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 Secuelas de una noche en el lago.

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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Sáb Ene 14, 2012 6:06 pm

Masajeaba mis sienes fuertemente, ni siquera 5 minutos habia estado alli y ya habian logrado darme dolor de cabeza, por algo eran los peores estudiantes respecto a su comportamiento en todo howgarts.
-"Mocoso tus advertencias me resbalan pero por lo que veo sera mejor que se calme no valla a ser que hiera a alguien mas por su estupidez"- era mas que obvio que el chico era un licantropo, siempre daba con otros tan solo al observarlos u olfateralos y este no era para nada particular. Ademas por las heridas que describio Pomfrey era obvio el causante de estas solo quedaba la incognita de la pocion.
-"Me haria un favor a mi si tan solo se comportaran como gente y no bestias, pero hay imposibles señorita Lockheart"- no soportaba a la gente como ellos pero no le podia hacer nada eran estudiantes y yo su profesor por lo cual me los tenia que aguantar. Lo que mas me impresionaba era la actitud de la joven, apunto de morir en las garras de un salvaje y su comportamiento era frio como toda una serpiente, eso me asombro un poco pero no lo suficiente como para cambiar mi opinion de esta.
-"Se lo dejare pasar solo porque casi muere, pero usted señor Smirnov tendremos que hablar sobre el comportamiento tan irresponsable que tuvo y mas en una noche de luna llena, no sabia que fuera tan descuidado e inepto para un tema tan peligroso como ese"-
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Dominic Smirnov
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Sáb Ene 14, 2012 10:18 pm

A punto estuvo de dejar que una carcajada escapase de sus labios al oir lo que Elizabeth le respondía al profesor prácticamente al mismo tiempo en que él hacía lo propio, vaya impresión le darían al mayor, pero tanto a Dominic como a Elizabeth algo así no les importaba. Tras aquel golpe, que de por si había puesto a prueba la paciencia del ojiazul, siguió una burlona sonrisa que se esbozaría en los labios de Elizabeth había sido suficiente para terminar de acabar con la poca paciencia que Dominic poseia. Dicha pérdida se notaría especialmente en la respuesta que le daría a aquel sujeto flacucho y desaliñado que más que respeto inspiraba pena en el joven de ojos zafiro. ¿No tenían algún criterio a la hora de seleccionar al personal de Hogwarts? Al parecer no, no había explicación para la presencia de aquel sujeto en el castillo si no había sido acomodado por alguien más.

Se quedó en silencio luego de haber advertido al profesor de no le molestase a menos que quisiera tener problemas, si el hombre no se controlaba, ciertamente el menor tampoco lo haría, y poco le importaba que se tratase de un profesor, a su forma de ver las cosas, una persona que no demostraba respeto por los demás no podía siquiera esperar a que los demás le respetasen. Sonrió burlón ante la primer respuesta del profesor, no respondería nada al respecto en ese momento. ¿Lastimar a alguien por estupidez? Si, claro. Comenzó a preguntarse qué es lo que debería hacer en esa situación tan molesta. No iba a abandonar la enfermería por varios motivos, sus heridas no se habían recuperado por completo y además había prometido a la rubia que saldrían de aquello al mismo tiempo y ciertamente no planeaba faltar a su palabra, por más que se tratase de Elizabeth.

El silencio volvió a romperse cuando el mayor hizo un comentario... por demás curioso, comparar a Elizabeth con una bestia había sido lo más inteligente que aquel sujeto había hecho desde que había entrado a la enfermería, por más que en aquella comparación hubiera metido a Dominic también. No podría evitar dejar que una suave risilla se escapase de sus labios ante el mero pensamiento de la cantidad de insultos que la rubia debía estar profesándole en el interior de la mente a aquel profesor que se estaba ganando el desprecio de los dos jóvenes. No respondería nada tampoco mientras menos hablase con aquel sujeto mejor, no le conocía demasiado, pero había logrado caerle bastante mal en el corto rato que llevaban hablando. ¿Era posible ser un sujeto tan detestable? Si, la viva prueba estaba frente a él.

Arrogante y altanera era la sonrisa que se había dibujado en el rostro de Dominic durante un buen rato hasta que el profesor de estudios muggles se decidió a hablar una vez más. Dominic por su lado escucharía lo que el hombre diría, aunque no se molestaba en siquiera observarle, parecía estar absorto en pensamientos. Tanto así que dio algunos pasos hacia atrás y terminó por sentarse en la cama donde Elizabeth estaba sin siquiera fijarse si a la rubia le molestaba que hiciera algo así. Dominic era bastante confianzudo, más cuando se trataba de la rubia, y con más razón si había posibilidades de hacer que se molestase con sus acciones. Su mirada recorrería la enfermería, percatándose de que Pomfrey les observaba con cara de pocos amigos, como si ante la menor señal de violencia de cualquiera estuviese lista para dejarles fuera de combate. Tragó grueso, aquella mujer si que daba miedo.

Una vez que el mayor había terminado con su pequeño monólogo, Dominic le observaría desafiante. Si la estupidez de alguien es capaz de herir es la suya profesor. Comentó haciendo referencia a lo primero que había dicho el hombre. Lastima mis oidos el oir preguntas tan idiotas. Suspiró pesadamente. Sin contar que su total falta de respeto hacia los alumnos es una desgracia tanto para la escuela como para el resto de los profesores. Rascó su mejilla. Pero supongo que por eso es usted el responsable de tareas que no necesitan demasiada habilidad o inteligencia. Ser guardia y profesor de estudios muggles es algo bastante básico. La arrogancia del varón parecía no tener límites. Sin contar que su deber como profesor es resguardar a los alumnos y evitar que rumores estúpidos comiencen a circular por el castillo. Su mirada se afiló. Lo que usted está haciendo ahora es prácticamente salir a gritar a los cuatro vientos algo que no le corresponde a usted revelar. La mirada del varón se dirigiría a la enfermera que era un verdadero ejemplo de discresión. ¿Pero qué se puede esperar de un sujeto que viene a preguntar de manera prepotente la razón por la cual dos estudiantes que se encuentran en la enfermería no han asistido a clases? Dejó escapar una risilla divertida antes de guardar silencio en espera de una respuesta de parte del mayor.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Sáb Ene 14, 2012 10:45 pm

El ceño de la fémina se frunció sin disimulo cuando Hipnos respondió el comentario del ojiazul. ¿Cómo sabía que él la había herido? Era una pregunta cuya respuesta quería averiguar inmediatamente pero no preguntó, sería demasiado obvio- Esa es una acusación bastante fuerte. Dominic es estúpido, no lo niego, pero no tienes pruebas de que halla sido él quien me hirió como estás insinuando -respondió de manera afilada y venenosa saltándose por completo todos los protocolos y modales a la hora de hablar con un -supuesto- superior. A ella no le iban nada las formalidades, mucho menos con alguien que estaba tentando a la suerte con ambos. Además la rubia podía explicar sus heridas, tenía ya preparada la excusa para ello. Por otro lado...- Prefiero ser una bestia -fue cuanto se dignó a responder ante el comentario que, lejos de lo que el platinado menor pensaba, no la había molestado. ¿Por qué molestarse cuando podía simplemente contraatacar con tan sencillas palabras?

Abrió luego la boca para responder las nuevas palabras del mayor pero todo lo que salió de sus labios fue un quejido, no de dolor, sino de molestia cuando el ojos zafiro se sentó en la cama, obligándola a flexionar sus rodillas para apartar las piernas y hacerle hueco. Sin embargo no se contuvo a la hora de darle una patada en la cadera, más bien golpearle con la planta del pie con una fuerza limitada pero notable, dirigiéndole un gruñido al mismo tiempo. Obviamente ignoró la mirada de advertencia que la anciana enfermera le dirigió, al próximo movimiento violento -al menos de parte de Elizabeth- la ojos esmeralda se enteraría de quién era Madame Pomfrey, y no por las buenas precisamente. De todas formas dejó que el menor soltara su respuesta sin interrumpirle, al menos no verbalmente porque de tanto en tanto -y aprovechando ciertos momentos en los que la enfermera no miraba- le volvía a pegar con el pie para intentar quitarle de la cama. Ya había recuperado sus ganas de molestarle y pelearse con él, eso estaba claro. Cuando finalmente el joven terminó de hablar ella tomó el relevo, dirigiendo al fin su atención hacia el profesor al igual que su afilada mirada.

- No seré tratada de forma especial -afirmó la joven, más bien ordenó con claras muestras de enojo que ni se molestó en disimular. Hipnos había metido la pata, por muy rebelde y desobediente que Elizabeth fuera no toleraba que se la tratase de forma distinta a los demás, mucho menos cuando se la favorecía. Ella se ganaba sus propios méritos, no dejaba que nadie la consintiera y mucho menos se compadeciera de ella, antes muerta que permitir tal cosa- Si quiere castigarme hágalo, si quiere restar puntos a mi casa es libre de hacerlo, pero no permitiré que se me trate como a una chiquilla convaleciente -añadió para dejar en claro su postura. Si Dominic recibía castigo ella no sería menos, aún cuando no tuviera la más mínima intención de cumplirlo pero eso era ya tema a parte.



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Mikhail Smirnov
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Dom Ene 15, 2012 10:40 pm

Los menores seguramente no se habrían dado cuenta de que Hipnos no era el único profesor que se había dirigido a la enfermería, aunque considerando que ni siquiera había ingresado a la misma aún, más que nada por estar conteniendo los deseos de retorcer el cuello de Dominic por tener el descaro de siquiera acercar sus sucios y repugnantes labios a Elizabeth. Debía calmarse, no podía perder la compostura desde el inicio porque sino todo se terminaría yendo al demonio una vez más tal y como había pasado catorce años atrás. Respiró profundo, acomodó sus gafas y luego de contar hasta cien se giró para comenzar a caminar hasta el interior de la enfermería. Se detuvo frente a la enfermera mientras le hacía algunas preguntas concernientes a la salud de los dos jóvenes, pero haciendo un mayor hincapié en la salud de la fémina.

Podría parecer quizás que la preocupación del mayor por la joven era mayor, simplemente por el hecho de que ella había sido la que mayores heridas había recibido, pero en realidad, dicha preocupación tenía un motivo oculto, un motivo que se remontaba a muchos años atrás pero que nadie sabía además de él mismo. Tras oir que la joven se recuperaría dejaría escapar un aliviado suspiro, solo para gruñir por lo bajo al presenciar el pequeño espectáculo que los menores estaban dando. ¿Podía ser que un profesor prácticamente se rebajase al mismo nivel que dos adolescentes en plena etapa de rebeldía? Hilarante sería la mejor palabra para describir tal situación sin caer en la tentación de utilizar cualquier burdo insulto. Estaba a punto de reir a carcajadas a causa de aquella situación que parecía habérsele salido de las manos al profesor de estudios muggles.

Acomodó sus gafas y dio un paso al frente luego de oir como los dos menores atacaban con una tormenta de reproches e insultos a una de las autoridades del colegio, por más que la propia actitud del profesor no fuese demasiado acorde a la que se esperaba de los que debían velar por los menores. Alzó sus dos brazos mientras hacía señas para que bajaran los humos antes de que madame Pomfrey terminase por sacar a todo el mundo a patadas de la enfermería. - Creo que es hora de que todos nos calmemos - Tras estas palabras se acercaría hacia la rubia, tomando la silla que anteriormente el menor había utilizado. - Sus heridas han vuelto a abrirse, debería evitar realizar esfuerzos y cualquier tipo de movimiento brusco para que cierren con mayor facilidad. - Sus palabras fueron acompañadas de un leve señalar de su índice y su característico acomodar de gafas.

Súbitamente se dio cuenta de que para continuar con su actuacion debería mostrar cierta preocupación por su propio sobrino, por ello, giró su rostro para observar al peliplata que como de costumbre tenía aquella arrogante y asquerosa expresión en el rostro. - Lo mismo va para usted señor Smirnov, si bien sus heridas son de menor gravedad debería cuidarlas para que no vuelvan a abrirse. - Su tono no denotaría cambio alguno, podía parecer un autómata en ese sentido, pero era algo común en él. Sin perder mucho tiempo cruzó su pierna derecha por sobre la izquierda, apoyando sus dos manos sobre su rodilla, entrecruzando los dedos sobre ella. - Por cierto profesor, encontré al director de camino a la enfermería y me pidió que si lo veía le informase que deseaba hablar con usted. - Diría como si nada antes de dirigir una cómplice mirada a los dos menores. - Yo me encargaré de hablar con ellos y reprenderlos como es debido por no asistir a su interesante clase. - Fue todo lo que dijo antes de dirigir la mirada a Hipnos como si le estuviera diciendo que se retirara.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 16, 2012 12:01 am

Los mire a los dos definitivamente eran dos gotas de agua, la actitud me sacaba de quisio pero era interesante en el mismo sentido. Por fortuna llego el salvador no de ellos sino mio, no malgastaria mi tiempo con ellos y lo invertiria en mejores cosas que hacer como castigar a alguien o hacer pruebas para los estudiantes y reprobarlos. Suspire y me coloque las gafas.
Lo mire sin expresion alguna, definitivamente era bueno.
-"Como quiera superman me ha quitado un peso de encima no sea suave no se lo merecen y no creo que ellos deseen que sea asi"-me coloco mis gafas y voy a la puerta.
-"Le enviare mis saludos al director de su parte profesor y luego tomaremos te, hablaremos de los estudiantes mas ejemplares de todo howgarts para premiarlos por su comportamiento"- digo ironicamente mientras señalo a los estudiantes estrella del lugar. Gire y sali de ahi. Los castigaria luego despues de todo era bueno tener poder sobre los demas y esos dos no se salvarian.

(I`m out Dx)
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 16, 2012 3:35 pm

Dominic no se habría percatado de que alguien más se había dirigido a la enfermería además de el profesor que había intentado en vano parecer una figura de autoridad frente a dos estudiantes a los que les daba igual quien se encontrase frente a ellos. Como fuera, tras haberse levantado de su sitio y girado para hablar con Hipnos creyó ver a alguien en el pasillo, sin embargo, debido a que su atención se había enfocado mayoritariamente en el platinado que tenia frente a si no llegó a apreciar ningún detalle que delatara la identidad de aquella figura que como si de un acosador se tratara había observado la escena desde lo lejos. ¿Por qué prestar atención a algo así de todas maneras? La discusión seguiría entre los menores y el profesor de estudios muggles durante algunos minutos más.

Sería cuando el moreno ingresase a la enfermería que Dominic le reconocería, seguramente Elizabeth también ya que era poco probable que le hubiese visto antes, más considerando que el recien llegado había estado en el exterior, en un ángulo respecto a la entrada que haría prácticamente imposible que la fémina le hubiese visto con anterioridad. Una figura conocida por el ojiazul, demasiado conocida para su gusto ya que su relación con el hombre que comenzaba a entablar conversación con la enfermera no era la mejor, de hecho, si podía evitar el contacto con aquel sujeto como fuera posible Dominic no dudaba en hacerlo. Sería por ello que al ver que comenzaba a acercarse dejó escapar un pesado suspiro al creer que debería soportar a dos profesores molestando en lugar de a uno solo que al parecer se había quedado sin habla luego de todo lo que los dos menores le habían dicho.

Su mirada se clavaría sobre su tio cuando éste se acercó en un intento por calmar la situación. ¿Por qué demonios no se metía en sus propios asuntos? Creo que debería meterse en sus propios asuntos profesor. Respondería cortante dirigiendo una fría mirada al hombre. Además, de no ser por la actitud de su compañero nada de esto habría ocurrido. Respondería antes de dejar escapar un suspiro de molestia, su tio le exasperaba de eso no había duda, bastaba ver como la expresión de Dominic cambiaba por completo ni bien aquel hombre se encontraba cerca. Chasqueó la lengua antes de desviar la mirada hacia el exterior de la enfermería como si deseara que algo se llevara a su tio de aquel lugar y a Hipnos también de ser posible.

Guardaría silencio mientras Mikhail comenzó a dar recomendaciones que ya habían oido más de veinte veces por la encargada de la enfermería, haciendo que suspirara pesadamente en un intento por contener el deseo de responderle con un "¿No me digas, en serio?" aunque la mirada que burla que le dirigiría sería suficiente para hacer entender el mensaje de todas maneras. No esperó sin embargo que terminase por aconsejarle a él también, por lo que esbozó una sonrisa divertida. ¿Y a usted qué más le da lo que haga o deje de hacer? Preguntó desafiante antes de oir las palabras que el mayor dirigiría a Hipnos, logrando que finalmente se retirase de la enfermería. ¿Podía ser que hubiera logrado que se tragase aquella mentira y que además no hubiera reaccionado al sarcasmo de Mikhail al decir que su materia era interesante? Quizás, no podía asegurarlo.

Como fuera, una vez el proesor de estudios muggles se retiró del lugar, Dominic desvió su mirada a Elizabeth que hasta entonces había estado pateándole una y otra vez aprovechando cada vez que la enfermera se distraía haciendo alguna otra cosa. Ya deja de patearme condenada. Le diría en un suave murmullo, dándole un suave pellizco en la pierna para que se estuviese quieta un rato al menos. Volvió su mirada hacia su tio y con su típico tono le hablaría. ¿Tiene algo importante que decirnos? Suspiró pesadamente, se estaba cansando de los profesores. Porque de lo contrario creo que lo mejor sería que continue con su agitada rutina y deje de perder el tiempo con dos alumnos que están en la enfermería. Guardó silencio y mantuvo su mirada fija sobre la ajena. ¿Habría sido él quien les había encontrado la noche anterior? Era factible, más considerando que Hipnos parecía no saber nada en concreto.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 16, 2012 3:56 pm

Cieramente la fémina era la que menos posibilidades tenía de percatarse que había alguien más en la zona, después de todo en su posición tanto el Gryffindor como el otro profesor y la cortina le impedían ver más allá de Pomfrey y porque la tenía más o menos delante, si no tampoco. Por ello cuando el nuevo varón entró -demasiado hombre reunido cabe añadir- le resultó extraño pero no mostró signo alguno de respuesta. Estaba enojada, ¿cómo se atrevían a tratarla de menos, más aún conociendo su historial? ¿Acaso tenía que dejar a alguien inválido para que no tuvieran consideraciones con ella o qué? Sin duda eso la ponía de muy, pero que muy mal humor. Ella podía ser todo lo única que realmente era, pero ante la ley era igual a los demás, eso le había inculcado su padre y así seguiría pensando.

Al poder ver finalmente a la otra persona no pudo evitar soltar un pesado suspiro, silenciando el quejido que dicha acción le provocó por sus molestas costillas. Claro que reconocía al profesor, le daba pociones y no era una asignatura que le desagradase especialmente, además era difícil confundir ese alborotado cabello negro. Sin embargo fue en este preciso momento en el que se dio cuenta de algo obvio: Dominic y Mikhail eran parientes, ya no sólo porque compartieran apellido -algo que podía ser mera coincidencia pues había apellidos muy comunes en todos sitios- sino por su apariencia y por sus ojos. Había algo que les hacía similares aún cuando la fémina ahora mismo no supiera definir el qué, quizá fuera un simple parecido familiar. Fuese lo que fuese no dijo nada sobre ello, no quería parecer estúpida revelando su actual descubrimiento.

Cuando el mayor se dirigió a ella la rubia le fulminó con la mriada por unos segundos más bien escasos antes de que sus orbes se desplazaran hacia las ensangrentadas vendas de su brazo, manteniendo su mirada intacta en la zona incluso cuando pateaba al platinado. NI se molestó en voltear cuando Hipnos se fue ni respondió la mirada cómplice del profesor que ahora quedaba en el lugar. Fue sólo cuando sintió el pellizco sobre su pierna que volteó a mirar al menor, soltando un pequeño "Au" antes de patearle una última vez con más fuerza, ganándose de seguro alguna queja o insulto por parte de Dominic. Obviamente el pellizco no le dolió, pero encima que era él quien molestaba no tenía derecho a quejarse de sus acciones. De todas formas ya no volvió a patearle, es más, terminó ignorando por completo a todos los presentes -incluso a Barran- para regresar su mirada a la herida de su brazo izquierdo y, sin delicadeza de ningún tipo, tomó las vendas para arrancárselas del brazo, dejando escuchar el típico sonido de tela rompiéndose al tiempo que esos cuatro zarpazos quedaban a la vista, rojos y ensangrentados.

Dejó caer las vendas manchadas al suelo y tomó una de las gasas que antes Pomfrey había dejado en la mesita para quitarse la sangre que había goteado por su brazo y que seguía circulando de manera lenta pero continua. Estaba claro que ninguno de los presentes se quedaría quieto ante tan bruscas acciones por parte de la joven, pero como ya se ha dicho los estaba ignorando a todos y a menos que la molestaran lo suficiente o la interrumpieran ella seguiría asilada en su mundo mientras dejaba ver la clara intención de curarse ella misma. Desde la muerte de sus padres no había necesitado ayuda, ¿por qué aceptarla ahora? Además la enfermera debía reconocerlo: Elizabeth era la alumna que más veces había pisado la enfermería y había llegado a verla con heridas incluso más graves que esos cortes irregulares que, pensaba, habían sido hechos por algún animal del lago, como decía la excusa que la ojos esmeralda tenía preparada.



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Mikhail Smirnov
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 16, 2012 5:25 pm

Una sonrisita se dibujó en el rostro del pelinegro cuando Dominic le respondió de aquella manera tan característica de él, altanera y molesta, atributos que sin dudas había heredado de su padre ya que si bien la madre del peliplata era poseedora de un carácter fuerte, la arrogancia no era algo que la caracterizase. Acomodó sus gafas y con una fingida expresión de amabilidad le respondió con toda la calma que aparentemente le caracterizaba. - Es mi deber preocuparme y aconsejar a las nuevas generaciones que estén bajo mi tutela. - Sonrió con amabilidad mientras en el interior de su mente numerosas escenas de tortura con Dominic como único protagonista aparecían. Era perturbador como pensamientos tan aberrantes podían esconderse detrás de la afable expresión de aquel hombre.

Volvió a acomodar sus gafas con claras intenciones de retomar la palabra, pero serían las acciones de su sobrino las que harían que estuviera a punto de perder el control, sintiendo el imperioso deseo de utilizar el hechizo Crucio sobre él. ¿Cómo se atrevía a maltratar la piel de la rubia con un pellizco? Imperdonable, tener el descaro de tocar a su musa inspiradora justo frente a sus ojos (y más considerando que había tenido el descaro de dejar a la muchacha en tan deplorable condición la noche anterior). Utilizó toda su fuerza de voluntad para que su rostro y actitud en general no reflejara el odio que aquella simple acción del menor había causado en él, manteniendo una mirada amable y una sonrisa que aunque fingida, acompañaba de manera perfecta a expresión general de su rostro.

Acomodó sus gafas una vez más, mientras que reía interiormente ante la mera idea de que sus acciones podrían llegar a exasperar al ojiazul, había que admitirlo, ver a un sujeto acomodar sua malditas gafas a cada rato era algo que podía acabar con la paciencia de cualquier persona. - Vaya que es frío señor Smirnov. - Diría fingiendo tristeza. - Uno que se preocupa por ustedes luego de encontrarlos heridos en el lago, en una situación... por demás extraña cabe aclarar. - Si que eran desagradecidos aquellos dos, aunque en realidad lejos de una acción caritativa había tenido un sin fin de motivos ocultos. Pero como sea, creo que me doy una clara idea de lo que ocurrió anoche. Diría como si nada antes de meter su mano en el interior de su chaqueta, sacando cuatro frascos con un extraño líquido en el interior. - Espero que la próxima vez no sea tan descuidado señor Smirnov. - Diría entregándole los frascos al menor.

La mirada de Mikhail regresaría a la fémina luego de aquella patada que dio a Dominic. ¿Es que acaso la muchacha tenía un extraño gusto por el dolor y por consecuencia el sadomasoquismo? Dicha pregunta rondó la mente del profesor luego de ver como ella se arrancaba las vendas dejando al descubierto las heridas no se parecían en nada a las que una criatura del lago podría haber provocado. - ¿Me permite? - Le diría a la rubia y antes de que ésta siquiera pudiera responder o quejarse se estiraría hacia la extremidad lastimada de Elizabeth. Tomó su varita y en voz baja comenzaría a utilizar un hechizo. - Vulnera sanentum. - Repetiría el mayor una y otra vez mientras una suave luz comenzaba a recubrir las lastimaduras del brazo de la joven, comenzando a cerrarlas a una velocidad mucho mayor a la normal. No pasarían más de unos segundos hasta que los cortes del brazo de la joven desaparecieron por completo, y una vez terminada su tarea, el mayor se inclinaría hacia atrás.

Acomodó sus gafas y observó a la fémina. - Espero que lo que ocurrió anoche quede para ustedes. - Su tono era indiferente, pero le haría entender a la muchacaha que no tenia necesidad de mentir, él ya sabía a la perfección lo que había ocurrido. - Como tutor legal del señor Smirnov me disculpo en su nombre, lo que tuvo que vivir la noche anterior ha de haber sido un infierno. - Su mirada se mantendría completamente en la fémina, prácticamente ignorando a su sobrino durante todo el tiempo posterior a que le entregase aquellas pociones que claramente eran pociones matalobos. - Será mejor que descansen, ya me encargaré de hablar con el director si llega a preguntar lo que ocurrió anoche. - Y tras sus palabras, dirigiría la zurda en dirección al cuerpo de la joven, apoyándola bastante cerca de su cuello para hacer que se recostase y descansara.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 16, 2012 7:58 pm

La nueva patada que recibiría de parte de la fémina le haría emitir un gruñido de molestia, no le había dolido a pesar de que le había dado una patada relativamente fuerte, pero había sido molesta la sensación que le dio la misma. Como fuera no respondió a lo que el mayor decía sobre aconsejar a futuras generaciones y prácticamente le ignoró mientras hablaba sin parar sobre cosas que no tenían importancia. ¿Desde cuándo le había importado que el menor se comportase de manera distante y fría con él? Aunque prestaría más atención al instante en que mencionó haberles encontrado en una situación extraña. No cabía duda, era él quien les había encontrado la noche anterior y les había llevado hasta la enfermería, seguramente acompañado por la enfermera.

Suspiró relativamente aliviado, era bueno saber que al menos su tio no comenzaría un rumor como parecía que Hipnos estaba a punto de hacer, había que reconocer que a pesar de que Mikhail era un tipo absolutamente insoportable, era un idiota discreto que no hablaría de más y le ayudaría a guardar el secreto. Siguió con la mirada las acciones del moreno de ojos azules cuando éste llevó sus manos al interior de su chaqueta, sacando de su interior unos frasquitos con un líquido que conocía de sobra. No era sorpresa que su tio supiese lo que había ocurrido durante una noche de luna llena, después de todo, se había encargado de mantener a raya la licantropía de su sobrino durante el tiempo que vivió con él y a lo largo de toda su estadía en Hogwarts. Le observó desafiante y dejó escapar un suspiro de molestia mientras le arrebataba las pociones de manera brusca, sin mediar palabra alguna con el hombre, por más que le molestase tenía razón, había sido descuidado la noche anterior.

A punto de volver a decir algo para que el mayor se retirase estuvo, mas las acciones de la rubia le harían volver la atención a ella rápidamente. O-Oye no hagas eso tonta. Diría en un vano intento por evitar que la joven se arrancase las vendas, pero que fue interrumpido por una nueva patada de la rubia para mantenerle lejos de sus heridas. Bien, haz lo que te venga en gana... Comentó molesto antes de levantarse de la cama, observando a la enfermera como si en silencio le pidiese que interviniera para que la rubia se detuviese, después de todo, la enfermera era de las pocas personas que lograban controlar a Elizabeth. Se volteó en dirección a la rubia listo para dirigirse hacia ella luego de recibir una negativa de la enfermera como si le dijera que no importaba lo que hiciera, la joven terminaría haciendo lo que le viniese en gana.

Suspiró con molestia hasta que pudo oir a Mikhail hablar. ¿Estaba loco? ¿se acercaba de esa forma a Elizabeth sin pensar en las consecuencias? Sin embargo se quedaría mudo al notar como el hombre comenzó a utilizar un hechizo que rápidamente cerró las heridas de la joven. ¿Cómo podía haber olvidado aquel hechizo? Aunque a decir verdad, en todos los años en Hogwarts nadie se había tomado la molestia de enseñarlo. Observaría detenidamente la zona donde las heridas de la rubia habían estado, sorprendiéndose de que ni siquiera una marca hubiese quedado en el lugar. ¿Quién iba a decir que éste inútil serviría para algo..? Musitó suavemente antes de bufar molesto al oirle disculparse en su nombre. ¿Por qué rayos se metía en sus cosas?

Se acercaría molesto hacia donde el moreno se encontraba tomándole por el brazo justo antes de que tocase el cuerpo de Elizabeth para forzarla a recostarse. No se meta en mis asuntos, los problemas que yo ocasione los resolveré por mi cuenta y no necesito que me ayude. Presionó con rabia el brazo del profesor antes de soltarlo. Una vez lo hubo liberado, aquel hombre continuó con su accionar, en un intento de hacer que Elizabeth se recostara. No diría nada más, algo que sabía de sobra era que la joven detestaba que le ordenasen que hacer y aún más que invadiesen su espacio personal, su tio acababa de meterse en un problema que debería haber evitado, y que podría haber evitado de no ser por esa maldita manía de toquetear a todas las personas como si eso no le molestase a nadie.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 16, 2012 8:10 pm

Dado su actual estado de aislamiento no prestó ni una pizca de atención a la charla entre ambos varones, es más, incluso Pomfrey la dejó en paz pues sabía que cuando la joven se ponía en ese plan era difícil hacerla regresar a la realidad por lo que, estando a buen recaudo con el profesor de pociones, la mujer se retiró para atender otros deberes aunque permaneció más o menos cerca por si acaso se la precisaba. Por eso no dijo nada, es más, ni pareció inmutarse cuando el moreno comentó que fue él quien les encontró y llevó a la enfermería, aunque en cierto modo le daba exactamente igual mientras no fuera un alumno que haría correr un montón de rumores molestos. No es que le importasen, pero en su vida había lidiado ya con demasiados rumores como par alidiar ahora con más, sería incómodo y si podía evitarlo mejor que mejor.

Por otro lado su respuesta a la retórica pregunta de cortesía que el moreno le cuestionó iba a ser un "No" más grande que una catedral, pero no le dio tiempo siquiera a abrir la boca para, más que nada porque ni cuenta se dio de que él se había acercado hasta que no le vio por el rabillo del ojo, haciendo ademan de separarse pero sin llegar a hacerlo por escuchar el conjuro. No le gustaba que la ayudaran, pero también reconocía que tener esos zarpazos durante unas semanas o meses no era una idea nada tentadora así que dejó que el profesor completara su hechizo, siempre y cuando no se le acercara mucho más de lo que ya estaba. Si Elizabeth era celosa con algo sin duda era con su espacio personal. Como era de esperar la rápida sanación trajo consigo cierto dolor, después de todo el hechizo, por bueno que fuera, obligaba a las células a tomar un ritmo distinto, sin embargo ni un mudo quejido salió de sus labios, permaneció impasible hasta que el profesor terminó, momento en que dejó caer la gasa sobre las vendas que había en el suelo tras limpiarse los pocos restos de sangre que le quedaran en el brazo y manos. No le importó mucho que antes de eso el peliplata intentase detenerla ni que se levantara molesto, después de todo él era bien conocedor de su carácter y, si bien Pomfrey era la única que sabía cómo se comportaba con sus heridas, de seguro al menor no le extrañaba que ella hiciera todo a su manera.

- No soy chismosa si es lo que estás insinuando -respondió después con cierto escepticismo al comentario del mayor. ¿Acaso creía que iba a divulgar a los cuatro vientos que Dominic era licántropo? Estaba claro que no conocía su historial si es que realmente pensaba algo así. Dado el parecido entre ambos ya se había imaginado que el moreno conocía de la condición del menor, después de todo ocultar algo así al encargado de criarte era casi imposible- Ahórrate las disculpas, peores cosas me han pasado -respondería cuando escuchó cómo Mikhail pedía perdón en nombre del platiando, recibiendo por ello una afilada mirada esmeralda que se desvió a un punto inconcreto de sus piernas al musitar aquel último susurro casi inaudible. Como fuera, al menos ahora se quitaba algo de encima pues ya no tenía que usar su excusa, el mismo profesor aclaró que él se encargaría. No obstante la calma no iba a durar mucho, ni siquiera unos segundos en realidad.

Su reacción fue violenta cuanto menos. Hasta entonces no había dado muestras de que lo ocurrido la noche anterior le hubiera dejado nada más que las heridas físicas, sin embargo ahora saltaría a la vista que no estaba tan bien como había aparentado hasta ese momento. En cuanto vio la mano acercarse a ella un ligero temblor se instaló en su cuerpo, casi imperceptible y fue ignorado por la fémina a pesar de que persistió hasta que Dominic le soltó el brazo a su tío, pero en cuanto aquella mano se le posó tan cerca del cuello, cuando la piel de Mikhail rozó su garganta los orbes de la joven se abrieron con un brillo que el mayor sabría identificar muy bien: terror. Durante apenas unas milésimas de segundo la muchacha quedó paralizada antes de usar su diestra para golpear el brazo ajeno de abajo a arriba para alejarlo de ella, impulsándose al mismo tiempo hacia su izquierda para alejarse de él y, por consiguiente, cayendo de la cama por su impulsiva acción pues las camas de la enfermería eran individuales y no precisamente grandes, lo justo para una persona fornida.

Dado que sería físicamente improbable que detuvieran su caída el golpe sonaría por toda la enfermería, seco y contundente pero que dañó más el orgullo que el cuerpo. Tras un enojado suspiro la fémina -de haber caído claro está pues subestimaba los reflejos de los lycans que tenía junto a ella- se incorporaría sin ayuda hasta quedar sentada, usando su diestra para mantener el peso de su cuerpo durante su movimiento mientras utilizaba la zurda para acariciar un poco su cabeza, la misma que -además de su trasero- había chocado contra el suelo. Por suerte no se ganaría ningún chichón ni herida notable, sólo un ligero dolor y una clara molestia tanto por el súbito mareo producido por el golpe como por lo estúpida que debería haber quedado delante de ambos varones. Eso sin contar con que su cuerpo aún temblaba y sus funciones vitales -pulso y respiración especialmente- se habían acelerado. Sin duda alguna su acción sorprendería a todos, Elizabeth no era una chica que rehuyera el contacto físico, no de esa manera tan... aterrada, por así describirlo.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 16, 2012 8:54 pm

El moreno suspiró por lo bajo pues había esperado una reacción diferente a la que la rubia tuvo a causa de su comentario. Si bien había sido su intención hacer que sonara como si la tratase de chismosa, había en cierto modo deseado que ella respondiera de una forma más "amable" al menos hacia él. No se quejaría, estab acostumbrado y a decir verdad esa personalidad indomable y agresiva lograba provocar una fascinación total en el ruso de cabellos azabache. Debió hacer uso de toda su habilidad como actor para que su rostro no adoptara una expresión... algo desquiciada y morbosamente feliz, ¿cómo olvidar su mayor obra de arte? ¿Cómo olvidar la manera en que había acabado con la vida de los Lockheart? Había dejado los cuerpos prácticamente esperando a que Elizabeth les descubriese, mutilados, desfigurados, con sus propias manos que parecían volver a empaparse en sangre al recordar aquel día.

Pensándolo bien, probablemente la forma de ser agresiva de la rubia, como si se encontrase todo el tiempo a la denfensiva muy probablemente era a causa de lo que él había hecho en el pasado, y si esto era así, la satisfacción del moreno sería enorme. ¿Quién habría tenido mayor impacto en la vida de Elizabeth que él mismo? Hacerle cambiar a tal punto como consecuencia de sus acciones era algo que simplemente le parecía majestuoso, como si él se tratase del amor de la vida de la rubia, capaz de hacer que su tiempo se detuviese. Siguió absorto en sus propios pensamientos enfermizos mientras se acercaba a la muchacha con la mano extendida. ¿Cómo se sentiría aquella piel que años atrás había tocado? ¿Seguiría tan suave y tersa como en aquellos dulces años?

A punto estuvo de comprobarlo cuando las palabras y el agarre de su sobrino le sacaron de su mundo de ensueño, haciendo que le dirigiese una mirada fría al menor. Estaba poniendo a prueba su paciencia, ¿se atrevía a tocarle luego de la espantosa marca que había dejado en su cuerpo cuando estuvo a punto de matarle? Esbozó una sonrisa amistosa mientras acomodaba sus gafas. - Le recomiendo que sea menos ruidoso o todos terminarán por enterarse de su pequeño desliz de la noche anterior, aunque no por mi claro está, sino por su propio comportamiento. - Comentó con frialdad mientras observaba como el varón le soltaba. Suspiró tranquilamente antes de volver la mirada hacia la rubia. Esperaba que ahora nada le interrumpiese y que su sobrino se quedase quieto de una buena vez.

Sus manos volverían a dirigirse hacia el cuerpo de la rubia mientras un sin fin de oscuras fantasías se gestaban en su retorcida mente. Aunque nunca esperó que la muchacha reaccionase de la forma en que lo hizo. La expresión de terror que los orbes de la fémina mostraron habrían provocado un morboso placer en el moreno si se hubiera tratado de cualquier otra persona, pero no ella, no deseaba que ella le temiese. ¿Por qué le miraba de esa forma? No tuvo mucho tiempo a pensar en las razones por las cuales la joven habría reaccionado de esa forma, porque el manotazo que recibió en su brazo haciéndole separarlo del cuerpo de la muchacha le haría abrir los ojos por completo, sorprendido y molesto. Quedó en shock ¿su musa le rechazaba de esa manera tan solo por querer ayudarle? No se movería en lo absoluto cuando la joven comenzó a caer, se había quedado completamente paralizado.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Mar Ene 17, 2012 3:28 pm

No podría evitar esbozar una sonrisa de diversión al instante en que la muchacha respondía con un tono que dejaría ver cierta molestia por el mero hecho de haberla tratado de chismosa. A pesar de las innumerables peleas que los dos menores habían tenido a lo largo de los años, de algo podía estar seguro y era de que Elizabeth jamás revelaría nada de lo que pudiera ocurrir entre ellos, podía ser malhumorada, agresiva y molesta, pero ciertamente no era una chismosa. Un suspiro satisfecho escapó de sus labios mientras observaba la situación que ahora se había vuelto a la inversa y terminaba teniendo como victima de la molestia de los dos menores a aquel profesor de negros cabellos y actitud conciliadora. ¿No podían los profesores meterse en sus asuntos sin continuar hostigando a los estudiantes?

Se mantuvo en silencio, no tenía nada que decir y no era de las personas más habladoras cuando tenía que dirigirle la palabra alguien que no le agradaba, no era falso después de todo. Cual espectador de la mejor comedia estuvo a punto de comenzar a reir cuando ella le dijo al mayor que se ahorrara las disculpas, y ciertamente, lo único que le detuvo fue la continuación de aquella respuesta. ¿Cómo reir al oir que cosas peores le habían ocurrido en el pasado? Mutuo acuerdo jamás pactado pero entendido por los dos menores, ninguno se metería o utilizaría el pasado del otro para burlarse o reir, podían ser dos personas problemáticas, pero tenían un código que ninguno de los dos quebrantaría. La situación se volvería ligeramente incómoda luego de oir aquella respuesta de parte de su... ¿amiga? No sabía como calificarla, compañera quizás fuera la palabra más indicada, aunque en pocos días toda barrera entre ambos había comenzado a resquebrajarse.

No se percató de que la rubia había tenido un ligero temblor, ¿cómo hacerlo si estaba con su atención en Mikhail? De haber sabido lo que ocurriría después habría hecho que el mayor se retirase por la fuerza de ser necesario, hubiera dado lo que sea por evitar una situación como la que estaba a punto de suceder. Rápida y certera como una serpiente la joven daría un manotazo al brazo de Mikhail cuando éste intentó hacer que ella se recostara. ¿Le habría hecho daño? ¿Podía ser que hubiera lastimado a la muchacha? Nada de eso tenía importancia, la expresión en el rostro de la rubia sería suficiente para darle a entender al menor que debía actuar. Sin importar que Mikhail se encontrase en el camino, dio un rápido paso en dirección a la rubia, empujando al mayor fuera del camino con la suficiente fuerza como para tirarlo contra la cama que tenía tras de si, inmovilizado como estaba le estorbaba.

¿Por qué Elizabeth había mostrado aquella expresión que él jamás había visto con anterioridad? ¿Acaso era miedo lo que sus orbes esmeralda habían reflejado durante un instante fugaz? No tenía tiempo de ponerse a reflexionar, a pesar de que todos aquellos pensamientos aparecieron en la mente del menor en un tiempo no mayor a los dos segundos, su atención estaba totalmente centrada en la rubia que ahora caía al suelo. El golpe que habia lanzado y su posterior movimiento para alejarse del profesor habían hecho que terminase por caer de la cama. Se dejaría caer al suelo dando una especie de barrida para llegar a detener la caida de Elizabeth. Su fuerte golpe se escucharía en la enfermería porque Dominic terminaría por impactar contra el muro que estaba junto a la cama de la fémina.

Comenzó a sentir algo de dolor en su cuerpo, el golpe que se dio para poder dar esa barrida había sido medianamente fuerte y el posterior impacto contra el muro contribuiría a aquella sensación, sin embargo, había logrado su cometido, evitar que ella se golpease. Los brazos de Dominic rodearon el cuerpo de la rubia, acariciando con suavidad su espalda. Ya, ya... Le diría en un intento por tranquilizarla, había sido extraño ver que ella se pusiese tan nerviosa por el mero contacto físico con el moreno. No dejaré que vuelva tocarte pero tranquilizate. La actitud de Dominic podía fácilmente confundirse con la de un novio preocupado, y si bien estaba preocupado por la joven, lejos estaba de ser su pareja. No dejaré que te hagan daño.

Mantuvo su atención durante un buen rato sobre Elizabeth antes de desviar su mirada hacia Mikhail, una mirada que mostraría molestia y frialdad. Creo que ya es hora de que se retire. Secas y cortantes serían las palabras que el varón le dirigió. Mantendría una agresiva expresión en su rostro como si estuviera listo para saltarle encima si es que intentaba cualquier cosa estúpida. Esperaba que al menos la enfermera interviniese e hiciese que el mayor se retirara del lugar, estaba más que claro que ponía de malas a los dos jóvenes y su presencia no les permitía descansar. Como fuera, volvería la mirada hacia la rubia y se levantaría lentamente con ella en brazos para acomodarla en la cama, sentándose a su lado si es que ella se lo permitía.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Mar Ene 17, 2012 5:01 pm

Pasó completamente por alto las reacciones de todos los que la rodeaban, realmente en cuanto la mano se acercó a ella todo lo demás dejó de existir y todas y cada una de sus acciones se llevaron de forma tan rápida que ni siquiera las pensó. Todo fue veloz e instintivo, no hubo tiempo para pensar nada. Su cuerpo agradeció no haberse golpeado, sin embargo su mente ni lo procesó. En cuanto se detuvo quedó sentada en el suelo, con los brazos pegados al torso al tiempo que sus manos se acercaban a su cuello, pero ni se atrevía a tocarlo. Sus ojos seguían bien abiertos, pero su mirada estaba perdida en un punto inconcreto y sus rasgos y funciones vitales eran fácilmente reconocibles: se estaba ahogando. El aire casi no le llegaba a los pulmones por muy abierta que tuviera la boca para respirar y no reaccionó cuando escuchó los quejidos del platinado, tampoco el sorprendido sonido que Pomfrey emitió cuando la vio caer, todo había sido silencio para ella desde que se hizo el contacto y todos los recuerdos volvieron a su mente como si se los hubieran disparado. Era como si la estuviera ahogando de nuevo, como si esa garra le arrebatase el aire al tiempo que sus zarpas le provocaban heridas en la piel.

Dado que ni siquiera sintió dolor la fémina se mantuvo en shock, si se hubiera chocado lo más probable hubiera sido que el dolor y el mareo la devolviesen a la realidad, pero ahora estaba inmóvil, apenas sí parpadeaba por mero impulso pues se notaba fácilmente que había dejado de ser dueña de su cuerpo incluso cuando la calidez del menor la envolvió, acariciándola y susurrándole en un intento casi inútil por tranquilizarla. No entendió sus palabras, muy difícilmente llegó a reconocer la voz y se dejó llevar, calmando muy lentamente el temblor de su cuerpo y relajando sus músculos, pues todos y cada uno de ellos estaba en completa tensión, rígidos y, obviamente, provocando cierto dolor poor las costillas todavía en recuperación. Siguió respirando con dificultad por un buen rato mientras la enfermera ayudaba al mayor y le buscaba -en caso de que su reacción fuera molestia y/o violenta- tranquilizar explicándole la situación y alegando que, en esos momentos, lo mejor para la muchacha era que le dieran espacio, sobre todo el que había provocado la violenta reacción en su subconsciente. Mikhail tenía fama de ser inteligente, si se había fijado en las marcas del cuello de la joven le bastarían un par de palabras para entender la situación y eso es lo que la anciana intentó antes de volverse a donde estaban los alumnos, prestando toda su atención a la muchacha al reconocer claramente los síntomas del shock,

- No le toques el cuello -intervino rápidamente dicha mujer, dándole indicaciones a Dominic sobre cómo debía tomar y tratar ahora a la rubia. Pomfrey tenía experiencia y, dadas las heridas que la menor presentaba, tenía claro que algo así podía llegar a suceder, de ahí que ni le hubiera vendado el cuello pues cualquier contacto podría ser perjudicial, incluso el del cabello pero por suerte parecía sólo reaccionar ante el contacto con otra persona... por ahora. De todas formas había sido descuidada, tendría que haberlo advertido antes, le habría ahogado aquel mal trago a la joven y a los dos varones presentes. Por su lado la ojos esmeralda permaneció en la misma posición, apenas sí recargó su frente sobre la superficie más cercana -que resultó ser el pecho del platinado- antes de que él la alzara sin encontrar resistencia alguna, aunque cuando la acomodase en la cama ella flexionaría sus piernas para pegarlas a su torso todo lo físicamente posible teniendo en cuenta que sus brazos ni se habían movido del sitio y que sus dedos, rígidos y crispados, se hallaban rozando su clavícula y poco más arriba sin llegar nunca -ni siquiera con las uñas- a la zona del cuello, ahora delimitada por el cambio tan notable de piel pálida a piel amoratada.

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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Mar Ene 17, 2012 7:45 pm

Todo había ocurrido demasiado rápido, pero lo que más había afectado al moreno fue aquel manotazo que recibió de parte de la muchacha, manotazo que le dejó en un estado de ensimismamiento similar al que la joven mostraría poco después a causa del shock de sentir contacto sobre la piel de su cuello. ¿Podría haber sido él quien evitase que la muchacha? Quizás, pero la reacción de Elizabeth le afectó más del o que esperaba. Totalmente inmóvil como si frente a él se encontrase su mayor miedo, aunque claramente, no era así. El rápido accionar del menor pasó prácticamente desapercibido por Mikhail porque no tuvo siquiera tiempo a protestar. En un abrir y cerrar de ojos pudo sentir como le empujaban con una fuerza tal que le haría retroceder varios pasos hasta que sus piernas golpearon una de las camas, terminando sentado sobre esta observando como el varón evitaba que la fémina se golpease.

Pasarían varios segundos hasta que finalmente el moreno volvió a recobrar el control sobre su cuerpo y su mente, notando como ahora era su sobrino quien tenía a la joven mujer entre sus brazos, susurrándole cosas como si se tratara de un novio sobreprotector resguardando fieramente la integridad de su pareja. ¿Es que acaso ellos dos tenían una relación? ¿Podía ser que algo ocurriese entre esos dos jóvenes y lo ocultasen a través de un trato para nada convencional? La mente del moreno había comenzado a trabajar a una velocidad increible, formulando teorías y posibles respuestas a las mismas, haciendo que poco a poco su ceño terminase por fruncirse dando la impresión de que se encontraba molesto por el golpe sobre su brazo, cuando en realidad, la molestia era por el mero hecho de que Dominic fuera el que tenía entre sus brazos a la rubia.

Dicha expresión en su rostro no pasó desapercibida por la enfermera que intentó calmarle, probablemente pensando que la molestia del mayor era debido al accionar de Elizabeth, cuando en realidad era por un motivo mucho más complejo que aquello, de hecho, hubiera preferido que la fémina se subiese sobre él y le desfigurara el rostro a golpes antes de ver como su sobrino demostraba una confianza excesiva con ella. No dijo nada, simplemente asintiría mecánicamente a las palabras de la mujer haciéndole entender que no había motivo para preocuparse, que entendía lo que había ocurrido. Respiró profundo, volviendo la mirada hacia la mujer encargada. - No se preocupe, entiendo lo que ocurrió. - Responderia esbozando una forzada sonrisa de amabilidad al tiempo que se giraba en dirección a los estudiantes.

Asintió instintivamente cuando Dominic le instó para que se retirase, pero luego de uno segundos se percató de lo que acababa de suceder. ¿Podía ser que el menor le hubiese dado una orden y él estuvo a punto de cumplirla por temor a lo que él pudiera hacerle? Quizás la confusión con todo lo ocurrido había llegado a afectarle más de lo que creía, se negaba a aceptar que una simple mirada del varón, sumada a un autoritario tono de voz fuese capaz de hacerle obedecer como a un niño asustado, un niño con temor de ser reprendido si no hace lo que le ordenan. - Espero verlos pronto en clases. - Diría el moreno antes de girarse en dirección a la enfermera y saludarle con su característica expresión de amabilidad, aunque internamente, maldecía una y otra vez a Dominic. Salió de la enfermería y comenzó a caminar hasta su oficina, se encerraría con llave y se descargaría con algún objeto que encontrase, ya nada le importaba.

-Mikhail out-
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Mar Ene 17, 2012 8:56 pm

Prácticamente no se percató de nada a su alrededor luego de ver como la muchacha comenzaba a caer en dirección al suelo. El empujón a su tio, la barrida que daría e incluso el golpe que se dio no serían tomados en cuenta hasta que el joven estuvo con la muchacha en sus brazos. Fue en ese entonces que se percató de como había apartado del medio al pelinegro, de como había estado a punto de golpear con la cabeza el muro luego de deslizarse para atraparla. ¿Por qué había reaccionado de esa forma cuando ciertamente la distancia entre la cama y el suelo no era demasiada como para que la muchacha se lastimase? Era cierto que ella tenía el cuerpo resentido como consecuencia de lo ocurrido la noche anterior, pero aún así, él había sido testigo de lastimaduras peores en el pasado (claro ejemplo las de dias atrás cuando ella cayó de su extraña tabla en el campo de Quidditch) ¿por qué ahora se interesaba tanto por su integridad?

Estaba confundido, y a pesar de que en el interior de su cabeza una dura batalla se libraba para intentar comprender el por qué de sus acciones, en el exterior, simplemente se preocuparía por intentar tranquilizar a la joven que parecía estar ahogándose a pesar de que nada le obstruia las vias respiratorias. No haría falta que le dijesen nada, ni bien dirigió su mirada hacia el cuello de la joven todo pareció encajar a la perfección. Lo poco que logró ver justo antes del golpe que la rubia le dio a la mano de Mikhail fue que él llegó a tocar de manera involuntaria el cuello de ella. ¿Cómo culpar a la joven por su reacción? El estar siendo ahorcada prácticamente debió de ser una experiencia que dejaría marcas más profundas que cualquier otra sobre ella, sin importar la gravedad de las heridas de su cuerpo, las heridas de su interior tardarían mucho más en cerrar, quizás nunca lo harían.

Luego de ver como el moreno asentía a la orden que acababa de darle, giró su mirada nuevamente a la fémina para comenzar a levantarse, acomodándola sobre la cama con el mayor de los cuidados. Su mirada mostraría preocupación, una expresión que no solía mostrar en demasía, pero que con la rubia se estaba volviendo una costumbre. ¿Por qué a su alrededor cambiaba de manera tal que ni él podía reconocerse? Era extraño, aunque... no le molestaba en lo absoluto, ser de una forma que no era con nadie más, curiosa sensación. Habían pasado ya algunos segundos desde que la dejó en la cama, ni bien ella estuvo sentada, flexionó sus piernas, pero no haría que Dominic se levantase. No sintiendo reacción negativa alguna de parte de la joven por haber tomado asiento junto a ella, permaneció allí observando con una expresión que incluso podría calificarse de tierna.

Ignoró por completo las palabras del mayor cuando les dijo que esperaba verlos en clase, en esos momentos la única preocupación de Dominic era Elizabeth, su salud tanto física como psicológica. Giró su rostro brevemente hacia la enfermera que le hizo señas de que no se preocupase antes de continuar con lo que fuera que estuviese haciendo hasta antes de la violenta reacción de la rubia, saliendo de la enfermería pero no alejándose demasiado. ¿Quieres que te traiga algo? Le preguntó en un suave susurro mientras mantenía la mirada fija sobre ella con claros signos de preocupación. Lo que sea que quieras pídelo... Musitó inclinándose levemente para poder bien el rostro de la rubia, para poder observarle mejor.

Guardó silencio mientras su mente comenzaba a divagar en un mar de recuerdos que velozmente parecían estar pasando frente a sus ojos, imágenes, sonidos, aromas, todos los años que llevaba en Hogwarts, todas y cada una de las conversaciones con la rubia así como también todo el enorme repertorio de discusiones y peleas. ¿Podía ser que a pesar de todo aquello la considerase su amiga? Si bien nunca habían sido lo suficientemente cercanos como para hablar de sus problemas y pasado (más que nada porque toda charla que tenían era del tipo que terminaba en una discusión). Fuera como fuera, volvería su mirada hacia la joven esbozando una sonrisa de amabilidad mientras se levantaba de la cama para comenzar a buscar en sus bolsillos, sacando un envoltorio junto a un mp3 (algo maltratados debido a lo ocurrido la noche anterior), siendo un chocolate y el mp3 que el menor utilizaba cuando no quería oir a nadie a su alrededor. No sé si la música que suelo escuchar será de tu agrado, pero como siempre andas con tu mp3 quizás esto te ayude a relajarte un poco. Comentó estirando la mano hacia ella ofreciéndole las dos cosas. Solo espero que el mp3 aún funcione. Diría al recordar que sus ropas se encontraban húmedas al despertar, en cuanto al chocolate, seguramente estaría en buenas condiciones ya que el clima frío debería haber contribuido a preservarlo.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Miér Ene 18, 2012 10:55 am

La salida del profesor pasó desapercibida para la joven al igual que los movimientos de la enfermera, todo lo que sentía en ese estado de shock era el calor de alguien junto a ella y cómo, poco a poco, recuperaba el aire que el recuerdo le estaba robando. Necesitaba calmarse, bloquear la memoria del licántropo a punto de matarla para así recuperar la compostura, luego ya pensaría más fríamente sobre ello. Quizá fuera incapaz de superar esa especie de trauma, pero considerando que había seguido cuerda incluso después de ver a sus padres en tan... lamentable estado -por ser suaves- era muy posible que no tardase demasiado en recuperarse, o menos tiempo del esperado. Le costara o no sería ya cosa de cómo se desarrollaran los acontecimientos a partir de entonces, ahora lo único que importaba es que ella se calmara o agravaría las lesiones físicas que aún perduraban en su cuerpo.

Pasados algunos segundos que se le hicieron bastante largos pudo notar la mirada de alguien sobre ella después de que se la acomodase en la cama. Si fuera capaz de verse a sí misma en esos momentos sentiría lástima e incluso molestia. ¿Cómo era posible que la mujer más problemática de Hogwarts estuviera postrada en la cama y temblando como una chiquilla que le tiene miedo al monstruo del armario? Sólo le faltaba estar abrazando un peluche para que su imagen fuera aún más penosa. Ni siquiera Mattias la había visto así, y en cuanto recuperara el completo control sobre sí misma rezaría para que Dominic se mordiese la lengua. Sabía que él no se burlaría, pero era bien conocedora de que él era un charlatán -en ciertos aspectos- y que podría llegar el momento en que se le escapase algo. O quién sabe, quizá hasta se lo comentase para hacerle la broma de un chantaje, tratándose del peliplata muchas cosas podían pasar y muchas otras podían hacerse con tan insólita escena.

Que la enfermera se marchara marcó el inicio de su recuperación, pues pareció bastar con que ambos adultos se fueran para que la respiración de la joven empezara a normalizarse al igual que su corazón, y no pasaron ni tres segundos antes de que su cuerpo dejara de temblar. Lejos de lo esperado, la presencia del menor la reconfortaba, le ayudaba a calmarse y su cercanía estaba claro que le favorecía pues incluso para alguien como ella -independiente por naturaleza- la compañía era indispensable en un momento como este. Cuando el ojos zafiro le preguntó ella apenas pudo enterarse de qué le había dicho, toda su reacción fue cerrar los ojos, tragar grueso y respirar profundamente, comprobando que el aire volvía a pasar de forma normal por su tráquea y que, si bien la sensación de miedo y asfixia seguía presente, ya estaba con los pies en la tierra. Por ello volteó la mirada hacia el varón cuando él se inclinó para verla. No respondió porque no tenía ni idea de si realmente quería algo en esos momentos, su mente todavía no daba para más que ciertas reacciones y la vuelta de su atención al entorno que hasta hace apenas unos segundos seguía sin existir para ella.

La sonrisa del joven la desconcertó y cuando le vio levantarse su mano se alzó en un intento por detenerle, pero no fue rápida y él se alejó un poco antes de buscar en sus bolsillos. Se dio cuenta -antes de siquiera rozarle- de que su acción era impropia de ella y algo vergonzosa así que recogió rapidamente su brazo, esta vez abrazándose el torso y acariciando sus brazos desnudos para darse calor. ¿Desde cuándo hacía frío? Había sido alejarse él y sentir cómo la piel se le erizaba por el clima, era otoño al fin y al cabo y en su estado era natural que estuviera más sensible a las temperaturas, quién sabe si con todo lo ocurrido en el lago no se habría resfriado. Tragó grueso una vez más al sentir su garganta seca mientras escuchaba de nuevo a Dominic, sorprendiéndose un poco por lo que oía y veía. Dudaba que le estuviera inspirando lástima, pero realmente tampoco tenía otra explicación a que el varón estuviese tan servicial y preocupado. De todas formas decidió no pensar mucho en ello y aceptó en silencio lo que se le ofrecía, tomando ambas cosas con la diestra antes de moverse un poco hacia la derecha, dejándole hueco al platinado para que se sentase. No le invitó con palabras, pero seguro que sus gestos serían suficientes para que él entendiera el mensaje.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Miér Ene 18, 2012 5:23 pm

Aquella imagen que la rubia mostraba estaba lejos de hacer que Dominic siquiera pensase en usarla a modo de burla en su contra. ¿Cómo hacerlo? ¿Tan cruel parecía el peliplata? Una cosa era segura, el verle así de asustada, solo hacía que él se lamentase aún más todo lo ocurrido la noche anterior, había provocado un daño mucho más profundo en ella de lo que había imaginado en un principio. A punto de maldecir estuvo pero sabía que seguir lamentándose lo único que haría sería hacer que la joven se molestase, y ciertamente, con todo lo que había ocurrido ya lo que menos quería era hacer que la rubia terminase poniéndose nerviosa, pudiendo terminar sin respiración como hasta hacía algunos segundos. Suspiró para relajarse y pensar con mayor claridad sobre algo que pudiera hacer para que ella se sintiese mejor.

Fue luego de meditar un rato que la idea de prestarle su propio reproductor de música llegó a su mente. La música tranquilizaba a las bestias según decían, y considerando que Elizabeth podía llegar a ser una fiera, la analogía se cumpliría y quizás hasta funcionase. Al levantarse se percató de que ella había extendido su brazo como si quisiera detenerle. ¿Había pensado que él la dejaría así como así? Era probable, después de todo era sabido que ellos dos preferían estar en solitario, aunque dada las circunstancias, él no se alejaría mucho de la joven ni aunque lo forzaran. Le guiñó el ojo para darle a entender que no se iría de allí, entregando el chocolate y el mp3 a la joven, mas al notar que ella parecía tener frío comenzó a buscar con la mirada alguna manta extra, terminando por sacar una de la cama donde él había estado acostado anteriormente.

Sonrió a la muchacha mientras la doblaba un poco antes de colocarle con delicadeza sobre los hombros de Elizabeth, aceptando la muda invitación que ella le haría. Se sentó a su lado y comenzaría a frotar suavemente la manta sobre el cuerpo de la joven para darle algo de calor. Te verías chistosa resfriada y con la nariz roja, mejor lo evitamos. Comentó divertido mientras observaba a la muchacha con tranquilidad. Fue en ese entonces que se percató de que su torso estaba completamente desnudo y se encontraba dando un espectáculo gratuito para cualquiera que pudiese ingresar a la enfermería. Buscó con la mirada algo con que cubrirse, encontrando así a los pies de la cama de Elizabeth la camiseta que él había estado usando la noche anterior. Tomó la misma y se la colocó, cubriendo su cuerpo antes de volver a acomodarse en el hueco que Elizabeth le había dejado.

Suspiró mientras intentaba acomodar sus cabellos, aunque debido a la venda que cubría su rostro le era algo difícil. Parezco una momia... Diría resignado en un suave murmullo que no iba dirigido a la joven, pero que quizás pudiese oir debido a la prácticamente nula distancia que había entre ambos. Volvió a frotar la manta contra el cuerpo de la joven mientras que una mirada de preocupación se clavaba sobre ella. ¿Te encuentras mejor? Sería su primer pregunta para saber cómo estaba luego de la expresión de terror que había mostrado. ¿Sigues con frío? Preguntaría luego mientras una divertida sonrisa se dibujaba en su rostro. Si quieres comenzaré un incendio en la enfermería para que tengas más calor. Suspiró alegremente. Una fogata serviría pero la apagarían más rápido y no lograría su objetivo.

Una suave risilla escaparía de los labios del varón luego de terminar de hablar mientras que observaba el estado de sus prendas, notando que al menos su camiseta se encontraba en buen estado, sin embargo, algo llamaría su atención. Un aroma familiar pero que no era el propio podía apreciarse en dicha camiseta, un suave y dulce aroma, agradable y fresco. Era el aroma de la joven sin lugar a dudas, ¿pero desde cuando dicho aroma parecía embriagar todos y cada uno de sus sentidos dejándole como un pequeño niño indefenso? Era extraño, muy extraño considerando la personalidad fría y distante del peliplata. ¿Por qué se sentía bien en compañía de la muchacha? ¿Podía ser que los temores que habían estado invadiendo su mente desde el día en que ella terminó por leer su diario se estuviesen volviendo realidad? ¿Podía ser que sintiese algo por ella? Se quedó pensativo durante un buen rato en el que el silencio invadió el lugar, con una expresión acorde al lio que tenía en su cabeza. Si la joven prestaba anteción, se daría cuenta con facilidad de que algo rondaba la mente del varón.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Miér Ene 18, 2012 6:00 pm

Hubiera deseado que el menor no se percatase de su acción pero al ver que, cieramente, se dio cuenta no pudo evitar sentir cierto calor en sus mejillas y desviar el rostro a otro lado cuando él le guiñó el ojo aunque su mirada regresó a él cuando le tendió las cosas, tomándolas sin meditarlo mucho. No llegó siqueira a acomodarse los auriculares cuando sintió algo sobre sus hombros, moviendo su rostro hacia la izquierda para comprobar que tenía una manta sobre ella y al varón dándole calor. Agradeció que estuvieran solos pues la escena seguro les habría hecho ganarse una cómplice mirada de Pomfrey, y eso sólo lograría avergonzarla así que era bueno que nadie más estuviera en el lugar, era bueno tener a terceros alejados. Aún así sus mejillas conservarían ese suave tono rosa que habían adquirido cuando se vio descubierta en su acción pues, si bien la cercanía de Dominic no la molestaba -ahora, luego ya se vería- que él le estuviera acariciando los brazos sobre la manta para darle calor resultaba incómodo por un lado y agradable por otro... Una sensación extraña que se acrecentó cuando se dio cuenta de que el platinado había estado todo el tiempo con el torso al aire.

Aprovechando que él empezó a buscar algo con lo que taparse Elizabeth se dedicó a mirar -más bien admirar- al varón. Ya se lo había dicho mentalmente alguna que otra vez, desde los once años el ojos zafiro se había desarrollado de una manera espectacular. Pasó de ser un chiquillo delgado e incluso con rostro tierno típico de los chibis japoneses a ser un hombre bastante deseable... aunque ni muerta lo reconocería en voz alta, sólo le faltaba que él lo supiera para que su ya de por sí enorme ego aumentase hasta la estratosfera. Cuando se percató al fin de que él empezaba a vestirse desvió el rostro y la mirada hacia el reproductor que mantenía en sus piernas, echando eso sí un último vistado de reojo antes de centrarse en el aparato en busca de adivinar cómo se encendía ese modelo, colocándose mientras tanto el auricular derecho.

Rió por lo bajo cuando le escuchó el comentario sobre las vendas, una risa bastante natural y -raro en ella- espontánea- La que parece una momia soy yo -respondió en susurros más que nada porque la falta de aire le había secado la garganta y le costaba alzar la voz, además dada la cercanía no necesitaban más que eso para escucharse. Poco después su sonrisa se borró al notar la preocupación con la que él la miraba, mostrando en sus labios una pequeña sonrisa justo después- Estaré bien -respondió en primer lugar, tomando con ambas manos la manta para coger los dos extremos con la zurda y mantenerlos unidosen su pecho, cubriéndose así cuanto pudiera del torso salvo un escote que apenas sí dejaba ver parte de su clavícula y la cintura al tener sus brazos como impedimento para que la sábana se cerrase del todo. Así estaba bien, si la cerraba más se agobiaría así que sus movimientos fueron bastante pausados, tenía tiempo de todas formas.

- Dudo mucho que te atrevas a enfrentarte a la gárgola -comentó divertida por lo del incendio pues ya no lo necesitaba, con la manta y el varón tenía calor más que suficiente para estar cómoda. No llegó a percatarse de las reacciones del platinado cuando éste se dio cuenta del aroma que impregnaba su camiseta, y que obviamente le pertenecía a ella. Su herida no había manchado la prenda así que, de haber algún rastro del olor a sangre, sería tan bajo que pasaría inadvertido teniendo en cuenta que, si bien suave, el aroma de la fémina estaba por cada centímetro del interior de esa prenda. Le sorprendería saber que bastaba algo tan insignificante, como ella lo consideraba, como su olor corporal -que no era nada desagradable cabe añadir- para dejar al varón manso e indefenso. No era algo fácil de creer a decir verdad.

Como fuera no se dijó en él hasta que consiguió por fin, tras varios intentos que la hacían sentirse bastante torpe, encender el maldito cacharro que traía entre las manos, dejándolo a un volumen bajo para que la música metalera no le reventase el tímpano derecho. Tras soltar el aparato tomó el chocolate y lo abrió antes de separar una de las filas de la tabla, partiéndola luego por la mitad al tomar con sus dientes una honza, dejando la otra fuera de su boca y las otras dos o tres en su mano, dirigiéndolas hacia Dominic aunque deteniéndose a medio camino al verle tan pensativo. Lo que estuviera rondándole por la cabeza era un misterio para ella y se encontraba indecisa, ¿debía sacarle de sus cavilaciones o dejarle a su aire? Una pregunta que permaneció unos segundos, los justos para que de repente la canción pasara de un ritmo lento y bajo a uno completamente salvaje y alto, sorprendiendo a la despistada fémina hasta el punto de hacerla dar un gracioso saltito y, por mero acto reflejo, soltar el chocolate de su mano -no así el de su boca pues le sirvió para silenciar el muy posible "Kya" que habría soltado- y utilizarla para aferrarse a lo más cercano, en este caso la camiseta del varón, más o menos a la altura del corazón y, por ello, acercando quizá demasiado sus senos al brazo derecho de éste mientras el auricular y el mp3 caían a la cama, dejando escuchar el solo de guitarra que había asustado a la joven.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Miér Ene 18, 2012 7:11 pm

No podría evitar una divertida risa al oir la respuesta de la joven, no había duda alguna, los dos fácilmente podrían pasar desapercibidos en una fiesta de Halloween gracias al estado en el que se encontraban. Como fuera, le quedó observando cuando ella le diría que iba a estar bien. ¿Tan evidente era la expresión de preocupación que tenía en el rostro? Al parecer así era, y considerando que la rubia tenía una habilidad para ver detalles poco común, no era extraño que se hubiese dado cuenta de algo así. No diría nada, simplemente sonreiría al notar como al joven buscaba reconfortarle a pesar de que no se encontraba en buen estado. Elizabeth era todo un misterio, tan agresiva y arrogante en algunas ocasiones, y tan preocupada y tierna en otras, casi parecía transformarse en una persona totalmente diferente el mostrarse linda con él.

Suspiró y volvió a reir cuando ella le dijo que dudaba que él se atreviera a enfrentarse a la enfermera, estaba en lo correcto, aquella mujer era capaz de hacer sentir incómodo a cualquiera con su forma de ser que si bien no era mala inspiraba un respeto difícil de pasar por alto. ¿Me culpas acaso? Es más tenebrosa que el mismísimo señor oscuro... Musitaría divertido mientras su atención volvía nuevamente al aroma de la prenda que se había colocado para evitar que ojos indiscretos le observasen , aunque de haber sabido que Elizabeth era quien le miraba habría continuado con el torso al descubierto con el único y placentero objetivo de hacer que la rubia se pusiese nerviosa. Lamentablemente, ni se percató de que ella le había observado.

De más está decir que durante toda la odisea para encender el reproductor de mp3 que la joven había tenido, el platinado le observó con una expresión entre divertida y enternecida. A punto estuvo de ayudarle, pero a sabiendas de que ella no aceptaría su ayuda se contuvo de ofrecerla (más que nada porque lastimaría el orgullo ajeno al prácticamente tratarla de torpe). Para su fortuna, la joven logró encender el reproductor y con el volmen aparentemente bajo, se dispuso a abrir el envoltorio del dulce. Incluso en su estado de ensimismamiento, la atención de Dominic no se desviaba de la rubia, su mirada se encontraba fija en ella desde hacía un buen rato, algo que podía llegar a resultar incómodo para la joven ya que él le miraba como un niño a una montaña de dulces, como un adolescente enamorado de la más bella joven que jamás ha visto.

Volvería en si al notar que ella extendía su mano con algunos cuadritos de chocolate, y a punto de tomarlos estuvo cuando pudo ver como la muchacha daba un gracioso saltito soltando el chocolate y tomándole por la camiseta, apoyando sus pechos contra el brazo del varón en aquella acción. La primera reacción de Dominic sería reir debido a la pequeña escena que acababa de brindarle la rubia, y lo haría hasta que se percató de que podía sentir algo en su brazo, suave y a la vez firme. Bajó la mirada hacia su brazo dándose cuenta que Elizabeth le había apoyado el busto, pero no solo eso, sino que a su vez, el brazo del menor había terminado justo entre medio de los pechos de la joven, generando una presión bastante... agradable y vergonzosa a la vez. No supo que hacer, se había quedado completamente helado.

El rostro del varón poco más y pareció encenderse en llamas por el calor que invadiria sus mejillas al haberse percatado de la incómoda situación en la que ambos se habían metido. Tragó grueso mientras volvía la mirada hacia el rostro de la rubia, notando como aún tenía aquel pequeño cuadrito de chocolate entre sus labios, dándole una apariencia por demás tentadora y deseable. Se quedó inmóvil, su cuerpo prácticamente no respondía a los pedidos de su mente por recuperar algo de distancia. Su mirada comenzó a desviarse entre los labios de la rubia y sus bellos orbes esmeralda. ¿Por qué sentía la imperiosa necesidad de acortar aún más la distancia con ella? Intentaba buscar una respuesta que jamás llegaría y que quizás, a falta de la misma, terminaría haciéndole tomar una decisión equivocada. Su corazón se aceleró mientras un suave calor recorría todo su cuerpo, mientras él, con un nerviosismo fácilmente apreciable, comenzaba a acortar la distancia con la rubia, acortando la distancia entre ambos en un intento por unir sus labios con los de ella.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Miér Ene 18, 2012 7:39 pm

- Qué me vas a contar... -respondió soltando un divertido y cansado suspiro ante la afirmación del albino sobre la enfermera. Ciertamente Pomfrey era una de las empleadas de Hogwarts que más respeto y temor infundía, ya fuera por su carácter, su posición dentro del colegio o por ambas cosas. De una u otra forma nadie vacilaba a la enfermera, y la única que se atrevía a hacerlo y seguía pudiendo caminar por sus propios medios estaba allí mismo, sentada en una cama y compartiendo su tiempo con su archienemigo sin aparentes intenciones de convertir su tranquilo momento en una de sus tan habituales peleas. Pomfrey agradecería eso, seguro que si ambos convertían la enfermería en un campo de batalla -como solía ocurrir con cualquier lugar donde se encontrasen- tendrían que huir del país para que la gárgola no les atrapase.

En cuanto a su dificultad para encender el aparato no es que fuera torpe, además conocía el reproductor de habérselo visto algunas veces a Dominic pero dadas las circunstancias era más que obvio que le iba a costar incluso recordar cómo se encendía el suyo propio, por no hablar de que era algo torpe con la diestra, era ambidiestra pero zurda de nacimiento, siempre tendría algo de torpeza con la mano derecha, de ahí parte de su tardanza. Suerte para el menor que ella no se percató de cómo la miraba en ese momento, de otra forma le habría hecho tragarse el mp3 con auriculares incluidos. Fue poco después, cuando quitaba parte del envoltorio al chocolate para ser más exactos, que se percató de que él la miraba aunque no le hizo mucho caso a ese dato pues fue incapaz de descifrar qué tipo de mirada le estaba dirigiendo. Se le antojaba extrañamente familiar a la de las chicas que, alegando estar enamoradas, se habían acercado a su hermanastro en pos de conseguir una cita... terminando por ser ahuyentadas por la rubia pues Mattias no era una persona a la que se le diera bien decir que no, y menos a un puñado de adolescentes que le ponían cara de cachorrillo abandonado. No obstante, esa similitud le pareció tan descabellada que la descartó inmediatamente sin saber que, quizá, estaba en lo cierto.

La risa de Dominic la sacó de su pequeño trance tras el saltito que dio y, mentalmente, maldecía una y otra vez a la canción que estuviera sonando así como al reproductor y, por consiguiente, al dueño de éste, al mismo a quien estaba agarrando por si fuera poco. Ni cuenta se dio de dónde había colocado sus senos, sin pretenderlo claro, pero la posición no se le antojaba incómoda, es más, el calor del varón era agradable así que no parecía tener prisa por soltarse. Eestuvo mirando por un corto rato al mp3 como si quisiera hacerlo explotar con la mirada antes de volverse hacia el menor, sorprendiéndose por lo que vio. ¿Era un sonrojo lo que estaba viendo? ¿Desde cuando el peliplata se sonrojaba estando cerca de ela? Su lista de preguntas sin respuesta aumentaba bastante y, a pesar de tener una curiosa habilidad para fijarse en los detalles y memorizarlos casi de forma inmediata, eso no implicaba que supiera descifrar lo que había tras ellos, como en esta ocasión en la que ni se percató de que su pecho estaba cerca, demasiado cerca de él.

Intentó preguntarle si estaba bien pues si ella estando en peores condiciones no enfermó, sería improbable que él sí, pero el chocolate que mantenía en sus labios le impidió hablar a menos que quisiera que éste cayera sobre su clavícula y no era una idea muy tentadora. Una de sus cejas se alzó al verle tan... extraño, no tenía otra palabra para describir las expresiones que el varón estaba poniendo, y esa fija mirada que vagaba entre sus ojos y algún otro lugar de su rostro la estaba poniendo incómoda sin saber porqué. Dado que su mano derecha estaba casi sobre el corazón del platinado pudo sentir cómo se le aceleraba, preocupándose aún más al notarle nervioso. ¿Qué demonios estaba pensando?... ¿Y por qué se estaba acercando tanto? ¿Pretendía... besarla?- "Imposible -pensó de manera fugaz al creer que estaba delirando. ¿Por qué DOminic querría besarla a ella? Se sentía estúpida al pensar en eso, pero fuera lo que fuera se había quedado paralizada, apenas sí soltó un bajo suspiro que le hizo entreabrir los labios lo justo para que el aire saliera, pero no para que la honza de chocolate cayera y, estando dicho dulce ahí, sería un poco difícil que el menor la besara sin antes tomar el chocolate, siempre y cuando ese fuera su plan...



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Miér Ene 18, 2012 8:17 pm

Vaya que había sido afortunado de que la joven no se percatase de que él le estaba observando de una forma para nada normal, después de todo, gracias a ello había evitado terminar con el mp3 en su boca y quizás hasta en su estómago, la delicadeza de los golpes y agresiones de Elizabeth era nula. Fuera como fuera, la confusión que el peliplata sentiría a causa del saltito y agarre ajenos no se alejaría de su mente al notar como ella se quedaba en su lugar como si no le inomodase en lo absoluto la situación en la que estaban, como si la cercanía entre ambos no fuera un detalle a tener en cuenta a pesar de que parte del cuerpo del varón estaba en contacto con un lugar considerado taboo en el cuerpo femenino, un sitio que no cualquiera podía llegar a tocar y que si lo hacía debía haber sentimientos involucrados.

Comenzó a preguntarse seriamente si es que la joven no se había percatado del pequeño o mejor dicho gran "detalle" que tenía entre sus senos. Al parecer ese era el caso, quizás por las vendas o tal vez pensando que era el torso del varón. ¿Qué pasaría si ella terminaba por darse cuenta de la cercanía entre ambos? ¿Terminaría dándole un golpe directo al rostro por haber aprovechado la situación sin haberse alejado para recuperar la distancia? Era probable, bastante probable considerando que la joven tenía un temperamento bastante fuerte y no escucharía las excusas del menor al respecto, ella era de las que golpeaban primero y preguntaban después. Era una situación delicada, demasiado delicada quizás, el más mínimo movimiento del joven podría hacer que Elizabeth se percatase de la posición en la que ambos se encontraban.

Fue por esto, y por el hecho de que se encontraba bastante nervioso no solo por lo que ella podía hacer si tomaba a mal las acciones del varón, sino que por la situación en general, la cercanía, el contacto con el cuerpo ajeno, todo contribuía a aumentar la tensión que Dominic sentía en esos momentos donde su mente batallaba para buscar el mejor curso de acción. Debido a los innumerables pensamientos que giraban en el interior de su cabeza, no se percató de que la rubia le observaba extrañada. ¿Por qué le observaba de esa manera si él no estaba haciendo nada que pudiera llegar a molestarle? O al menos eso creía, ya que ni se percató de que de manera inconsciente había comenzado a acercarse hacia ella. La distancia entre ambos se redujo a tal punto que tan solo unos tres centímetros les separaban, prácticamente podría sentir la respiración de Elizabeth estando tan cerca.

Ajeno totalmente a lo que ocurría en la mente de la muchacha, no se detuvo hasta que ella entreabrió sus labios dejando escapar un suave suspiro que prácticamente pareció despertarle de ese mundo de ensueño en el que se encontraba inmerso, cautivado y prácticamente hipnotizado por la visión de aquella joven de cabellos dorados que tan bella se le hacía en ese momento. Toda su imagen (a pesar de las heridas) se le hacía atractiva, pero todo tenía un final. Sería en el instante mismo en que el aliento de la rubia acarició sus labios cuando se percató de lo que estaba a punto de hacer. ¿Cómo podía encontrarse tan cerca de los labios de la rubia sin haberse dado cuenta de lo que hacía? ¿Estaba pensando seriamente en darle un beso en los labios? ¿Tantas ganas de terminar en coma tenía?

Abrió los ojos como si le hubieran golpeado con una fuerza devastadora antes de tomar el trozo de chocolate que Elizabeth tenía en los labios con los propios, apenas rozando los ajenos. Masticó y tragó el pequeño trozo de chocolate antes de observar a la joven con un notorio sonrojo en las mejillas que se negaba a abandonar su posición. ¡Por tirar el chocolate que ibas a darme! Comenzó a reir de manera nerviosa mientras un pequeño tic hacía que su ceja izquierda temblase en un notable movimiento de arriba a abajo. Desvió la mirada para evitar que la rubia se percatase de los claros signos de nerviosismo de su rostro, si ella se daba cuenta quizás también se daría cuenta de que en efecto, lo que él iba a hacer era besarla y se detuvo cuando se dio percató de lo que estaba a punto de hacer.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Jue Ene 19, 2012 4:26 am

A decir verdad la joven ni se percató de lo incómoda y malinterpretable que era la posición en la que se encontraban, ni se había puesto a pensar en ello siquiera pues, quizá por las vendas o quién sabe porqué, el brazo que mantenía entre su busto no le incomodaba. Podría decirse que sólo sentía algo allí, lo que ese algo era escapaba a su conocimiento, y no es que le apeteciera mucho averiguarlo porque de haberlo hecho su reacción podría haber sido -como el varón suponía- violenta al igual que avergonzada pues nadie, absolutamente nadie había logrado tocarla en esa zona ni por descuido siquiera, el peliplata podía considerarse afortunado, o desafortunado según cómo se mirase la situación. No obstante era curioso que la persona con la que peor se llevaba de todo Hogwarts fuera precisamente una de las personas más cercanas a ella... La vida estaba llena de sorpresas sin duda.

Desconocía el hecho de que el varón ni cuenta se había dado de que estaba reduciendo la distancia, ella misma sólo se percató porque de pronto le vio demasiado cerca, incluso creyó sentir la respiración del menor acariciar su rostro y, con éste, sus labios haciéndole así soltar ese suspiro cuyo significado no tenía nada claro. Si alguien hubiera entrado en ese momento Elizabeth se habría muerto de vergüenza por físicamente imposible que fuera eso, aún así por suerte -o por desgracia, quién sabe- nadie interrumpió la escena y el ojos zafiro salió de su ensoñación a tiempo, cambiando los planes de su subconsciente y, seguramente, improvisando al tomar la honza de chocolate que la rubia mantenía en sus labios. Su piel se erizó al completo y un travieso escalofrío recorrió su columna de abajo a arriba y de vuelta a abajo cuando sintió un roce cálido sobre sus labios. Eso no podía considerarse un beso, sin embargo había dejado a la fémina tan sorprendida como si en verdad la hubiese besado.

Parpadeó un par de veces incrédula y salió de su sorpresa sólo cuando le escuchó excusarse, ignorando sin pretenderlo aquel rubor que le teñía las mejillas pues estaba más preocupada intentando ocultar el suyo. Al fin le soltó y dirigió ambas manos a su derecha, bajando un poco el rostro y, metafóricamente, dejando que un aura negra y peligrosa -lo más que se podía dada su débil condición- comenzara a rodearla antesd e que nombrara al varón en un susurro casi inaudible y muy tenebroso, tétrico incluso. Dado que no le miraba no se dio cuenta de las señales de nerviosismo salvo la risa, aunque tampoco eso le advirtió pues estaba enojada, demasiado como para darse cuenta de que él en verdad había tenido intención de besarla justo antes de darse cuenta e improvisar, cambiando así de planes para no ser descubierto.

- ¡Serás imbécil! -y justo después de pronunciar la última sílaba se escuchó un mullido golpe en parte de la enfermería, provocado por la almohada que la fémina tomó con ambas manos y que no dudó en estampar contra el perfil derecho del rostro ajeno en un movimiento circular de derecha a izquierda, dejando la segunda almohada donde estaba: a mano izquierda de ambos. No obstante su molestia, o eso creía, no era a causa del casi beso, sino de algo un poco... más infantil- ¡Ese trozo era mío, idiota! -efectivamente, estaba molesta y se quejaba porque le había robado, de manera poco usual en realidad, el trozo de chocolate que mantenía en los labios y que pensaba tomarse ni bien partiera la unión entre ese y el que tenía en la boca, algo que Dominic se encargó de hacer por ella. Así pues sin pensárselo mucho volvería a intentar golpearle con la almohada, dejando salir una rabieta que no tenía desde hacía más de once años, desde antes de que la mandaran al reformatorio para ser exactos. Nadie le robaba los dulces, ni siquiera el dueño de éstos y parecía más que dispuesta a empezar -si Dominic le seguía el juego- una guerra de almohadas con la enfermería como campo de batalla.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Jue Ene 19, 2012 4:23 pm

No se percataría de que ella se había quedado observándole como si no pudiera creer lo que acababa de ocurrir, después de todo, prácticamente ni cinco segundo habían pasado desde que le arrebató el chocolate a la joven de esa manera tan particular, incluyendo la excusa, tal vez habría tardado unos siete u ocho segundos antes de voltearse para evitar que ella se diera cuenta de lo nervioso que estaba por lo que acababa de ocurrir. No se dio cuenta del rubor que había teñido las mejillas ajenas, rayos, ni siquiera se había dado cuenta de que un aura maligna parecía haber comenzado a rodear a la rubia. No fue hasta que recibió el insulto de la rubia que reaccionó, dando un pequeño saltito en la cama como si acabasen de descubrirle a punto de hacer una travesura mientras instintivamente se encogía de hombros.

No reacción, definitivamente la joven había sido mucho más veloz que él en ese momento y fue por ello que terminó con un fuerte golpe en el rostro, pero para su sorpresa, estuvo lejos de ser doloroso. ¿Desde cuándo los puños de la rubia se habian vuelto tan suaves, mullidos y cómodos? Fue durante esa estúpida pregunta que se percató de que en realidad ella acababa de golpearle con una almohada. ¿Una almohada? ¿Se había librado de lo que había estado a punto de hacer? Era demasiado bueno para ser verdad, ¿qué posibilidades de salir ileso habían luego de tener su brazo entre los senos de la rubia y luego estar a punto de besarla? De una u otra forma había logrado escapar del castigo de la joven, a pesar de que su expresión mostraba su desconcierto al no saber cómo había hecho para lograr tal proeza.

Fue durante su pequeño trance que finalmente escuchó a la fémina quejarse porque le había quitado un trozo de chocolate que era de ella, un comentario que le despertaría y le haría observarle con incredulidad. ¿Estaba haciéndole un berrinche por un trocito de chocolate solamente? Si que no se lo esperaba, después de todo, la rubia siempre se mostraba bastante seria como para siquiera pensar que podía llegar a molestarle algo (a su forma de verlas cosas) tan insignificante como aquello. No tenía tu nombre escrito en él~ Diría con un tono que mezclaría la diversión y el desafio. No tardó mucho en estirarse en dirección a la cama contigua para tener los medios para defenderse. ¿Quién iba a decir que ellos dos podían terminar de esa forma y más aún en la enfermería?

Seguiría con la mirada las acciones de la fémina cuando ella le lanzó un nuevo golpe con la almohada, golpe que no esquivó, pero que aprovechando que al atacar ella indefectiblemente bajaría la guardia, extendió su brazo en dirección al rostro de la joven, con claras intenciones de darle un suave golpecito en toda la cara que de impactar le haría mover la cabeza suavemente hacia atrás. No lo haría de manera violenta, después de todo, era un simple juego y estaba consciente de que incluso intentando golpearle de manera delicada podría terminar haciendo que Elizabeth sintiese dolor debido a la condición en la que se encontraba todo su cuerpo, que ella se encontrase dispuesta a esforzarse para golpearlo era buena señal, pero aún así, él no contribuiría a aumentar el dolor que ella pudiera llegar a sentir a causa de sus propios ataques. En caso de que su golpe acertase sobre el rostro de la joven, Dominic se haría ligeramente hacia atrás (sin levantarse de la cama), para prepararse para el próximo golpe de la rubia, esbozando una divertida sonrisa en su rostro.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Jue Ene 19, 2012 5:40 pm

En cualquier otra circunstancia se habría reído por el tonto saltito que él pegó cuando le insultó pero estaba molesta, lo bastante como para no reírse de algo que en Dominic se veía completamente ridículo. Esa reacción y el encogerse de hombros de aquella manera no pegaban nada con el varón y hubiera sido un buen arsenal para futuras burlas, pero en esos momentos le importaba mucho más su molestia por lo del chocolate que la gracia que le hicieran aquellos gestos. Fue por eso por lo que sus acciones no se vieron modificadas en ningún momento ni aspecto, además podría decirse que su cuerpo fue más rápido que su cerebro pues el golpe había sido más que nada algo instintivo, se había peleado tanto con él ya que formaba parte de su naturaleza... por decirlo de alguna forma.

Sin duda Dominic debía dar gracias porque la fémina no se percatase de sus verdaderas intenciones, de no haber sido así ahora estaría probablemente inconsciente y comiéndose las baldosas del suelo del golpe que recibiría por parte de la muchacha. Ciertamente Elizabeth no era en absoluto delicada, no en las peleas al menos pero tampoco tenía sentido suavizar sus golpes. Si pegaba a alguien prefería hacerlo bien. El desconcierto ajeno no le pasó desapercivido pero no le prestó demasiada atención, la consideró como otra de las muchas cosas que ella utilizaba para afirmar que el ojos zafiro era estúpido. Como fuera, su atención seguía fija en él y se la escuchó gruñir -además de quejarse con vehemencia- cuando le restregó lo del chocolate, lanzándole así el segundo golpe aunque se sorprendió por ver que él ni lo esquivaba ni se defendía. ¿Tan débiles eran ahora sus golpes que ni falta le hacía cubrirse? Probablemente, pero eso no le quitaba las ganas de golpearle, al contrario, las aumentaba.

Entre unas cosas y otras, y tras haber recibido el golpe en el rostro que le hizo fruncir más el ceño y gruñir con más fuerza, la enfermería se transformó en un campo de batalla con almohadas volando de un lado a otro junto a algunas frases de burla y otras de supuesta victoria en una guerra bastante ridícula y que seguro ninguno de ellos sacaría de esas cuatro paredes. La batalla hubiera durado horas, sin ánimo de exagerar, de no ser por la entrada de un personaje no esperado: Pomfrey. De seguro ambos jóvenes serían incapaces de evitar temblar ante la -ahora- amenazante presencia de la enfermera que les miraba cual diablo a dos almas en penitencia, dispuesto a llevar a cabo el castigo pertinente a sus pecados. Extrapolado a la situación el único pecado de los muchachos era el de haber desbaratado toda la enfermería en su guerra de almohadas que ni marcas dejaría en sus pieles, aunque quizá las costillas de la muchacha se resintieran un poco después de tanta actividad física que -todo hay que decirlo- le vino de perlas para dejar de lado su estado convaleciente. Estar tirada en una cama de enfermo no era su estilo... y para qué mentir, tener una guerra de almohadas con el peliplata era mucho más divertido de lo que había esperado.

De todas formas aquello acabó como era de esperarse... La enfermera se puso echa una fiera y dada la personalidad de Elizabeth fue ella la primera en caer al decirle que no era para tanto, que con un movimiento de varita todo volvería a su sitio. Claro que las palabras clave que provocaron que Pomfrey la dejara inconsciente fueron "gárgola" y "vieja", algo por lo que de seguro el peliplata se reiría por un buen tiempo. No obstante él también recibió lo suyo por seguirle el juego a la joven y ambos quedaron inconscientes, tendidos en sus respectivas camas y, por mera precaución, la rubia quedaría amarrada con unos arneses hasta que la anciana la liberase... o hasta que despertara y tomara su forma animaga para escapar.

~ Fin de escena ~



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