliplata se alzó, dirigiendo una incrédula mirada hacia donde los estudiantes señalaban. ¿Es ella en verdad? Fue lo que musitó en una pregunta a sí mismo sin poder creer lo que veía.

No había duda, se trataba de la rubia en cuestión. ¿Pero quién era el imbécil que había tenido la osadía de besarla? Esa era una incógnita y debido a la posición de ambos respecto a Dominic, le hacía imposible averiguarlo desde donde estaba porque el varón que acompañaba a la joven le estaba dando la espalda. No podía creer lo que sus ojos le mostraban en ese momento ¿La Elizabeth que él conocía besándose en un lugar así? Aunque la pregunta en realidad sería. ¿La Elizabeth que él conocía estaba besando a alguien? Sus puños se cerraron, al tiempo que sus músculos se tensaron, un extraño sentimiento comenzó a hacerse presente en su interior. ¿Qué era lo que sentía en esos momentos? Era algo extraño, jamás se había sentido de esa forma podían ser... ¿Celos? No, no podían ser celos, ella no era nada de él después de todo.

Abrió su boca con claras intenciones de decir algo al respecto de aquella extraña situación, sin embargo se detuvo al decirse que no tenía razón alguna para hacerlo, no era su asunto, ella no le pertenecía, ella no era nada de él... ¿Pero qué..? ¿Ella intentaba liberarse de aquel sujeto? Si, no había dudas, ella intentaba separarse de un tipo que no se lo permitía y eso él no iba a peritirlo. Sin pensarlo avanzó rápidamente en su dirección, pero se quedó tieso en un instante. ¿Qué demonios estaba pasando? Su rostro demostraría su sorpresa, era él mismo el que estaba prácticamente forzando a la rubia a un beso que ella no deseaba. "Poción multijugos..." Se dijo mentalmente antes de que su rostro mostrase molestia y agresividad.

No dijo nada, no tenía razón para hablar, sabía lo que tenía que hacer. De un tirón separó al desconocido de la joven, y antes de que siquiera pudiera responder le dio un golpe directo a la mandíbula. El impostor caería estrepitósamente al suelo, pero no le alcanzaba con eso, no, para nada, estaba furioso por lo que acababa de ver y no iba a dejarlo pasar así como así. Cuando el extraño peliblanco cayó al suelo, Dominic se abalanzó sobre él y comenzó a golpear su rostro con tal furia que parecía estar dispuesto a matarle. Golpe tras golpe, el accionar del varón no se detendría ni ante los desesperados gritos de los pocos testigos que pedían que se detuviese, poco a poco, el rostro del extraño comenzó a ensangrentarse, al mismo tiempo que los puños de Dominic hacían lo mismo, pero lejos de ser debido a lastimaduras en sus manos, era porque las mismas comenzaban a teñirse con la vitae del desdichado imbécil que había osado poner sus manos sobre Elizabeth.

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Mikhail Smirnov
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 8:45 pm

Dulces... dulces y suaves eran los labios de aquella muchacha, era extraño que una joven como ella fuera poseedora de unos labios como aquellos, más considerando que se trataba de una muchacha problemática y agresiva. Pareció perder noción de su alrededor luego de entrar en contacto con la boca ajena, todas las acciones que ella intentó para hacer que él se separase no fueron tomadas en cuenta por Mikhail que estaba encantado al poder disfrutar por fin del contacto con Elizabeth, un contacto que él ansiaba desde que ella tenía tres años de edad. Fue debido a su aparente pérdida de consciencia momentánea que no se dio cuenta de que algunos alumnos se habían detenido a observar la extraña escena, estando entre ellos el mismísimo Dominic que les observaba con rabia.

No supo cuánto tiempo pudo disfrutar de aquel beso unilateral, pues muy a su pesar, la joven no correspondería, aunque en esos momentos eso le era absolutamente indiferente, él disfrutaba de la situación, muy a pesar de que la joven no lo hiciese, pero que el contacto se viera interrumpido por un tercero logró hacerle despertar de su trance, aunque no lo suficientemente rápido como para evitar el feroz puñetazo que recibió en el rostro. No logró reaccionar para evitar la caida, el golpe le había dejado mareado y eso era sorprendente, no esperaba que alguien pudiera marearlo de un solo golpe. Su vista buscó lo más rápido que pudo al responsable, dándose cuenta que se trataba ni más ni menos que de su sobrino. Vaya que la situación se había complicado.

Intentó decir algo, pero tan pronto como sus labios se entreabrieron para hablar, un nuevo golpe le haría guardar silencio al sentir como un terrible dolor comenzaba a invadir todo su rostro. Intentó detener al menor, pero la imparable catarata de golpes se lo impediría, haciendo que su rostro se moviera de un lado al otro. Comenzó a sentir un familiar sabor en la boca, estaba comenzando a llenársele de sangre. La golpiza continuó durante algunos segundos más mientras los gritos de algunos estudiantes resonaban en el lugar pidiéndole al verdadero peliblanco que se detuviese. Intentó una vez más detener los movimientos, algo que lograría a duras penas al conseguir aferrarse a sus brazos, y gracias a una fuerza igual o incluso superior a la del menor, logró finalmente hacer que se detuviera, pero aún estaba su merced.

Debía actuar rápido, y así lo hizo, pues ni bien detuvo la demoledora golpiza, dio un empujón al varón lo suficientemente fuerte para hacer que se separase lo suficiente para poder tomar su varita y utilizar el hechizo expulso, lanzándolo algunos metros hacia atrás. Se levantó rápidamente y sin siquiera mirar atrás comenzó a correr en dirección al bosque prohibido. Dudaba que alguien fuese tras él, y si salía directamente hacia el castillo podrían seguirle y terminar averiguando que se trataba de él. Sangrando y adolorido avanzó a gran velocidad alejándose de aquel lugar sin mirar atrás ni una sola vez, estaba molesto, el maldito de su sobrino había vuelto a meterse en su camino, recordándole a su propio hermano cuando años atrás le había dado una golpiza igual o peor que la que acababa de darle Dominic. Se adentró en el bosque y continuó avanzando sin detenerse, escapando al fin de aquel maldito lugar.

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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 8:58 pm

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En su situación era obvio que no fue capaz de enterarse de nada de lo que ocurría a su alrededor, lo único que ocupaba su mente era intentar separarse del hombre que la besaba y, dado que no lo conseguía por ningún medio, rogar porque la soltase pronto antes de que la ahogara pues a cada segundo que pasaba el aire la abandonaba y su cabeza le daba vueltas, como si un súbito mareo se hubiera apoderado de ella. ¿Qué demonios le estaba pasando? Ella no era una mujer débil, y sin embargo una acción como aquella había derrumbado todas sus defensas, hasta sentía ganas de llorar y eso sí que era impensable para ella. Pero... ¿qué más podía hacer? Todos sus intentos por liberarse eran inútiles y lo peor de todo era que sus fuerzas empezaban a desaparecer. ¿Cómo seguir resistiéndose si muy apenas le quedaban fuerzas para pensar con claridad?

La situación dio un giro inesperado cuando un tercero intervino. No vio quién era, sólo sintió que la opresión en sus labios finalizaba al igual que el desagradable contacto en su cintura. Mantuvo la boca abierta para respirar a grandes bocanadas en un intento por recuperar el aire robado y fue entonces, al escuchar un potente golpe, cuando abrió los ojos encontrándose con una escena nada común. Dominic... ¿siendo golpeado por Dominic? Si no fuera por la expresión de rabia en uno de los platinados hubiera jurado que sus sentidos le estaban jugando una broma pesada pues en ningún momento se le pasó por la cabeza que alguien fuera tan rastrero como para usar la poción multijugos -dejando de lado que era endiabladamente complicada de hacer- para transformarse en el peliplata sólo para acercarse a ella y robarle un beso, el primer beso ni más ni menos. No es que Elizabeth fuera una mujer muy romántica, con todo lo que le había pasado era realmente difícil que creyera en el amor y todas esas cosas, pero la vida le había arrebatado muchas cosas... y en ese momento le había quitado una que, sinceramente, hubiera deseado entregar ella misma.

Permaneció en shock unos segundos, los que necesitó el verdadero ojos zafiro para abalanzarse contra el otro varón en pos de darle una paliza. Elizabeth no pudo evitar seguir con la mirada los movimientos ajenos y se quedó casi literalmente de piedra al ver lo que estaba sucediendo justo delante de sus narices. No podía dar crédito a lo que veía, pero la mirada de Dominic logró hacerla temblar... logró atemorizarla. ¿De verdad ese era el Dominic que ella conocía? No quería creerlo, él no sería capaz de matar a alguien... Ni siquiera escuchaba los gritos de los curiosos que allí habían empezado a reunirse, es más, sólo tenía consciencia de que en el lugar estaba ella junto a los dos varones, nadie más. Tembló nuevamente, respirando con dificultad mientras en su mente se repetía que debía hacer algo, que tenía que detenerle pero su cuerpo no reaccionaba, no obedecía sus órdenes y no le quedó más remedio que quedarse allí y esperar. No quería seguir mirando, y sin embargo se veía incapaz de alejar sus ojos de la figura del albino dominante. El único movimiento que fue capaz de hacer fue el de llevar ambas manos a su boca, tapándola mientras entrecerraba los ojos en un intento de que las acumuladas lágrimas no se desbordaran.

- Basta... Por favor... Detente... -dado el jaelo que se armó a su alrededor y de la furia de su compañero lo más normal era que no le escuchara, realmente muy a duras penas se oía ella misma aunque su súplica tuvo respuesta cuando el impostor logró defenderse, mandando lejos al menor con un hechizo antes de huir a la carrera para conservar la vida, pues todos los presentes asegurarían que el ruso sería capaz de matar al que había osado sustituirle si es que no llegaba alguien capaz de detenerle antes. En cuanto a la rubia apenas se dio cuenta de que la pelea había terminado se dejó caer, golpeando sus piernas contra el suelo cuando éstas fueron incapaces de seguir soportando su peso. Se veía patética, la alumna más problemática y violenta de todo Hogwarts había sido reducida a una chiquilla miedosa en menos de unos minutos. No quería que nadie la viera, que nadie hablara de ella pero eso era claramente imposible, de seguro ya habían empezado a extenderse miles de rumores acerca de la situación... y tenía miedo, miedo de la posible reacción de Dominic. Había estado a punto de matar al que le había suplantado, ¿qué le aseguraba que con ella no sería igual o más violento? Teniendo en cuenta el historial de ambos y su actual estado Elizabeth era incapaz de pensar en algo bueno, todo lo que pudo hacer fue bajar el rostro, ahogando con sus manos los sollozos que luchaban por salir de su profanada boca.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 10:24 pm

No supo cuál fue la razón por la cual no podía detenerse, su cuerpo no le respondía, muy a pesar de que su mente le ordenaba que parase no lo hizo. No era normal, nunca antes se había comportado de esa forma después de todo. ¿Por qué demonios había actuado de esa manera? No podía entenderlo y fue durante un breve lapso que todo a su alrededor pareció silenciarse por completo. Nada parecía llegar a sus oidos, ni los gritos de los presentes, ni el sonido de sus puños impactando sobre el rostro del sujeto desconocido, nada parecía importarle, sin embargo, en medio de aquella especie de burbuja escucharía algo que le haría dudar. La voz de la joven pareció resonar en su cabeza al oir que por favor se detuviese. El tono de la fémina ciertamente logró hacer que su alma pareciera estar a punto de desgarrarse, deteniéndose el tiempo suficiente para su tio lograse tomarle por los brazos y sacárselo de encima con el hechizo expulso.

Ni bien cayó al suelo estuvo a punto de salir detrás del lastimado varón que huía como si su vida dependiera de ello (cosa que era cierta), sin embargo, el ver como Elizabeth caía al suelo le hizo detenerse en seco. El murmullo de los presentes parecía no acabar murmurando infinidad de estupideces a las que Dominic ni siquiera prestó atención, pero que detendría con una simple mirada que hizo que todos los que allí estaban saliesen corriendo como lo acababa de hacer el que había recibido la golpiza. Respiró profundo, sentía rabia aún en su interior, pero no podía culpar a la muchacha, ni siquiera sabía la razón de sentirse así, ¿cómo podía culpar a Elizabeth si ni él sabía lo que le pasaba? Dirigió la mirada hacia la rubia y la mantuvo clavada sobre ella durante algunos segundos que parecieron enternos.

Tras aquella aparente eternidad, el varón comenzó a caminar en dirección a la rubia, llegando a su lado para luego arrodillarse sin saber bien que decir o que hacer en una situación como aquella. Extendió su diestra para intentar calmar a la joven, y fue solo en ese entonces que se percató de que sus manos estaban tan cubiertas de sangre que parecía que se había roto los nudillos cuando en realidad no era así. Limpió la sangre como pudo con su túnica y se quedó observando a la muchacha nuevamente. Y-Y-Yo... Diría mientras su mente intentaba buscar las palabras adecuadas, aunque en realidad no podía encontrarlas. Suspiró con amargura mientras su mirada se desviaba ligeramente hacia la derecha no sabiendo si su presencia allí podía calmar a la mujer o simplemente hacerla poner aún más nerviosa de lo que ya estaba.

Tardó varios segundos en obtener valor nuevamente para volver a extender su diestra en dirección a la muchacha, apoyando la misma sobre su espalda con suavidad. ¿Estás bien? Sabía que era una pregunta estúpida y podía imaginar una posible respuesta, pero en esos momentos fue lo único que logró salir de su boca. ¿Te hizo daño? Preguntaría nuevamente en un vano intento por que aquella incómoda y horrible situación se acabase, aunque estaba más que claro que eso no sucedería, no por por el momento. Fue así, que comenzó a acariciar suavemente la espalda de la mujer, pero intentando reconfortarla, aunque quizás no sería una buena idea y terminaría haciéndola poner aún más nerviosa. "¿Por qué tenía que pasar esto?"

Sentía el imperioso deseo de rodear a la muchacha con sus brazos, pero estaba consciente que dada la traumática situación que por la que acababa de pasar, quizás ese tipo de contacto físico no era demasiado recomendable. L-Lo siento... lamento si te asusté... lamento no haber llegado antes... Diría hasta que finalmente no pudo contener más el deseo de rodear a la joven con sus brazos. Le abrazó con una suavidad que difícilmente podría atribuirse a él, más considerando la manera en la que había golpeado a un sujeto apenas algunos segundos atrás. Su diestra se dirigiría a la cabeza de la joven para acariciarla con suavidad, mientras que la zurda buscaría dar una suave caricia sobre la mejilla de Elizabeth, aunque claro, haría esto si es que ella no rechazaba el abrazo, ya que ante el menor indicio de que la joven buscase separarse de él, la soltaría para no incomodarla.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 10:57 pm

No esperaba haber sido ella quien logró detener a Dominic, aunque sí que llegó a darse cuenta de ese breve momento en el que él se paró, como si algo le hubiera congelado permitiendo así que el impostor se librase de él y escapara. No le prestó demasiada atención en realidad, estaba más ocupada intentando mantener la poca dignidad que le restaba, más bien intentando no llorar pues le daba igual lo que los alumnos pudieran pensar de ella, lo que no quería era que utilizaran la situación a modo de burla hacia ella. Bastante había tenido con sufrirlo como para que encima se lo recordaran a cada momento con el típico tono cruelmente burlesco que hasta el más amable y tímido adolescente es capaz de poseer. En cualquier otra burla respondería ignorando o golpeando, pero estaba tan confusa, tan desconcertada que no sabía cómo sería capaz de reaccionar si a cualquiera se le ocurriese burlarse de ese beso.

De una forma u otra su mente estaba en blanco, buscaba detener el llanto por mero instinto de conservación y cuando escuchó los pasos del varón -fácilmente reconocibles para ella- su temblor aumentó y sus músculos se tensaron, ignorante de las verdaderas intenciones del peliplata al acercarse a ella y que, lejos de lo que pensaba, no eran ni por asomo violentas. No vio la mano ensangrentada que se dirigió hacia ella, ahorrándose así un posible y puede que fugaz episodio de terror que la habría hecho alejarse de Dominic añun cuando para ello hubiea tenido que arrastrarse por el suelo al comprobar que sus piernas -más bien casi todo su cuerpo- no le respondían. Al escucharle su cuerpo se relajó un poco, aunque no tuvo valor para alzar el rostro, todavía estaba confusa por lo ocurrido y si veía el mismo rostro que le había robado un beso su reacción podía ser violenta o temerosa, puede que incluso ambas.

Se estremeció de pies a cabeza y un sollozo casi mudo escapó de sus labios al sentir la mano ajena en su espalda, notando cómo al mismo tiempo sus músculos volvían a tensarse como esperando algún golpe que nunca llegó, pero era preocupante ver a la joven en ese estado. Si ya había sido increíble verla en shock en la enfermería, notarla así, tan débil e incluso indefensa debía ser una prueba de que los imposibles eran realmente posibles. No respondió a la primera pregunta pero tras la segunda negó un poco, apenas sí llegó a mover su rostro de un lado a otro para dar una respuesta entendible pues estaba segura de que si liberaba su boca sólo saldrían más sollozos y palabras incongruentes. Aún así no creía que su respuesta fuera sincera. No tenía ningún daño físico pues, aún desagradable, cabía añadir que el otro Dominic había sido más o menos delicado y no le había causado herida alguna en el cuerpo... pero su interior ya era otra cosa.

Que él se disculpara, no obstante, pareció hacerla reaccionar pues lentamente sus manos abandonaron su posición, bajando apenas unos centímetros para permitirle hablar si es que el nudo en su garganta le dejaba articular alguna palabra coherente. No pudo hacerlo, al menos no antes de que él la abrazara y cuando su rostro quedó oculto en el pecho del menor no pudo evitar aferrarse a su camiseta con ambas manos, hundiendo aún más su rostro si es que eso era físicamente posible. No impidió la cercanía ni tampoco el contacto, ¿por qué? Se supone que debería rehuirlo, que ese mismo cuerpo era el que la había dejado en ese estado... y sin embargo sabía que no era así. En su interior lo sabía, y su cuerpo lo notaba. El cuerpo del impostor era cálido de una manera agobiante, la sofocaba y le impedía respirar; el de Dominic era cálido también, pero de una forma agradable, como el fuego de una chimenea en invierno o el calor de una manta cuando se tiene frío, la reconfortaba y la tranquilizaba pese a que su interior seguía siendo un mar embrabecido, un océano en plena tempestad.

- L... L-lo si-ento... -se disculpó una y otra vez, en susurros casi inaudibles y entrecortados. ¿Por qué pedía perdón? Ni ella lo sabía, sólo sentía que era lo que necesitaba para quitarse un peso de encima, que su compañero se merecía una disculpa por haberse dejado besar, por haber permitido que alguien bajo su apariencia le hubiera robado ese primer beso que la mayoría de las chicas guardaban tanto o más celosamente que su propia virginidad... irónicamente eso era todo lo que le quedaba, lo único que la vida podía quitarle ya, o eso creía. Quizá pronto se daría cuenta de que había cosas que le importaban mucho más que su cuerpo, mucho más que ella misma... a parte de su familia adoptiva. Durante seis años tuvo a alguien que estuvo siempre para ella, igual que ahora.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Sáb Ene 21, 2012 11:43 pm

Era desgarrador que la muchacha se encontrase en ese estado, jamás le había visto de esa forma, si bien lo que había ocurrido en la enfermería había tenido un tinte melancólico y triste a causa de todo lo que había sucedido, ella había estado bien dentro de todo, es por ello, que en un momento como el de ahora el varón simplemente podía maldecir por el giro que habían tomado los acontecimientos. ¿Cómo culpar al joven de sentirse de esa manera si todas y cada una de las crisis que la muchacha había tenido últimamente habían sido por su culpa? Directa o indirectamente se sentía responsable de todo lo que a ella le había ocurrido. De más está decir que cuando ella le respondió con ese suave movimiento de cabeza dejó escapar un suspiro de alivio, al menos no le había lastimado físicamente, pero su mente era otro tema.

Se quedó en silencio, no sabía que decir en un momento como aquel y a decir verdad, se había sorprendido bastante cuando ella no le alejó, sino que por el contrario, se aferró de sus prendas. Lo que él haría sería simple, continuaría acariciando la cabellera de la rubia con suavidad, como si estuviese dándole un suave masaje para que ella lograra calmarse, mientras que su mano izquierda descendería en dirección a la espalda de la mujer para dar suaves caricias sobre la misma con el mismo objetivo que las que le daba en la cabeza. De haber sabido que ella había estado nerviosa pensando que él sería capaz de golpearle por lo que había sucedido le habría hecho molestarse, ¿de verdad pensaba que él podía ser así? Aunque en realidad, lo que hubiera sentido sería dolor, dolor de pensar que Elizabeth podía considerarle un tipo violento al punto de ser capaz de golpearla luego de lo que había ocurrido.

Fuera como fuera, el tiempo pareció detenerse mientras intentaba lograr que ella se calmase. El silencio que les rodeaba parecía total, solamente el sonido del agua era el que podía apreciarse, junto con quizás uno que otro sollozo de Elizabeth. El silencio duró hasta que la joven lo rompió para comenzar a disculparse. ¿Por qué se disculpaba? No lograba entender la razón por la cual ella se disculpaba como si hubiera tenido la culpa de algo como lo que acababa de ocurrir. No te disculpes, nada de lo que pasó ha sido culpa tuya... Diría tranquilamente mientras continuaba con las suaves caricias sobre el cuerpo de la rubia. Es por eso que reaccioné de esa forma... Diría mientras apoyaba su mejilla sobre la cabeza de la joven. No podía dejar que te hicieran algo que no quisieras...

Las caricias del varón se detuvieron por breves segundos en los cuales volvió a su posición normal, separando su mejilla de la cabeza de Elizabeth con la única intención de acercarse nuevamente dando un corto besito sobre la misma. Yo soy al que debes disculpar... por no haber llegado antes y evitar que todo esto sucediera... Abrazó un poco más fuerte a la joven mientras sus dientes se apretaban, pero poco durarían de este modo ya que se tranquilizó nuevamente. Me alegra saber que no te lastimó... Sus brazos buscaron separar ligeramente a la muchacha para poder darle una suave caricia en la mejilla y más que nada, para observar si es que ella estaba llorando (algo poco probable pero que podía ocurrir) y si era así, secar sus lagrimas.

Independientemente de si la rubia estuviese llorando o no, él buscaría observarle a los ojos con una intensidad con la que nunca antes la había visto. Liz yo... Involuntario, inconsciente, sin darse cuenta le había llamado Liz, algo que nunca antes había hecho a pesar de que llevaban bastante tiempo de conocerse. te doy mi palabra de que no dejaré que nunca más nadie te lastime o haga algo que no quieras... Diría sin siquiera ponerse a pensar en las posibles maneras que ella podría llegar a burlarse en el futuro por aquella línea cursi que acababa de utilizar. ¿Si? Preguntó con un tono de voz que mostraría preocupación e incluso ternura. Su mirada se mantuvo sobre la joven y tras un suave suspiro, comenzaría a acercarse en dirección a la frente de la muchacha para darle un suave besito sobre la misma para en cierto modo, cerrar esa promesa, claro, si ella le permitía posar sus labios sobre su rostro luego de lo que había ocurrido.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 12:20 am

Agradeció en silenco la atención que estaba recibiendo de parte de su compañero. Realmente jamás creyó que podía ser tan delicado e incluso dulce, es más, creyó que esa muestra de ternura que le demostró semanas atrás al felicitarle su primer y más o menos desafortunado cumpleaños en Hogwarts no se repetiría, que había sido una excepción... y sin embargo ahora estaba siendo casi acunada por él, como una niña que busca la protección de alguien para sentirse a salvo. Ahora se arrepentía de su anterior pensamiento, realmente había sido cruel al creer que él podría hacerle daño en esa situación. No le agradaba saber que había llegado a pensar eso de él, pero tampoco es que se la pudiera culpar a decir verdad. Dominic parecía descontrolado, controlado por la ira y mostrando una expresión que ella jamás le había visto. De todas formas su pensamiento quedó en eso, una suposición errónea gracias al cielo y no iba a salir de su cabeza, la dejaría allí encerrada pues no quería que él se molestara con ella, mucho menos que se enfadara. Le necesitaba con ella, a su lado, por lo que evitaría cualquier cosa que pudiera hacer que se alejara.

Sus numerosos "Lo siento" se cortaron cuando el varón retomó la palabra, alegando que no debía disculparse, que no había sido culpa suya y tenía razón, pero según parecía la joven no pensaba igual. No obstante, y evitando por todos los medios llevarle la contraria asintió con apenas un tímido movimiento de su rostro contra el torso ajeno, guardando silencio y escuchando con atención lo que él le decía, sorprendiéndose un poco por lo que le estaba contando. Vale que su relación fuera extraña pues eran compañeros de clase y curso pero no es que pudieran llamarse amigos o enemigos, en cierto modo eran rivales y al mismo tiempo como un proyecto de amigos, por así decirlo; pero de todas formas él no tenía porqué cuidarla o protegerla, y mucho menos tenía porqué disculparse. Él estaba seguramente en clase de adivinación, era físicamente imposible que hubiera llegado a tiempo para impedir el beso, y aún sin estar en clase lo más probable es que hubiera estado lejos, lo suficiente como para no llegar por rápido que fuera. Por ello negó tras aceptar ese beso en su cabeza que logró relajar parte de sus músculos todavía tensos y cuando él afianzó su agarre ella hizo lo mismo sin variar su posición en ningún momento. No sabía si es que fue así siempre o era por la situación, pero estar entre los brazos del menor era cómodo, se sentía bien ser abrazada aún cuando fuera por alguien tan imprevisible como el peliplata.

Dejó que la separara sin oponer mucha resistencia, todo lo que tuvo que hacer fue retirar su rostro del pecho ajeno pues no soltó la camiseta que aferraba con sus manos y no parecía tener intención de hacerlo ni aunque la obligaran a ello. La nueva caricia la hizo estremecer, incluso le erizó la piel y dejó escapar un nuevo sollozo acompañado de una única y solitaria lágrima que descendió de su orbe derecho. No quería llorar, no delante de él aunque no por orgullo, sino porque no quería que él la viera aún más débil de lo que ya se veía, no quería inspirarle lástima ni a él ni a nadie, pero mucho menos a él. Intentó evadir su mirada al no encontrar el valor para sostenerla, pero cuando le escuchó nombrarla con una de las abreviaturas que sólo su hermanastro utilizaba -más bien que sólo a él le permitía usar- no pudo evitar alzar sus orbes para verle, mostrándolos cristalizados pero sin rastro de lágrimas en sus mejillas. Los sollozos podían escapársele, pero al menos tras esa primera y última lágrima ninguna otra se derramaría por su rostro. Fuera como fuere la intensidad con la que él la miraba la puso nerviosa, incluso llegó a estremecerla y a hacer que un calor ya conocido ascendiera hasta sus mejillas. Su nombre no era nada del otro mundo, que lo compartiera con la reina de Inglaterra era mera coincidencia... pero entonces... ¿por qué ese simple diminutivo sonaba tan bien en los labios del varón? Ni lo sabía ni quería averigüarlo, no en ese momento y menos cuando aquella promesa quedó sellada con el beso sobre su frente que le hizo recordar a esa primera muestra de dulzura que había quedado como secreto entre ambos en las paredes de la biblioteca.

- ¿Por... P-por qué? -quiso añadir algo pero no fue capaz, las palabras ya no le salían. Se sentía feliz de que él prometiera protegerla, pero no podía evitar sentirse confusa e incluso desorientada. Durante seis años habían estado peleados, y a pesar de que en las últimas semanas su relación había dado unos giros curiosos y extraños, no encontraba razón alguna por la que él quisiera ahora defenderla. No pudo evitar preguntar y, pese a sus escasas palabras, estaba segura de que Dominic entendería lo que le estaba cuestionando, él era listo aunque tampoco es que hiciera falta tener su CI para averigüar a qué se refería la fémina cuando le preguntó. Además cuando le preguntó desvió la mirada, agachando el rostro en un intento por ocultar el tímido tono rosado que se había instalado en sus mejillas. Aún estaba inquieta por lo sucedido, pero quizás su curiosidad era más grande de lo que ella misma había pensado.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 1:08 am

Para su fortuna no le vio llorar, a decir verdad, si bien él hubiera secado sus lágrimas, el solo hecho de verle de esa forma le haría sentir aún peor por no haber estado con ella molestándole para evitar que algo así sucediera. No fue hasta que la joven le observó con aquella cristalizada mirada que entendió lo que había hecho, le había llamado de una manera que jamás lo había hecho y no solo eso, sino que era una manera por demás familiar y que era extraño en él que siempre le había llamado Elizabeth, cosa, enana, bocona y una larga lista de etc. No se detuvo a pensar en algo tan trivial como aquello, habían cosas más importantes en su mente en esos momentos, como por ejemplo, buscar soluciones para explicar aquella extraña forma de ser que estaba teniendo en esos momentos al prometer que la protegería si es que ella decidía utilizar algo así para burlarse de él en el futuro.

Toda idea rara que pudiera estar rondando su mente desaparecería ni bien se percató de que las mejillas de la muchacha se encontraban teñidas en un suave y bello color rosa delineaba sus delicadas mejillas. ¿Por qué se encontraba sonrojada? ¿Podía ser que estuviera conteniendo las ganas de insultarlo por llamarle de esa forma? No lo sabía, pero quitó de su mente aquella idea cuando ella rompió el silencio haciéndole una pregunta que él no esperaba y que le tomaría totalmente por sorpresa. Su rostro mostraría la sorpresa que le había hecho sentir con una pregunta tan simple como la que ella había formulado. ¿Por qué prometía algo así? ¿Cómo iba a responder algo de lo que ni siquiera él estaba seguro? Era difícil, buscar una respuesta terminaría haciéndole llegar a una conclusión que había estado intentando evitar.

Se quedó en silencio durante algunos segundos, segundos que le parecerían eternos mientras intentaba buscar las palabras adecuadas para expresar de manera correcta lo que quería decir, evitando que cualquier malentendido pudiera arruinar su verdadera intención. Yo... Diría en un casi imperceptible murmullo. quiero hacerlo... Respondió volviendo a observar a la joven, dándose cuenta entonces que ella había desviado la mirada. No le forzaría a mirarle, de hacerlo estaría comportándose como aquel imbécil que se había atrevido a besarla anteriormente. Liz, yo... Guardó silencio en ese preciso instante, nuevamente estuvo por hacer una tontería por seguir sus impulsos aunque para su fortuna logró detenerse.

¿Era posible que lo que había estado a punto de decirle a la mujer fuera verdad? ¿Que algo así pudiera haberse encontrado albergado tan profundo en su interior que ahora era que venía a darse cuenta? Estaba confundido, y con razón, su mente estaba hecha un verdader lio por lo todo lo que había ocurrido en el último tiempo, más aún ahora que había estado a punto de hacer una confesión por demás comprometedora. Guardó silencio, no supo la razón, quizás temía a la respuesta de la rubia, quizás temía a una posible burla, una negativa, o quien sabe qué, lo cierto es que en esos momentos podía sentir como algo parecía querer escapar de su interior, y era apresado en contra de su voluntad por la razón del ojiazul. Su mirada volvió a la joven, pero su rostro ahora mostraría un tenue sonrojo debido a lo que había estado a punto de decir.

Quizás lo mejor sería no tocar más el tema por el momento, tal vez deberían preocuparse por ir a un lugar donde no les buscasen en caso de que algún alumno hubiera salido corriendo en busca de un profesor para detener la golpiza que Dominic le había propinado al disfrazado Mikhail, pero no haría que ella se moviese de su lugar si no era ella misma quien tomaba la iniciativa. Olvida lo último que dije, no era nada importante... Comentó mientras le daba una nueva caricia en el rostro. ¿Quieres sentarte? Le preguntó con curiosidad y si la respuesta de la joven era positiva, avanzaría hasta el banco donde ella había estado antes, ayudándole si es que su cuerpo continuaba sin responder de manera correcta para poder desplazarse hasta allí por si misma. Lo único que esperaba es que ella no le preguntase qué era lo que había estado a punto de decirle, porque si lo hacía le metería en un aprieto del cual no podría salir fácilmente.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 11:56 am

La sorpresa mostrada en el rostro ajeno por su pregunta le pasó inadvertida pues no se sentía capaz de sostenerle la mirada ni al preguntarle ni cuando él respondiera, si es que lo hacía pues ella no le exigía una contestación, preguntaba por curiosidad, porque deseaba saber qué estaba pasando por la cabeza del ojos zafiro para prometerle protegerla cuando normalmente nunca eran capaces de estar cinco minutos en la misma habitación sin discutir y/o pelear. Aún así la hacía feliz. Sabía que los Croft la protegían, que estaban por y para ella siempre que lo deseara, que podía contar con Mattias y sus padres cuando necesitara ayuda, pero que él, que Dominic se lo dijera con esas palabras, con ese tono de voz la hacía sentirse segura, apreciada... querida.

Debido al silencio que se formó Elizabeth pensó que no iba a recibir respuesta, incluso pensó en no forzarle diciéndole que olvidara la pregunta, pero cuando él por fin comenzó a hablar no pudo cortarle, simplemente asintió en señal de que le había oído y de que no necesitaba más respuesta que esa. Pensó en volver a acercarse a él para apoyarse en su torso pero cuando la nombró de nuevo su rostro se alzó para mirarle al fin, con un brillo curioso en los ojos, como si le instara con la mirada a que continuase o, por otro lado, le pregutnara porqué se detuvo. Jamás se hubiera imaginado las dudas que cruzaron la cabeza del menor en ese momento, para ella gustarle al ruso era tan improbable como que el Sauce boxeador dejara de ser violento -o en palabras muggles, que los burros volasen- y no se daba cuenta de lo equivocada que estaba, porque parecía ser precisamente eso lo que estaba pasando.

Fuera o no así realmente ese no era el momento para confesarle algo como aquello, más aún cuando ella podía llegar a tomárselo como una broma pesada pues no sería nada normal que tras una situación como la ocurrida en el patio de pronto el varón se le declarara, además podía hasta considerársele aprovechado por decírselo en esas circunstancias, ella estaba débil física y emocionalmente, una declaración así podía ser contraproducente y era mejor ahorrarse los problemas. Dominic tendría tiempo de poner en orden sus sentimientos... y ella también, aunque eso no quitaba que el tono rojizo en las mejillas ajenas se le antojara extraño, el peliplata no era una persona de sonrojo fácil después de todo. No preguntó, la verdad es que no quería incomodarle y si le instaba a que continuara hablando probablemente sólo lograría ponerle nervioso así que lo evitó.

Asintió de nuevo cuando él le dijo que lo olvidara, le haría caso y dejaría de lado su curiosidad por ahora, tenía cosas más importantes en las que pensar y cuando le perguntó si quería sentarse apenas pudo murmurar un débil- -tras el cual añadiría algo que, en cualquier otra circunstancia, le daría vergüenza reconocer- Pero... N-no... No siento l-las piernas -no era verdad del todo pues sí que las sentía, pero era como si ni siquiera las tuviera pues por mucho que intentaba moverlas éstas no le respondían. Fuera lo que fuera que hiciera el varón -cogerla en brazos o servirle de apoyo para levantarse era lo más probable- la ojos esmeralda no pondría pegas, al menos no hasta que avanzaran unos pasos hacia el banco, mismo momento en que su agarre se afianzaría y el temblor volvería a apoderarse de su cuerpo.

Ella misma consideraba sus reacciones exageradas, había sido sólo un beso después de todo pero no podía controlar su cuerpo y, si resultaba que el peliplata sólo le servía de apoyo, ella intentaría retroceder para alejarse de la fuente. Su garganta se secó y sintió ganas de relamer sus labios, ahora hinchados y cortados pero contuvo el impulso para no notar también con la lengua el amargo sabor que se le había quedado impregnado en los labios- Sá... Sácame de a-aquí... P-por favor... -su tono de voz, tan bajo e incluso débil podía ser considerado más como una súplica que como una petición y no estaba lejos de serlo en realidad. Le daba igual dónde la llevara mientras fuera lejos de ese patio y de las miradas de los chismosos. No es que habitualmente aguantara estar a solas con Dominic, y después de lo ocurrido era extraño que se lo pidiera, pero no quería molestar a Mattias... y el albino era toda la compañía que necesitaba en esos momentos.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 4:43 pm

Se sintió aliviado cuando la joven simplemente asintió a su petición de que olvidara lo que había estado a punto de decir. ¿Qué iba a decirle en caso de que a ella se le ocuririese preguntar? Obviamente un momento como aquel no era el más indicado para hacer lo que casi había hecho de manera involuntaria, había sido lo mejor que se detuviese en ese momento. Su mente se quedó dando vueltas en el asunto durante algunos segundos más hasta que finalmente la joven le do una respuesta a la pregunta de si quería sentarse, siendo esta positiva, estuvo a punto de levantarse, pero la continuación de la respuesta de la joven le hizo detenerse para observarle con curiosidad, aunque su rostro no mostraría cambio alguno en su expresión. ¿No podía sentir las piernas? Eso si quer era extraño, pero no preguntó nada en lo absoluto.

Fue cuestión de inclinarse junto a la muchacha y tomar su brazo derecho para luego cruzarlo por sobre sus hombros para servirle de apoyo, ya que si bien podía fácilmente cargarla, era mejor que intentase caminar un poco para recuperar el control sobre sus piernas. Se levantó sosteniendo a la joven, ligeramente inclinado cabe añadir ya que la diferencia de estatura era considerable y si él optaba por erguirse completamente ella terminaría o colgado o de puntitas. Fuera como fuera, aseguró el brazo derecho de la joven tomándolo con su mano derecha y rodeó las caderas de la joven con su brazo izquierdo. Observó a la joven para ver si sus piernas soportaban su peso, aunque estaba claro que no debería hacer tanta fuerza porque el varón mismo le ayudaba a sostenerse. Ya seguro de que ella al menos podía mantenerse en pie, dio un paso en dirección al banco donde ella había estado, pero el nuevo agarre de la fémina, sumado a un extraño temblor que invadió a la misma le harían detenerse.

En el mismo momento que se detuvo, la mirada zafírea del varón se dirigió a la fémina durante unos breves segundos, aunque no haría falta preguntar nada, estaba claro que ella prefería irse de aquel lugar antes de que pudiera llegar algún chismoso o algún profesor. Estuvo a punto de preguntarle si quería ir a otro lugar, pero no tuvo necesidad de hacerlo, ella misma acababa de pedirle en un tono de que pareció una súplica que la sacara de allí. Debido a ello, fue que decidió girarse y comenzar a caminar en dirección a uno de los pasillos que parecía ser un callejón sin salida, pero lejos de ello, lo que buscaba era un lugar en el que poder quedarse un rato sin que nadie les molestase, ¿y qué mejor lugar que la sala de los menesteres? Menos de cinco minutos tardó en llegar allí y solo tuvo que caminar unas tres veces frente al muro pensando que quería un lugar tranquilo donde poder estar sentados y relajarse.

Cuando la puerta apreció frente a ellos, solo tuvo que cargar a la muchacha hasta el interior, pudiendo notar como aquella sala se mostraba ante ellos como una habitación de considerables dimensiones completamente alfombrada, cuya alfombra además de ser de un bello color rubí, era bastante gruesa para hacerla cómoda si es que decidían sentarse en el suelo. Sin embargo, la decoración también incluía un sin número de sillones de tamaño considerable junto con algún que otro sofá que podía servir incluso para dormir, un lugar no demasiado ostentoso, pero que ofrecía numerosas comodidades para los dos jóvenes. Luego de observar todo a su alrededor, el joven comenzó a caminar en dirección a un sofá lo suficientemente grande como para que incluso él pudiera acostarse sobre el mismo, y con delicadeza dejó a la joven sobre el mismo, quedándose parado frente a ella con una sonrisa en el rostro.

Estiró sus piernas y brazos ya que hacer todo el recorrido encorvado había sido algo incómodo, pero no se quejó ni mucho menos. Espero que puedas estar cómoda en este lugar. Diría observando a la rubia. Además aquí no aparecerá nadie para molestar. Rascó su cabeza y lentamente se inclinó hasta terminar por sentarse en el suelo frente al sofá. Me debes una barra de chocolate ahora. Comentó divertido antes de meter sus manos en el bolsillo sacando una barra de chocolate, era lo bueno de ser un sujeto medianamente popular con las mujeres, siempre terminaban dándole regalos y si eran dulces mejor que mejor, no porque le gustasen demasiado, sino porque en momentos como el de ahora tenía algo para ofrecerle a la rubia.

Se hizo ligeramente hacia atrás en el suelo luego de darle la barra de chocolate a la muchacha. Y dime... Se quedó observando hacia la nada misma durante algunos segundos. ¿Cuál es tu banda favorita? Preguntó con curiosidad ya que poco y nada era lo que sabía de ella, a lo largo de los años que llevaban de conocerse jamás habían tenido una conversación relativamente normal para los jóvenes de su edad, en realidad prácticamente no habían tenido conversaciones más allá de burlas y peleas. Aunque quizás no tengas una banda favorita... Respondió para él mismo sin saber qué tema de conversación podía sacar para acabar con el silencio e intentar que lo que había ocurrido pasase a segundo plano. Oh que va... soy pésimo en esto... Comentó con una resignada sonrisa en su rostro al aceptar que para comenzar una conversación era pésimo a menos que fuera a modo de burla como siempre solía hacerlo.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 5:33 pm

Agradeció que el varón no dijera nada sobre su estado y que tampoco preguntara hacia dónde quería ir pues realmente ni ella sabía si se llegaría a encontrar cómoda en alguna de las muchas salas del castillo. La mayoría estaban descartadas por ser demasiado transitadas -como el Gran comedor- o por tener a demasiados adolescentes chismosos reunidos -como los jardines o incluso las salas comunes- así que dejó que fuera Dominic quien pensara a dónde dirigirse, ella simplemente le siguió, usándole de aopyo mientras sus piernas iban recuperando poco a poco la fuerza. La verdad era que no se le ocurrió ir a la Sala de los menesteres, era el lugar idóneo si se quería desaparecer por tiempo indeterminado así que cuando el menor se dirigió hacia ese pasillo sin salida, si bien sorprendida al principio, no dijo nada y sonrió de forma leve cuando vio la puerta aparecer, pensando con un toque animado que el varón resultaba tener algo más que aire entre las orejas.

Su pequeña burla quedó oculta entre las paredes de su mente, pero era un símbolo de que empezaba a recuperarse. Las cosas extrañas estaban sucediéndole una tras otra y eso que apenas hacía una semana desde que comenzaron las clases. Ese sería, sin duda, su curso más extravagante en Hogwarts. Dejó de pensar en ello y se centró en recorrer la habitación con la mirada, pensando que quizás la sala se había pasado un poco con la comodidad. A ella le sobraba con la alfombra y la chimenea que la sala solía tener siempre visible y que estaba situada, como era habitual, justo frente a la puerta, en la pared del fondo. Elizabeth podía ser algo extraña en ciertos gustos, por ejemplo le encantaba caminar descalza por cualquier superficie y normalmente prefería sentarse en el suelo antes que en cualquier mueble destinado a esa tarea a excepción de cuando quería tumbarse, en cuyo caso sí que se apropiaba de algún largo sofá para estar cómoda. Aún así no se quejó cuando el peliplata la acomodó en uno de los sofás, al contrario, cuando él le habló ella respondió agradeciéndole en un susurro que se escucharía fácilmente.

Era improbable, por no decir imposible que alguien les llegara a interrumpir, tendrían que derrumbar la pared si es que buscaban molestarles pues estaba segura de que el ojos zafiro había pedido un lugar donde pudieran acomodarse y estar tranquilos, y era obvio que su comodidad solía venir siempre acompañada de la ausencia de cualquier otra persona a su alrededor. Quizá la sala le permitiría el paso a un par de personas, pero una de ellas seguro que estaba en clase y la otra... bueno, digamos que Kricka tenía mejores cosas que hacer -como mantener la hacienda Croft- que buscarla por el colegio. Así pues soltó un largo suspiro en pos de calmarse y de borrar todo rastro de temblor que le quedara en el cuerpo, siendo reemplazado sólo por un pequeño tiritar pues no es que una falda corta, unas medias, una camiseta de manga francesa y una sudadera de manga igualmente francesa fueran mucho abrigo.

Cuando él le entregó el chocolate lo tomó sin hacerse de rogar, volviendo a musitar ese "Gracias" que antes le había dicho aunque mostrando una corta sonrisa por el comentario. No tardó en partir la primera fila de la tabla para llevársela a la boca, el chocolate le gustaba bastante y según los profesores -especialmente los de DCAO- iba bastante bien para los bajones. Luego la verdad es que se sorprendió un poco de la pregunta que se le hizo, más que nada porque no entendía a qué venía pero cuando él susurró que era pésimo comprendió lo que estaba intentando, haciendo así que la sonrisa volviera a aparecer en sus labios- Pensar no es lo tuyo... -comentó con humor antes de pensar en una erspuesta, entreteniendo así su cabeza en otras cosas- Me gustan varias, Skillet es una de ellas -mencionó antes de darle otro bocado a la tira de chocolate, acabándose las cuatro primeras honzas de la tabla y yendo a por la segunda fila- ¿Cuáles te gustan a ti? -cuestionó de vuelta, recuperando ya la firmeza en su voz que, aunque todavía algo débil, ya no era susurrada.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 6:43 pm

De haber sabido que lo que había pasado por la mente de la muchacha habría dejado escapar un sonoro gruñido, pero por fortuna (de la joven en realidad porque de haber oido un comentario como aquel Dominic no hubiera dudado en soltarla para que terminase en el suelo.) aquellos pensamientos jamás salieron de las profundidades de la mente de la joven. Negó con la cabeza al oir el suave susurro de agradecimiento que la rubia le dirigió respondiendo que no era necesario agradecerle por nada, no le había llevado allí para que ella le agradeciese. Fuera como fuera se quedó en silencio durante un rato hasta que se percató del ligero tiritar en el cuerpo de la rubia. Sin preguntar siquiera se quitó la túnica del uniforme y la colocó sobre las piernas de la muchacha para cubrir las mismas.

Por raro que pareciese, ese día Dominic había optado por ponerse un sweater de lana solamente para que no fuera nadie a preguntarle si no tenía frío, cosa que a decir verdad le molestaba ya que solían preguntárselo al menos unas treinta veces en el día. Aprovechando que llevaba bastante ropa encima, se quitó el seater quedando en una camiseta manga corta de color azul algo ajustada que marcaba los músculos del torso del joven. Toma. Le diría mientras extendía su mano en dirección a la joven para que ella tomase el sweater y se lo colocara para que el frío se le fuese al menos hasta que tuviera las fuerzas suficientes para acercarse a la chimenea para calentarse. Se quedó mirando a la rubia luego de entregar su prenda, dando la apariencia quizás de haberse quedado pensativo.

Cuando ella le agradeció por el chocolate respondió con tranquilidad. Si vuelves a decirme gracias te haré tragar una grajea sabor a cera de oido... Si había algo que no le gustaba era que le agradeciesen por los actos de buena voluntad que hacía porque quería. Sin embargo, cuando ella le dijo que pensar no era lo suyo no pudo evitar gruñir por lo bajo, pero no se quejó al respecto. ¿Cómo quejarse si decir aquello había hecho que una sonrisa se dibujase en el rostro de la joven? Pero lo que no pudo creer fue cuando ella le respondió a la pregunta nombrando a una banda que conocía bastante bien. Skillet es una banda excelente, sin contar que una de sus canciones... Rascó su cabeza divertido. Me queda como anillo al dedo. No diría cuál era a menos que la muchacha le preguntase, pero quizás ni hiciera falta que ella preguntase al ser fanática de la misma.

La pregunta que recibió a continuación le haría quedarse pensativo durante un buen rato intentando pensar cuál de todas las bandas que le gustaban podía calificar de su favorita. A decir verdad no creo tener una favorita... Comentó pensativo. Mientras suene bien y tenga buena distorsión en la guitarra es probable que termine por gustarme. Observó a la rubia a los ojos. Aunque suelo preferir las bandas que tienen vocalistas mujeres, por lo general sopranos o mezzosopranos. Se llevó el índice a los labios mientras subía la mirada hacia el techo. La música clásica también me gusta, aunque prefiero tocar alguna pieza antes que simplemente oirla. Su mirada volvió a la joven y se quedó en silencio durante algunos segundos.

Cruzó sus piernas quedando sentado a lo indio antes de dejar que un largo bostezo escapase de sus labios, cubriéndose la boca para no ser demasiado descortés. ¿Sabes tocar algún instrumento? Sentía bastante curiosidad por la joven y a decir verdad desde hacía ya algún tiempo que quería saber un poco más acerca de ella. ¿Comida favorita? Y con ganas de molestarla un rato comenzó con toda una tormenta de preguntas a la rubia con el único objetivo de hacerla enojar o reir, cualquier opción era válida. ¿Qué asignatura te gusta más? ¿alguna asignatura odiada? ¿te gusta la enfermera y por eso terminas todos los días allí? Y ante la última pregunta dejó que una traviesa sonrisa de medio labio se dibujase en su rostro ante la mera idea de una relación lésbica entre la anciana enfermera y Elizabeth.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 7:24 pm

De haber sabido que él no tendría reparo alguno en soltarla si llegaba a enterarse de lo que pensó de él en ese momento se hubiera reído, incluso de haber sucedido una risa escaparía de su boca pues era como una señal de que volvía a ser el Dominic que se molestaba con ella. No es que le incomodara que fuera atento e incluso amable, al contrario, pero estaba tan acostumbrada a verle molesto y buscándole las cosquillas que se le hacía raro tenerle tan pendiente de lo que hacía y de cómo se sentía. Aún así nada de eso pasó y cuando le ofreció la prenda no tardó en colocársela, acomodándola como podía pues era claramente más ancha y sacando la capucha de su sudadera por el cuello, aprovechando luego también para acomodarse la túnica sobre las piernas como si fuera una manta. La verdad es que se le hacía raro ver al peliplata con la túnica, no recordaba haberle visto muchas veces con el uniforme reglamentario o siquiera con una de las prendas de éste. Ella, por su parte, a lo mucho que llegaba era a colocarse la camisa, y eso de milagro y con claros cambios como rotos, botones desabrochados, mangas cortadas, etc.

- Como si fueras capaz... -mencionaría en respuesta a la amenaza del varón, tomándosela más bien a broma aunque le hizo caso, dar las gracias no era muy propio de ella de todas formas así que si él no quería agradecimientos ella no se los daría. Además una suave risilla se le escapó al escuchar el gruñido ajeno, incluso en su situación le seguía pareciendo divertido molestar al varón y en cierto modo sabía que esas pequeñas bromas no le harían marcharse, que probablemente no la dejaría sola ni aunque ella se lo pidiera. Cuando le mencionó sobre la canción no necesitó que la nombrara, creía saber bien a cuál se refería.. y no estaba de acuerdo- Antes quizá... -y dejó la negativa en el aire mirándole directamente a los ojos con los propios entrecerrados y una sonrisa que bien podía calificarse de extraña e inusual, enigmática más bien. Él no era un monstruo, por mucho que tuviera uno escondido en su interior y ni siquiera eso, su parte licántropa había llegado a ser controlada por unos segundos, y eso decía mucho de él.

- Te gustará Amaranthe entonces -comentó tras escuchar la respuesta de su acompañante sin sorprenderse mucho pues él tenía bastante pinta de heavy metalero, aunque cuando le mencionó que le agradaba la música clásica a punto estuvo de caérsele el chocolate. Le miró fijamente, parpadeando incrédula como si le preguntara un silencioso "¿Es en serio?" también algo escéptico. No es que ella se dejara llevar por las apariencias... pero ciertamente Dominic no daba el perfil de alguien a quien le gustara la música clásica, mucho menos tocar instrumentos como el violín o el piano. Elizabeth, personalmente, era un desastre con cualquier instrumento clásico salvo por un par de excepciones... que mencionaría cuando el varón dejara de acribillarla a preguntas cual vieja chismosa- Imbécil -sería su primera respuesta, obviamente a la última pregunta que se ganó un leve gruñido y un fruncir de su ceño bastante claro.

- Mi madre me enseñó un poco de música con la flauta travesera, tampoco se me dan mal los instrumentos de cuerda como el arpa pero no me gustan mucho los intrsumentos clásicos. También sé tocar la guitarra, el bajo y la batería. Me gusta la comida china y japonesa especialmente; me interesa la astronomía, defensa contra las artes oscuras, cuidado de criaturas mágicas y parece que se me dan bien las pociones, aunque detesto las runas antiguas y la aritmancia, son inútiles y tediosas; y no, no me gusta la enfermera, prefiero la carne joven -fue respondiendo una a una cada pregunta aunque era obvio que su expresión se volvería ágria o casi indeferente según su respuesta, aunque en la última añadió un tono quizá un poco malicioso. El plan del menor estaba funcionando bastante bien, después de todo ya había recuperado casi al completo el control de su cuerpo y hablaba con fluidez, además de que se la notaba cómoda y a gusto, algo normalmente imposible en presencia del ojos zafiro.

- ¿Qué hay de ti? ¿Algo a mencionar a parte de ese insólito gusto por la música clásica? -Dominic no era el único que tenía ganas de saber, sin embargo la joven tenía tantas preguntas que acabó preguntando algo ambiguo al no saber qué preguntarle primero. Además así le daba libertad para contarle lo que quisiera, ella podía conformarse con poco en esta ocasión.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 9:02 pm

Sonrió divertido al oir aquella especie de desafío de parte de la muchacha, en parte tenía razón, si lo intentaba ella seguramente se resistiría e incluso podría terminar siendo él quien comiese aquella asquerosa golosina. Como fuera, dejó de pensar en eso ya que el sabor de la misma volvió a su mente, aún no se quitaba de la cabeza aquella vez donde habia terminado comiendo una sin saber de qué sabor era, si que había sido una mala experiencia y agradeció internamente que la joven cambiase de tema murmurando una negativa a lo que él había dicho sobre estar representado por una de las canciones del grupo mencionado por la muchacha. No supo qué decir al respecto, después de todo, aún se sentía algo culpable por lo que había sucedido aquella noche, pero no se pondría a discutir con ella por algo como aquello, no llegarían a ningún lado después de todo.

No fue hasta que la muchacha mencionó el nombre de una banda que dejaría de pensar en el pasado para quedársele viendo con un extraño brillo en los ojos. De hecho es así, me gusta bastante como suena esa banda en general, las voces se complementan bien a mi gusto. Diría con un tonito ligeramente emocionado ya que no muchos conocían a aquella banda. No pensé que la conocieras. Diría con sinceridad ya que si bien ella tenía el aspecto de una chica que solía escuchar ese tipo de música, al ser una banda no tan conocida era quizás difícil que hubiese oido de ella. No continuó hablando del tema más que nada porque pudo oir como la joven le llamaba imbécil por la última pregunta que le había hecho, acompañando sus palabras con un divertido gruñido que le haría dejar escapar una divertida risilla.

Fue luego de aquella reacción que la muchacha comenzó a responder las preguntas que le había hecho, dándole bastante informacion que él desconocía por completo. Se le quedó mirando en silencio mientras ella hablaba mientras varias preguntas se le venían a la mente, pero emitiendo solo algunas, ya que si bien sentía curiosidad de preguntar por la familia de la rubia, sabía que quizás sería un tema que ella no querría tratar. ¿Así que te gusta tocar la flauta? Preguntaría al tiempo que una maliciosa sonrisa se dibujó en su rostro debido al doble sentido que había buscado darle a aquella pregunta. Pensó en molestar a la muchacha con alguna otra cosa, pero decidió no hacerlo al oir la pregunta que ella le hacía, tachando de insólito el gusto que él tenía por la música clásica.

Observó a la rubia divertido antes de responder. ¿Tan raro es que a alguien como yo pueda gustarle la música clásica? Preguntó con una sincera sonrisa en el rostro. Veamos... Diría antes de cruzarse de brazos. De pequeño mi padre me enseñó a apreciar la música clásica, solía pasar varias horas con él escuchando distintas sinfonías mientras leíamos en la biblioteca. Por otra parte, mi madre comenzó a enseñarme a tocar el violin casi al mismo tiempo que mi padre comenzó a enseñarme magia. Rascó su mejilla. Tengo facilidad para aprender a tocar instrumentos de cuerda, los instrumentos de viento no son totalmente de mi agrado pero reconozco que el sonido de algunos de ellos es bueno y elegante. Dirigió la mirada hacia la muchacha. Con el tiempo comencé a practicar con distintos instrumentos, guitarras, bajos, arpas y cualquier cosa con cuerda que llegar a mi poder, incursioné fugazmente con el piano pero no era muy bueno con él, como tampoco lo soy con la batería. Suspiró resignado. Me cuesta controlar un poco la fuerza y termino rompiendo algo, así que intento evitar las baterías de ser posible. Suspiró pensativo. Y respecto a comida me gusta todo, pero prefiero la carne... aunque no diré que no a nada que sepa bien, no soy exquisito en ese aspecto. Diría divertido.

Tomó algo de aire mientras pensaba qué más debería contarle. Con respecto a los estudios tengo predilección por defensa contra las artes oscuras y transformaciones, aborrezco por completo historia de la magia, es demasiado aburrida para mi gusto. En cuanto a las demás asignaturas simplemente me dan igual, aunque runas antiguas es casi tan aburrida como historia de la magia. Se quedó pensativo durante algunos segundos. Y... Su rostro no se inmutó en lo más mínimo, pero quería ver las reacciones de la joven a ciertas "confesiones" del varón. Me gustan los hombres, no me interesa demasiado la edad pero suelo preferir a tipos adultos, los muchachos de mi edad muchas veces son demasiado inmaduros como para poder llevar una relación seria. Dejaría escapar un suspiro de fingida resignación como si lo que acababa de decir fuera cierto.

Guardó silencio durante varios segundos en los cuales prestaría atención a la rubia para ver cómo reaccionaba ante aquello y tras esperar un tiempo prudencial decidió acabar con aquella farsa. Sólo bromeo, me gustan las mujeres. Comentó antes de volver a dirigir su mirada directo a la ajena. ¿Quién te enseñó a pelear? Preguntó con curiosidad ya que la forma de pelea de la rubia se le hacía interesante cuanto menos. Por mi parte, fue mi padre quien me enseñó lo básico y bueno... Suspiró con algo de tristeza. Los años me ayudaron a mejorar un poco. No iba a mencionar nada respecto a su pasado a menos que la rubia le preguntase directamente. ¿Algo más que quieras contarme o quizás preguntarme? Su mirada se dirigió a la joven y se mantuvo sobre las delicadas esmeraldas de ésta.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 9:39 pm

Asintió de forma leve cuando él habló sobre el grupo que mencionó. No era muy conocido pero la vocalista era genial, le encantaba su voz y la letra de sus canciones también era increíble, un gran grupo que se merecía ser más conocido de lo que era por el momento. De todas formas no añadió nada, se limitó a responder las preguntas y cuando la maliciosa pregunta ajena llegó a sus oídos le soltó un ácido- Ni lo pienses -acompañado de una afilada mirada. Entendió a la perfección el doble sentido de esa pregunta y, aún cuando era tarde para su amenaza, Dominic sabría que no le convenía seguir por ese camino a menos que deseara acabar con uno de los sillones sobre la cabeza junto a un pisotón malintencionado y cruel sobre su hombría. Tras ello su mirada se suavizó un poco hasta adoptar ese toque entre neutral y curioso cuando le cuestionó por sus gustos, asintiendo de nuevo cuando le preguntó si era en verdad raro que a alguien como él le agradara la música clásica- Realmente no debería sorprenderme, se dice que la música amansa a las fieras -comentó poco antes de que él respondiera como era debido a su pregunta pero en verdad no se burlaba de él, llamarle "fiera" era incluso un alago desde su punto de vista, que el ojos zafiro lo considerara un intento por molestarle ya era cosa suya.

Por otro lado se ahorró comentarios sobre la fuerza ajena aunque poco le faltó para soltarle alguna burla mordaz con la palabra "bruto" incluida junto a algunas otras como "sin cerebro". No se sentía con ánimos de molestarle mucho más, así que se limitó a escucharle comprobando que, en efecto, tenían bastantes puntos en común. La fémina también era algo adicta a la carne aunque no muy quisquillosa a la hora de comer -aunque rechazaba cualquier tipo de comida cara, demasiado ostentosa para su gusto-, odiaba la mayor parte de asignaturas salvo las que ya había nombrado antes aunque sin duda jamás se hubiera esperado oír lo siguiente que el varón le dijo. Si su cerebro hubiera sido más rápido que su lengua se hubiera preguntado si de verdad había oído bien, pero dadas las palabras ajenas no tuvo mucho tiempo para pensar... y Elizabeth era conocida por ser una mujer de reacciones rápidas pese a que normalmente serían mucho más... sutiles a como lo fue en estos momentos.

- What the fuck!!! -ciertamente su reacción no se hizo esperar... y fue bastante insólita a decir verdad. Elizabeth no era una mujer que mostrase su sorpresa tan fácilmente, pero aquello había logrado descolocarla por completo y la incrédula mirada que le dirigió sería digna de fotografiarse, después de todo no era nada habitual ver a la joven con los ojos completamente abiertos pues solía tenerlos siempre entrecerrados como si todo le diera absolutamente igual o le aburriera. De todas formas al seguir escuchándole una gota resbaló por su sien, su expresión se relajó un poco y por su mente cruzó un fugaz pensamiento- "Menudo desperdicio" -no tenía nada en contra de las diferentes tendencias sexuales, pero en verdad pensaba que era un verdadero desperdicio que un cuerpo como el del varón quedase vedado para el género femenino... qué demonios, era un desperdicio que quedara vedado para ella pero claro, eso era algo que no iba a reconocer abiertamente, y mucho menos delante de él. Por eso cuando le confesó que era una broma no pudo evitar soltar otra ristra de insultos, unos dos o tres la verdad porque el resto fueron dichos sólo en su cabeza. Habría seguido con esa actitud molesta y enojada de no ser por la siguiente pregunta. No podía decirse que se hubiera entristecido, pero sí que adoptó una actitud mucho más seria y su mirada acabó perdiéndose en un punto inconcreto de sus muslos.

- Aprendí a la fuerza -no creyó que fuera necesario añadir nada más, todo Hogwarts sabía que era la única sangre sucia de Slytherin, lo que incluía en el pack el haberse criado con muggles... y por todos era sabido cómo actuaban la gente no mágica ante algo que desconoce y/o teme. Lo que nadie sabía, ni siquiera Elizabeth, era que su dura infancia había sido provocada en gran parte por el tío del peliplata. Fuera como fuere ante la última pregunta se quedó un rato en silencio. No le parecía justo saber del pasado de Dominic y que él no supiera del suyo, y por mucho que odiara recordarlo creía que él, por lo menos él, tenía derecho a saberlo- Mi padre era policía en uno de los barrios bajos de Londres y mi madre hacía un poco de todo, desde coser a limpiar y siempre solía tener dos o tres trabajos -hizo una pequeña pausa y sus manos temblaron al mismo tiempo que sus ojos se cerraban un poco más. No quería recordarlo e intentó bloquear su mente para no volver a ver la atroz imagen, centrándose sólo en las palabras.

- Me enviaron a un reformatorio a los seis años y a los nueve me llevaron de vuelta a casa. Cuando entré mis... mis padres estaban allí. La verdad es que no les reconocí... El forense afirmó que eran mis padres, aunque ni los vecinos pudieron identificarlos -no pudo decir más, por sus palabras era obvio lo que estaba insinuando sobre la falta de identidad de sus padres pero decir textualmente que les habían desfigurado por completo, aún más, que el asesino había despellejado a su madre y destripado a su padre era algo que no podía hacer, aunque quisiera las palabras nunca le salían, a veces era incapaz de pensarlas incluso. Ni siquiera fue capaz de afirmar con las palabras exactas que sus padres estaban muertos, mejor dicho, que les habían asesinado. Había evitado hablar de eso desde que ocurrió y ni siquiera Mattias le había logrado sacar una mísera palabra, confiárselo a Dominic era una decisión de la que esperaba no tener que arrepentirse.



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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 10:25 pm

Ciertamente no fue necesario que la rubia dijese nada más aparte de aquel ni lo pienses para darse cuenta que si continuaba con la broma terminaría con más que un ojo morado. No dijo nada, tampoco lo hizo cuando ella hizo el comentario de la música calmando fieras, ya que no lo tomó como un insulto ni mucho menos, si bien el varón tenía un temperamento explosivo, no solía molestarse por tonterías como aquellas. No había prestado demasiada atención a las reacciones de Elizabeth hasta el momento mismo en que ella respondió de manera tan poco usual a la pequeña broma que le había hecho respecto a su sexualidad. Una sonora carcajada escapó de los labios del peliplata al ver como se había puesto por lo que le había dicho. Vaya que su reacción había sido completamente inesperada y graciosa además.

La risa del joven se mantuvo durante un buen rato ya que ni bien recordaba la expresión que había utilizado, o su rostro, o sus posteriores insultos cuando confesó que solo estaba bromeando no podía evitar volver a reir como si tuviera a todo un batallón haciéndole cosquillas. Había comenzado a dolerle el estómago y poco a poco fue calmándose al tiempo que respiraba profundo para recuperar algo de aire y así dejar de reir. Aunque su risa se detuvo en el instante mismo en que la joven comenzó a responder sus preguntas. Durante ese tiempo la expresión del varón se hizo seria, una seriedad poco vista en él quizás, pero que sintió que era necesaria debido a la forma en que la muchacha relataba su pasado. Se quedó pensantivo mientras le oia, imaginando cómo habría sido Elizabeth en el pasado.

Fue durante ese breve lapso en el que estuvo pensativo que la joven llegó hasta un punto de su relato que haría que el varón prestase toda su atención a lo que decía. Vaya que el destino podía ser cruel, estar separada durante tanto tiempo de sus padres tan solo para encontrarlos muertos. Suspiró con tristeza por lo que ella le contaba, jamás se habria imaginado que podían tener tantas cosas en común, incluso un trágico pasado. Ya veo... No podía decir que la entendía, sería hipócrita ya que si bien él también había pasado por una situación traumática, no era lo mismo, las personas no reaccionaban de la misma manera después de todo. Simplemente cerró los ojos durante algunos segundos en los que su mente pareció repasar todos y cada uno de los hechos que habían ocurrido cuando sus padres murieron.

Su mirada volvió a la joven y se mantendría sobre su rostro, aunque en ningún lugar en especial, simplemente le observaba por costumbre de hablar mirando a la cara. Como dije, mi padre me enseñó lo básico en cuanto a algunas artes marciales. Él y mi madre se dedicaban a dar caza a criaturas y magos que pudiesen ser peligrosos tanto para las familias mágicas como para las familias muggles. Suspiró suavmente. Al menos eso es lo que me dijo el imbécil de mi tio... Rascó su mejilla. Quizás ya lo leiste, pero cuando cumplí diez años una figura extraña llegó hasta la puerta de mi casa y terminó acabando con todos los criados. Aclaró su garganta y desvió ligeramente la mirada durante algunos segundos, antes de volver la misma hacia la joven. Mi madre intentó sacarme de la mansión para huir de aquella... cosa, pero intentar una aparición conmigo era demasiado peligroso y podía terminar muerto de todas formas. Una amarga sonrisa se dibujó en su rostro mientras elevaba la mirada hacia el techo. Mi padre se enfrentó a la criatura pero no fue suficiente... sabes... esa noche sentí como si hubieran arrancando algo de mi... Tragó grueso y volvió la mirada a la joven. Ver a esa bestia con la cabeza de mi padre en su mano fue duro, como también lo fue ver como terminó por abrir de par en par a mi madre con un cuchillo... Suspiró con pesar. Fue esa misma noche en que terminé convertido en lo que soy ahora... irónico... mis padres solían cazar licántropos y yo termino siendo una de aquellas bestias que ellos mataban...

Respiró profundo y guardó silencio durante algunos segundos. Terminé en un orfanato durante un buen tiempo hasta que finalmente mi tio apareció y me ha tenido bajo su tutela desde entonces... pero no me agrada, no soporto tenerlo cerca, así que ya te imaginarás como me senti cuando me enteré de que sería el nuevo profesor de pociones... Suspiró con molestia mientras rascaba su cabeza para calmarse. Pero mejor dejemos de lado este tema porque no creo que a ninguno de los dos nos interese recordar cosas así. Estiraría sus piernas y luego se levantaría de su lugar para caminar en dirección a un sillón a unos cuantos pasos de donde él estaba, acercando el mismo hasta dejarlo frente al sofá donde Elizabeth se encontraba. Y dime... Intentaría cambiar un poco el ambiente, aunque quizás fuera difícil. ¿Te gusta alguien de Hogwarts? Una cómplice mirada junto a un descarado movimiento de sus cejas de arriba a abajo complementarían la indiscreta pregunta que acababa de hacerle a la rubia con la única intención de que ella le insultase.
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 10:48 pm

Sus insultos duraron más de lo esperado por culpa de las carcajadas del varón. Se la había jugado, y lo peor era que utilizaría eso para burlarse quién sabe por cuánto tiempo aunque cuando terminó de insultarle simplemente suspiró para relajarse un poco y responder finalmente a la pregunta. Durante el tiempo en que habló de sus padres mantuvo siempre la mirada agachada, no quería enfrentar los ojos del varón, ni siquiera ver su expresión pues no tenía ni idea de cómo reaccionaría al saber que ella también perdió a sus padres muy joven. Dudaba llegar a inspirarle lástima, pero aún cuando esa posibilidad era más bien remota prefería no comprobarlo, no le gustaba sentirse débil y mucho menos que le tuvieran lástima, su pasado -si bien marcó su vida- pasado estaba. Sin embargo jamás creyó que, tras igualar el marcador de conocimientos que tenían el uno con el otro, el platinado volviera a darle ventaja contándole con más detalle lo sucedido aquel 10 de Octubre. Una parte de ella no quería saberlo, meterse en la vida de los demás y conocer su pasado era algo que evitaba a toda costa para evitarse problemas a futuro, pero otra parte de ella deseaba estar enterada, deseaba conocer más a fondo al varón... y esa segunda parte era más fuerte que la otra por lo que no hizo ademán alguno de detenerle. Eso sí, durante el relato apretó varias veces la tableta de chocolate al contener el impulso de abrazarle. No era una mujer cariñosa y todos lo sabían, pero creía que él podía llegar a necesitarlo. Aún así respetó su espacio personal y se mantuvo quieta, escuchando en silencio y repitiéndose una y otra vez que no debía actuar impulsivamente.

Estando así de centrada en sus pensamientos apenas se dio cuenta de que él continuó hablando tras acabar mencionando a su tio, por lo que la pregunta la sobresaltó hasta el punto de que echó su espalda hacia atrás, casi golpeándola contra el respaldo del sofá al alejarse del descarado rostro del varón, tragando grueso y despejando su garganta en un intento de responderle con firmeza aunque sin demasiado resultado pues llegó incluso a trabarse un poco- ¿A-a ti qué te importa? -fue lo que respondió dejando de lado la tensión que había inundado la sala debido al tema de conversación anterior. No puso pegas cuando pasaron de hablar del pasado de Dominic a esa indiscreta pregunta, más que nada porque no quería seguir recordando el pasado y porque, de haber seguido por ese camino, lo más probable era que hubiese acabado por contarle más detalladamente lo que le sucedió a sus padres y no era en absoluto agradable. Es más, fue la razón de que en tercero se negara en rotundo a enfrentarse a un boggart pues sabía de antemano qué imagen adoptaría la criatura para amedrentarla y aún con 17 años no estaba segura de ser capaz de enfrentarse a su temor, por no hablar que, de haber accedido, de seguro más de la mitad de la clase habría quedado traumada de por vida.

Dejando eso de lado el tono que utilizó para responder tuvo un ligero tinte nervioso que intentó ocultar bajo un tono molesto aunque sin mucho resultado, incluso desvió la mirada a su derecha para no verle a la cara. Ciertamente el peliplata no tenía el don de la palabra, o eso pensaba ella pues llevaba ya tiempo poniéndola nerviosa con preguntas o palabras a las que antes era indiferente. Aún así eso le hizo pensar. ¿Y si todo lo que le estaba pasando últimamente era... porque le gustaba Dominic? Cuando ese pensamiento cruzó su cabeza le dirigó una fugaz mirada antes de negar con firmeza. Imposible, ya había admitido que le atraía físicamente pero de ahí a que le gustara, a que sintiera algo más por él había un buen trecho. No obstante, por mucho que intentara convencerse la verdad iba a seguir siendo la misma: empezaba a ser consciente de que el ojos zafiro era para ella algo más que su compañero, algo más que el insufrible pulgoso con el que llevaba seis años peleándose.



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Última edición por Elizabeth Lockheart el Lun Ene 23, 2012 11:09 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Sucesos inesperados   Dom Ene 22, 2012 11:14 pm

Había sido bueno que la joven no se levantase para cumplir con lo que le dictaban sus impulsos, ciertamente aquellas escenas se habían repetido tantas veces durante su sueños que ya parecía estar acostumbrado a aquello y le resultaba normal incluso. Fuera como fuera, una vez que estuvo frente a la joven nuevamente luego de acercar aquel sillón para poder hundirse en él, terminó por formular una pregunta que a ciencia cierta era de lo más indiscreta. Pero a pesar de que la pregunta podría incomodar a una persona, que ella reaccionase de esa forma era por demás sospechoso, no tenía más que haberle insultado para que él se olvidara por completo del tema en cuestión, pero no, ella le había respondido de esa forma nerviosa fácilmente apreciable debido a como llegó a trabarse al hablar.

La mirada del varón se afiló mientras una sonrisa de medio labio se dibujaba en su rostro. Vamos Liz... Suspiró divertido. ¿Te molesta si te llamo Liz? Preguntó como si la respuesta de la joven le importase, estaba claro que aunque ella le dijera que no la llamaría de esa forma solo para molestarla. Continuó sin esperar una respuesta de la muchacha. Es una pregunta completamente normal en personas de nuestra edad. Parecía estar intentado convencer a la rubia para que respondiese, a pesar de que seguramente ella se negaría rotúndamente o incluso le golpearia para que él dejase de molestarla con algo como aquello. ¿Te gustan los hombres o las mujeres? Una nueva pregunta indiscreta que buscaba poner nerviosa a la rubia.

Dejó que un sonoro suspiro escapase de sus labios. Además es sospechoso que te pongas así de nerviosa por una pregunta como esa. Sonrió divertido con la mirada fija en la rubia. Si me hubieras respondido como sueles hacerlo, es decir, con algún insulto o golpe hubiera sido más normal que la forma en que lo hiciste... Sonrió triunfante. ¡Incluso se te trabó la lengua! Diría al tiempo que una suave risilla comenzaba a oirse proveniente del peliblanco que ciertamente estaba disfrutando de aquella situación. Sería completamente normal que alguien te gustase, y no tiene nada de malo. Volvió a sonreir sin alejar demasiado el rostro, ya que desde la primer pregunta indiscreta lo había tenido lo más cerca posible de la joven (con la clara distancia entre el sofá y el sillón.).

Le daria un divertido guiño con el ojo izquierdo mientras sonreía nuevamente. Vamos, no se lo diré a nadie si me cuentas~ Se quedó observando a la muchacha sin desviar la mirada de ella. Aunque... Su rostro adoptó una expresión maliciosa. ¿No será que conozco a quien te gusta y por eso no quieres decirme? Desvió la mirada ligeramente para preguntar algo que no podría preguntar si estuviera viéndole directo a los ojos o al rostro en general. ¿Acaso soy yo quien te gusta~? Preguntaría con cierto tonito cantarín mientras una sonrisa de medio labio se dibujaba en su rostro. Guardó silencio luego de su pregunta y se preparó para cualquier reacción de la rubia, fuera un golpe o cualquier otra cosa, ya que luego de todo lo que le había dicho se sorprendería si ella no reaccionase de manera violenta para hacer que cerrara la boca de una buena vez.
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