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 Secuelas de una noche en el lago.

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Dominic Smirnov
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MensajeTema: Secuelas de una noche en el lago.   Dom Ene 08, 2012 1:13 pm

¿Cuánto tiempo habría pasado? ¿Minutos? ¿Horas? ¿Días quizás? No lo sabia, solo podía entender que se encontraba en la enfermería con un dolor insoportable tanto en el pecho como en la cabeza. "¿Por qué estoy aquí..?" Se preguntó mentalmente mientras levantaba las sábanas para intentar levantarse, aunque se daría cuenta de que solo estaba vestido del torso para abajo, con un pantalón andrajoso y algo sucio. ¿Por qué demonios estaba en la enfermería de esa forma? Dejó escapar un suspiro cuando una punzada en su cabeza, junto a una marejada de imágenes comenzaban a invadir su cabeza como si estuvieran pasando una película delante de sus ojos. La diestra del platinado se dirigió instintivamente hacia su rostro, pudiendo notar que tenía algunas vendas cubriendo su cráneo. Suspiró pesadamente, era bastante molesto despertar sin saber qué habia ocurrido y sintiéndose aún peor que si tuviera una resaca.

Pasaron algunos segundos hasta que optó por sentarse en la cama, sintiendo una nueva punzada, al tiempo que un nuevo caudal del recuerdos le invadía haciéndole recordar lo que había ocurrido la noche anterior. ¡Elizabeth! Gritó antes de levantarse de manera abrupta de la cama al recordar que se había transformado frente a ella y que quizás, las pesadillas que habían invadido su mente durante la noche, en las cuales era testigo de sus propias acciones como si las viera desde la vista de un espectador podrían ser memorias de lo que había ocurrido horas atrás. Pero si ese era el caso... ¿es que Elizabeth había muerto en sus manos? La mera idea harían que la razón del varón estuviera a punto de esfumarse, por lo que sin cuidado alguno avanzó en dirección a la puerta con claras intenciones de dirigirse hacia el lago para ver si la fémina se encontraba allí.

No tuvo que avanzar demasiado, porque ni bien pasó la primer cortina que cubría su cama, podría ver a la enfermera revisando a una estudiante en la cama que se encontraba situada directamente a la derecha a la del varón. Elizabeth... Musitaría antes de acercarse a donde ella estaba, arrodillándose a su lado mientras tomaba la zurda de la joven que estaba cubierta de vendas ensangrentadas. Observaría a la fémina por completo, estaba bastante lastimada, con claras marcas de una enorme mano alrededor de su cuello. "Maldición..." Se dijo mentalmente. "Esto es mi culpa..." Sus puños se apretaron mientras apretaba sus dientes en una clara expresión de rabia e impotencia. "Si tan solo no hubiera olvidado esa maldita poción..."

La mente del peliplata le atormentaba, mientras él se maldecía una y otra vez por el estado en el que había terminado la muchacha pura y exclusivamente por su culpa. No se perdonaría haber dejado a alguien más en ese estado por un estúpido descuido y aún menos por ese alguien ser Elizabeth. Buscó una silla y se acomodó a su lado, muy a pesar de los sermones de la enfermera sobre volver a acostarse, sermones que ignornó por completo al no interesarle para nada su propio estado y (siendo algo increible) estando más preocupado por alguien más que por si mismo. Rascó su mejilla mientras se quedaba observando a la mujer en cama la cual tenía una expresión que jamás le había visto con anterioridad, muy a su pesar, debía admitir que durmiendo ella se veía completamente diferente, mucho más tranquila, tierna incluso.

Permanecería junto a la rubia por cualquier eventualidad, dudaba que su vida estuviera en peligro por la calma expresión de la enfermera, pero aún así, y por primera vez en su vida se sentía culpable por el estado en el que ella había terminado. Tienes que recuperarte... Diria en un suave murmullo mientras su mirada se mantenía sobre el angelical rostro de la rubia. Tienes que... Diría antes de dejar escapar un suspiro de tristeza. Se cruzó de brazos y en silencio, se quedaría observándola. Cambiaría de posición varias veces durante el tiempo que ella estuviese dormida, cruzándose de brazos, piernas, usando sus manos como apoyo para su cabeza o inclinándose hacia adelante. Quería disculparse con ella, sentía que debia hacerlo.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Dom Ene 08, 2012 2:20 pm

Le dolía todo el cuerpo, eso era cuanto sentía desde hacía ya un buen rato. No sabía dónde estaba, muy apenas sí recordaba quién era ella en ese estado de inconsciencia que no llegaba a ser sueño, pero en el que tampoco se podía decir que estuviera despierta. No podía moverse, no por el dolor, sino porque no llegaba a sentir su cuerpo que se encontraba ahora en reposo en una de las tantas camas de la enfermería, justo a la derecha de donde se encontraba Dominic desde que les habían encontrado. Intentaba hacer memoria, pero todo lo que recordaba era algo atacándola y tras ello un extraño sonido que a duras penas podía calificar como graznido. Se removió incómoda por unos segundos cuando el dolor se hizo algo más acuciante en su cabeza y en una parte de su cuerpo que no sabría calificar cuando, todavía aparentemente dormida, la enfermera había empezado a curar y vendar por quizá tercera vez los desgarros que marcaban su brazo izquierdo y que a duras penas dejaban de sangrar gracias a los expertos cuidados de la madame.

Acabadas de cambiar tales vendas sólo le restó el dolor de cabeza y una ligera incomodidad en el cuello, un extraño picor que era sustituido por escozor de vez en cuando, producto de -seguramente- alguna pomada o loción que ayudara a cerrar los arañazos que tenía en su nuca así como curar las marcas que surcaban la piel de su cuello. Su control sobre el tiempo en esos momentos era nulo, lo que ella creía minutos fácilmente podían haber sido horas y no podía discernir si era de día o de noche, si no fuera por el dolor incluso hubiera pensado que estaba muerta. En fin, fuera cuanto fuera el tiempo que había pasado desde que entró en ese estado en el que podía pensar pero no actuar se dedicó a aclarar su cabeza, volviendo sobre sus pasos hasta el último momento que recordaba algo visible.

Recordaba haber salido de la cama, asistido a clases, ignorado a los profesores y varias cosas más mundanas que la llevaron a volver a la cama. A partir de entonces fue cuando se le hizo dfifícil discernir sus propios recuerdos. Se escabulló de los dormitorios y salió del castillo en dirección a algún lugar con Barran, pero tras eso sus memorias daban un salto hasta la pelea con una masa negra de la que sólo distinguía ahora dos orbes dorados como los de un basilisco, pero con la forma de los de un lobo- "¿Lobo?" -se perguntó y entonces fue cuando la criatura tomó forma, cuando la nube negra comenzó a tornarse un licántropo de pelaje negro como la noche y colmillos de igual blanco que la Luna. Su rostro se crispó durante unos segundos atrayendo por completo la atención de la enfermera, quien hasta ahora había permanecido bastante calmada e incluso diciendo frases del tipo "Sois tal para cual" refiriéndose claramente a los únicos dos pacientes que ahora tenía.

Su apacible expresión cambió y un quejido surgió de sus labios, provocado tanto por la herida de su brazo como un nuevo dolor que apareció en su costado, producto de las costillas rotas que le ardían en cuanto respiraba un poco más rápido de lo normal. La enfermera se había encargado de que la falta de sangre que había hecho peligrar su vida ya no fuese un problema así que no estaba en una grave condición, pero era entendible que tras horas de calma una reacción imprevista como esa -por pequeña que fuera- pusiera sobre alerta a la anciana y a la mujer que la asistía. Durante un largo minuto la expresión de la rubia mostró dolor, respirando por la boca en un intento de recuperar el aire que sus recuerdos estaban quitándole porque si bien por fuera sufría, por dentro la batalla estaba sucediéndose casi a cámara lenta, como si recibiera por segunda vez cada herida y cada sensación, especialmente el miedo que había sentido y que a duras penas logró ocultar durante el transcurso de la contienda.

Aún así su mente seguía sin permitirle saber la identidad de ese licántropo con el que se había batido, no hasta que un nuevo salto la llevó desde el arañazo de su brazo hasta la rotura de sus costillas y de ahí al final de la contienda, cuando a duras penas sentía su cuerpo y sostenía obstinada otro con un abrazo casi sobreprotector. Plateado, fue todo lo que vio antes que su cuerpo volviera a relajarse en un último suspiro, escuchando de nuevo y justo después esa especie de graznido y que su mente se volviera a quedar en blanco para dar paso a un grito que llevaba su nombre en cada sílaba junto a un cálido tacto que no sbía de dónde provenía. Su respiración volvió a ser calma y pausada, los músculos que se le tensaron por el dolor se relajaron y, en definitiva, quedó quieta una vez más en la cama, como si hubiera tenido una pesadilla de apenas minuto y medio tras la que sus ojos aún bajo sus párpados comenzaron a moverse.

Tras algunos segundos más sus párpados se alzaron despacio, cerrándose casi al instante por el cambio de oscuridad a una luz demasiado brillante que le hizo fruncir un poco el ceño. Se sentía como si acabara de despertar con el Sol pegado a la cara tras varios días de estar tirada en la cama sin una mísera luz a su alrededor. Aún así cuando consiguió al menos abrir sus ojos lo suficiente como para poder ver algo con ellos sus labios se abrieron en pos de decir algo en apenas un susurro débil y cansado, pero audible aún así- ¿Dónde...? -no pudo acabar la frase ni falta que le hizo en realidad pues incluso en ese estado reconocía el techo de la enfermería. Ahora la cuestión era... ¿qué demonios hacía ahí? ¿Acaso la enfermera jefe había logrado obligarla convencerla de que guardara reposo? Imposible, las heridas de su aparatosa caída en el campo de quidditch estaban curadas salvo ligeras molestias en el brazo derecho y no recordaba haberse peleado recientemente, al menos no fuera de su ritmo normal. Intentó hacer memoria mientras parpadeaba en pos de acostumbrarse a la molesta luz del lugar que le hacía arder los ojos.

Miró a su derecha, viendo allí a Pomfrey... curioso momento para recordar que el nombre de esa mujer a la que cariñosamente llamaba "gárgola" aunque fue más bien su expresión lo que la descolocó. ¿Por qué narices se veía tan preocupada? Es más, ¿qué hacía a su lado con un puñado de vendas y frascos de pociones y demás líquidos curativos? ¿Acaso la pelea que tuvo con el lycan había sido real? Demasiadas preguntas para una mente cansada así que se limitó a suspirar, soltando un nuevo quejido que le hizo llevarse la diestra a las costillas heridas notando así unas vendas sobre su torso. No le convenía respirar hondo a menos que quisiera notar de nuevo ese punzante dolor, y ni intentó levantarse. Si ya le dolía respirar no quería imaginarse cómo sería hacer siquiera el intento de incorporarse. No, mejor se quedaba tumbada y, por una vez en su vida, se comprotaba como una buena chica y permanecía en la cama. Total, por la luz que percibía o era muy temprano para dar clases o muy tarde como para llegar a ellas.

Ni cuenta se dio de que la enfermera y su ayudante no eran las únicas personas que estaban con ella pues apenas reconoció a Pomfrey cerró de nuevo los ojos aunque eso no evitó que moviese los dedos de su mano izquierda, acariciando sus yemas unas contra otras al notar que dicha mano estaba cálida, más que la otra al menos aunque no pudo moverla mucho, no sin que los arañazos le dolieran así que pronto dejó de hacerlo al tiempo que de sus labios salían algunos sonidos típicos de una persona medio dormida que refunfuña para no salir de la cama.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Dom Ene 08, 2012 5:16 pm

Las horas pasaron y la joven se movía sin parar intercalando expresiones en su rostro durante un buen rato. ¿Estaría soñando con lo que había ocurido durante la noche? Era una posibilidad, solo sabía que cuando la expresión de la fémina cambiaba a una de dolor maldecía internamente sabiendo que él era el responsable de aquello. Estaba molesto, de eso no había dudas, solo se alejaba del lado de la fémina cuando se acercaban a cambiar los vendajes, nada más que para eso, estando prácticamente inmovil el resto del tiempo. Dirigía fugaces miradas a la enfermera en los momentos en los que la fémina aparentaba estar a punto de despertar, en caso de que lo hiciera llamaría a la misma para que se acercase a controlar que la rubia estuviese bien, al menos lo mejor posible dada su condición.

Durante el tiempo que él esperaría a su lado, de vez en vez tomaría la mano de la muchacha, presionándola de manera muy suave soltándola luego de un rato para evitar que si ella despertara le viese en un acción por demás... cariñosa, aunque no podría evitar las indiscretas sonrisas de la enfermera que parecía observarles hasta con ternura. Era extraño las sonrisas de la enfermera que parecían ser comentarios silenciosos estaban lejos de molestar al varón, por el contrario, incluso le hacían sentir algo (bastante) avergonzado, no sabía la razón, simplemente todo el asunto se había vuelto extraño desde el instante mismo en el que había decidido sentarse junto a la rubia para en cierto modo "velar" por ella, cuando podría estar descansando él para recuperarse más pronto.

La mirada del varón se desvió hacia el exterior por una de las ventanas, notando como casi un día entero había pasado desde el encuentro que había tenido con la fémina la noche anterior. Se levantó de su sitio por orden de la encargada de la enfermería y refunfuñando mientras caminaba alejándose de la cama antes de que madame Pomfrey cerrase las cortinas para continuar atendiendo a la muchacha. Debía reconocerlo, la anciana si bien podía resultar demasiado estricta en ocasiones tenía buen corazón, y era dentro de lo posible bastante "amable" con los convalecientes (siempre y cuando ellos no rompieran las reglas de la enfermería. Como fuera, se quedaría observando durante un rato hacia el exterior por una de las ventanas hasta que pudo oir un suave murmullo que provenía de la cama donde la muchacha se encontraba.

Se giró sobre sus talones y se quedó observando hacia la ahora completamente cubierta cama como si buscase descubrir si lo que había oido era cierto o había sido una mala pasada de su mente la cual esperaba y ansiaba que la rubia despertase cuanto antes. El silencio volvió a reinar en la enfermería, al menos hasta que Pomfrey volvió a abrir las cortinas dirigiendo una mirada al peliplata como si estuviera indicándole que debería seguir haciendo guardia. Suspiró pesadamente, creía que a fin despertaría y tendría la oportunidad de disculparse, pero al parecer se había equivocado. Caminó lentamente hasta llegar a un lado de la cama, lugar donde se quedaría por unos segundos observando a la muchacha que (sin que él se diera cuenta) se había despertado apenas un minuto atrás.

Volvería a sentarse junto a la rubia, aunque esta vez a su derecha, inclinándose ligeramente hacia adelante quedando a escasos centímetros de la cama. Aún no despierta... Musitó suavamente antes de acercar la mano en dirección a la ajena, tomándola con delicadeza. Tienes que despertarte... Diría con algo de tristeza en el tono de su voz mientras daba una suave caricia sobre la piel de la mano de la rubia. No me perdonaré si algo te pasa... Dijo presionando suavamente la mano de la muchacha al tiempo que su mirada se mantenía clavada directamente sobre el rostro de ella. Si te pasara algo... Dijo antes de quedarse callado por un buen rato sin saber qué hacer para que ella se recuperase más rápido.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Dom Ene 08, 2012 5:49 pm

Aün despierta la joven se mantuvo como si durmiese, pese a que ciertos sonidos de molestia salían de vez en cuando de su garganta ya no sólo por la luz que golpeaba sus párpados, sino también por la postura y las ropas que la cobijaban. En primer lugar estar tumbada boca arriba durante tanto tiempo logró que estuviera empezando a dolerle la espalda... y estar cubierta sólo de vendas, unos simples pantalones de paciente y sábanas -pues la camiseta del varón que había tomado aquella noche se la habían quitado- no era muy cómodo, menos aún cuando la poca ropa que la cubría le resultaba molesta, como si le tuviera alergia. Desgraciadamente para ella no podía moverse, en cuanto hacía el ademán de cambiar de posición se lo impedía la enfermera, y cuando no era ella eran sus propias costillas así que prefirió soportar el dolor de espalda a seguir intentándolo sin resultados, ahora no tenía ganas de ser cabezota.

Por otro lado... Si hace tiempo alguien le hubiera dicho que Dominic era capaz de preocuparse por alguien más que por sí mismo se le habría burlado descaradamente en la cara de lo imposible que eso parecía, y sin embargo lo había tenido a su lado desde que pudo tomar esa silla para sentarse a su lado, velando por ella en lugar de simplemente dormir y recuperar fuerzas, manteniéndose alejado sólo cuando la encargada le obligaba a moverse. Aún así ella todavía no era consciente de eso, cuando despertó el peliplata no se encontraba a su lado y cuando éste se acercó en busca de confirmar si su oído le engañaba o no ella había vuelto a cerrar los ojos, descansando como si continuara durmiendo aún cuando sus demás sentidos fueron conscietnes al fin de la presencia de alguien más en la enfermería... y era imposible para ella confundir el característico andar de ese joven con el que había compartido más cosas en la última semana que en los seis años que llevaban siendo compañeros.

El suspiro del varón le pasó inadvertido pero no sus pasos cuando comenzaron a acercarse hacia ella, tan distintos de los pequeños y rápidos de la mujer que ahora se alejaba de ambos. Estuvo tentada de abrir los ojos para confirmar su sospecha pero no le hizo falta, el murmullo del ojos zafiro le bastó para reconocer su voz, un timbre normalmente molesto que ahora le resultaba incluso agradable aunque notaba su cercanía y eso la puso un poco nerviosa. ¿Qué hacía con ella? Era una pregunta que no podía responder y por ello decidió seguir haciendo el rol de dormida, algo que necesitaba en verdad porque no estaba muy lúcida todavía y unos momentos más de descanso no le vendrían mal. No obstante le fue difícil disimular un pequeño espasmo cuando él le tomó la mano como si temiese romperla. Ahora sí que estaba confusa, ¿desde cuándo Dominic era delicado? Dejando de lado ese todavía extraño beso que le dio en la frente la semana pasada no había visto gestos similares por su parte en toda su vida.

Lo logró, quién sabe cómo pero permaneció igual de quieta que si durmiera -incluso sana no era una mujer que se moviera demasiado mientras dormía- y manteniendo una expresión calma y relajada, típica de alguien en su aparente situación. Aún así la caricia en su mano logró erizarle la piel por no hablar de ese tono angustiado con el que el platinado comenzó a hablar, y sus palabras no eran menos. La dejó literalmente muda, ¿qué decir a eso? ¿Debía seguir fingiendo estar dormida? Y de hacerlo... ¿dejaría pasar todo eso o se lo recordaría? No, aunque fuera algo perfecto para avergonzar a Dominic era un poco cruel teniendo en cuenta la situación así que decidió dejar ya el teatro, empezando por corresponder con suavidad el agarre a su mano antes de abrir sus ojos con lentitud, topándose de pronto con los ajenos, manteniéndose unos segundos en silencio antes de quitar la sorpresa de sus orbes para mostrar un brillo difícil de ver en una persona como ella, un brillo agradecido y enternecido aunque divertido al mismo tiempo.

- Mira que... llegas a ser tonto -musitó entre divertida, enternecida y confundida por las palabras que él le había confesado sin tener ni idea de que ella ya estaba despierta. No pudo evitar reír por lo bajo durante apenas un par de segundos pues la risa igual le provocaba dolor en el costado pero ni eso le hizo quitar la sonrisa- Sinceramente... prefiero que te burles -añadiría, respirando con lentitud para no dañarse, refiriéndose claramente a sus heridas y en cierto modo comparaba la situación actual con lo que pasó hace ya más de una semana en el campo de quidditch. Allí había recibido heridas por culpa suya y no se había responsabilizado... y Elizabeth prefería que se burlase de su estado a verle así porque no le reconocía, no parecía Dominic. Después de todo ella no sabía que el varón tenía ese lado hasta tierno que le había mostrado sin querer.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 09, 2012 3:01 pm

No se había percatado en lo absoluto que la rubia estaba haciéndose la dormida, de haberlo hecho ciertamente jamás le hubiera tomado de la mano ni habría dicho aquellas palabras que podrían servirle a la rubia como armas para burlarse de él por lo que quedaba del año. Como fuera, para su (mala) fortuna, el varón había expresado aquello que sentía en esos instantes: angustia e incluso impotencia por no poder hacer nada más que esperar a que la misma fuerza de la rubia le ayudase a mejorar. El silencio reinaría entre ambos luego de que el joven expresase lo que sentia en palabras y acciones que dentro de poco lamentaría. Ni un solo movimiento le había indicado de que la muchacha se estaba haciendo la dormida, si que era buena para aparentar algo como aquello.

Grande fue la sorpresa del pleliplata cuando ella correspondería la ligera presión en la mano, sintiendo como un escalofrío recorría todo su cuerpo por el mero contacto entre ambos. Al notar como ella abría los ojos, literalmente el tiempo se detuvo para Dominic, era extraño, se sentía avergonzado, pero al mismo tiempo aliviado al saber que finalmente había despertado luego de lo que había ocurrido la noche anterior. Ciertamente el ojiazul rogaba que ella no hubiera escuchado las palabras que él le había dirigido al creer que ella estaba dormida, sin embargo al oir las palabras de la joven sintió como si su rostro estuviera a punto de encenderse en llamas. Las mejillas del peliplata se teñirían en un suave color carmesí que resaltaría notablemente debido a que su piel era prácticamente pálida.

Rascó su mejilla con la mano libre mientras intentaba buscar palabras para salir de aquella situación. ¡N-N-Ni te creas que diría algo así en serio! Dijo con claros signos estar nervioso, tanto en su tono de voz como en la posterior risilla que dejó escapar. Solo veía que tan perezosa podías ser... Suspiró resignado, aunque sin darse cuenta, continuaba sosteniendo la mano de la fémina, muy a pesar de que intentaba demostrar algo que no sentía, pues si bien quería aparentar ser el insensible infeliz capaz de reirse de la desgracia de la fémina tal y como había hecho días atrás, ahora, siendo él el responsable directo del estado de la rubia le dificultaba la tarea de aparentar. Le era difícil a Dominic el mentir cuando internamente sabía que prefería ser sincero en una situación como en la que estaba metido ahora.

Se quedó observando a la joven en silencio, aunque parecía estar mirándole sin ver pues su mente le estaba haciendo revivir lo que había ocurrido la noche anterior, prácticamente todo desde el momento en que aquel espantoso dolor parecía estar a punto de destruirle el pecho. Y-Yo... Diría en un intento por llamar la atención de la fémina al tiempo que volvía en si, notándose en su mirada que era a ella a la que observaba en esos momentos. Guardó silencio, le era difícil disculparse, más sabiendo que era algo que pocas veces hacía y que solo una vez lo había hecho con la fémina a la cual sostenía de la mano como si temiera que ella terminase alejándose para siempre, como si su pérdida pudiera ser algo que lamentaría por el resto de su vida, la sostenía quizás para evitar que ella terminase alejándose alguna vez, era extraño, no entendía la razón.

El silencio se prolongó durante algunos segundos entre ambos hasta que finalmente el joven tomó el valor necesario para continuar con la frase que había iniciado y que deseaba terminar a como diera lugar. Lo lamento... Musitó con suavidad, un tono de voz que quizás nunca había utilizado al hablar con la muchacha. Por mi culpa estás así... Dijo intentando mantener la calma, aunque un ligero quiebre en su voz indicaría que estaba esforzándose lo más que podía para evitar que la tristeza invadiera su tono de voz, aunque era algo que no podría controlar por mucho más. N-No creí que terminaría perdiendo el control de esa forma... Suspiró tristemente, se sentía ahogado por la culpa. Soy un imbécil... pude haberte matado... Dijo finalmente antes de desviar ligeramente la mirada al no sentirse digno de siquiera mantener la vista clavada sobre la fémina.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 09, 2012 3:35 pm

Fue un verdadero deleite notar cómo las habitualmente mejillas pálidas de su compañero se teñían de rojo, algo que hasta hace escasos segundos seguía pensando que era imposible. No le había visto sonrojarse ni siquiera cuando la vio desnuda -pese a que no tuviera completa vista de su cuerpo- así que dudó que algo pudiera lograr un sonrojo en él... obviamente se equivocaba y, por primera vez, no le importaba equivocarse. Cuando le vio rascarse la mejilla amplió su sonrisa, y cuando le dijo esa excusa rió sin importarle mucho el dolor de su costado. Al menos por unos segundos Dominic había vuelto a ser el mismo idiota que decía cosas inesperadas y luego las negaba en un intento de burlarse, aún cuando ahora la burla era una excusa demasiado transparente.

- Por una vez que no me echan de la cama prefiero disfrutarlo -mencionó siguiéndole un poco el juego cuando la llamó perezosa. No se molestó, ella misma admitía que podía llegar a ser tan vaga que ni un dedo movía, pudiendo quedarse parada en la misma posición por horas aunque no fuera este el caso. Además, aún si por casualidad las palabras del varón hubieran sido creíbles el hecho de que no soltara su mano las derrumbaba por completo y la fugaz mirada que dirigió a las dos manos unidas le sacó una apacible sonrisa, haciendo que su agarre se afianzara un poco antes de regresar sus esmeraldas a los orbes ajenos. No pasaba nada por mostrarse un poco cariñosa, después de todo si a él le daba por burlarse más tarde era fácil achacar su pasividad actual al cansancio.

Suspiró de forma leve mostrando cansancio aunque no quería dormir más, estaba entumecida, necesitaba moverse e incluso hizo ademán de levantarse pero se quedó en eso, una simple intención que se cortó en cuanto el platinado llamó su atención con un susurro. Le miró confusa y, para qué negarlo, preocupada por esa especie de trance que había percibido en su compañero. No le apuró para que hablara, tenían tiempo de sobra y su mente empezaba ya a pensar en posibles cosas que él le quisiera decir. La disculpa, sin embargo, no era una de las principales, de ahí la confusión cuando notó la forma en que agarraba su mano y la sorpresa que se dibujó en su cara cuando le escuchó. ¿Se estaba disculpando? Eso sí que era una novedad pero no dijo nada, esperó paciente a que él continuara pues sabía que no terminaba aún de hablar.

Tuvo que tragar grueso un par de veces para calmarse y procesar todo lo que él le estaba diciendo. Se disculpó, aceptó su culpa y encima se insultaba... todo eso delante de ella. Ahora sí que creía estar soñando. Vale que la situación no hubiera sido como sus habituales peleas pues era cierto que pudo haberla matado... ¡pero no fue su culpa! Él le advirtió, le dijo que huyera y sin embargo ella permaneció en el lugar, incluso después de que él la atacase se quedó en lugar de huir hacia el lago. Ciertamente si a alguien había que culpar de sus heridas era a ella misma, después de todo fue su insensatez la que la había llevado a estar así. No obstante lo que la hizo reaccionar realmente no fueron las palabras -que también tenían importancia- sino que él dejara de mirarla. Nunca le había apartado la mirada, no así.

- Pero no lo hiciste -respondería aguantando las ganas de darle una bofetada, sorprendiéndose a sí misma por tal extraño deseo al ser una mujer que jamás había abofeteado a nadie. Ignorando el dolor y los posibles intentos de Dominic porque no se moviera la fémina se incorporó, quedando sentada y con la respiración algo agitada por el esfuerzo que tan simple acción le provocó, aunque eso no impidió que sus ojos permanecieran fijos en los del varón pese a que dichos zafiros no la mirasen. Tragó grueso una vez más y parpadeó varias veces en un intento por quitarse el cabello de los ojos mientras su mano se aferraba más a la del Gryffindor, sin aparentes intenciones de soltarla ni aunque le cortaran la suya para lograrlo- Pudiste matarme, estuviste a punto de lograrlo y no lo hiciste. Controlaste a la bestia y... -su tono de voz, antes serio pero agradecido pasó a tomar un tinte preocupado, acongojado incluso. Recordar ese momento en el que él le entregó su vida le oprimía el corazón, motivo por el cual frunció su ceño y mordió su labio inferior, buscando fuezas para continuar al no querer recordar esa parte... al no querer imaginarse qué habría pasado si hubiera tomado la otra decisión.

- Me... Me diste tu vida... -y las lágrimas se agolparon en sus ojos pero impidió que salieran, no quería llorar, no frente a él y para evitar que él se diera cuenta -muy a pesar de que su cuerpo se resintió por ello- se movió hacia su derecha y se medio levantó de la cama, saliendo de ésta lo justo como para abrazar a Dominic por el cuello, escondiendo su rostro sobre el hombro izquierdo del varón y notando al mismo tiempo que sus piernas no le respondían pues todavía le faltaban fuerzas como para mover todo su cuerpo- No vuelvas a hacerlo... -musitó mientras intentaba en vano contener el temblor de su cuerpo, aferrándose a la espalda del peliplata hasta ser capaz de clavarle las uñas si hubiera tenido fuerzas suficientes para ello- No te atrevas a darme tu vida... No te atrevas a pedirme que te mate -finalizó en un tono de voz mucho más bajo que antes, apretando sus párpados con fuerza para impedir su propio llanto. Había sido un mero impulso el abrazarle y no sólo lo hizo para ocultar sus ojos cristalizados... realmente necesitaba ese contacto, tenerle cerca. Quería recuperar al Dominic de siempre, a ese ególatra que la insultaba y se burlaba de ella, a ese tonto que le regaló una araña, al mismo idiota con quien se peleaba día sí y día también.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 09, 2012 4:30 pm

Se vio tentado a volver la mirada en dirección a la joven cuando ella respondió que no lo había hecho, que no había acabado con su vida, pero eso no borraba el hecho de que él lo había intentado, aunque no fuera de modo intencional pudo haberlo hecho y era un hecho que no podría borrarse y que él al menos no dejaría de condenar a pesar de haber estado bajo la influencia de la maldición que le aquejaba. Apretó los dientes con la mirada desviada, no merecía mantener contacto visual con ella, no tenía el valor para hacerlo luego de lo que había sucedido. Sin embargo, debió volver en si cuando ella hizo el intento de incorporarse en la cama. T-Tonta quedate acostada. Diría a modo de reproche por las acciones de la joven que claramente le harían sentir dolor por el esfuerzo necesario para sentarse en la cama.

A pesar de haber intentado detenerla de incorporsarse, la vista del varón siguió dirigida hacia otro lado, aunque volvería por breves segundos al percatarse de que ella intentaba mover los cabellos de su rostro, tarea prácticamente imposible considerando que una mano de ella era aferrada por la del joven y la otra estaba inmovilizada por las heridas que había sufrido. Quizás la siguiente acción del varón dejaría a la joven más confundida de lo que ya estaba, e incluso podría llegar a calificársela de cariñosa, porque con su mano libre movería los cabellos de la joven para retirarlos de su rostro en una suave caricia que duraría apenas unos segundos, para luego volver a depositar la zurda sobre las sábanas, manteniendo el agarre en la extremidad ajena con la diestra.

Continuó escuchando a la muchacha en silencio hasta el instante en que ella le decía que él le había entregado su vida, palabras que harían que un nuevo número de imágenes invadiesen la cabeza del ojiazul. Intentó detener a la muchacha nuevamente cuando ella hizo el intento de levantarse de la cama, aunque fue en vano, porque antes de que él siquiera tuviera tiempo de protestar, ella le abrazó. Tragó grueso, ¿Elizabeth acababa de abrazarle? La expresión del varón demostraría la sorpresa que aquella acción por simple que pudiera parecerle a cualquiera había provocado en él. Se quedó paralizado durante algunos segundos hasta que ella volvió a dirigirle la palabra haciendo que él volviese en si. Las manos del varón rodearían con una delicadeza difícil de creer en un tipo que muchos calificaban de bruto tanto por su enorme tamaño, como por su actitud y fuerza la cintura de la joven. La suavidad de sus acciones buscaban evitar que el contacto con el cuerpo de la fémina provocase dolor en ella y sus maltrechas costillas.

Tragó grueso mientras hacía ascender la zurda en dirección a la cabeza de la rubia para dar una suave caricia sobre la misma, suspirando con tristeza en el proceso. Era lo único que podía hacer... Dijo en un tono de voz casi imperceptible, pero que dado la cercanía de ambos ella podría oir con facilidad. Intenté detenerme pero simplemente no podía... Suspiró dando una nueva caricia sobre la cabeza de la joven. Era como si algo moviese mi cuerpo contra mi voluntad, estando consciente de lo que hacía, pero en total desacuerdo... Suspiró con pesadez. Es difícil de explicar... Diría con algo de molestia al no encontrar las palabras que necesitaba para dar a entender mejor lo que quería decir.

Mantuvo el abrazo con la joven durante un rato, no supo cuánto tiempo habría sido en realidad pues ni bien ella había rodeado su cuello con los brazos todo se había congelado para Dominic, como si nada a su alrededor existiese. Será mejor que te recuestes... Diría con suavidad, sin responder a las últimas palabras que la joven le decía, Dominic era un imbécil egocéntrico, pero algo que no quería era acabar con la vida de nadie que a su criterio no mereciera morir. Dejar vencer a la bestia la noche anterior hubiera sido algo peor que la misma muerte para él, convertirse en una bestia irracional sedienta de sangre, tal como aquella que había acabado con la vida de sus padres varios años atrás era algo inaceptable. Suspiró suavemente antes de prácticamente recostar de la forma más suave que pudo a la muchacha nuevamente.

Rascó su cabeza antes de mirar hacia madame Pomfrey que les observaba con una mueca divertida en la expresión. Y mejor no volvemos a hacer algo tan embarazoso como abrazarnos porque sino la anciana terminará sonriéndose como ahora otra vez. Diría antes de alejarse algunos centímetros. Además de que podría entrar alguien y comenzar un rumor de una aventura sadomasoquista entre dos estudiantes de séptimo año. Diría señalando las heridas de ambos como si hubieran sido resultado de una sesión de sexo... extremadamente salvaje. Pero tengo una duda... Diría antes de mirar a la rubia a los ojos nuevamente, borrando toda señal de pesar que hubiera mostrado con anterioridad. ¿¡Cómo demonios pudiste dejar una marca sobre la piel de mi cuello y de mi hermoso rostro!? Diria señalando las vendas que cubrían dichas zonas.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 09, 2012 5:03 pm

No le hizo caso alguno cuando le dijo que permaneciera acostada, ya no podía seguir tumbada ni por su cuerpo ni por ella misma, tenía que levantarse, moverse aunque fuera un poco o cuando pudiera levantarse por sus propios medios le costaría más recuperarse. Además, ella no era de las que convalecían en cama, sus heridas se recuperaban mientras ella se movía, no le iba eso de quedarse tumbada en la enfermería. Sin embargo agradeció con la mirada que él le apartara el cabello del rostro, aún cuando dicha acción la sorprendió no hizo nada para evitarla ni mucho menos para alejarse de la mano que con suavidad le apartó el flequillo lo necesario para que no le molestara. De todas formas ese gesto no hizo que se callara, al contrario, podría decirse que le incitó un poco a decir lo que tenía pensado.

También era obvio que si su dolor no le impidió levantarse las palabras de Dominic no lo conseguirían, además en esos momentos ni el mismísimo director lograría impedirle moverse para abrazar al platinado. Supuso que su acción le sorprendería aunque llegó a pensar que él la separaría, después de todo ninguno de los dos era lo que se dice cariñoso y mucho menos entre ellos por lo que un acto como aquel era por demás extraño. No vio su rostro de sorpresa al tener el suyo oculto en su hombro pero no le hizo falta mirarle para escuchar cómo tragaba grueso y, al creer que el silencio significaba que iba a separarla no pudo reaccionar de otra forma que no fuera aferrarse más a él y hablar, despejando su garganta todo cuanto pudo pese a que las palabras se le atascaban antes siquiera de salir de sus labios. Dominic era malo disculpándose... y ella peor sincerándose de esa forma.

Su cuerpo se paralizó cuando notó que el varón movía sus brazos y cerró los ojos con mayor fuerza esperando una separación, por ello su sorpresa fue magnánima cuando, lejos de separarla, correspondió el abrazo al sostenerla de la cintura con una delicadeza que ella -una semana atrás- consideraría impropia de él. Esperó paciente una respuesta, o incluso un gesto y cuando él le acarició la cabeza a duras penas logró contener un sollozo, recordando que esas mismas manos le habían causado todas las heridas que su cuerpo presentaba. No tenía miedo por eso, no le daba miedo salir herida... temía que él cambiase de nuevo, que se alejase de ella. Fuera cual fuera el motivo y por mucho que a sí misma le extrañara ese deseo, no quería que Dominic se alejara, él no.

Le escuchó en silencio, relajando su cuerpo pero no por ello disminuyendo su temblor, el cual disimulaba algunos furtivos escalofríos que recorrían su espalda cuando una nueva caricia jugaba con sus cabellos- Lo comprendo... -respondió una vez el ojos zafiro terminó de intentar explicarse sin lograr encontrar palabras mejores para ello. No fueron necesarias, incluso en su estado Elizabeth seguía siendo de mente ágil y, aún cuando realmente no lo comprendiera pues no lo había vivido en carne propia, entendía lo que él quería decirle. No le culpaba, ¿cómo hacerlo si conocía la licantropía y todo lo que ésta ocasionaba? Culpar a Dominic sería, por lo pronto, hipócrita y cruel... y ella no era ninguna de esas dos cosas. Tras ello dejó que él la moviese, de todas formas no tenía fuerzas ni ganas de discutirle aún cuando no aceptó el acostarse del todo, usando su ahora libre mano derecha para colocar una de las dos almohadas entre ella y la pared que tenía a la espalda para así permanecer sentada, si la volvían a tumbar se tiraría de la cama sin importarle dañarse de nuevo.

No fue hasta entonces que se dio cuenta de la silenciosa testigo que habían tenido hasta el momento pues en cuanto se acomodó abrió los ojos, encontrándose directamente con la divertida mirada de la vieja enfermera. Sus mejillas enrojecieron por muchas cosas, entre ellas por haber sido descubierta en un acto tan vergonzoso, por las palabras de su compañero al respecto y por el mero acto de abrazarle, cayendo ahora en la cuenta de su impulsiva reacción. Como adolescente avergonzada pero sin pretender parecerlo tomó con su diestra la segunda almohada y la uso para cubrir su rostro al tiempo que flexionaba sus piernas -por fin podía moverlas aún cuando fuera poco- y apoyaba almohada y rostro en ellas, inclinando así su torso hacia delante con cuidado mientras escuchaba lo de la "aventura sadomasoquista" y agradecía haber ocultado su rostro a tiempo porque juraría que lo tenía tan rojo y caliente como una linterna china.

Aún sin moverse de como estaba hizo un leve sonido similar a un gruñido remilgoso para darle a entender que le escuchaba, no pudiendo evitar descubrir únicamente su ojo derecho para mirar el rostro ajeno en pos de descubrir de qué herida hablaba. Recordó cuando le golpeó con el látigo de agua y no pudo evitar reír al escuchar las palabras del Gryffindor, volvía a ser el mismo arrogante de siempre. Fue una risa recatada y un poco ahogada por la almohada, pero audible aún así- No te quejes, las cicatrices son sexys así que te hice un favor, al menos eso te arreglará un poco el rostro~ -comentó con obvio tono de burla para seguir el juego. No tenía muchas ganas de pelearse, pero una breve sesión de insultos y demás majaderías que ellos tenían por rutina decirse no le vendría nada mal. Tampoco es que fuera en serio, las cicatrices solían dar un toque rudo y salvaje a quien las portaba, algo que atraía a muchas chicas pero aún así seguro que el menor sólo la luciría unos días, puede que un par de semanas antes de que desapareciera. Ser licántropo alguna ventaja debía tener y una rápida regeneración era, sin duda, una buena ventaja.



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Última edición por Elizabeth Lockheart el Mar Ene 10, 2012 11:54 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 09, 2012 6:16 pm

No pudo evitar soltar una risilla divertida cuando la fémina se percató finalmente de que la enfermera les observaba con una expresión bastante particular, como si estuviera mofándose de los dos adolescentes ante aquella situación que parecía hasta sacada de una telenovela. Como fuera, se quedó observando las acciones posteriores de la fémina, aquellos intentos por cubrir su rostro que solo hacían aún más entretenida la escena para la anciana. No podría evitar dejar escapar un suspiro de fingido enojo al oir la risa de la rubia por el comentario que acababa de hacer sobre la marca que había dejado en su rostro con aquel látigo de agua que había utilizado para defenderse la noche anterior cuando él le había atacado. Suspiró resignado aunque lago aliviado ya que era una marca que no quedaría en él, al menos eso le había asegurado Pomfrey alegando que con los cuidados que ella daba jamás dejaba marcas permanentes en sus pacientes.

Rascó nuevamente su mejilla antes de dirigir una desaprobadora mirada a la rubia antes de que con su característico tono altanero volvería a quejarse. ¿Estás ciega acaso? Diría simulando estar molesto. ¿Cómo podrías decir que una cicatriz puede arreglar un rostro que parece haber sido creado para representar la perfección sobre la tierra? Comentó antes de acariciar de manera bastante graciosa quizás la piel sana de su rostro. Una cicatriz en mi rostro es como una grieta en una catedral o incluso en una pieza hecha por el mejor escultor. Comentó antes de mover negativamente la cabeza como si estuviera pensando que la fémina no tenía ni el menor gusto por las "piezas de arte", o almenos así calificaba él mismo todo su ser. Dejaría escapar un suspiro. Pedir que entiendas algo así sería como pedirle a un sordo que cierre sus ojos y te escuche relatar una historia... Comentó antes de cruzarse de brazos.

No se percataría, pero la misma enfermera negaría con la cabeza como si pensara que era un vanidoso cabezadura, aunque eso es lo que él era después de todo, no estaría demasiado lejos de la realidad si es que ella llegase a pensar algo como aquello después de todo. Para su fortuna, el varón no se percató de aquel detalle porque quizás hubiera iniciado una discusión con la mujer lo que le hubiera dejado atado a alguna cama y hasta amordazado para que dejase de hablar, había que reconocerlo después de todo, la personalidad de Dominic le hacía un individuo insoportable y pesado para la mayoría. Por cierto... Dijo con una expresión de duda que no podía ser ocultada tras la arrogante máscara que por lo general utilizaba. ¿Tú me cargaste hasta aquí? Preguntó con curiosidad guardando silencio ni bien terminó su pregunta.

Habían puntos que no tenían explicación para él, después de todo, había terminado inconsciente luego de que la joven le golpease el pecho, golpe del que nada recordaba así como tampoco recordaba el hechizo desmaius que Elizabeth había utilizado para finalmente controlarlo. Sabía que ella era bastante fuerte, pero dudaba que hubiera logrado llevarle por si sola de vuelta al castillo, más considerando el estado de las heridas de la mujer, simplemente no podría haberle llevado pues las heridas se lo hubieran impedido. ¿Algún profesor? ¿Alumnos quizás lo habían hecho? Pero si eso era así, entonces quizás todos sabrían a estas alturas que los rumores que se habían esparcido en Hogwarts respecto a la licantropía del peliplata eran ciertos y ahora tendría que soportar a los curiosos que indefectiblemente, ya fuera por miedo o interés le preguntaran respecto a lo ocurrido.

Suspiró con pesadez, cerrando sus ojos en el proceso antes de pensar que todos sus esfuerzos de mantener oculto dicho problema durante prácticamente toda su vida escolar se habían ido total y completamente a la basura por un estúpido descuido. Tsk... Sería el único sonido que emitiría antes de chasquear la lengua. Si efectivamente eran estudiantes los que les habían asistido no había nada que pudiera hacer para evitar los estúpidos rumores, por única vez esperaba que hubiera sido algún profesor el que les había ayudado. Dime que fue un profesor... Dijo casi como suplicando a la rubia que le diera una respuesta afirmativa para poder sacarse un peso de encima. Ya sabes, si alguien se enterase de esto bajaría mi popularidad con las chicas... Comentó como si eso fuera el fin del mundo.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 09, 2012 7:00 pm

La risa del platinado logró que, incluso en su sorpresa y vergüenza, la fémina gruñiese por lo bajo aunque más que un gruñido parecía un ronroneo algo molesto que cesó sólo cuando ella misma rió divertida y con algo más de ganas tras el suspiro ajeno. No iba a pedirle perdón por dañarle el rostro, no ahora al menos y le dejaría sufrir un poco más, en caso de que le diese por disculparse lo haría cuando estuvieran a solas y probablemente mezclaría bromas con su disculpa para que no pareciese sincera... disculparse abiertamente con él podía llevar a varias semanas de burla por su parte y prefería ahorrárselo. Además tampoco es que a ella se le diera muy bien pedir perdón, sin duda eran tal para cual y la enfermera parecía saberlo bien pues las miraditas que les echaba eran fáciles de leer e interpretar si se les prestaba la debida atención, cosa que Elizabeth no hacía al estar más centrada en molestar al platinado.

- Créeme, sería una bendición -respondió a la retórica pregunta sobre la ceguera, obviamente empañando sus palabras de sarcasmo al ya saber lo que venía a continuación. No se equivocó al adivinar que tras sus palabras sobre la cicatriz vendría una larga retaíla de estupideces que hacían resaltar de nuevo el ego y la arrogancia de su acompañante que le resultaban altamente molestas de normal pero... ahora le hicieron esbozar una sonrisa mientras apoyaba su mejilla izquierda en la almohada, girando así su rostro hacia él para verle mejor- "Vuelve a ser el idiota de siempre" -sería el pensamiento que acompañase la extraña sonrisa que se vislumbraba fácilmente a través de los pocos y largos mechones que caían sobre su rostro en esa postura.

Como era habitual en ella ignoró olímpicamente los comentarios del varón, haciendo oídos sordos mientras le miraba todavía de esa manera tan inusual: tenía el rostro apoyado en la almohada -la cual abrazaba contra su pecho- y girado hacia él, permitiéndose así posar sus entrecerradas esmeraldas sobre el rostro de su arrogante interlocutor mientras éste hablaba sin parar y se acariciaba parte de la piel no dañada sin ella perder un solo detalle. Parecía ensimismada con lo que veía y a ojos de cualquiera -especialmente de la anciana que los espiaba- parecía una chiquilla enamorada... algo que quizá no estaba tan lejos de la realidad como la rubia pudiera o quisiera pensar. Sólo bajó de las nubes cuando el tono de voz del Gryffindor cambió, llamando así su atención aunque sin recibir respuesta al principio pues la fémina se quedó pensando un rato, hasta que él regresó a su estúpida forma de ser.

- Dominic... tú popularidad con las chicas ya está bajo mínimos -comentó con tono burlesco apenas medio minuto antes de retomar una expresión seria, más bien concentrada al estar pensando en la pregunta que él le había formulado. ¿Quién los había llevado al castillo? No lo recordaba, ese momento de la noche estaba difuso y apenas distinguía sombras. La blanca que volaba hacia ellos era claramente Barran, ahora la reconocía, pero el resto de figuras ensombrecidas a las que la lechuza guiaba eran desconocidas- No lo sé, pero supongo que fueron la gárgola y alguna que otra enfermera o profesor. Barran jamás llamaría a un alumno para delatarnos "O eso espero..." -respondió al fin ocultando aquella pequeña duda en el fondo de su mente. Prefería confiar en su compañera alada aunque en los últimos días le había dado razones de sobra para empezar a desconfiar de su propia amiga, después de todo no le encontraba sentido a que, cada vez que Dominic se veía involucrado, el ave rapaz actuara en pos de molestarla de una forma u otra.

Madame Pomfrey le dio la razón, alegando que la lechuza blanca que casualmente se encontraba sobre el hierro que sostenía una de las cortinas laterales -quién sabe desde hace cuánto estaba ahí- había entrado frenética en la enfermería, graznando y tomando un par de frascos con las garras antes de partir hacia el Lago negro, asegurándose que la seguían. Los botes que tomó habían sido pociones curativas simples pero suficientes para estabilizar a la joven hasta que pudieron cargarla hacia la enfermería. Sin embargo el animal no podía explicarles qué había ocurrido.. y la duda aún estaba en el aire con una respuesta que Elizabeth no iba a dar, ni siquiera a la anciana le diría la verdad sobre lo ocurrido en el lago la noche anterior. Pensando en ello la joven le hizo una seña con el índice, indicándole que se acercara sin apenas variar su postura. Debía consultar con él algunas cosas y estando Pomfrey tan cerca no podía hacerlo de otra forma que no fueran susurros o con los labios, pero desconocía si el platinado sabría leerlos.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 09, 2012 9:44 pm

Estuvo a punto de bufar por el comentario de la fémina. ¿Cómo podría ser una bendición el ser ciego? ¿Pasarse la vida sin poder apreciar a un ser tan perfecto como Dominic debía ser peor que vivir eternamente con un águila comiendote las entrañas. Como fuera, no respondió y menos aún prestó atención a la muchacha durante todo el rato que había continuado hablando de si mismo como si se tratase de la mejor obra de arte que pudiera existir. Ni se percató que luego de que ella se acomodase (y posteriormente terminase con algunos mechones sobre el rostro) terminó observándole con los orbes entrecerrados, observando todas y cada una de sus acciones. Cuando finalmente terminó de echarse flores, se quedó observando a la muchacha durante algunos segundos en aquella postura tan particular y que a pesar de su forma de ser (por lo general agresiva) la hacía ver tan femenina e incluso... "Que linda..."

¿Linda? "¿¡Pero qué demonios me sucede!?" Se cuestionó mentalmente por pensar en tonterías antes de que la muchacha volviera a responder a los desvarios de Dominic respecto a su popularidad. El resultado de dicha respuesta que prácticamente arrancó todo pensamiento que estuviese en su mente fue una risilla nerviosa como si (estúpidamente) creyera que ella era capaz de leerle la mente. Había que admitirlo, Dominic podía ser un completo idiota al ponerse nervioso. Como fuera, volviendo rápidamente en si dejaría que un bufido de molestia le sacase del supuesto apuro en el que él mismo se había metido, pero no respondió pues la fémina continuó hablando antes de que el tuviera siquiera tiempo de pensar una respuesta para contraatacar a la joven.

Suspiró mientras observaba a la rubia. Espero que Barran haya hecho eso... Respondió con algo de inquietud, aunque la posterior respuesta de la enfermera le haría suspirar aliviado al saber que había sido ella y algún profesor los que se habían encargado de llevarlos hasta la enfermería luego de todo la conmoción. Sin embargo, ¿qué tanto sabrían las personas que les habían llevado hasta allí? ¿Sospecharían que él se trataría de un licántropo? No lo sabía, y ciertamente esperaba que no lo descubrieran, era bien sabido que los licántropos terminaban siendo bien vigilados por los demás por temor a su accionar, y con justa razón, sin embargo, el ser constantemente vigilado le haría sentir que le estarían privando de la libertad que tanto disfruta.

Como fuera, la joven le haría señas para que él se acercase hacia ella. ¿Quería decirle algo y que la anciana no se enterase? Quizás, por lo que sin protestar acercó un poco su rostro. Se acercó algunos centímetros para en cierto modo, usar su cabeza para cubrir el rostro de la rubia, evitando así que la enfermera pudiera leerle los labios a la joven, no creía que la anciana mujer intentaría algo así, pero no sabía qué era lo que la muchacha quería y era mejor prevenir que lamentar. Como fuera, ni bien se acercó musito suavemente. ¿Qué sucede? Una pregunta que exteriorizaba toda la curiosidad que la joven le había hecho sentir con una acción tan pequeña como lo era que le pidiese que se acercase con el simple mover de su dedo indice.

La mirada del joven se posaría sobre la ajena durante algunos segundos, aunque indefectiblemente (y de manera inconsciente cabe aclarar), sus orbes comenzarían a vagar por el resto del rostro de la muchacha, como si estuviese memorizando todas y cada una de sus facciones. Desde el color de piel, su aparente suavidad, el tamaño de sus orbes, el bello color esmeralda que éstos poseían, la forma de su nariz, sus mejillas que la noche anterior había creido que eran de una belleza sin igual al estar teñidas de carmesí, como así también el color, tamaño y forma de esos labios de apariencia suave e incluso tentadora al estar a una distancia tan reducida. No entendía el por qué de esa extraña fascinación con el rostro ajeno. ¿Podía ser que ella le gustase? Sacudió su cabeza para quitarse las ideas extrañas que en ella nacían, mientras guardaba silencio esperando que Elizabeth respondiese la pregunta que le había formulado segundos atrás.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 09, 2012 10:15 pm

No había que ser un genio para saber la multitud de estupideces que rondaban en esos momentos la cabeza de su acompañante, aunque debería admitir que la alusión a Prometeo era una novedad de haber sido consciente de tal dato. Aún así, y como bien era sabido que no podía leer mentes sus acciones no se vieron modificadas en ningún aspecto, se limitó a ignorar lo que él decía para centrarse en él, sólo en él en lugar de en sus palabras, por ahora carentes de sentido. No se daba cuenta de su postura, mucho menos de la hipnotizada mirada que tenía puesta en él, sólo sabía que estaba cómoda y que, por una razón que escapaba a su entendimiento, las facciones del platinado aún a pesar de las vendas le resultaban atrayentes, como un complicado rompecabezas que te molesta no saber resolver pero que te atrae de tal manera que te es imposible dejarlo precisamente por esa dificultad que presenta. ¿Eo era Dominic para ella? ¿Un rompecabezas? Cerró los ojos durante un largo parpadeo en el que se deshizo de esos tontos pensamientos que aparecieron en su cabeza sin más y volvió a ensimismarse, dejando la mente a un lado incluso durante esos momentos de silencio que hubo entre su pregunta y la respuesta que ella le dio.

Le era imposible saber lo que circulaba por la cabeza del ojos zafiro, de haberlo sabido se habría quedado casi en shock al saber que él, al menos durante un segundo, la había catalogado como "femenina" y "linda", dos adjetivos que nunca habían sido utilizados para ella. Después de todo -haciendo una excepción con la ropa- lo que ella tenía de femenina y tierna Dominic lo tenía de adorable y modesto... Aún así pronto salió de su trance para responder mordaz el último comentario arrogante de su compañero pese a que la risilla que provocó en él la confundió. ¿Eran nervios eso que había oído? Juraría que no y como tampoco se podía fiar mucho de sus sentidos en esos momentos lo dejó pasar, encogiéndose apenas de hombros. Seguramente el varón y la anciana se habrían dado cuenta ya, pero por muy tranquila que Elizabeth se viera se movía lo mínimo e imprescindible, incluso respiraba bastante lento, como si de un momento a otro fuera a quedarse dormida. Las heridas le pasarían factura por un tiempo más, de eso no había duda. Aunque con lo testaruda que era ella seguro que en dos días estaría ya caminando y peleándose, puede que incluso menos tiempo.

Ante el aliviado suspiro del ojos zafiro la fémina dirigió su mirada apenas de soslayo a la enfermera y de vuelta al Gryffindor, sabiendo de antemano las dudas que estaban cruzando ahora por su cabeza, de ahí su gesto para que se acercara. Desconocía el trato que le daban a los licántropos en Hogwarts, después de todo el único caso que el colegio había tenido de un lycan con capacidad para la magia en años fue el de Remus J. Lupin, antiguo miembro de la Orden del fénix y muerto en la Batalla de Hogwarts hacía unos 19 años atrás y no había muchos datos de la época en la que éste asistió al castillo. Pero sabía bien que, si el rumor se confirmase, Dominic iba a tener un último año bastante difícil y su paso a la vida laboral escogiera el empleo que escogiera sería dura. En fin, volviendo al presente la rubia retiró su mano cuando Dominic comenzó a acercarse, dejándola caer a un lado de su cuerpo mientras la otra abrazaba la almohada sin moverse para no agravar los zarpazos. Así pues, cuando le tuvo frente a ella ocultando su rostro de Pomfrey la joven se volteó para mirarle de frente, inclinándose un poco más hacia delante para así poder hablar en un tono de voz bajo que apenas sí podían oír ellos dos... aunque cabe añadir que la cercanía y la intensa mirada que él le dirigió lograron ponerla un poco nerviosa.

- Logré concluir el homorphus antes de que llegaran, dudo mucho que sepan de tu naturaleza -le susurró acercando quizá demasiado sus labios al oído del menor, dejando inconscientemente que su aliento le bañara y que sus labios a veces rozaran su piel mientras le musitaba aquellas palabras que en cierto modo pretendían aliviar al varón. Seguramente el misterioso director tendría ya sospechas sobre Dominic y era posible que el profesor y las enfermeras tuvieran algunas suposiciones entre las que estaba la licantropía, pero no había prueba alguna que lo certificara y en esa situación no era difícil crear una excusa, no para la fémina que conocía bien el lago y a sus habitantes, algunos agresivos en exceso.. aunque eso no les haría librarse del posible castigo de estar fuera del castillo durante la noche muy a pesar de que -al menos Elizabeth- jamás lo cumplieran- Si preguntan sígueme el juego -y aprovechó a guiñarle un ojo con complicidad y diversión tras separarse apenas un par de centímetros en pos de que él viera tal acción.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Lun Ene 09, 2012 11:02 pm

Seguiría con la mirada todos y cada uno de los movimientos de la rubia, esos pequeños movimientos que a pesar del dolor ella intentaba realizar para poder acercarse lo suficiente hacia él para finalmente responder a la interrogante que atormentaba al peliplata en esos instantes. A punto estuvo de detenerla alegando que él podría moverse mejor para posicionarse en un lugar mucho más cómodo para que la joven hablase, evitando así que ella misma tuviera que moverse, una acción que estaba más que claro le provocaba dolor por la cantidad de lastimaduras que tenía en su cuerpo, desde profundos cortes que fueron consecuencia de las mismas garras del varón, como huesos rotos y magulladuras en general. Algo era seguro, por alguna extraña razón (siendo la culpa la primera en llegar a mente de Dominic) se estaba comportando de manera bastante atenta con aquella fémina con la cual había tenido innumerables diferencias durante los siete años que llevaban de conocerse.

El silencio entre ambos pareció volverse eterno, la lentitud de los movimientos de Elizabeth no contribuyeron a disminuir el intervalo de "calma" que hubo entre la pregunta del peliplata y su posterior respuesta. Sin embargo, no criticaría, debería ser un infeliz insensible para burlarse de la muchacha en ese estado, no por la joven en realidad, sino por las heridas que le imposibilitaban la tarea de desplazarse libremente y a normal velocidad. Como fuera, la atención del joven se batía entre el rostro de la muchacha y la curiosidad que sentía por lo que ella tendría para decir, ignorando prácticamente por completo todo lo que pudiera estar ocurriendo a su alrededor, técnicamente podrían estar matando a alguien justo a su lado y él no dejaría de prestar atención a la muchacha como si estuviese embelezado observándola.

Cuando finalmente la rubia comenzó a hablar, prestó atención a todas y cada una de las palabras que dijo durante aquella primera frase, repitiéndolas en su mente, evaluándolas en cierto modo. Ya veo... Respondió mientras pensaba en la situación en la que habían sido encontrados, ella quizás desnuda, herida como estaba y él con una cicatriz en el rostro y semidesnudo. Cualquiera que les hubiese visto quizás habría pensado que ellos habían estado teniendo sexo o alguna cosa por el estilo, quizás hasta que él había intentado violarla. Las cosas podrían ponerse feas cuando el profesor que les hubiese encontrado junto a Pomfrey fuera a hacer preguntas al respecto de tan... particular situación en la que ambos se habían metido sin siquiera desearlo.

No pudo evitar sentir un escalofrío recorrer todo su cuerpo al instante mismo en que ella se había acercado para contestarle. Era difícil de describir, la sensación que le recorrió por completo por algo tan simple como la caricia del aliento ajeno en su piel, era como si acabase de recibir la más tierna caricia que jamás hubiese recibido en su vida. ¿Cómo era posible que ella le hiciera estremecerse de esa forma con tan poco? No tenía esa respuesta, y ciertamente hacía ya un buen rato que había dejado de buscar respuestas que no encontraría por más que se esforzase. De más está decir que la posterior caricia de los labios ajenos sobre sus oidos, provocó que un extraño calor recorriese sus mejillas antes de continuar por todo el resto de su cuerpo, sintiendo que numerosos escalofríos le recorrían de arriba a abajo. ¿Qué le estaba pasando que se sentía de esa forma? ¿Podía ser..?

Escuchó a la muchacha cuando ella le dijo que si alguien preguntaba le siguiese el juego. ¿Pero qué es lo que diría para explicar algo que a simple vista apuntaría en una dirección que ciertamente no era la correcta? Y aún peor. ¿Cómo dejar que ella se encargase de todo cuando podía terminar recibiendo un sermón por culpa del joven? Ya que si bien, ella era la que había decidido salir por la noche, no fue sino por la misma culpa del ojiazul que ella había sido encontrada, de no haber intervenido él, ella no hubiera tenido que pasar por nada de todo lo que había pasado y debería pasar. No, no podía dejar que ella se encargase de todo, arriesgándose incluso a ser expulsada de Hogwarts por algo que había terminado siendo culpa de él, no lo permitiría y haría todo lo que estuviera en su poder para evitarlo.

Se quedó observando a la joven durante algunos segundos antes de que él saliese de esa especie de trance para acabar con la curiosidad que sentía. ¿Y qué dirás si es que preguntan? Cuestionó mientras ella se alejaba, en un vano intento porque ella volviese a acortar la distancia entre ambos y así evitar que notara el sonrojo que se había atrincherado en las mejillas del varón a pesar de sus vanos intentos porque éste desapareciera. Vaya situación vergonzosa en la que él solo se había metido por las peligrosas tretas que su mente le jugaba. No pudo hacer mucho más que suspirar y esperar a que ella no se hubiese percatado mientras el calor decidía abandonar las pálidas mejillas del varón.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Mar Ene 10, 2012 1:41 pm

Dado que la licantropía del varón no había sido descubierta gracias al hechizo homorphus el único problema por el que debían preocuparse en esos momentos era el de encontrar una buena excusa para la presencia de ambos en el lago. La verdad es que Elizabeth solía tener varias ideas planeadas por si en cualquier momento la encontraban en ciertos lugares que solía frecuentar. Normalmente le bastaría con decir la verdad, total, si no la habían expulsado ya del colegio no lo harían nunca, para un año que le quedaba de todas formas tampoco era mucha la diferencia. En fin, pocas veces la habían cogido y en esas ocasiones le bastó con decir la verdad -que se escapó por x razón- e ignorar el castigo pertinente, pero ahora su problema era que estaba acompañada, y ella nunca había pasado las noches acompañada de alguien que no fueran Barran o Shaksis a menos que fuera en la zona Slytherin del castillo con su hermano. Idear una excusa creíble no era difícil, lo complicado era incluir en ella una razón lógica para que ambos estuvieran semidesnudos -la habían encontrado usando la camiseta ajena para cubrirse- en el lago. Era fácil explicar las heridas, la falta de ropa y su cercanía no tanto, menos aún la postura en la que les encontraron pues pese a no recordarlo, la ojos esmeraldas había estrechado el cuerpo de Dominic contra el suyo, abrazándole como si intentase protegerle en la inconsciencia que ella misma le provocó.

No se percató de lo que sus acciones provocaron en el joven a quien le susurraba, ni siquiera se percató de que él se estremeció por muy cerca que estuviera de él, sólo fue consciente de su propia reacción, del furtivo escalofrío que recorrió su espina dorsal y del calor que inundó su garganta y labios cuando estos últimos rozaron sin querer la piel ajena. La mano que sostenía abrazada la almohada aumentó un poco el agarre a ésta cuando sintió sus mejillas arder a la par que sus labios, aunque al parecer ese sonrojo se fue tan rápido como vino, a diferencia del que marcó los pómulos del lycan y que desgraciadamente -según el punto de vista- pasó inadvertido para la fémina pues los orbes de ésta se quedaron fijos en los contrarios cuando empezó a separarse y estaba tan absorta como para incluso dejar pasar algo que le serviría para molestar al menor durante varios meses. No se alejó mucho cabe añadir, la nueva pregunta del platinado hizo que volviera a acortar distancias haciendo que parecieran dos amigos o incluso una pareja contándose secretitos a expensas de la anciana, que en el supuesto de la pareja podría tomar perfectamente el papel de madre cotilla.

- ¿No confías en mí? -cuestionaría con un tono inocentemente sensual e incluso provocador, inclinando un poco su rostro para verle desde abajo y, sin pretenderlo, otorgándole una buena vista del sugerente escote que las vendas de su torso le hacían al no tener nada más cubriéndola de cintura para arriba. Su pregunta tenía algo de burla y algo de curiosidad pues al principio no pensó en preguntarle aquello en serio, luego su tono de voz pasó de ser divertido a ese seductor pero al mismo tiempo un poco impaciente y quizá decepcionado, como si hubiese intentado ocultar sus ganas de saber con unas palabras que podían tomarse a modo de broma. Además sus palabras fueron acompañadas de una intensa mirada plagada de curiosidad y del movimiento de su diestra, que se elevó hasta rozarle el brazo más cercano en apenas una caricia de la que ni siquiera ella fue consciente hasta que no sintió la diferencia de temperaturas entre ambos cuerpos pues notó cómo sus yemas atrapaban el calor ajeno durante esos momentos en los que ambas pieles estaban unidas aunque fuera de forma tan leve. Seguramente si él hubiera tenido alguna camiseta o prenda superior su mano se habría aferrado a ella, y a falta de ropa pareció hacer el ademán de agarrarse a su brazo pero sin llegar a hacerlo, deteniéndose en la caricia sin llegar nunca a un agarre.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Mar Ene 10, 2012 8:25 pm

Agradeció mentalmente que la rubia no se hubiera percatado del sonrojo que había invadido sus mejillas, eso era bueno, no quería darle más motivos a la joven para que se burlase de él de los que ya le había dado. Vaya que le había dado razones de sobra en tan poco tiempo, tanto el día en que ella había terminado en la enfermería por la caida en el campo de Quidditch, como ahora mismo. Por extraño que sonase, no se sentía tan incómodo o incluso preocupado como habría estado en otra ocasión. ¿Por qué sería? No podía responder a algo como aquello, aunque el no estar preocupado era de lo único que podía estar seguro en esos momentos. Se quedó en silencio durante varios segundos en los que la fémina se alejó (no mucho a decir verdad), manteniendo aquella intensa mirada sobre él.

Prácticamente no tuvo tiempo a hablar antes de que la fémina volviese a acercarse en su dirección, haciendo que un nuevo escalofrío recorriese todo su cuerpo una vez más. ¿Por qué le hacía reaccionar de esa forma tan solo por acercarse hacia él? El escalofrío siguió recorriendo el cuerpo del joven durante un buen rato hasta que finalmente se detuvo. De más está decir que agradecía no saber lo que ella pensaba ni siquiera haberse imaginado la imagen que podían estar dándole a Pomfrey. ¿Ellos dos? ¿Una pareja que podía estar contándose secretitos? Vaya que terminaría con las mejillas ardiendo si llegase a descubrir que eso era lo que la enfermera podía pensar de ellos dos en ese momento en el que (por extraño que pareciese) hasta amigos íntimos parecían.

Dejó escapar un suspiro antes de observar a la rubia como si estuviera a punto de reprocharle por la pregunta que acababa de hacerle, aunque no por la pregunta en si, quizás por la forma en la que la había hecho, por el tono de su voz que mezclaría varios sentimientos. ¿Por qué parecía estar decepcionada por las dudas del joven? No lo entendía, o quizás temía encontrar la respuesta a esas incógnitas que tan seguido habían comenzado a presentársele con la fémina. No supo que responder en un principio, y ciertamente, la reveladora imagen que se le presentó a continuación no ayudó demasiado a que su mente pudiera pensar en la respuesta. Ni bien la joven inclinó su rostro, la mirada del peliplata se desvió en dirección al pecho de la joven que debido a las vendas le daban una vista por demás reveladora, una vista que provocaría un nuevo calor en las mejillas del joven que rápidamente se extendió por el resto de su cuerpo.

Sacudió su cabeza con nerviosismo, solo para percatarse de la mirada que ella le había clavado en esos momentos, una mirada que parecía penetrar aquella invisible barrera que torpemente quizás el joven había intentado erigir durante los años de conocer a la muchacha y que ahora parecía haber desaparecido casi por completo. La situación era extraña, y ni que decir de la posterior caricia que sintió sobre la piel de su desnudo brazo. Un nuevo escalofrío le hizo estremecerse ante el mero contacto entre ambos. N-No dije eso... Diría con nerviosismo para luego desviar la mirada ligeramente hacia la derecha. Tonta... Terminó por decir a modo de reproche por la pregunta que la joven le había hecho de esa manera tan particular.

Tardó algunos segundos en acomodar sus ideas hasta que finalmente supo qué debía decir. Su mirada se clavaría sobre la ajena con una intensidad que nunca antes había tenido al posarse sobre la joven. Quizás puedas inventar algo para las heridas... Dijo con calma para evitar levantar mucho la voz.¿Pero cómo explicarás que estabamos, al menos en mi caso, con poca ropa? Preguntó sin encontrar una excusa para salvarse de aquel problema, al menos no aún. Además, si tienes que dar una excusa es pura y exclusivamente por mi culpa, porque de no haber aparecido allí, no hubieras pasado por nada de esto y no te hubieran descubierto fuera de tu cuarto en una situación... extraña... Dijo antes de desviar la mirada nuevamente hacia un lado con claros signos de molestia en su expresión.

Dejó escapar un suspiro de resignación mientras presionaba sus puños con algo de impotencia. Esto es mi culpa, ya encontraré la forma de evitar que termines recibiendo un sermón que no te corresponde... Dijo con la mirada alejada de la joven, en un vano intento por no demostrarle que estaba algo (bastante) avergonzado por estar en cierto modo preocupado por defender a la rubia con la cual parecían querer matarse por lo general. En todo caso, terminaré por culparme de todo si es que no llego a pensar en una excusa creible para todo lo ocurrido... ¿Era posible que Dominic se estuviera preocupando de esa forma por Elizabeth? El joven estaba bastante confundido por ello, y la rubia debía de sentir algo similar después de todo, Dominic jamás se había preocupado por nadie más que por él mismo.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Miér Ene 11, 2012 10:33 am

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En esta ocasión sí que fue consciente de la algunas reacciones ajenas ante su cercanía, más que nada porque la distancia entre ambos era casi nula y por la caricia que le había dado a su brazo. Le sorprendió un poco que él se estremeciera aunque lo adjudicó al frío -era una posibilidad remota, pero incluso el ruso podía tener escalofríos estando sin camiseta- y le hubiera encantado que en ese momento el varón leyera sus pensamientos, verle sonrojado sería sin duda un deleite y, por qué no decirlo, una buena arma para burlarse más adelante aunque eso no qutiaba que no se diese cuenta de la situación. En sus largos años de conocerse ellos dos nunca habían sido cercanos en ningún sentido, y cuando estaban físicamente cerca se limitaban a insultarse, burlarse el uno del otro y pelear, pese a ello alguien observador sería capaz de notar algo que incluso a los dos alumnos se les escapaba: por muchas peleas que tuvieran, parecían confiar el uno en el otro, parecían saber de antemano que -de una forma u otra- estarían siempre para el uno para el otro. Aún así incluso ese mudo y por ahora ficticio observador reconocería que era divertido verles pelear, más aún si descubría el trasfondo que se ocultaba tras tantos roces y que empezaba por fin a esclarecerse para los dos idiotas que estaban involucrados.

De todas formas el suspiro ajeno captó la atención de la joven, haciendo que sus labios se abrieran un poco. Inconscientemente pensó que se burlaría y, para evitar que lo hiciera, estuvo a punto de mencionarle un "Idiota~" y actuar como si la pregunta hubiera sido un juego desde el principio, pero no lo hizo. Cuando los orbes zafiro de Dominic se posaron en los suyos las palabras se le atascaron en la garganta e incluso se reprochó mentalmente por sentir un ya conocido ardor en las mejillas al percatarse de que la mirada ajena se desvió hacia abajo, más concretamente hacia el maldito y sugerente escote que las vends le dejaban. Le habría llamado pervertido en tono algo burlón de no ser porque realmente esperaba una respuesta y porque ahora sí vio cómo las mejillas contrarias enrojecían un poco, una visión tan inusual como la del Cometa Haley.

Verle sacudir el rostro hizo que una de las cejas de la fémina se alzara en señal de confusión al no creerse que sus actuales acciones le hubieran puesto nervioso, después de todo el peliplata no mostró nerviosismo ninguno cuando la vio desnuda en el lago, ¿por qué lo estaba ahora entonces? Una más para la lista de preguntas sin respuesta que venía acumulando desde hacía una semana, y todas eran referentes a ese lobo que tenía delante y del que no apartaba sus ojos, casi demandando una respuesta con ellos. Sin darse cuenta su mirada se había vuelto tan intensa que parecía capaz de escudriñar el alma sin dificultad. Si supiera lo intensos que se habían vuelto sus ojos se daría cuenta de que sus ansias por conocer la respuesta a su pregunta eran mayores de las que creía. El nuevo escalofrío del ojiazul le hizo retirar un poco la mano, sólo para volver a posarla con algo más de seguridad sobre la piel ajena, concluyendo así en un suave agarre que no se notaría de no ser por el contacto entre su fría palma y la cálida piell del varón.

Elizabeth debería dar las gracias pues cuando él por fin respondió una inocente y tierna sonrisa se dibujó en sus labios, sonrisa que el platinado no vería pues había desviado su mirada a otro lado quién sabe porqué, no obstante cuando la llamó tonta ella no pudo evitar reír por lo bajo, dejando caer la almohada a un lado para posar de forma delicada su zurda -a pesar del dolor podía mover el brazo siempre que hiciera movimienso más o menos lentos y suaves- sobre su costado derecho al sentir nuevamente algo de dolor por reír, pero ni el mayor de los sufrimientos le quitaría el placer de la risa. Al terminar de reír recuperó la respiración tras un hondo suspiro y se acomodó, bajando las piernas para dejar ambas apoyadas en la cama, con sus rodillas juntas y los pies hacia afuera dejando ver mejor los pantalones de paciente que la cubrían de cadera para abajo y las vendas que hacían lo propio en el torso, dejando desde la linde del pantalón hasta poco más arriba del ombligo sin prenda alguna.

Cerró los ojos durante su risa y sólo volvió a abrirlos cuando un escalofrío recorrió su columna, haciendo que su piel -especialmente la de su nuca- se erizase por la insólita mirada que él le devolvió y que a duras penas lograba sostener. ¿Desde cuándo la miraba con esa intensidad? Cierto que Elizabeth era buena detectando las miradas que se posaban sobre ella pues estaba acostumbrada a ser el centro de atención -normalmente por cosas malas como peleas- pero le parecía inverosímil que una sola mirada del varón pudeira hacerla reaccionar de esa manera, si hasta tembló unos segundos y tragó grueso con nerviosismo a la espera de alguna explicación o palabra que cortase el -para ella- eterno silencio que se creó entre ambos. Al escucharle al fin prestó atención más por curiosidad que por cualquier otra cosa y asintió a las primeras palabras pues no necesitaba inventarse una historia, ya tenía una preparada desde hacía unos minutos. Iba a responderle esa nueva pregunta pero mantuvo silencio cuando él añadió que era su culpa el que tuviera que dar una excusa. Eso la dejó casi literalmente con la boca abierta, ¿estaba echándose la culpa otra vez?

-"No tiene remedio, menudo testarudo..." -pensó mientras le dejaba hablar, sorprendiéndose -pero intentando ocultarlo- a medida que las palabras salían de sus labios. Ya estaba confirmado, le habían cambiado a Dominic por un clon Dominic v2.0, era la única explicación viable para su forma de actuar, tan dispar a la que solía tener. En primer lugar no era alguien que asumiera las culpas por algo, mucho menos de sus propios actos. Sin embargo, su confusión desapareció dando lugar a un enojo del que no supo identificar la procedencia, la cual era ni más ni menos que el hecho de que él le desviara la mirada una vez más mientras seguía culpándose por lo ocurrido. Le daba igual esa molestia que se reflejó en él, le dio igual ese susupiro resignado y le dio igual que apretara los puños con impotencia; si el Gryffindor pensaba pasarse la vida lamentándose por eso iba a recibir algo más que palabras de la rubia.

Mandó su confusión, sus dudas, su vergüenza y su razón al diablo cuando bajó su diestra para posarla sobre la zurda empuñada de su amigo -¿Eso eran? No lo sabía, y le molestaba tener tantas incógnitas sin responder- y apretarla al mismo tiempo que elevaba su siniestra, apoyándola sin pedir permiso sobre la mejilla derecha del varón justo antes de hacer la fuerza que hiciera falta para hacer que girase el rostro hacia ella por completo, buscando que sus ojos también la mirasen de frente. En cualquier otra situación parecería que fuera a besarle de tan cerca que tenían los rostros, pero la seria expresión de la fémina parecía eliminar por completo esa remota posibilidad. Al menos había aguantado el abofetearle para que le mirara, porque esa había sido su otra opción, estaba segura que una acción tan impropia de ella -y dolorosa además- le haría mirarla aunque fuera sólo para gritarle insultos y reproches. Por suerte para ambos sus acciones fueron más suaves y nada dolorosas, aunque todavía bastante inusuales para tratarse de la Lockheart.

- Escúchame y hazlo con atención. No fue culpa tuya... así que deja de actuar como un idiota -ya le daba igual que Pomfrey la escuchara si es que seguía vigilándoles, quería que sus palabras se le metieran en la cabeza a ese tonto aún si para ello tuviera que grabárselas a golpes- Sé cuidarme sola, no me importa que me sermoneen ni que me castiguen, deberías saberlo ya -le reprochó con tono serio y seguro de sí mismo. ¿Por qué se empeñaba en echarse la culpa? No lo entendía, pero menos entendía su extraña decisión de cargar con toda la responsabilidad. ¿Ese que tenía delante era el Dominic que ella conocía? Hubiera jurado que no... después de todo él no era una persona que pusiera a alguien por encima suya, era alguien cuya máxima y única prioridad era él mismo. O eso creía Elizabeth antes, porque ahora no sabía qué demonios pensar- Además ya tengo excusa -añadiría tras unos segundos de silencio dibujando una sonrisa un poco arrogante en sus labios al tiempo que le guiñaba de nuevo un ojo y hacía el ademán de separarse y alejarse hasta recostar su espalda contra la almohada que se mantenía pegada a la pared, soltándole también la mano y alejando su zurda de la mano ajena por el movimiento... si es que él se lo permitía claro está.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Miér Ene 11, 2012 4:31 pm

¿Cómo culpar a Dominic por el nerviosismo que sentía al tener una vista tan... sugerente del cuerpo de la rubia? Si, la noche anterior se había mostrado más tranquilo y confiado al verle desnuda, pero solo porque había estado a buena distancia de ella y poco y nada era lo que había llegado a ver gracias a ello, una vista en "primer plano" era bastante diferente a decir verdad. Era una situación... incómoda por llamarla de alguna manera y que el tacto de la joven se sintiese como una caricia era aún más extraño. De más está decir que al sentir como la joven finalmente le tomaba del brazo en un suave agarre un nuevo escalofrío recorrería la totalidad de la espalda del peliplata, no solo por la acción en si (que ya de por si era extraña), sino también por la diferencia de temperaturas entre ambos cuerpos. ¿Es que la rubia no tenía sangre? No hizo ninguna acotación al respecto, no le molestaba el contacto a decir verdad.

No sabría que su accionar provocaría no solo confusión en la rubia que se encontraba frente a él, sino que también haría que ella pudiera llegar a sentir enojo sin saber bien la razón del mismo. Sin saber la razón, pudo sentir como la diestra de Elizabeth se posaba sobre su mano, sientiendo una presión sobre la misma la cual le hizo desviar la mirada en dirección a dicha mano sin entender la razón de las acciones que ella estaba realizando, pero sintiendo una ligera incomodidad quizás por no saber el motivo de que le tomara de la mano. La duda del varón simplemente aumentaría cuando pudo sentir como la zurda de la muchacha le tomaba el rostro, sintiendo como parecía estar haciendo fuerza para que volviera la mirada hacia ella. ¿Qué pensaba? ¿Por qué hacía eso cuando sus heridas podían abrirse a causa del esfuerzo necesario tanto para levantar el brazo lastimado como para hacer que él volviese el rostro hacia ella? No tenía tiempo de deliberar aquello, por lo que simplemente ayudó a la joven volviendo su rostro hacia ella para evitar que tuviera que hacer fuerza para cumplir su cometido.

Se percató algo tarde de la cercanía que aún ambos mantenían, dándose cuenta además de que la posición en la que se encontraban podría malinterpretarse fácilmente ya que, a ojos de cualquiera que entrase parecería que ella estaba a punto de besarle y (estúpidamente a decir verdad) por un momento dicha idea cruzó por la mente del peliplata hasta que la seria expresión de la ojiverde borró por completo tal idea de la cabeza de Dominic. Pero aún así el varón se preguntaba por qué había llegado a creer que ella podía hacer algo como aquello. Parpadeó un par de veces para quitarse cualquier idea rara de la cabeza aunque ahora que lo pensaba detenidamente ¿Por qué demonios ella le tomaba de esa forma haciendo que volviera a verle a pesar de que él había desviado su rostro segundos atrás?

No pudo decir nada, ni para reprochar y menos aún para expresar la sorpresa que aquella acción le había hecho sentir, la voz de la mujer se lo impediría. Se quedó tieso durante todo el tiempo que ella habló, pareciendo que le estaba metiendo sus palabras a presión a través de sus oidos. No pudo evitar sin embargo que una sonrisita divertida se dibujara en su rostro cuando ella le dijo como si nada que dejara de actuar como un idiota, aunque su expresión cambió ligeramente cuando ella le dijo que sabía cuidarse sola y que no le importaban que la sermonearan o la castigaran. Eso ya lo sé, pero podrían expulsarte... Diría manteniendo la vista sobre la ajena. Estaba algo nervioso, la distancia entre ellos era mínima y cualquier movimiento descuidado podía hacer que todo terminase en un desastre.

Se sorprendió bastante cuando terminó diciendo que ya tenía excusa, acompañando dichas palabras con una de las típicas sonrisas que la caracterizaban, aunque acompañando todo de un nuevo guiño que dejó sin palabras al varón durante algunos segundos. Sin embargo, a pesar de que él se quedó sin palabras por alguna extraña razón que definitivamente desconocía, tuvo el impulso de evitar que ella se alejase, impulso que terminó volviéndose realidad al tomar con suavidad la mano que anteriormente había presionado la propia y al mismo tiempo, con la diestra, sostener la zurda ajena sobre su mejilla mientras cerraba lentamente los ojos. El silencio se mantuvo entre ambos durante un rato mientras un sin fin de ideas se cruzaban por la mente del joven sin percatarse completamente quizás del efecto que podrían tener sus acciones en la muchacha, después de todo, había evitado que le soltase y eso era bastante extraño.

Un suave suspiro escapó de los labios del joven antes de abrir los ojos nuevamente, dejando notar un brillo... inusual quizás en aquellos zafiros que por lo general se mostraban fríos e inexpresivos. Su vista se clavó sobre las bellas esmeraldas de Elizabeth con una intensidad que parecería estar buscando una respuesta en el interior de los mismos. Esta bien, dejaré de actuar como un idiota. Diría con calma mientras una sonrisa de medio labio se dibujaba en su rostro. Estoy seguro que saldremos de esta... Su diestra presionaría suavemente la zurda ajena en una acción quizás tan inusual como el final de la frase que había comenzado segundos atrás. juntos... El silencio se apoderó de la situación ni bien terminó de decir aquello.

Habrán pasado segundos, aunque para él parecieron años luego de lo que acababa de decir. ¿Salir de aquella situación juntos? ¿Qué era lo que se le había cruzado por la cabeza para decir algo tan embarazoso como aquello? Se percató bastante tarde quizás de como podían interpretarse aquellas palabras que había dicho sin pensar. Un inusual calor se apoderó de su rostro y su cuerpo en general, no había duda, la vergüenza se había apoderado ahora del varón a causa de su propia estupidez al hablar quizás. Soltaría las manos de la muchacha antes de comenzar a hablar con claros signos de nerviosismo tanto en su voz como en su expresión. ¡Q-Q-Quiero decir que como todo esto es nuestra culpa saldremos juntos..! ¿Qué rayos acababa de decir? Vaya que había metido la pata al prácticamente insinuar que podrían salir juntos a pesar de que no era para nada lo que tenía planeado decir. ¡D-D-Digo que saldremos de esta situación juntos, no es como si fuera a invitarte a salir y tu fueras a aceptar! Vaya situación vergonzosa en la que se acababa de meter, deseaba que la tierra se lo tragase. T-Tú entendiste a lo que me refería... ¿verdad? Preguntó sintiendo que el rostro estaba a punto de encendérsele en llamas.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Miér Ene 11, 2012 5:57 pm

Ciertamente le había costado mover el rostro ajeno, más bien fue incapaz de lograrlo sorprendiéndose de la debilidad que su brazo mostraba. ¿Tan grave había sido su herida que todo lo que podía hacer era mover su extremidad de forma lenta? Al parecer sí, o quizá fue la pérdida de sangre la que mantenía sus extremidades débiles quién sabe, lo que importaba es que logró su cometido aún cuando fue el mismo Dominic quien movió su rostro para mirarla. No le importaba hacerse daño con sus acciones, si se trataba de dolor la rubia estaba más que acostumbrada y un poco más no cambiaría nada, sobre todo cuando ni lo sentía de lo enfadada que estaba sintiéndose. No obstante sus palabras apenas mostraron ese enfado, estaba enojada porque él era distinto a como solía ser con ella, y eso la confundía. ¿Por qué no podía ser como siempre? Una pregunta que la asaltaba desde ese maldito día en el campo de quidditch y a la que, naturalmente, no encontraba respuesta alguna.

Fuera como fuera sus palabras salieron sin modificación alguna, firmes y seguras en espera de que él se centrase y, por una vez en su vida, la obedeciese. Ignoró deliveradamente la sonrisa que le apareció en el rostro -ya le golpearía por eso después- pero se fijó en el apenas perceptible cambio de expresión y no pudo evitar soltar un suspiro entre divertido y hastiado cuando él mencionó la expulsión. Otra vez se estaba preocupando de más, ya parecía su hermano- Ésta no ha sido mi primera excursión con daños ni será la última. Si no me han expulsado todavía dudo que lo hagan ahora -respondió antes comentarle que ya tenía excusa e intentar alejarse, una acción que muy a duras penas logró empezar pues en cuanto sintió algo cálido sobre su mano diestra y que lo que tenía bajo ella se había movido sus orbes se dirigieron a ésta, sorprendiéndose apenas medio segundo antes de elevar de nuevo su mirada para verle a la cara, notando que también le tomaba la mano izquierda teniendo así ambas suyas tomadas por las del varón... y lo que era más extraño, sin que él las alejara.

Agradeció que él cerrara los ojos pues un intenso rubor se plantó en sus mejillas, un rojo notable que no parecía querer irse y cuya razón no entendía pero aún así su confusión era notable al no entender porqué no la dejó separarse. No es que hubiera tenido muchos encuentros con el sexo opuesto pues las relaciones no le interesaban, no las que iban más allá de su estrecho círculo familiar pero la cercanía nunca la había incomodado, mucho menos sonrojado. ¿Por qué con Dominic era diferente? ¿Por qué su cuerpo reaccionada de esas maneras tan extrañas? Era el único que había logrado sonrojarla, el único que había conseguido ponerla nerviosa y, por supuesto, el único que la había dejado sin palabras desde aquel día cuya fecha preferiría nunca recordar. Como decía su mismo apellido el corazón de la joven estaba cerrado, sólo se abrió cuando dejó entrar a los Croft en él... y ahora estaba abriéndolo de nuevo sin saberlo. Eso sí, la imagen que daban era un claro espectáuclo para Pomfrey que no los dejaba solos -acompañada por una divertida Barran- por la única razón de que cualquier acto cariñoso en demasía estaba prohibido en la enfermería aunque, en opinión de Elizabeth, debía estar loca si creía que ellos dos, precisamente ellos dos, iban a hacer algo no apto para menores.

Tragó grueso -intentando disimularlo sin mucho resultado- cuando los zafiros que él tenía por ojos se clavaron en los suyos tras ese suspiro que cortó el silencio. ¿Seguiría sonrojada? No lo sabía pero el ardor de sus mejillas indicaba que sí, más aún cuando éste aumentó al percatarse de ese brillo que parecía cegarla y esa intensidad que parecía querer atravesarla. Tembló sin proponérselo y su cuerpo se tensó un poco por ello, no pudiendo así añadir nada cuando él mencionó que dejaría de actuar como idiota. Le hubiera respondido algo del tipo "En realidad eso no es posible, naciste así" pero una vez más las palabras ni llegaban a sus labios. Pero si de verdad algo la dejó muda, casi en shock fueron sin duda las siguientes palabras que él le dedicó, incluso hubiera pensado que seguía dormida de no ser porque la herida del brazo empezaba a arderle y, por tanto, no hizo falta pellizco alguno para confirmarle que estaba despierta y que sus oídos funcionaban a la perfección.

Entendió lo que le quería decir, no era tonta, pero que le comentara eso en la posición en la que estaban podía llevar a una malinterpretación de la que Dominic se dio cuenta. Si Pomfrey lo hubiera oído estaría riéndose como en esos momentos la lechuza lo hacía porque había que reconocerlo, había parecido que él le estaba pidiendo una cita o incluso que eran una pareja y el varón le estaba diciendo algo cursi y romántico. Pasado así el shock inicial no pudo evitar reírse a carcajadas cuando el peliplata empezó a intentar excusarse. Como él le soltó las manos fue libre de llevarlas a su estómago y boca en un intento por frenar sus carcajadas- ¡M-maldita sea! ¡Ja ja ja! ¡J-joder... duele! -y siguió riendo mientras se sujetaba ahora únicamente el estómago antes de que por fin comenzara a calmar sus carcajadas, pero sólo porque reírse así le hacía bastante más daño que reír normal. En verdad Dominic podía ser divertido si se lo proponía. No se molestó en ocultar su risa y mucho menos en moderar su tono de voz, haciendo que la gárgola se preocupara por sus costillas pero se sorprendiera por tal risa que, a su parecer, era demasiado repentina.

No obstante cabía añadir que la posibilidad de que él la invitara a salir, si bien era absolutamente remota -casi tanto como que ella aceptara según creía qué equivocada estaba...- por unos segundos le hubiera encantado que fuese verdad. Descartó ese pensamiento tan rápido como le vino a la mente y recuperó la compostura algo adolorida pero con una amplia y divertida sonrisa en el rostro que pronto se transformó en una un poco ladina, maliciosa y -quizá- extremadamente sensual y tentadora. No pudo contenerse, impulsada por su afán de molestarle o por algo más que no sabía describir la fémina se puso a gatas, apoyando ambas manos en la cama y logrando que en esa posición sus senos se apretaran un poco y su escote se mostrara más generoso. Dada la distancia entre ambos no le hizo falta gatear hacia él, le bastó con inclinarse hacia delante para adoptar su actual postura así como inclinar un poco el rostro a su izquierda, dejando caer algunos traviesos mechones sobre su pecho, mirando al varón con los ojos entrecerrados, a juego con esa mueca que bien podía calificarse de excitante.

- Si quieres pedirme una cita... -empezó con tono acorde a sus acciones, moviendo su rostro y estirándose lo suficiente como para alcanzar con los labios una vez más el oído del menor- ... deberías ser más directo~ -le susurró casi besándole la oreja pero sin llegar a hacerlo, recibiendo no obstante una moleta y al mismo tiempo avergonzada mirada de la enfermera que salía y cerraba la cortina tras de sí. Como no se percató de que ya no eran vistos la salida de la anciana les dio privacidad pero no hizo que ella reaccionase, todo lo que hizo fue esperar unos segundos antes de desviar su rostro, desplazando sus labios desde el lóbulo ajeno hasta la parte de su mejilla que estaba cubierta por vendas para darle allí un beso, tan corto y fugaz que más bien pareció un roce casual aunque eso sí, lo bastante sonoro como para que el varón lo escuchara. Estaba claro que no aprendía la lección, jugaba con fuego y lo más probable era que acabara quemándose~



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Jue Ene 12, 2012 4:34 am

Era una verdadera lástima que el peliplata hubiese cerrado los ojos en ese momento en particular, de no haberlo hecho hubiera tenido la poco común visión de una Elizabeth sonrojada, nada común en ella a decir verdad y que ciertamente sería todo un espectáculo digno de ver para alguien como Dominic. Aunque a decir verdad, en cualquier otro momento él hubiera utilizado algo así para burlarse de la fémina con algún comentario al respecto, sin embargo, con lo extrañas que habían estado las cosas entre ellos dos últimamente, una vista como esa haría que el varón llegase a sentir incluso ternura. No cabía duda de que las personas eran extrañas y ellos dos en especial eran... bastante difíciles de comprender, tanto así que seguramente ni ellos debían ser capaces de entenderse al estar comportándose como dos adolescentes vergonzosos e idiotas.

Se quedó observando a la rubia con una expresión sorprendida y algo avergonzada por la forma en la que ella comenzó a reirse, no le había visto reirse de esa forma en bastante tiempo a decir verdad, y menos aún por algo que él le hubiera dicho. No pudo evitar reir divertido ya que debía admitir que la risa de la joven era contagiosa, sus palabras simplemente ayudarían a aumentar el efecto. Se preocuparía ligeramente al notar que el dolor era más gracias a las costillas rotas que a lo que él había dicho, o al menos eso era lo que él quería creer en esos momentos. La risa del varón continuó hasta que la de la joven se transformó en una risa bastante más suave, mucho meno dolorosa al parecer para su maltrecho cuerpo. Esperaba que sanase pronto de aquellas heridas, así podría verle como siempre nuevamente.

Todo había sido divertido hasta ese momento, la risa incluso le había quitado el calor que le había invadido por la vergüenza que había llegado a sentir a causa de sus torpes palabras, aunque eso no duraría por mucho más tiempo. La sonrisa que se dibujó en su rostro debería haber servido de advertencia al varón para que entendiera en lo que estaba a punto de meterse. Siguió con la mirada las acciones de la rubia sin siquiera imaginar lo que ella estaba a punto de hacer. ¿Por qué se habría puesto a gatas sobre la cama? No lo sabía, pero rápidamente entendería la razón al ver como ella terminaba apoyando ambas manos, haciendo que sus senos se presionasen de una forma tal que los haría resaltar de forma tal que haría imposible que él no dirigiese su vista hacia ellos.

Las posteriores acciones de la joven solo harían que la atención de Dominic (si es que eso era posible) se centrase aún más sobre su cuerpo. Prácticamente se quedó viéndole como idiota cuando ella inclinó su rostro hacia un lado haciendo que algunos mechones cayeran de manera traviesa sobre aquellos senos que días atrás el peliblanco había criticado, más que nada para molestar a la rubia, aunque aquel intento había fracasado por completo al no interesarle a la joven que éstos crecieran más. ¿Quién hubiera dicho que luego de aquello, terminaría viéndolos como idiota? Como si estuviera hipnotizado se mantuvo durante unos segundos antes de sacudir la cabeza y volver la mirada a los orbes ajenos, notando aquella expresión provocadora que el rostro de la fémina había adoptado.

Las palabras de la joven lo dejarían sin palabras, ¿había tomado en serio lo que él habia dicho respecto a la cita, a pesar de que estaba claro que había sido un error (o al menos eso creía) por hablar sin pensar? Al parecer así era, aunque no pudo evitar dejar escapar un suspiro ante tal idea, no era posible que ella fuese aceptar en el poco probable caso de que él lo hiciera. Al menos eso es lo que él pensó, hasta que las nuevas palabras de la rubia volvieron a dejarle sin habla. ¿Ser más directo? ¿Acaso estaba hablando en serio? Si era una broma terminaría recibiendo las burlas de la rubia por todo lo que le quedase de vida, y aún si era verdad, era tan inverosímil que la muchacha siquiera contemplase la idea de poder llegar a salir con un sujeto con el que no habían hecho más que pelear e insultarse durante todo el tiempo que llevaban de conocerse, como que un mortífago se llevase bien con un auror.

No supo qué hacer, no sabía que responder y no sabía como hacer para poder mantener la vista sobre el rostro de la joven en lugar de dirigirse en dirección al cuerpo de la rubia, que al menos en cuanto a gustos, para Dominic era de escándalo. L-L-Lo tendré en cuenta... Respondió antes de darse cuenta que sin pensarlo había contemplado la idea de invitarla a salir, algo que haría que un nuevo calor se impregnase en sus mejillas, aunque eso no había sido todo, no, aquella rubia que parecía disfrutar al hacer que Dominic se pusiese nervioso había estado a punto de besar la oreja del ojiazul, algo que, sumado a ese sensual susurro provocaría un nuevo estremecimiento en el cuerpo del menor de los dos. ¿Por qué reaccionaba de esa manera? La respuesta ya había comenzado a rondar su mente, mas no quería aceptarla, no se sentía listo para aceptarla quizás.

El beso en su mejilla, por suave que hubiera sido no pasó desapercibido, una acción que haría prácticamente arder el rostro de Dominic, no solo por el beso en si, sino por el hecho de que se trataba de Elizabeth la que lo había dado de una manera que haría imposible el ignorarlo. Tan sonoro, provocador y al mismo tiempo tentador. ¿Sentía deseos de hacer lo mismo sobre la mejilla ajena? Era la única explicación posible al suave calor que sintió sobre sus propios labios al instante mismo en que aquel suave sonido pareció invadir sus oidos, el sonido de aquel beso que embriagaría por completo los sentidos del joven, como si de la más hermosa melodía se tratase, una melodía capaz de calmar a la más fiera de las bestias con el sonido de un simple acorde.

No se percató del cambio de expresión en la enfermera cuando ésta finalmente decidió alejarse de donde los dos menores se encontraban cerrando la cortina tras de si, a decir verdad, tenía demasiadas cosas en su mente (así como a una bella joven con escasa ropa frente a él) como para siquiera fijarse en lo que aquella mujer de avanzada edad podía llegar a estar haciendo. Aunque luego de algunos segundos logró volver a tomar control sobre su mente y su cuerpo. ¿Es que acaso la joven quería provocarle para ver cómo él iba a reaccionar? Era una posibilidad, con Elizabeth todo era posible y más algo como aquello puesto que no era secreto que le gustaba llevar los juegos hasta el extremo siempre que era posible. Como fuera, una nueva incógnita rondaría la cabeza del joven en esos momentos donde nada de lo que creía tener certeza era seguro. ¿Debería seguir el juego de Elizabeth? ¿Aquel peligroso juego que podría terminar arruinando por completo la relación que ambos tenían si es que había interpretado mal las cosas?

Meditó durante varios segundos en los cuales dejó al silencio reinar entre ambos, antes de dirigir una coqueta mirada a la muchacha. Si quería jugar con fuego, él se aseguraría de que terminase quemándose con él. Sin mediar palabra alguna, y aprovechando la casi nula distancia entre ambos, movió su rostro lo suficiente como para rozar el lóbulo derecho de la joven, antes de susurrar con suavidad. ¿No aprendes verdad? Su tono sería... seductor quizás y haría clara referencia a lo que había pasado días atrás cuando él había tomado la iniciativa, abrazándole por la espalda en aquel pequeño juego que tenía como objetivo averiguar el color de las bragas ajenas. Que así sea... Dijo antes de que sus labios se posaran suavamente sobre la mejilla, moviéndose lentamente en dirección a su oreja, lugar donde se detuvo para atrapar el lóbulo de la muchacha entre sus labios. Sus acciones no se detendrían allí, por el contrario, con bastante cuidado colocaría sus dos manos sobre las ajenas, no para sostenerlas... quizás esa sería la imagen que daría a la rubia, aunque lejos de ello, sería simplemente para estar en contacto con ella, clara señal de ello sería una caricia tan suave que podría pasar desapercibida al poder confundirse fácilmente por un roce provocado por la torpeza del varón.

No liberaría el lóbulo ajeno, al menos no por un rato. Presionaría el mismo de una manera bastante suave para evitar lastimar a la muchacha, liberándolo tras unos veinte segundos para poder susurrarle algo al oido. Si quieres que me detenga solo dilo~ Dijo con un tono que mezclaría la seducción y el desafío, quería ver hasta donde era capaz de llegar la fémina, ya fuera por orgullo o lo que fuera, le probaría, tal y como estaba probando su lóbulo en esos momentos. Un suave suspiro acariciaría la delicada piel del cuello de la mujer, aunque no se dirigiría allí, no, por el contrario, se movería para poder observar los orbes ajenos de frente, quedando quizás a menos de tres centímetros de distancia del rostro ajeno. Sus zafiros se clavaron de manera juguetona sobre las traviesas esmeraldas ajenas, una mirada intensa que parecía escudriñar a la joven frente a él, aunque decir verdad, quizás solo estaba disfrutando de la vista de aquel bello color que los ojos de Elizabeth poseían.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Jue Ene 12, 2012 12:49 pm

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Agradeció internamente el haber guardado la compostura cuando se percató de la mirada que el varón le dirigió en cuanto acomodó su postura, sin duda ver a Dominic con esa cara de idiota embelesado era digna de ser fotografiada y a punto estuvo de echarse a reír y mandar al diablo su actuación, sin embargo continuó, ya se burlaría después... o ese era el plan original, no había tenido en cuenta que la reacción del menor podía no ser la que esperaba, como de hecho ocurrió. El orgullo le subió como la espuma al confirmar que Dominic estaba tragándose sus propias palabras, después de todo era incomprensible que él no dejara de mirarla de esa forma si, como le había dicho una semana atrás, daba igual lo que hiciera porque seguiría viéndose mal. Aún así no supo si el orgullo le creció por hacerle retractarse de sus palabras o porque confirmó -esta vez con intención de ello- que su cuerpo era irresistible. Incluso llegó a morderse el labio -de forma sensual sin pretenderlo- para acallar la risa que buscó salir cuando le vio sacudir el rostro para recuperar el control de sus ojos y, quién sabe, quizá también de sus pensamientos.

La verdad es que no se había tomado en serio la petición de cita pues sabía que fue una confusión pero era divertido jugar con ello y usarlo para confundir al varón antes quizá de soltarle una de esas frases que él siempre le decía, como la famosa "¿De verdad crees que diría eso en serio?" que ya había utilizado infinidad de veces con ella, aunque pocas con el resultado deseado. La mera idea de salir con él le resultaba tan improbable que hasta le causaba gracia, ¿por qué debería -en el hipotético e imposible caso de que él se lo pidiera- aceptar tener una cita con él? Habían estado peleándose y casi matándose, metafóricamente, durante casi siete años. Además, por si fuera poco el que se llevasen mal había otros miles de factores por los que jamás aceptaría tener una cita con él y por los que él jamás se lo pediría. El primer y único factor que merecía la pena mencionar -pues los conflictos entre Gryffindor y Slytherin a ellos realmetne no les importaba nada- eran sus personalidades: demasiado semejantes y al mismo tiempo demasiado contrarias como para encajar la una con la otra. Para Elizabeth por mucho que dijeran se mantenía firme en sus convicciones. Para ella no era una delgada línea la que separaba el odio del amor, era un barranco, un abismo que no estaba dispuesta a intentar sobrepasar... ¿o sí?

Soltó un ligero "Jum" divertido cuando escuchó las primeras palabras que el peliplata pudo mencionar, aguantando una vez más la risa aunque más que por diversión fue para disimular su sorpresa. ¿Dominic le seguía el juego o lo había dicho en serio? Si había creído que le comentaba lo de la cita en serio recibiría burlas de parte de la fémina hasta el día de su muerte e incluso después, aunque más se reiría él -quizá- si supiera que ella le creía capaz de invitarla a salir aún cuando tal creencia apenas duró unos segundos en su cabeza. De todas formas disfrutaba como nunca de las reacciones que captaba en el cuerpo de su compañero pese a que tras el beso había decidido parar, no quería cavar su propia tumba pues sabía bien cómo eran algunos hombres cuando se les provocaba y no era buena idea tentar a la suerte en su condición... Una lástima que no lo hubiese pensado antes pues estaba claro que había despertado a la bestia, y que no iba a librarse de ella con facilidad si es que llegaba a hacerlo.

Lo cierto es que se confió, creyó que el actual Dominic se pondría nervioso y dejaría pasar el tema o que, a lo sumo, le replicaría intentando negar su obvio nerviosismo, por lo que ni en un millón de años se hubiera imaginado lo que ocurrió a continuación. La mirada que recibió tendría que haberla puesto sobre aviso, había sido más que suficiente para que levantase todas sus defensas, pero no lo hizo y eso logró que el ojos zafiro la tomase completamente desprevenida. Le sintió moverse pero creyó que lo haría para separarse, no para lograr alcanzarle el lóbulo con sus labios. Tanto el roce como las palabras, el tono de voz, el cálido aliento y la ya casi inexistente cercanía entre ambos logró hacerla estremecer, erizándole al tiempo la piel del cuello y haciéndole sentir un inesperado calor en su cuerpo, vagando por éste como si se tratase de un gas: expandiéndose hasta ocupar todo el espacio disponible. Era curioso que incluso con lo que ella consideraría dos grados más en su temperatura su tacto siguiera siendo frío, menos, pero más bajo que el del varón eso seguro.

Jamás una simple pregunta le había provocado tantas cosas juntas, incluso tragó grueso al recordar cómo había acabado aquella vez en los jardines después de que -sin medir sus actos- le hubiera tentado como ahora había hecho. Se reprochó mentalmente aún sabiendo que su metedura de pata había sido única y exclusivamente causa de su actual insensatez, y ahora no le quedaba más remedio que cargar con las consecuencias... con las deliciosas consecuencias. Se estremeció de nuevo al notar los labios ajenos sobre su piel, imitando su propio movimiento hasta llegar a la oreja, ya allí el menor mostró originalidad en sus actos pues no se limitó a imitarla y simplemente susurrarle al oído, sino que le atrapó el lóbulo con los labios haciéndola soltar un pequeño gemido de sorpresa e intentó alzar sus manos para separarle, o puede que para simplemente acomodarlas sobre su pecho pues muy segura no estaba ya de lo que hacía. No obstante las manos ajenas se posaron sobre las suyas, impidiéndole el movimiento de éstas y haciendo así que apenas pudiera mover su rostro un poco a la derecha, intentando alejarlo de él sin resultado alguno.

Sus ojos se cerraron durante los eternos segundos que Dominic jugó con su lóbulo mientras ella se mordía el labio inferior en busca de no hacer ruido alguno, aunque sus mejillas estaban bastante rojas y su cuerpo tenso, además de que sus manos aferraron con algo de fuerza las sábanas que había bajo ellas. Cuando liberó su oreja del agarre un ahogado "Hm" escapó de su garganta con un tinte que, esperaba, no hubiera sido decepcionado aunque ni tiempo tuvo para pensar en ello pues las nuevas palabras del varón mantuvo su mente en blanco, apenas sí se percató del tono desafiante con el que Dominic le habló. No se movió cuando notó cómo él se dirigía al cuello y luego se alejaba para tener su rostro de frente y estuvo tentada a no abrir los ojos -muy probablemente por vergüenza ya que sabía que estaba con las mejillas enrojecidas- pero lo hizo, frunciendo el ceño en un vago intento por mostrarse desafiante... aunque más bien se veía tsundere.

- ¿Crees que me retiraré tras hacer el primer movimiento? -cuestionó agradeciendo que su voz no reflejara nada más que un tono retador y seguro, muy al contrario de lo que realmente pasaba por la cabeza de la ojos esmeralda. Además mantuvo dichas gemas fijas sobre las contrarias mientras pensaba en esas confusas palabras. ¿Que él se detendría si ella se lo decía? Jamás aceptó una orden suya, ahora no iba a empezar -o eso creía- así que si debía detenerle lo haría a la fuerza de ser necesario. Porque queria que, fuera lo que fuera que estuviera planeando, se detuviera... ¿o no? Ya ni sabía qué estaba pensando.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Jue Ene 12, 2012 4:46 pm

Era difícil de creer que dada la forma como el varón se había estado comportando como hasta ahora hubiese tomado el control de la situación en la que la joven (fuera por la razón que fuese) los había metido. Una cosa estaba clara, la actitud de Dominic era impredecible y de eso la joven se daría cuenta por el descuido que había cometido al haber provocado al muchacho que hasta entonces se había comportado... bastante extraño, pero que aún así había evitado juguetear como ella lo había incitado a hacerlo luego de que la enfermera decidiese dejarles "solos" durante un rato. Lo que si resultaría algo más extraño quizás sería aquel estremecer en el cuerpo de la muchacha debido a las acciones que el peliplata acababa de realizar, después de todo, ella era la que había comenzado con el juego y al menos él creyó que sería algo más complicado lograr un efecto como el que habían tenido sus palabras y movimientos, una grata sorpresa, la situación se volvería divertida sin lugar a dudas.

Suspiró satisfecho, aquella reacción podía fácilmente alimentar el ego del peliplata, notar dada la cercanía como la piel de la joven se erizaba era algo exquisito para aquel varón de ojos zafiro. Todo estaba saliendo bien, que la joven tragara grueso sería clara señal de que quizás estaba sintiéndose incómoda por lo que estaba ocurriendo, ya fuera por la situación en si, o por lo que pudiera estar cruzando por su mente en esos momentos. Fuera como fuera, que ella volviese a estremeserse simplemente inflaría el ya de por si gigantesco ego del varón, disminuyendo al mismo tiempo el nerviosismo que habia sentido hasta algunos minutos atrás. ¿Por qué debería estar nervioso ahora que era él, el que había comenzado a controlar la situación, al menos de manera aparente cabe decir.

Algo había que admitir, muy a pesar de que sabía que era un juego relativamente peligroso, tanto por el lugar en el que se encontraban como porque era Elizabeth la otra involucrada, una extraña sensación de adrenalina parecía haber comenzado a recorrer el cuerpo del joven, dando como resultado algo que podría describirse como... placer por el peligro, placer que aumentaría de una forma que no esperaba al oir aquel gemido que escapó de los labios de la joven por haber atrapado el lóbulo de su oreja entre los labios, gemido que haría recorrer una extraña sensación en todo el cuerpo del platinado, una sensación que no había percibido anteriormente. ¿Era posible que el mero presionar del lóbulo con los labios hubiera hecho que la joven gimiese? ¿Habría sido por placer? ¿O quizás solo sorprendida de que el joven se atreviese a hacer algo como aquello? No iba a preguntarle, tenía los labios ocupados para siquiera pensar en buscar una respueta que poca importancia tenía en un momento como aquel, en el que aquellos dos "enemigos" habían comenzado a jugar de manera por demás... carente de inocencia.

Se daría cuenta de que la muchacha pareció querer mover sus manos, aunque dicha acción fue interrumpida por el mismo joven cuando él (sin haber tenido como idea principal el evitar los movimientos de la rubia), terminó sosteniendo ambas extremidades de Elizabeth. Que ella moviera su rostro en un vano intento de alejarlo del joven no pareció molestarle en lo absoluto, por el contrario, ser él quien provocaba incomodidad en la fémina era por demás interesante así que no tenía razón alguna para detenerse, ¿por qué hacerlo si ella no había exteriorizado signos de molestia? A ciencia cierta la joven no permanecería tranquila si es que ocurría algo que no quería que ocurriese. Solo esperaba que la enfermera no hubiera oido el gemido de la rubia y se le ocurriese abrir la cortina, sería una situación bastante embarazosa y era más que seguro que terminarían con un sermón tan grande que no verían nunca el final del mismo hasta que terminasen el año escolar.

A pesar de la incertidumbre de lo que podría ocurrir a continuación, el varón simplemente suspiró, aunque la expresión que su rostro adoptaría por aquel pequeño quejido que prácticamente sonaría como si la joven pareciese estar decepcionada luego de que él liberase su lóbulo derecho sería quizás hasta divertida si alguien lograba verle. Para su fortuna (como la de Elizabeth) la posición en la que se encontraban imposibilitaba que pudieran ver sus rostros, evitando así que ella pudiese ver la expresión del joven y que él disfrutara de como ella había mordido su labio inferior para acallar cualquier sonido que pudiera querer escapar a través de sus suaves y tentadores labios. El silencio parecía no importar en lo absoluto en aquellos instantes, después de todo, quizás nada de lo que podrían haber dicho expresaría mejor lo que en esos momentos podían llegar a sentir que las mismas acciones que estaban llevando a cabo.

No pudo evitar sonreir de medio labio al notar como ella finalmente había fruncido el ceño luego de que él le indicase que si quería que se detuviera no tenía más que pedirlo, aunque no esperó que la rubia respondiese con aquella pregunta que parecía retar al varón a que continuase. ¿Quería que él siguiese? Bien, tendría aquello lo quisiera o no, los desafíos eran peligrosos, más al tratarse de Dominic. Si eso es lo que quieres... Diría antes de moverse nuevamente hacia uno de los lados de la joven, aunque esta vez se movería hacia izquierda, rozando a propósito la nariz de la muchacha, deteniéndose sobre la mejilla de Elizabeth. A punto estuvo de dar un suave beso sobre la piel de la joven, pero se detuvo y en cambio continuó su camino hasta llegar finalmente al cuello. ¿Debía hacerlo? Si, definitivamente debía, con suerte provocaría otra reacción sobre el cuerpo de su compañera.

Sin pensarlo demasiado, apoyó con suavidad sus labios sobre la piel del cuello de la muchacha, dando un suave beso que sería acompañado de un pequeño jadeo. Dicho jadeo, buscaría acariciar la piel de la rubia para que un escalofrío recorriese su cuerpo, aunque no importaba mucho si no lograba su cometido, estaba disfrutando lo que hacía a pesar de que nunca lo admitiría. Aquel beso continuaría, moviéndose suavemente de arriba hacia abajo, comenzando a dirigirse lentamente en dirección al rostro de la muchacha. ¿Debía probar lo que tenía en mente? No pensó demasiado en las consecuencias que sus actos podían tener y es por eso que sus labios recorrerían la mejilla de la ojiverde hasta detenerse a escasos centímetros de la comisura de sus labios. Era extraño y a la vez tentador, como si el peligro de intentar algo con Elizabeth fuera suficiente para animarle a hacerlo.

Sin siquiera detenerse a pensar y con un tono juguetón finalmente se dirigiría a la rubia. Veamos~ Sería todo cuanto diría en un suave susurro como si se tratase de un niño que estaba a punto de realizar una travesura. ¿Qué pasaría si..? No terminó su frase, aunque quizás no hacía falta terminar la misma, después de todo, no es que buscase respuesta a dicha pregunta, al menos, no una respuesta con palabras cuando las acciones y reacciones de la rubia eran mucho más divertidas y ciertamente atractivas. Como fuera, relamió sus labios antes de que (si la joven no lo impedía) acortara la distancia entre ambos para finalmente dar un suave besito sobre la comisura izquierda de los labios de Elizabeth, un movimiento peligroso y que debería provocar alguna reacción en la mujer.
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Jue Ene 12, 2012 5:36 pm

Perder el control de la situación no había entrado en sus planes, eso era obvio, y sin embargo se dio. Las tornas habían cambiado, ya no era ella quien tenía la iniciativa pues había pasado de ser cazadora a [/i]presa[/i], e inconscientemente eso le gustaba pues hacía de la situación un nuevo reto a superar pero cuya dificultad superaba por mucho el nivel de la fémina. Que Pomfrey y Barran estuvieran cerca sólo empeoraba la situación, en buena hora le había dado por molestarle de esa manera, cuando en cualquier momento alguien podía aparecer y les pillaría en una situación por demás vergonzosa. Sin duda ahora aprendería la lección... aunque fue incapaz de ignorar, por mucho que se empeñara, el extraño calor que comenzaba a alojarse en su cuerpo y el molesto pero al mismo tiempo agradable hormigueo que sentía en sus dedos. ¿Qué demonios le pasaba? No tenía ni idea, pero fuera lo que fuera no podía ser bueno, no cuando era Dominic quien lo provocaba.

Sus palabras habían sonado a reto, pero en verdad había sido sólo apariencia y pronto tendría que tragárselas pues si bien blancas empiezan el juego... en esta ocasión eran las negras las que llevaban ventaja. La experiencia le había enseñado que Dominic era peligroso -algunas veces más que otras- y que retarle siempre traía consecuencias, pero jamás las esperó de este tipo e iba a ser una cruda lección para ella. Elizabeth no era insensata, sin embargo llevaba cerca de una semana cometiendo errores, todos ellos relacionados con el ojos zafiro. ¿Tanto había cambiado su visión de él desde que leyó su libreta? ¿Tanto como para emepzar a cambiar cuando estaba con él? Al parecer sí pues nunca hubiera pensado que sería él, precisamente él quien le daría una lección como la que estaba recibiendo.

Quiso responderle esa frase arrogante que le dirigió pero ni pensar pudo unas palabras coherentes que decirle. ¿Desde cuándo diablos su voz sonaba tan seductora? Vale que antes ya había pensado -majaderías en su opinión- que la voz del varón era sensual en ciertos momentos, pero de ahí a que lograra estremecerla sólo con una frase había un gran salto. Hasta le parecía ridículo y, de todas las opciones posibles sobre su actual estado, prefería suponer que su debilidad física la hacía más sensible, porque las otras suposiciones no le eran nada alentadoras... mucho menos las que tenían una explicación relacionada con sus sentimientos, esas eran sin duda las peores. ¿Que Dominic le gustaba? ¿A ella? Por favor, la gárgola seguro la había drogado porque de otra forma era imposible que esa idea se le pasara siquiera de forma fugaz por la cabeza.

No juegues con fuego o acabarás quemándote... un buen consejo que ella se lamentaba de haber ignorado cuando un gemido logró escapar de sus labios, provocado por el beso en su cuello. Dominic no sería fuego, pero no había duda de que la estaba quemando. Se encogió de hombros y alzó su rostro cuando los labios ajenos se le pegaron a la piel, suspirando al sentir justo después el cálido aliento bañarle aquella zona. Sintió casi lo mismo que aquella vez en que le mordió como si buscase arrancarle un pedazo de cuello, pero en esta ocasión no hubo dolor, sólo placer. Podría perfectamente sentirla temblar, sus fuerzas disminuyeron y a punto estuvo de abandonar su postura a gatas para sujetarse de lo primero que tuviera a mano y que -irónicamente- era el varón, por suerte para su ya maltrecho orgullo no lo hizo, sus extremidades aguantaron -a duras penas- el peso de su cuerpo hasta que él hizo su siguiente movimiento. Sus palabras y peligrosa cercanía debieron advertirla, pero no lo vio venir.

Sus ojos se abrieron con rapidez en clara señal de sorpresa, formando en su rostro una expresión que ni Mattias había logrado ver: total desconcierto, una sorpresa imposible de disimular. Para colmo de males el varón la había besado cuando sus propios labios quedaron entreabiertos en un vago intento por normalizar su respiración tras un suspiro. Realmente no podía creérselo, cuando sintió el tacto de los labios ajenos sobre los suyos todo su alrededor quedó congelado para seguidamente dejar de existir durante unos eternos segundos. Quedó literalmente en shock, disfrutando sin saberlo de aquel ínfimo contacto entre sus bocas antes de recuperarse y, para su suerte, no actuar impulsivamente pues -aunque no lo supiera- si hubiera dejado libre su instinto se habría dejado llevar, y de eso nada bueno podía salir.

Liberó sus manos a la fuerza recibiendo por ello una punzada de dolor en la herida de su brazo izquierdo y notando que las vendas se mojaban, aunque en absoluto pareció importarle. Tras ello recuperó su anterior postura -sentada, con las rodillas juntas y pas piernas pegadas a la cama- y utilizó la diestra para alejar al peliplata, posándola en su pecho para empujarle todo lo lejos de ella que le fuera posible al tiempo que su zurda se ceñía a las sábanas al lado de su cadera y su rostro se agachaba, buscando así ocultar todo lo posible de éste con su desordenado flequillo. No quería que él viera su sonrojo, el cual por lo que le ardían las mejillas debía ser intenso, y mucho menos que viera sus ojos, claras ventanas de lo que ahora estaba sintiendo: confusión, sorpresa, incredulidad y... deseo. No, antes muerta que dejar que él la viese así, tan vulnerable que no podía hacer frente ni a sus emociones, mucho menos ocultarlas como hacía normalmente casi por costumbre.

Se tratara o no de un juego, Elizabeth había perdido, y lo sabía. No podía mantener la compostura, no en esa situación. Se lo había buscado, eso no iba a negarlo, pero jamás pensó que él intentara besarla, y mucho menos que -por pequeño que fuera el beso- lo lograra pues le era totalmente incomprensible la razón por la que no se lo impidió- S-sufi... Suficiente... -no aceptaría su derrota abiertamente, pero estaba segura de que Dominic captaría el mensaje si es que lograba oír tan nimio susurro, y aún sin ser así las acciones de la fémina serían más que suficientes para darle a entender que se rendía, que dejaba el juego que apenas un par de minutos antes había empezado. No quería ir más allá, tenía miedo de hacerlo, y le atemorizaban las consecuencias. Dejaría que su cabeza mandara esta vez.



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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Jue Ene 12, 2012 7:21 pm

Entro en la enfermeria y veo a dos estudiantes muy amorosos. Pleno infraganti.
_Quieren que vuelva luego o prefieren seguir con audencia??_ les digo desde la puerta en la cual estaba recostado, en esos momentos tenia cara de pocos amigos.

Ese dia por pura casualidad faltaron dos estudiantes a las clases y como profesor ejemplar decidi ir a buscarlos y gritarles un par de cosas para deshogar mi enojo. Los busque por todos los lugares posibles en las salas comunes, baños y demas. Para mi humor de perros buscar a unos canijos ignorantes no era muy agradable y mas si eran esos dos, sus comportamientos los precedian vandalismo, peleas y falta de respeto hacia sus mayores. Se habian ganado un boleto gratis hacia mi lista negra desde el principio de las clases.

Volviendo, me acerque a ellos con mi libro en manos, golpee con este la cabeza del muchacho para que se alejara un poco de la joven y me quite las gafas.
_Oye canijo controla tus hormonas e impulsos dentro del colegio si tantas ganas tienen vallan a hogsmade y tengan una tarde a solas en una habitacion_ me cruze de brazos y cerre mis ojos.
_ Se puede saber por que ustedes par de ignorantes faltan a clases?'_
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Dominic Smirnov
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Jue Ene 12, 2012 10:50 pm

De haber sabido que sus labios provocarían placer en la muchacha habría continuado con los suaves besos sobre el mismo. Era extraño, estando "resguardados" por aquella cortina que rodeaba la cama le hacía sentirse un poco más seguro para poder hacer cosas como aquellas, muy a pesar de que la enfermera se encontraba bastante cerca y podría descubrirles en cualquier momento. No pensó en ello, simplemente se dedicó a en cierta forma disfrutar de lo que estaba ocurriendo entre ellos dos, el suave contacto entre sus cuerpos, las reacciones que dicho contacto provocaba tanto en Elizabeth como en el mismo Dominic. ¿Se pasaría al hacer lo que había estado pensando durante escasos segundos? ¿La joven terminaría por reaccionar como solía hacerlo y terminaría por darle un buen golpe en el rostro?

Todas y cada una de las incógnitas desaparecería ante el cambio abrupto en la actitud de la mujer, el rápido abrir de sus orbes, una expresión que dejaría ver numerosos sentimientos y prácticamente una parálisis total del cuerpo de Elizabeth sería el resultado de las acciones del varón sobre ella. Pudo sentir los esfuerzos de la rubia para intentar librarse de su agarre, quizás abriendo algunas de sus heridas. ¿Por qué actuaba de manera tan brusca si solo con haberle dicho al varón que la soltase él lo hubiera hecho? No lo sabía, una opción viable sería pensar que estaba lista para darle un puñetazo en el rostro, mas cuando ella volvió a la posición en la que había estado anteriormente, sentada, con las rodillas lo más cerca posible entre ellas supo que no iba a golpearle, al menos por ahora.

Al sentir como ella colocaba la mano sobre su pecho, empujándole para alejarlo lo más que pudo de ella entendió que las cosas habían llegado más lejos de lo que debían haberlo hecho. Volvería a reprocharse mentalmente por eso, sin embargo algo llamaría su atención. ¿Por qué había bajado la mirada de esa forma? ¿Estaba intentando ocultar su rostro de él para que no le viese? Si eso era así debía de haber algo en su rostro que podría ser producto de burlas de parte del varón en el futuro, algo que ciertamente despertó la curiosidad del joven de ojos azules al punto de sentir la imperiosa necesidad de tomar a la muchacha por el mentón para hacer que le viera a los ojos. No lo haria, ya había invadido demasiado el espacio personal de la rubia con lo que acababa de hacer y las reacciones de ésta última no habían sido precisamente las mejores.

Se quedaría observando a la muchacha con una mezcla de confusión y duda, confusión por la poco común reacción de la fémina a una situación que en otro momento le hubiera hecho acreedor de un golpe con su nombre escrito en el puño y duda por no saber qué es lo que ella ocultaba al desviar la mirada, y menos aún qué es lo que ella pensaba en esos instantes. Suspiró resignado, no iba a seguir molestando a la rubia. Bien... Diría en un suave murmullo antes de empujar la silla ligeramente hacia atrás, separándose de esta forma de la rubia para darle algo de espacio. ¿Debía decir algo más? No, de nada serviria, no sabía que decir y ciertamente hablar por hablar solo empeoraría las cosas haciendo aún más incómodo el momento, el silencio sin dudas sería la mejor opción.

El silencio reinó en la enfermería por un buen rato, incómodo, aunque en cierto modo complice, aunque aquello no duraría para siempre. Al parecer un espectador se dio el lujo de presenciar el pequeño espectáculo entre los dos adolescentes, al menos una parte de él. Como fuera, la voz que llamaría su atención era una que no reconocía, no era de una persona con la que tratase seguido al menos. ¿De quién se trataba entonces? No lo sabía y ciertamente no se volteó a averiguarlo. Será mejor que vuelva después. Comentó burlón, esbozando una sonrisa de medio labio, sonrisa que rápidamente se borró de su rostro al sentir como un objeto que no llegó a distinguir impactaba contra su cabeza. No había sentido dolor, lejos de ello, pero el mero hecho de que aquel extraño tuviese el atrevimiento de tocarle era suficiente para que Dominic sintiera deseos de arrancarle la maldita cosa que había utilizado y hacer que se lo tragara.

Aguantó las ganas de hacer que tragara aquel libro, mas cuando el recién llegado tuvo la brillante de llamarlos ignorantes a punto estuvo de lanzar un codazo hacia atrás, sin importar donde fuera que aquel golpe pudiera llegar a impactar, estaba poniendo a prueba la paciencia del peliplata, y definitivamente, por muy profesor que fuera, Dominic no dudaría en comenzar un pleito de ser necesario, después de todo, aquel hombre había iniciado el problema al no tener mejor que idea que golpear al varón de ojos azules. Se levantaría de su sitio lentamente, girándose para quedar frente al hombre que identificaría de inmediato como a uno de los guardias del castillo, así como también uno de los profesores. ¿Habría sido él quien les había llevado desde el lago hasta la enfermería? Posiblemente, aunque no podia asegurarlo.

La diferencia de estatura si bien era mínima, haría que indefectiblemente, Dominic tuviera que mirar al profesor hacia abajo y no dudó en hacerlo, menos aún cuando aquella mirada que le dirigiría seria una mirada tan altanera y arrogante que podría sacar de sus casillas a cualquier persona, aunque era probable que el profesor no le importase aquello. Si abriera los ojos se ahorraría una pregunta que le haría quedar como tonto. Respondió de manera cortante manteniendo aquella mirada sobre el hombre que acababa de llegar. Pero ya que lo preguntó creo que la respuesta es algo... evidente. Diría con su particular tono burlón, era un sujeto que podría calificarse de detestable por la forma de dirigirse a las personas que tenía. Y debería cuidar la manera de llamar la atención de los estudiantes, no todos se quedarán quietos para que venga cualquier atolondrado con aires de superioridad a golpearlos con un libro, le aconsejo que al menos conmigo evite todo tipo de contacto físico para evitar problemas. El hombre podía tomarlo como una amenaza si así lo deseaba, Dominic simplemente le había puesto sobre aviso.

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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Secuelas de una noche en el lago.   Vie Ene 13, 2012 8:58 am

Se sentía confusa, no lograba discernir nada en esa maraña de sentimientos que se alejó en su mente y en su corazón por lo que dejó de intentar esclarecerla, el calor de su cuerpo persistía y así sería incapaz de pensar nada fríamente. Agradeció mentalmente que Dominic le hiciera caso, también que respetara su espacio vital pues realmente necesitaba tenerle un poco lejos, de otra forma ni ella sabía de qué sería capaz. ¿Por qué no golpearle? Habría sido más fácil, rápido y habría mantenido su postura de peligrosa y violenta, sin embargo estaba actuando como una chiquilla estúpidamente avergonzada tras su primer beso, aunque ni eso había llegado a ser pues a eso no podía llamársele beso, ¿o sí? Otra cuestión cuya respuesta se le escapaba aún cuando ni siquiera hubiera puesto esfuerzo alguno en encontrarle un mínimo de sentido, empezaba a hartarse de buscar respuestas que no iba a encontrar con sólo pensar.

Así pues se mantuvo inmóvil, ignorando los pequeños hilos de sangre que empezaban a descender lentos pero continuos por sus heridas, retenidos por las vendas aunque no por mucho, hasta que el peliplata rompió el silencio tatno con sus palabras como por sus acciones. Cuando se alejó bajó su mano aunque ninguna otra parte de su cuerpo mostró movimiento más que su respiración algo agitada. Dado que ahora él la miraría en diagonal o de perfil no su rostro quedaría algo más oculto gracias a los largos mechones que caían sobre sus hombros, algunos pegados a las ensangrentadas vendas y manchándose por ello pero no era algo que la importase, muchas cosas tenía en la cabeza como para preocuparse por su cabello por mucho esmero que pudiera poner en cuidarlo.

- "Mierda" -fue el claro pensamiento que cruzó su cabeza cuando escuchó una cuarta voz, conocida sin duda pero no bienvenida- Piérdase, le haría un favor al mundo -le respondió sin siquiera levantar el rostro para verle. Incluso herida y con todo lo sucedido con el menor tan reciente la fémina no dejaba de ser ella, al menos no con otras personas pues sus palabras eran más que propias de su carácter rebelde, sincero y a veces insoportable. No por nada se había ganado -entre otros muchos- el sobrenombre de "Víbora", su lengua era afilada cuanto menos y era obvio que no se cortaba con nada... ni nadie. De todas formas lo dijo antes de que el varón diera también su respuesta, ambos teniendo así la misma opinión pues la presencia del profesor no les agradaba en absoluto, bastante habían tenido ya con Pmfrey y la maldita lechuza que -aún sin que lo supieran- se estaba riendo de ellos con bastante descaro.

Como fuera no le dio tiempo comentar nada más pues pronto escuchó un sonido hueco, concretamente el del libro al golpear contra la cabeza del estudiante. No se rió aunque la burlona sonrisa que había puesto en sus labios, dejando atrás por ahora su confusión y recuperando la personalidad que la caracterizaba, fue sin duda suficiente para hacerle saber a cualquiera que se estaba carcajeando internamente por la situación. Ignoró, aún así, de forma deliverada el comentario de Hogsmade, ya en otro momento recalcaría la imposibilidad de que el Gryffindor y ella estuvieran en una situación similar pues ni ella ni él admitirían algo así, o eso creía.

Sabía que el profesor estaba pasándose de la raya, con Dominic no era difícil eso y la paciencia del menor tenía un límite muy bajo que se traspasaba con facilidad, sin duda estaba aguantando más de lo que Elizabeth había esperado. Soltando un buen suspiro seguido de un casi inaudible quejido la fémina se recostó, quedando sentada pero con la espalda algo inclinada hacia atrás con el cuerpo formando un ángulo de unos 45º o así. La verdad es que estaba cansada, quizá si durmiera opdría pensar con más claridad pero no iba a perderse el espectáculo que el peliplata menor le ofrecería como el mayor siguiera tentando a la suerte. Nada mejor que ser testigo de una pelea para recuperar un poco el ánimo, aunque estaba 100% segura de que al menor indicio de violencia la gárgola intervendría dejando a los dos varones inconscientes con quién sabe qué técnica, tenía tantas que era difícil saber si les drogaría o directamente les golpearía con una fuerza impensable para una mujer de su edad.

Por otro lado la pregunta del mayor llegó a sus oídos, recibiendo un altanero "Hmp" por parte de la fémina. Ni se molestó en responder. ¿Qué sentido tenía que fuera a unas clases en las que de seguro sabía más que el mismo profesor? Era una sangre sucia, todos sus antepasados -menos una excepción desconocida para ella- eran muggles, sus padres lo fueron, sus compañeros de guardería y colegio y los padres de éstos también, incluso las personas del reformatorio al que la enviaron eran muggles. ¿Qué sabría un profesor de estudis muggles que ella no supiera ya, más aún teniendo en cuenta que era de seguro una de las magas más ligada a la tecnología que hubiera existido nunca? Además no tenía porqué responderle, como Dominic había dicho era evidente el porqué de su falta y la rubia no era precisamente una mujer que diera explicaciones, de eso -en esta ocasión- se encargó la enfermera al comentar con el profesor lo que había pasado la noche anterior hasta donde ella sabía, es decir, que les encontraron heridos y les llevaron al colegio, ni más ni menos.



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