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 Nuevas alas

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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Nuevas alas   Mar Dic 27, 2011 5:57 pm

Libre [máximo tres personajes]

Era curioso que, de todos los sitios de Hogwarts, Elizabeth se encontrara precisamente en ese lugar. A ella no le gustaba el quidditch. Jugaba bien, incluso en su segundo año le dio por meterse a uno de los entrenamientos a ver qué tal le iba y no era mala cazadora, es más, era bastante buena... pero odiaba volar en escoba y el quidditch en sí tampoco la entusiasmaba, prefería los deportes muggles como el baloncesto o el voleibol. Aún así le gustaba volar... qué contrariedad. Odiaba volar en escoba como las viejas brujas de los cuentos de hadas pero adoraba sentir el aire golpear su rostro -era algo fanática de la velocidad, todo hay que decirlo- y esa extraña sensación de libertad que invadía su cuerpo cuando sus pies se elevaban del suelo. Fue esa misma contrariedad la que le llevó a pedir un favor a sus padres adoptivos -obviamos decir que se sorprendieron y que Mattias se desmayó al oírlo- aunque éstos no pusieron ninguna pega, parece que hasta se alegraron porque la joven decidiera pedirles ayuda... algo que no pasaba a menudo, más bien no había pasado nunca.

- Llegó el momento... -habló al aire mientras, aprovechando que el campo de quidditch estaba vacío dado que no habría entrenamientos por dos días, cargaba en su diestra un ancho maletín plateado y en su zurda un maletín estrecho pero alargado. Iba con calma y se detuvo justo en el centro del campo, posando ambos maletines frente a ella e indecisa sobre cuál tomar primero. Fue entonces cuando su lechuza aterrizó frente a ella, más concretamente tras el maletín alargado- Los probaré ambos de todas formas, así que seguiré tu consejo esta vez -respondió a la silenciosa elección de su compañera y abrió con cierto mimo el mencionado maletín, dejando ver en su interior lo que, a simple vista, era una tabla de snowboard negra decorada con rastros de agua, gotas y figuras similares como ondas u olas, pero no amontonadas sino bastante bien distribuidas.

- ... No era necesario que la decorasen... Tendré que darles las gracias otra vez por ésto -añadió una vez sacó la tabla y la contempló al completo. Le gustaba, era perfecta y ya no pudo soportar las ganas de probarla, aunque antes se aseguró de dejar los maletines a buen recaudo con Shaksis en un lateral del campo, a Mattias no le importaría que hubiese vuelto a tomar a su sierpe, después de todo había veces en que dicho animal se iba con ella por voluntad propia. Regresando a lo principal Elizabeth volvió a colocarse en el centro del campo, dejó la tabla en el suelo y se subió en ella, metiendo sus pies -como siempre ocultos por unas botas altas, aunque esta vez sin tacón- en los arneses destinados para ello, los cuales se cerraron al instante, ajustándose de manera perfecta. Aquella tabla era un curioso invento que sólo a Elizabeth se le había ocurrido pedir, una mezcla de magia y tecnología que sería su alternativa a la escoba.

El graznido de Barran le marcó una especie de "Adelante" y sin esperar más se acuclilló para tomar impulso y saltar, haciendo que una leve corriente de aire -provocada por la parte tecnológica de la tabla- la elevase los centímetros necesarios para que la magia hiciera su trabajo a partir de ahí. Salió literalmente disparada con un grito extasiado y a punto estuvo de chocarse contra los postes de los aros, logrando esquivarlos con torpeza mientras le cogía el truco a ese invento. Su lechuza la siguió de inmediato, volando junto a ella mientras la rubia se relajaba y se dejaba llevar. Era igual a deslizarse por las olas o por la nieve -porque sí, Eli era una chica multiusos que sabía montar en bici, en moto, en skate, esquiar, hacer surf, snowboard y escalada además de otra larga lista que no merece la pena mencionar ahora- con la diferencia de que ahora la magia hacía el trabajo que antes hacían las mencionadas superficies. Era como surfear sobre el cielo, incluso acabó haciendo cabriolas y piruetas típicas de los skaters a una altura que no sabía decir, pero mayor a treinta metros seguro.



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Dominic Smirnov
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Dom Ene 01, 2012 7:11 pm

A paso lento, el joven de cabellos plateados avanzaba por el camino que llevaba hacia el campo de quidditch. No era precisamente un fanático empedernido de dicha actividad, pero tampoco podía decirse que lo odiase, aunque fanatismo no era lo que le llevaba allí ese día. Por suerte para él, aquel sitio solía encontrarse vacio los días en los que el equipo no entrenaba en el campo, haciendo del campo de quidditch un lugar perfecto para alejarse del bullicio que podía oirse en todo el resto de Hogwarts. Llevaba una remera sin mangas, un pantalón holgado de color negro y unas botas tácticas cubrían sus pies, todo cubierto por una chaqueta no muy gruesa ya que si bien el clima había comenzado a refrescar, no era algo que molestase por completo a Dominic, por el contrario, prefería el frío antes que el calor.

No habrá tardado más de unos cinco minutos en llegar al campo, llevaba en su diestra un libro de tapa negra y un pequeño cuaderno con un bolígrafo enganchado en la tapa del mismo. Todo parecía salir de acuerdo a sus planes, aunque no contaba con que alguien ya le habría ganado de mano en la idea de ir a ese lugar. Ni bien estuvo por llegar al interior, pudo oir un grito de mujer, al tiempo que observaba una figura elevarse torpemente en dirección a los aros. Si tengo suficiente suerte se golpeará contra ellos. Dijo mientras seguía con la mirada a la figura de lo que parecía ser una joven, aunque debido a la distancia no podía decir bien de quién se trataba.

Para su mala fortuna, no tuvo la posibilidad de ver a la aparente extraña golpearse contra los aros, rayos, hubiera pagado para poder hacerlo sin embargo continuó observando para ver si su suerte cambiaba y lograba saciar la necesidad de ver a alguien lastimarse y poder reir de ello. Se sentó en el cesped y se quedó observando expectante hacia arriba, siguiendo con la mirada a la figura extraña que se movía de un lado al otro. De haberse percatado que allí, sentado en el cesped y siguiendo con la mirada un objeto en movimiento era la viva imagen de un perro al que le hacen seguir una pelota para jugar se habría dado un golpe en la frente recriminándose aquello. Para su suerte, no habia nadie que pudiera llegar a hacerle una broma por ello.

Su vista recorrió el campo hasta que pudo ver una particular lechuza. ¿Podía ser de quién creía? Afiló su mirada y confirmó lo que había sospechado, era el animal de Elizabeth al parecer. Lo que me faltaba... Comentó con divertida molestia en su tono de voz mientras tomaba su cuaderno y comenzaba a dar unos rápidos trazos en una hoja en blanco del mismo. No habrá tardado más de unos 4 minutos en dar una forma, rellenar con ciertos detalles y finalmente marcar el sombreado del cuerpo de lo que parecía ser una lechuza. Unos últimos detalles y un improvisado retrato del ave de Elizabeth estaba terminado. Suspiró con pesadez mientras se quedaba observando hacia el cielo a ver si aquella muchacha finalmente bajaba, o en el mejor de los casos, caía sin control.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Dom Ene 01, 2012 7:40 pm

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Dada la altura que había alcanzado era claramente imposible que supiera que alguien más había llegado al campo, más que nada porque tenía sus cinco sentidos fijos en el aparato que estaba probando, cualquier fallo le haría caer de forma estrepitosa y, quizá, ganarse un buen golpe porque no dudaba de que pudiera sacar su varita a tiempo para evitar la muerte, pero sí que podría acabar con varios huesos rotos y tampoco es que su orgullo pudiera soportar la idea de haberse caído aunque fuera de un instrumento que no había visto ni probado nunca. Ni cuenta se había dado de que Barran descendió pues había estado siguiéndola los primeros momentos, en cuanto se puso a hacer cabriolas y piruetas arriesgando su salud física la lechuza descendió en picado, recuperando la estabilidad apenas unos metros antes del suelo para posarse en el banco donde Shaksis se encontraba resguardando los maletines. Apenas estuvo unos minutos ahí acicalándose las plumas antes de escuchar que alguien más entraba en el campo y dirigió, al igual que la sierpe, su mirada hacia el intruso viendo una cara conocida.

Graznó para llamar su atención aunque no lo consiguió pues el chico estaba pendiente de los movimientos de su ama y eso le sacó un curioso sonido que semejaba una risa cuando se percató de lo que el chico no se había dado cuenta: que parecía un perro siguiendo un juguete que su amo iba a lanzarle. Para cuando el ojos azules se tomó la molestia de mirar a su alrededor Barran fingió no haberle visto, volviendo a acicalar las plumas de sus alas mientras la serpiente permanecía enrollada, dormida al parecer sin prestar atención a nada. Se dejó dibujar al moverse lo mínimo indispensable y cuando el boceto estuvo casi por terminarse posó su áurea mirada sobre la figura del joven, mirándole fijamente antes de llevar de vuelta la vista al cielo y desplegar las alas para alzar el vuelo pero no tuvo ocasión de despegar las garras del banco, Elizabeth ya había empezado a descender por su propia cuenta.

Por su lado la fémina se había dedicado a probar la resistencia y manejo de la tabla durante esos minutos que Dominic llevaba en el campo, ahora era momento de probar su velocidad y no esperó señal alguna antes de dar una especie de giro como los que se hacen para subirse y bajarse de la cresta de una ola para empezar a caer en picado, flexionando las piernas e inclinándose hacia delante para ganar velocidad al tiempo que perdía altura de forma alarmante. A unos veinte metros del suelo empezó a girar y a moverse como si se hubiera descontrolado, pero lejos de eso estaba disfrutando de la adrenalina que corría por cada una de sus venas. Justo antes de llegar al suelo recuperó el equilibrio -aunque estuvo a unos centímetros del golpe más grande de su vida-, volando así al ras antes de que una expresión casi temerosa reemplazase a la apacible de su rostro.

Fueron unas milésimas de segundo pues cuando quiso darse cuenta tenía al platinado justo delante y todo lo que se le ocurrió hacer fue impulsarse hacia arriba para saltar, permitiéndole así pasar justo por encima del Gryffindor -dando gracias porque estuviera sentado- sin dañarle pero ganándose una aparatosa caída por ello. Dio un par de vueltas -más bien unas cuantas más- por el césped, ni se dio cuenta de que los enganches de la tabla se habían soltado de sus pies y que el mencionado objeto estaba tirado entre ella y Dominic pues cuando dejó de desplazarse pudo darse cuenta de que estaba boca arriba, con el cuerpo dolorido y lleno de raspones y seguro algún que otro moretón... además de unas ganas de matar demasiado grandes para ser sano.

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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Dom Ene 01, 2012 8:39 pm

De haber sabido que la maldita ave de Elizabeth le observaba de esa forma le habría lanzado una roca para que saliese volando. Sin embargo, no se percató de ello y continuó con la mirada clavada en la muchacha. Al percatarse de que ella comenzaba a descender a toda velocidad, la mirada del platinado se iluminó. ¿Sería tan afortunado de verla golpearse? Siguió todos y cada uno de los arriesgados movimientos en lo que parecía ser una caida libre que podría ser mortal si es que la muchacha llegaba a golpear el suelo. ¿Perdió el control? Se preguntó en voz alta mientras notaba como comenzaba a girar, sin embargo, no tuvo demasiado tiempo antes de notar como al parecer volvía a tomar control de la situación, volando realmente bajo, peligrosamente bajo en realidad.

¿Pero qué..? No pudo terminar su frase cuando terminó por sentir como la parte baja de la tabla de la rubia pasaba peligrosamente cerca de su cabeza, arrancándole varios cabellos en el momento en que los tocó. Ciertamente agradeció haber estado sentado y no recibir aquel golpe directamente en el rostro, caso contrario, hubiera terminado muerto de seguro. Creyó que todo había terminado, mas al oir el sonido de un golpe que al parecer y por lo que pudo oir había sido doloroso, supo que sus plegarias habían sido oidas. Se giró rápidamente y pudo ver a la rubia girando hasta terminar boca arriba algunos metros más lejos de donde él se encontraba.

Se levantó de su lugar y caminó en dirección a la rubia, no se acercó demasiado, conocía bien el carácter que la joven tenía y lo orgullosa que era. Caminó lentamente hasta acortar la distancia a menos de un metro entre ambos, más que nada para cerciorarse de que la muchacha se encontraba con vida, mas al notar que aún respiraba y lejos de sentir cualquier tipo de culpa por el golpe que ella acababa de darse, la señaló con el dedo índice, dejando escapar una sonora carcajada mientras le observaba divertido. ¿Sabes, deberías aterrizar de pie y sin terminar toda golpeada. Comentó mientras acortaba la distancia un poco más, aunque manteniéndose lo suficientemente alejado como para evitar un posible golpe de represalia de parte de la fémina.

No me golpees aún, al menos espera a que te recueste. Dijo el varón antes de arrodillarse junto a ella para cargarla y transportarla hasta donde ella había dejado sus pertenencias. Caminó hasta allí y con cuidado la dejó en el suelo nuevamente. Tomó su varita y apuntó hacia la joven, y a pesar de que se vio tentado a hacer una travesura, decidió no hacerla... por ahora. Episkeyo... Dijo mientras lanzaba un conjuro para reparar cualquier hueso que la muchacha pudiese haberse roto y detener un poco la sangre que salía de los raspones de la muchacha. Luego de eso, se quitó la chaqueta, la dobló unas cuantas veces y la colocó debajo de la cabeza de la rubia para que sirviese de almohada. Deberías agradecerme por tomarme la molestia de ayudarte. Diría con tono de burla.
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Dom Ene 01, 2012 8:58 pm

Estaba enfadada, qué digo, enfadada es poco. Esta cabreada, furiosa, iracunda... ¿A quién diablos se le ocurría estar en medio de un campo de quidditch? Pues ni más ni menos que al idiota de su compañero de ojos azules. Si fuera cristiana o de cualquier otra religión hubiera rezado para que su vista le hubiera jugado una mala pasada y que sus ojos la engañaron por la velocidad, pero cuando escuchó los pasos del varón acercarse a ella alzó el rostro para verle -boca abajo por la posición- y no pudo evitar sentir como si un rayo le hubiese caído encima. Gruñó con fuerza, su ceño se frunció hasta que sus cejas casi se juntaron y, en definitiva, su rostro mostraba claramente su creciente furia y juraría que todos los músculos de su cuerpo estaban en tensión por físicamente imposible que eso fuera.

Y si estaba en esas sin necesidad de haberle escuchado, cuando su estridente risa le llegó a los oídos se levantó en un bruco movimiento con obvias intenciones de golpearle hasta partirle todos y cada uno de los huesos... pero irónicamente fueron un par de los suyos los que le impidieron tal acción pues tan pronto como se levantó y giró cayó al suelo al no poder tenerse de pie ni mover el brazo derecho, con el que había protegido su cabeza y rostro. Soltó más de una maldición sin molestarse en bajar el volumen y no le quedó más remedio que sentarse, tomándose el brazo herido y mirándose la pierna izquierda, la primera en recibir golpe y, por ende, la más dañada. Tenía más de un hueso roto seguro, pero nada dislocado y algo era algo- Vete al infierno -le respondió con furia mientras le clavaba la mirada como si quisiera matarle con ella.

No dijo nada cuando él comentó lo de recostarla, aunque quiso hacerlo. No necesitaba ayuda, sabía cuidarse pero en cuanto la tomó en brazos le faltaron segundos para ponerse a patalear en un intento -inútil al parecer- para que la soltara. Le gritó e intentó golpearle con las extremidades sanas que le restaban... pero demonios, debía admitir que ese idiota era fuerte, o al menos era fuerte ahora que ella estaba débil por la caída y las heridas, además del ligero mareo que sus movimientos bruscos estaban provocándole y que, mientras pudiera, estaba ignorando. Cuando la dejó en el suelo volvió a maldecirle y movió su mano izquierda en busca de su varita con claras intenciones de curarse, aunque el platinado se le adelantó. Un par de crujidos se oyeron y la fémina mordió su labio inferior, aguantando cualquier grito. Su orgullo ya estaba demasiado dañado como para darle al Gryffindor idiota el placer de oírla quejarse. De mala gana le dejó colocarle la chaqueta de almohada, de todas formas en esos momentos el mareo era insufrible y ni incorporarse podría sola.

- Cierra el pico imbécil, si tú no hubieras estado en medio no habría pasado esto -le renegó moviendo sus manos en busca de -dado que no podía mirarlas porque mover la cabeza hacía que le creciera el mareo- palpar sus heridas comprobando que la mayoría eran raspones y cortes, algunos de los cuales, como solía ocurrir en heridas pequeñas, sangraban mucho pero eran poca cosa- La próxima vez te arrollaré -le advirtió, más bien le amenazó estando muy, pero que muy molesta por el tono de burla que tenía su irritante voz. Oh sí, iba a matarle... en cuanto se recuperara un poco.



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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Dom Ene 01, 2012 9:44 pm

La expresión del rostro de la joven, no una expresión de dolor, no, para nada, la expresión de molestia e incluso odio que Elizabeth estaba demostrando resultaba realmente divertida para el varón. El insulto, todas y cada una de las reacciones de la mujer resultaban exquisitas. Luego de que ella intentase ocultar los signos de dolor que el hechizo que él acababa de utilizar le había provocado, pudo oirla insultarlo una vez más, algo que solo amplió la sonrisa en su rostro, acentuando aún más la burlona expresión que mantenía. No prestó demasiada atención al vano intento de hacerlo sentir culpable, por el contrario, simplemente la ignoró por completo antes de comenzar a mover sus labios para continuar burlarse de la rubia.

¿No puedes ni aterrizar y me amenazas con arrollarme? Dejó escapar un suspiro burlón antes de cruzarse de brazos desviando la mirada brevemente de la joven en el suelo. La próxima vez quizás no cuentes con la suerte de estar en mi encantadora presencia, así que evita golpearte de esa forma o no sé quién te ayudará. Había dejado la tabla que la joven había estado usando en el lugar donde había caido así que girándose comenzó a caminar hasta allí, levantándola del suelo y tomando ya que estaba sus pertenencias antes de regresar a donde la joven se encontraba. No vayas a perder tus juguetitos. Diría para hacer que la mujer se molestase aún más, aunque sabía que cuando ella estuviese bien debería soportar las consecuencias.

Dejó todas las cosas en el suelo y se sentó junto a la joven, observándola de arriba a abajo mientras esperaba un poco antes de ofrecerle llevarla hasta la enfermería, aunque sabía que ella se negaría rotúndamente por el orgullo que la caracterizaba. Por cierto, extraño objeto para volar, creí que disfrutarías de la escoba como toda las demás "brujas" Enfatizó la palabra para hacer referencia a su actitud y no a que pudiera utilizar la magia. Eso te pasa por utilizar cosas raras. Suspiró mientras se rascaba la cabeza.

Guardó silencio por un rato antes de continuar hablando. ¿Te encuentras mejor? Observó todo el equipaje y dejó escapar un suspiro. Vamos, te llevaré a la enfermería antes de que recuperes las fuerzas para golpearme, con suerte te atarán con cadenas o algo por el estilo y podré irme sin terminar con algún chichón. Comentó antes de observar a la joven. ¿Estás lista? ¿O prefieres quedarte tirada en el cesped dando lástima otro rato?
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Dom Ene 01, 2012 10:11 pm

- Cierra la puta boca o te la cerraré a golpes -fue lo primero que se le ocurrió decir cuando escuchó ese comentario que no hizo más que aumentar el volumen de su casi permanente gruñido. Cada insulto que le profería no hacía más que aumentar la sonrisa burlona en el rostro ajeno y eso la cabreaba aún más y dio gracias a que su paciencia parecía estar alta ese día porque de no ser así se le habría lanzado encima con toda la intención de cumplir su amenaza ignorando el mareo y el todavía persistente dolor de algunas heridas. Por eso no hizo más que suspirar en silencio cuando mencionó lo de "encantadora presencia" sin molestarse en ahogar una carcajada de desprecio- Prefiero mil veces una mantícora a un perro con aires de superioridad -casi escupió esas palabras sin quitarle la afilada mirada de encima al varón pues, muy a pesar de estar mirándole de abajo a arriba, se podía notar arrogancia en sus ojos esmeralda.

Abrió la boca para decirle algo más en cuanto le dio la espalda pero la cerró de inmediato, más concretamente cuabndo se percató de que iba hacia su tabla. Como le pasara algo a aquel objeto le arrancaría las manos así que prefería no enojarle mientras tuviera la tabla en su poder, ya luego se desquitaría a gusto aunque eso no evitó que le volviera a maldecir y le diera una advertencia- Como la rompas te abriré la cabeza con una pala -más bien otra amenaza que fue seguida de un bufido y un intento por sentarse que acabó bien, bueno, más o menos pues tuvo que inclinarse un poco hacia delante para mermar el mareo que volvió a atacarla. Cuando se sentó a su lado ni se molestó en mirarle, mantenía los ojos cerrados y su mano izquierda sobre su frente como si eso pudiera aliviarle parte del actual sufrimiento que atacaba su cabeza en forma de mareos, mal equilibrio y unas pequeñas náuseas que estaría más que encantada de aliviar sobre las ropas y/o cabeza de su acompañante, para su mala suerte su estomago estaba prácticamente vacío así que no había nada que pudiera echarle encima.

- Detesto las escobas -respondió casi en gruñidos sin moverse de su posición y, como de costumbre por extraño que pareciera, diciendo la verdad. Si Elizabeth tenía una virtud era que no solía mentir, ¿para qué mentir si no se cortaba un pelo a la hora de decir la verdad por mucho que incomodara o doliera? Ella no era una mentirosa, todas las mentiras que había dicho en su vida eran esas mentirijillas inocentes que uno dice a sus padres cuando es un crío. Cabe añadir que ignoró olímpicamente el tonito con el que la llamó bruja, total, sabía muy bien el parecido que tenía con ellas- Son una reliquia, prefiero algo más moderno y manejable -añadió antes de que se hiciera el bendito silencio entre ambos. Si hubiera sido religiosa daría gracias a cualquier dios por esos hermosos minutos de paz... aunque luego mandaría a todos al infierno cuando la voz de Dominic volvió a retumbar en sus oídos.

Gruñó de nuevo aunque esta vez de manera afirmativa cuando le preguntó si estaba mejor... y segundos después no pudo evitar levantar la cabeza y mirarle como si acabarn de decirle la cosa más improbable del mundo. Dominic Smirnov, ególatra empedernido... ¿preguntándole si estaba bien?- El golpe que me di es más fuerte de lo que pensaba... -musitó por lo bajo al no creer lo que sus oídos escuchaban aunque al oír la risa de Barran su incredulidad pasó a convertirse en mal humor, esta vez centrado en la lechuza- A ti ya te daré lo tuyo luego -le habló arrastrando las palabras y luego volvió a centrar su atención -a su pesar- en el varón que ahora le mencionaba acompañarla a la enfermería antes de que tuviera fuerzas suficientes como para meterle varios metros bajo tierra de una patada en el trasero- Cállate, tus ladridos me taladran el cerebro -le respondió cortante antes de levantarse despacio, comprobando que su pierna estaba lo bastante fuerte como para sostenerla y que su mareo y falta de equilibrio no eran tan graves como para hacer que fuera incapaz de sostenerse sola. Bueno, tenerse en pie era fácil... lo difícil sería caminar.



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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 12:29 am

Arqueó la ceja izquierda al oir la nueva maldición, pero no dijo nada en ese momento, no serviría de nada después de todo, prefirió guardarlo para después. Cuando se giró para ir a buscar la tabla, y tras oir la amenaza de la joven solo pudo sonreir divertido, pero tampoco dijo nada, ya se había burlado lo suficiente... no, nunca era suficiente en realidad. Dejó con cuidado el juguetito de la muchacha y sus cosas cuando escuchó que la rubia detestaba las escobas. Vaya ama de casa vas a ser si detestas las escobas. Comentó con su tono normal de voz mientras observaba a la adolorida y mareada muchacha. ¿Moderno y manejable? Preguntó con malicia y diversión señalándola. No creo que sea demasiado manejable si terminas así cada vez que te subes. Dijo mientras una risa divertida escapaba de sus labios.

No siguió con sus burlas, no porque no quisiera, sino porque la joven musitó que al parecer el golpe había sido realmente duro. Ya veo... Diría el varón también por lo bajo antes de ver como la joven amenazaba a su lechuza. No la tomes con el animal, la torpe eres tú. Diría, rasco su mejilla al ver que lo cabezadura a pesar del dolor no se le quitaba a la rubia. Como fuera, él la acompañaría hasta la enfermería, después de todo, si ella se moría en el camino, ¿a quién molestaría luego? No podía permitirlo.

Se quedó en silencio durante un rato mientras observaba como la muchacha comenzaba a ponerse en pie. Parecía bastante adolorida y no era para menos luego de aquel golpe que se había dado. Se quedó parado a su lado en caso de que estuviera a punto de caerse o algo, aunque al notar que pudo mantenerse en pie supuso que quizás ya se encontraría algo mejor. No sabría a ciencia cierta el estado de la mujer hasta que ella no empezase a caminar. Bien, al menos te puedes mantener en pie. Comentó antes de girarse en dirección a las maletas que la rubia traía consigo como si estuviese a punto de salir de viaje. Colocó la tabla sobre una de las maletas antes de tomar nuevamente su varita. Baúl Locomotor. Diría antes de enviar las mismas en dirección a la enfermería.

Observando como los objetos comenzaban a avanzar, él caminó hasta quedar frente a Elizabeth. No tenemos todo el día, comienza a caminar que debemos ir hasta la enfermería. Dijo el varón mientras se quedaba expectante a los movimientos de la fémina, no sabía si ella podría caminar por su cuenta, y bien sabía que cualquier ofrecimiento de su parte de ayudarla, ya fuera cargándola o dándole su hombro sería rápidamente rechazado, prefirió aguardar a que ella misma caminase y en caso de que ella terminara por caer, él la sostendría antes de que se golpease contra el suelo.
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 10:15 am

Estaba más que claro que no iba a librarse de las bromas de ese idiota hasta que no le cerrara la boca a golpes así que cuando escuchó el comentario sobre las escobas decidió -por su propia salud física- bufar e ignorarle, como si no existiera presencia alguna a su lado y le fue posible hasta que volvió a retomar palabra, haciendo que él le preguntase con ese típico tono malicioso que ella conocía tan bien y que solía utilizar con gran frecuencia, casi más que él- He terminado así por tu culpa, y da gracias a que te esquivé porque de otra forma estarías más herido que yo... Ahora que lo pienso debí chocarme, habría sido divertido verte lleno de heridas -mencionó con una sonrisa bastante... apacible para la molestia que se notaba en su voz. Sin duda el golpe que se dio había sido fuerte, de otra forma no entendía cómo era capaz de esbozar una sonrisa tan calma cuando por dentro hervía de furia y ganas de torturar y matar a cualquiera que estuviese cerca, empezando por el platinado.

De todas formas aún habiéndose convencido para ignorarle no pudo evitar utilizar su brazo sano para pellizcar el brazo de su acompañante -el más cercano a ella, en su estado no podía moverse demasiado- cuando la llamó torpe. ¡Claro que la tomaba con Barran! Pudo haberle avisado de que alguien había llegado y no lo hizo, se quedó en el banco y, para colmo, ahora se reía de ella. En fin, cuando se levantó bajo la atenta y seguro divertida mirada del ojos azules pudo notar que en efecto estaba algo mejor... pero no demasiado. Respiró hondo y llevó de nueva cuenta su mano izquierda a su cabeza, usando sus dedos para retirar hacia atrás su típico flequillo que volvió pronto a su posición original. Era un dato irrelevante ahora pero la trenza que se había hecho en la mañana estaba completamente desordenada, el lazo que la sostenía a duras penas aguantó en su lugar y, en definitiva, tenía el cabello desordenado así que aprovechó que el varón recogía sus cosas -apenas dos maletines, el de la tabla y uno pequeño- para quitarse el lazo y deshacerse la trenza, dejando suelto su largo cabello y, aunque no le gustara demasiado, terminó recogiéndoselo en una alta coleta con el mencionado lazo -ella era más de trenzas, de llevarlo suelto o en coletas bajas, no altas- para que el cabello le llegara algo más bajo de las rodillas y no molestara.

Por otro lado sus ropas estaban igual de maltrechas: los jeans rasgados y rotos en ciertos lugares casi pareciendo rotos a posta, la camiseta con un enorme desgarro a la altura del ombligo -que por suerte dejó sólo algunos raspones en la piel- y suerte que no era de manga larga, de otra forma habría perdido por completo dichas mangas de tantos arañazos que tenía en los brazos. No tuvo mucho tiempo para mirar su estado pues terminado de pronunciar el hechizo Dominic se paró frente a ella, instándola a ir a la enfermería de una buena vez. No le respondió con palabras cortantes aunque ganas no le faltaban, incluso pensó en golpearle pero se quedó quieta mirando a un punto indeterminado que, dada la posición del joven, estaba por algún lugar de su torso. Frunció el ceño con molestia e incluso gruñó por lo bajo al darse cuenta de algo importante que ni muerta iba a compartir con el chico que esperaba cualquier acción de su parte.

¿Cómo decirle a uno de sus más acérrimos enemigos -exagerando un poco...- que era incapaz de moverse? ¿Cómo decirle que las piernas no le respondían? Su orgullo ya estaba dañado, no se rebajaría a pedirle ayuda, menos aún cuando esa ayuda sería para pedirle que le ayudara a andar. No, jamás, Elizabeth Lockheart no iba a pedirle a Dominic Smirnov que la ayudara a ir a la enfermería o que, por defecto, la crgara hasta allí, bastante vergonzoso había sido ya que la cargara hasta el banco como para encima que lo hiciera hacia la enfermería... en cuyo camino se interponían una masa de ruidosos, alocados y chismosos alumnos de los más variados cursos, casas y géneros. Por eso su gruñido, por eso su nuevamente creciente enojo... ¡ni siquiera tenía fuerzas para aparecerse directamente en la enfermería! Prefería escuchar una vez más el siempre aburrido sermón sobre que aparecerse estaba prohibido a menores de edad y dentro de la escuela a que todo -o la mitad de- Hogwarts la viera siendo ayudada/cargada por el pulgoso arrogante- "¿Cómo diablos voy a salir ahora de ésta?..."



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Dominic Smirnov
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 3:05 pm

Dominic ciertamente no podía decidir que resultaba aún más entretenido, que la joven lo insultase de arriba a abajo que que intentase contener las ganas de hacerlo exteriorizando su enojo solo a través de bufidos. Como fuera, al oir que la muchacha comenzaba a hablar nuevamente, con un tono que al parecer buscaba hacer sentir culpable al platinado. ¿Había terminado así por su culpa? ¿Y eso a él qué? Si ella esperaba que algo tan ajeno a él como la culpa le invadiese estaba esperando un imposible, aunque... quizás podría usar eso a su favor. Desvió la mirada y con un tono ligeramente lastimoso respondió. Ya deja de mencionarlo, ¿crees que me gusta que hayas terminado así por esquivarme? Apretó sus puños y guardó silencio por alrededor de un minuto. Su mirada volvió a la joven mientras su rostro mostraba una expresión de.... ¿tristeza? Como fuera, espero algunos segundos más antes de dejar salir una nueva risa mientras observaba a la muchacha. Sueñas si piensas que te diré algo así en serio. Tooooorpe~

No prestó demasiada atención cuando ella le dió el pellizco en el brazo, tampoco a que en efecto la cabellera de la rubia se encontraba hecha un completo desastre debido al golpe y menos atención aún al accionar de la joven para acomodar su cabello. ¿Qué esperaba? ¿Verse bien? Pobre ilusa... Aunque te acomodes el cabello no te verás bien, no sé para qué te esfuerzas. Dijo como si nada para continuar molestando a la muchacha. No hizo ni haría comentario alguno sobre el maltrecho estado de las prendas de la joven, ganas no le faltaron en realidad, pero podría vivir aguantándose las ganas por un rato.

Mientras le observaba estando frente a ella, no pudo evitar percatarse de que ella fruncía el ceño a tal punto que parecía que el mismo podría estar a punto de unirse con sus labios, una imagen divertida sin dudas. Que la joven no moviese un músculo luego de ponerse en pie y que se quedara en silencio por unos buenos segundos era todo lo que el platinado necesitaba saber. Definitivamente ella no podía caminar por si misma. Dejó escapar un suspiro al ver que tendría que cargarla por todos lados y que seguramente algún rumor nacería de aquello. Ya... que más daba, rascó su mejilla mientras intentaba idear una forma de transportarla sin terminar todo golpeado, pero no, no se lo ocurrió nada. No podía echársela al hombro como un peso muerto ciertamente le haría terminar con arañazos por toda la espalda.

Suspiró con pesadez y se acercó a la muchacha hasta quedar a su derecha, y sin mediar palabra alguna, simplemente bajó la zurda hasta la parte posterior de las rodillas de la joven mientras que la diestra se posaba sobre la espalda de Elizabeth. Antes de que ella pudiera reaccionar para golpearle, él ya había hecho fuerza para levantarla en el aire, sosteniéndola firmemente con sus brazos. Sin embargo, se percató de algo, estaba olvidando sus cosas así que, haciendo uso de todo su valor, y sostuvo a la joven que un solo brazo, tarea que no se le dificultó gracias a que ella no pesaba demasiado, aunque para hacerlo tuvo que indefectiblemente sostenerla por el trasero para evitar que se le cayera. Levantó sus libros entre las protestas, insultos y arañazos de la mujer y colocó su cuaderno y el libro sobre el estómago de la muchacha antes de volver a sostenerla como antes, con ambas manos. Ya, ya, quedate quieta que pareciera que nunca nadie te hubiera tocado antes. Comentó divertido aunque su rostro parecía haber sido atacado por un grupo de gatos rabiosos.

Soportando el ardor, comenzó a caminar mientras la muchacha no se mantenía quieta y empezaba a mover las piernas para que él la bajase, terminando con un golpe de la rodilla de la muchacha en el mentón. Se vió tentado a dejarla incosciente para poder llevarla con más facilidad, pero prefirió no hacerlo... por su bien. Mientras avanzaban a través de una marejada de estudiantes que les observaban y empezaban a susurrarse cosas tales como "Mira, esos dos parecen cercanos" o "vaya que se llevan bien, ¿serán novios?" e incluso idioteces como "¡Como me gustaría ser yo la que está siendo cargada de esa forma!" de parte de algunas jovenes de tercer y cuarto año, el varón simplemente suspiraba con molestia mientras dirigía miradas asesinas a todo el mundo para que no fueran a empezar un estúpido rumor por ello, aunque los golpes que iba recibiendo en el camino y los insultos eran aún peores que cualquier rumor que pudiera nacer.

Por suerte para ellos, la enfermería no estaba tan lejos así que no tuvieron que soportar demasiadas idioteces de parte de los demás estudiantes. Dominic abrió la puerta y la enfermera simplemente le indicó una cama donde dejar a la adolorida rubia. La depositó con cuidado. ¿Puede darle un calmante? Le dijo a la enfermera. Está histérica esta mujer. Comentó divertido mientras tomaba sus pertenencias y dejaba las de la joven junto a la cama donde ella estaba. Ahi están tus cosas, espero que como mínimo me agradezcas por tener que esforzarme para traerte hasta aquí. Dijo mientras suspiraba con resignación y fingida molestia.
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 3:55 pm

Realmente no intentaba hacerle sentir culpable, sabía que no iba a conseguirlo por mucho que lo intentara, lo único que hacía era remarcar su culpa. Sabía que le importaba bien poco haber sido el causante de todas las heridas que había por su cuerpo, después de todo sería igual si hubiese sido él quien resultara herido por su culpa, pero al menos tenía el ligero placer de descargarse echándole las culpas por poco que consiguiera con ello. Cuando le desvió la mirada no pudo evitar alzar una ceja, extrañada por eso aunque cuando escuchó su pregunta no pudo evitar bufar en lo que parecía una risilla ahogada. Obviamente no se tragó ese tono lastimero con el que tiñó su voz, tampoco que apretara los puños como si el echarle las culpas le estuviera molestando o, lo que era completamente imposible, haciendo daño. Elizabeth no era idiota, y conocía demasiado bien al platinado como para dejarse engañar por tan poca cosa.

- No lo creo, estoy segurísima -musitó en voz baja no porque no quisiera que él lo escuchase, sino porque no veía sentido a remarcar aún más lo obvio e incluso estuvo a punto de pensarlo, pero bueno, su lengua había sido más rápida que su cerebro en esta ocasión. Por eso ignoró completamente la nueva risa de su acompañante y sus estúpidas palabras. Estaba claro que Dominic disfrutaba de su dolor tanto como ella disfrutaba -usualmente- del suyo, aunque cabe añadir que sus ataques solían ser sólo físicos o las típicas burlas que no dañan nada salvo el orgullo. En los seis años que llevaban compartiendo escuela no recordaba haber ahondado en posibles heridas emocionales del varón, y tampoco recordaba que él lo hubiera hecho con ella. Era como un pacto no hablado, se metían el uno con la otra, pero no pasaba de ser peleas físicas y de burlas, nada más profundo.

Volviendo a la realidad dejó que el chico le dijera lo que quisiera sobre su aspecto, el cual a pesar de las heridas y desgarros realmente le daba un aspecto más salvaje que el habitual, algo que solía atraer a cierto tipo de personas... pero eso es otra historia. Pensó en no responder la burla de su acompañante, pero ya estaba harta de morderse la lengua- Eso lo dice el perro que no sabe lo que es un peine -contraatacó sin mostrar el más mínimo interés. Le daba igual que él se burlase de su apariencia, ya muchos ilusos le habían dicho infinidad de frases y alagos que remarcaban su belleza y la imagen que le devolvía el espejo era, en su opinión, aceptable, no necesitaba más. Y aunque así fuera no se arreglaba para nadie, se arreglaba porque y como le gustaba, nada más. Tras ello fue que se dio cuenta de su imposibilidad física para avanzar. No sabía a ciencia cierta si su cuerpo la sostendría o no si empezaba a caminar, pero prefería mil veces quedarse quieta y esperar a arriesgarse y terminar cayéndose bajo la atenta mirada del odioso perro que tenía en frente.

Era incapaz de leer la mente pero sin duda habría dado lo que fuera por al menos adivinar qué demonios tenía pensado hacer el varón pues cuando decidió volver a prestarle atención lo vio a su lado y le dirigió una extrañada e interrogante mirada que no obtuvo más respuesta que unas acciones que ni muerta se esperaba. ¿Cómo iba a saber que el imbécil a quien deseaba arrancar la cabeza iba a cargarla en brazos como si fuera una novia recién casada? Era normal que soltara un pequeño grito de sorpresa -bastante femenino para tratarse de ella...- cuando de repente se vio con los pies lejos de la tierra pero pasada la sorpresa su rostro volvió a adoptar su ya habitual enojada expresión. Decidió dejarlo estar, ya se las apañaría con alguna excusa antes de llegar a donde la gente pudiera verles... o eso quiso pero en cuanto notó un contacto no deseado en su trasero poco le faltó para darle un puñetazo en la cara, eso sí, a falta de puñetazos y patadas bienavenidos eran los insultos y arañazos además de varios gritos que fácilmente se escucharían en la otra punta de Inglaterra.

Estuvo tentada de usar el libro que él le había colocado en el regazo para golpearle el rostro y dejárselo literalmente plano, pero se aguantó aunque eso no impidió que gruñera una vez más. Claro que la habían tocado... pero todos los que lo hicieron/intentaron habían acabado atacados por la furia de la ojos esmeralda, el más suertudo salió con sólo unos cuantos puñetazos en rostro y torso y un doloroso golpe en su hombría. Desgraciadamente Elizabeth no era capaz de hacer nada de eso -quizá los puñetazos- dada su posición y estado, lo que menos le convenía en esos momentos era empezar una pelea física con el peliplata pues de seguro iba a acabar mal, muy mal. De todas formas, y en vista de que el pulgoso lo aguantaba, se dio el placer de seguir arañándole, insultándole y gritándole hasta hartarse... lo cual no ocurrió ni cuando estaban por los pasillos de Hogwarts llamando la atención de todo el que estuviera en un radio de unos cinco kilómetros a la redonda.

Durante el trayecto se dedicó no sólo a fastidiar cuanto pudiera a Dominic, también mandaba alguna que otra mirada asesina a las idiotas chismosas que el castillo tenía por alumnos, miradas que curiosamente acompañaban las del ojiazul. Tras lo que fueron de seguro unos interminables minutos para ambos -al menos para ella sí lo fueron- la enfermería se vislumbró y, como si fuera agua y ella un gato, se revolvió con algo más de vehemencia. No le gustaba nada ir a la enfermería, más que nada porque podía encargarse sola de sus heridas y porque era odioso escuchar una y otra vez los mismos sermones de ¿Madame Poundfrey era? como se llamase esa mujer que hacía las veces de enfermera en el colegio. En cuanto la dejó en la cama no tardó un segundo antes de tomar la almohada y lanzársela directa al rostro. No le dejaría marca, pero al menos un almohadazo bien dado podía hacer daño y eso era lo que buscaba.

- El día en el que te agradezca algo será cuando tú mismo te arranques la lengua -respondió con claro desdén justo antes de que la enfermera se le apareciera por detrás y empezara a gritarle, mandándole entre medias de los sermones que hicera esto o lo otro, aunque cuando la frase "Quítate la ropa" llegó a sus oídos dejó de renegar y miró a la envejecida mujer como si acabara de dispararle a la cabeza. Se quedó casi literalmente en shock. ¿La recatada enfermera le estaba pidiendo que se desnudara delante, no sólo de ella, sino del idiota de Dominic? Eso sí que no se lo esperaba y su silencio era clara muestra de su desconcierto.



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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 5:21 pm

¿Quién hubiera pensado que ellos dos se convertirían en un equipo tan eficaz para enviar miradas asesinas a todos los que se cruzaban por su camino? Si no era la fría mirada del ojiazul era la afilada y agresiva mirada de la ojos esmeralda, pero algo era seguro, ni un solo estudiante que se cruzó por su camino pudo evadir las miradas. Al estar por llegar a la enfermería Elizabeth comenzó a moverse sin parar haciendo que Dominic sintiera el deseo de soltarla para que se diera otro buen golpe, pero decidió aguantar las ganas de eso. Luego de colocarla en la cama, y ciertamente no esperó que luego de pedir que al menos le agradeciera por llevarla hasta allí la rubia tomase la almohada y la lanzase directo a su rostro. No tuvo tiempo a moverse y el suave proyectil impactó directamente en el rostro del varón, especificamente en su nariz haciendo que la misma comenzara a molestarle, comezón por el golpe, comezón que terminó por hacerlo estornudar y como venganza lo hizo directamente sobre la rubia.

Lo que digas. Respondió a lo de arrancarse la lengua por si mismo, sin embargo, cuando la enfermera llegó y empezó a gritarle a Elizabeth, optó por dar un paso hacia atrás para evitar que la ira de la enfermera se descargara sobre él también, mientras que por su parte, disfrutaba demasiado la expresión de la rubia en aquella situación. Los sermones parecían no tener fin, de hecho, él estaba a punto de tomar una silla para sentarse y poder disfrutar de aquel particular espectáculo, pero un inesperado giro en la situación evitaría que el varón terminase por hacer algo como aquello.

Tragó grueso. ¿Había oido bien? ¿Acaso la enfermera le había ordenado a la rubia desvestirse frente al ojiazul sin más? Vaya, eso si que sería suficiente como para molestar a la ojiverde por mucho tiempo. Esto se pondrá bueno. Dijo en un suave murmullo. Su mirada se clavó sobre la joven de doradas hebras mientras una expresión maliciosa y... bastante pervertida si cabe decir aparecía en su rostro. ¿Pero quién podía culparle? Cumpliría los deseos de los incontables idiotas que habían terminado golpeados por la rubia si era testigo de algo así. Sin importarle demasiado su seguridad, decidió hablar. Vamos Elizabeth, no tenemos todo el día. Diría como si estuviese hablando con toda la seriedad del mundo, sin embargo, cometió un grave error al hacerlo.

Ni bien había terminado de pronunciar aquellas palabras, la enfermera se giró hacia él y con una cara que asustaría hasta al mismísimo Voldemort comenzó a gritarle al platinado para que saliese de la enfermería, amenazándole con una jeringa del tamaño del antebrazo de la rubia. De más está decir que sin dudarlo un segundo el varón se alejó en dirección a la puerta para evitar terminar asesinado por aquella mujer. En su camino hacia la puerta, se frenó algunos segundos frente a un espejo musitando un suave. No estoy tan despeinado. Mientras recordaba lo que la muchacha le había dicho antes, aunque no tuvo mucho tiempo para eso ya que nuevamente la enfermera empezaba a gritarle para que saliese de la enfermería. Sin más, decidió obedecer y terminó por salir de allí, cerrando la puerta tras de si.

Esa mujer si que da miedo... Comento al aire mientras se disponía a regresar a la sala común, cuando súbitamente recordó algo. Rayos... dejé mis cosas dentro. Se golpeó el rostro con la palma de su mano mientras se reprochaba aquello, debería esperar a que la enfermera terminase antes de poder entrar a recuperar sus pertenencias. Dejó escapar una suave maldición antes de tomar asiento en una pequeña banqueta fuera de la enfermería sin saber qué hacer para matar el tiempo. Se dedicó a ver a los alumnos ir y venir durante un buen rato, se estaba aburriendo demasiado para su gusto.
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 5:51 pm

- ¡Que asco! -fueron las primeras palabras que la fémina soltó cuando el imbécil de su acompañante le estornudó encima. Como si le acabaran de rociar con la más asquerosa sustancia no tardó ni un segundo en tomar las sábanas de la camilla para limpiarse los restos de babas -y quién sabe qué más- que Dominic le había tirado al estornudarle encima. Pero al igual que no tardó tiempo en limpiarse no lo tuvo para pensar algo decente que responderle pues los gritos de la enfermera no se hicieron esperar. Ni cuenta se dio de que el varón había retrocedido -y hacía bien- para quizá evitar transformarse en un daño colateral de la riña que empezaba a desarrollarse entre la ojos esmeralda y la mujer que, presuntamente, iba a curarla y quien estaba arriba y abajo con vendas, ungüentos y algunos frascos de cristal que contendrían pociones y/o aceites de esos que se usaban antes para curar heridas.

En el silencio que se hizo tras las palabras de la enfermera incluso se pudo escuchar cómo el platinado tragaba grueso y ya ni hablemos de su susurro, el cual no hizo más que aumentar la venita que empezaba a formarse sobre la sien de la rubia. No se giró hacia él, la verdad es que no le hizo falta para saber cómo la estaba mirando, estaba tan acostumbrada a tener ojos lascivos puestos sobre ella que, si bien era casi inmune a tales miradas, podía percibirlas con extrema facilidad. Aún así no se controló por mucho más, en cuanto el varón abrió la boca tomó uno de los frascos con claras intenciones de abrirle la cabeza con él, aunque la enfermera se le adelantó y el aura casi asesina que se desplegó de Madame fue suficiente para que incluso ella se amedrentara y dejara el frasco donde antes se encontraba.

Puede que no le hubiera podido quebrar el frasco en la cabeza, pero al menos no se cortó cuando comenzó a reírse a carcajadas de la manera en que la enfermera estaba gritándole y amenazándole con esa jeringa que Elizabeth había visto innumerables veces y de la que había tenido que huir en alguna que otra ocasión. Fue muy divertido ver al ojos azules ir hacia la puerta como un perro con el rabo entre las piernas y su risa, lejos de parar cuando le escuchó comentar frente al espejo, aumentó hasta el punto que casi le dolían las mejillas y tuvo incluso que tomarse el estómago e inclinarse un poco hacia delante, reírse con tantas heridas no era muy sano pero bien se notaba que había disfrutado enormemente de la forma en que la enfermera había echado a Dominic del lugar.

Para su desgracia el momento de deleite se acabó tan pronto como la puerta se cerrró y apenas tuvo los segundos de descanso suficientes para recuperar el aliento antes de que la enfermera volviera a gritarle y, a la fuerza, casi le arrancara la ropa. De no ser porque la conocía Elizabeth hubiera jurado que intentaba violarla en lugar de curarla... pero bueno, decidió dejarse por una vez, ver al pulgoso ser corrido de la enfermería casi a patadas le había subido mucho el ánimo y no hizo falta que la mujer de avanzada edad la desvistiera por completo, ella misma se encargó de hacerlo aunque permaneció con las bragas, después de todo no era necesario que se las sacase. Tras unos veinte minutos de ungüento por allí, aceite por aquí y venda por allá la fémina pudo darse al fin un nuevo descanso que aprovechó para comprobar que ya podía caminar y se miró en uno de los espejos que había por allí, viendo que tenía el muslo derecho y la pierna izquierda vendados, así como el torso desde los senos hasta el ombligo, cubriéndolo también. Igualmente sus brazos tenían vendas, el derecho con el antebrazo entablillado y el izquierdo con vendas sólo en la parte que se juntaba con el hombro mientras que sus manos, curiosamente, se habían librado de heridas salvo pequeños raspones que ni tiritas necesitaban. Su rostro tenía un parche en el lado derecho de la frente y otro en la mejilla izquierda tapando algunos cortes mientras que otras heridas menores que no merecían ni mención se desplazaban por su cuello y clavícula.

- Un poco más y me disfrazas de momia -mencionó al aire sabiendo que la enfermera la escucharía. No soltó maldiciones porque no era su estilo, pero Elizabeth juraría haberle escuchado despotricar contra ella. Sonrió de forma leve y comenzó a vestirse poniéndose de nuevo los jeans y los tennis oscuros que había llevado durante todo el día. Tenía planes ya: en cuanto saliera se iba a ir directa al baño de prefectos para relajarse, luego se vestiría de nuevo y guardaría la tabla, ya en otro momento volvería a probarla junto al otro invento que descansaba en el maletín pequeño, si la enfermera la veía haciendo cualquier cosa medianamente peligrosa acabaría sorda de tanto que le gritaría. Aún así estaba de buen humor, el dolor y los mareos habían cesado -por suerte el aceite no olía fuerte, al contrario, era un aroma bastante suave que le recordó a la vainilla- así que su enojo estaba bajo mínimos en ese momento.

Su gloria no duró mucho, la voz de la casi anciana resonó a sus espaldas como si fuera la del mismísimo diablo preguntándole qué estaba haciendo. Se giró con cautela al tiempo que se abrochaba el botón de los jeans y el alma se le cayó al suelo cuando vio cómo varios... ¿arneses eran? levitaban a los lados de la enfermera quien sostenía su varita en la diestra y la movía peligrosamente apuntando hacia ella. No hizo falta aviso alguno, ni siquiera cruzaron palabra antes de que, contra todo pronóstico, Elizabeth saliera corriendo pateando -literalmente- la puerta de entrada a la enfermería- ¡Ni muerta vieja gárgola! -gritó girando el rostro para sacarle la lengua a la enfermera que ponía el grito en el cielo al llamarla y ordenarle que regresara porque, según ella, debía guardar reposo o algunas heridas se agravarían y sus huesos tardarían más en recuperarse por curados que hubieran sido por el hechizo episkeyo. Obviamente la rjoven de cabellos dorados la ignoró y, aún dejando atrás sus cosas -incluídas la camiseta oscura y el sostén rojo...- largó a correr sin rumbo fijo, cualquier lugar le servía ahora. Cabe añadir que no era muy consciente de que su torso iba únicamente cubierto por vendas y parches, ya se daría cuenta cuando la adrenalina bajara y el frío hiciera mella...



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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 6:49 pm

No se quejó de que la rubia se riera de él cuando la enfermera le estaba echando, mucho menos cuando aumentó el volume de su risa al oir el comentario del cabello, no porque no le molestase, sino porque sabía que reirse de esa forma le provocaría dolor a la muchacha, eso era suficiente para él. Como fuera, luego de un rato de haberse acomodado en la banqueta, pudo oir un nuevo grito que obviamente provenía de la malhablada adolescente. Como fuera, se quedó quieto en su lugar pero con la vista clavada en la puerta. Lo que sucedería a continuación ciertamente no supo como calificarlo, pues ni bien la puerta se abrió violentamente, él pudo ver como la rubia salía corriendo con su torso prácticamente desnudo de no ser por las vendas que la cubrían de arriba a abajo.

Segundos pasaron antes de que reaccionara en realidad, mientras una gotita caía por su sien antes de llevar su diestra hacia su rostro dejando escapar un divertido "Por Dios...". Por su parte, se levantó lentamente y con algo de temor por lo que pudiera llegar a encontrarse allí adentro avanzó a los dominios de aquella aterradora enfermera. La mujer ya parecía más calmada, sin embargo, él prefirió no molestarla demasiado. Caminó hasta la cama donde la muchacha había estado. Tomó su cuaderno y su libro y los dejó sobre las maletas de la rubia antes de voltearse para tomar la camiseta que Elizabeth había estado usando y el sostén rojo, envolviendo el último en la camiseta antes de salir corriendo detrás de la rubia. Le encargo esas cosas. Dijo el platinado a la mujer de la enfermería antes de seguir el sendero de estudiantes caidos a causa de la estudiante prófuga.

No le fue muy difícil seguir el rastro de la muchacha, después de todo, si no habían estudiantes en el suelo, estaban todos mirando hacia atrás como idiotas mostrando el camino que ella había tomado. Simplemente siguió por allí hasta finalmente llegar a los jardines de Hogwarts. Se detuvo una vez allí mientras buscaba con la mirada a la mujer. Finalmente pudo verla a unos veinte metros de donde él se encontraba en esos momentos, se había detenido por fin. Si que es problemática... Diría resignado a tener que andar cuidándola como si fuera la hija o algo así. Avanzó lentamente hasta donde ella se encontraba, deteniéndose a una distancia prudencial... unos tres metros al menos como para tener espacio a reaccionar si es que decidía lanzarse sobre él para vengarse.

¿No puedes quedarte quieta eh? Dijo con algo de molestia en su voz. Sin embargo no continuó quejándose. Tomó la camiseta y con cuidado la separó del sostén, lanzando la primera en dirección a la muchacha. Eso es tuyo. Diría divertido antes de dar unos cinco pasos hacia atrás solo para estar seguro. Dejaste a varios estudiantes con la boca abierta al pasar. Diría tranquilamente. Debiste asustarlos con esa cara tuya, aunque no los culpo. Comentó con una burlona sonrisa en los labios. Tus demás cosas quedaron en la enfermería, tendrás que volver por ellas luego~ Dijo con malicia antes de dar un nuevo paso hacia atrás para esquivar cualquier represalia de la rubia.

Guardó silencio unos segundos antes de mirar a la rubia con una expresión de diversión y malicia que nunca antes había mostrado. Por cierto... Diría para llamar la atención de la rubia si es que ésta no estaba mirándole con intenciones asesinas. ¿Las bragas son a juego? Preguntó mientras extendía la diestra donde sostenía el rojo sostén de la muchacha, mostrándolo cual trozo de carne frente a un león hambriento. Y yo que pensaba que quizás tu pecho creceria en algún momento, al parecer no ha sido así en lo absoluto. Dijo mientras daba algunos pasos más hacia atrás, si debía escapar, se aseguraría de tener el suficiente espacio como para reaccionar.
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 8:29 pm

Aún si se hubiera dado cuenta... realmente le hubiera dado igual estar corriendo medio desnuda por Hogwarts bajo la atenta y sorprendida mirada de los alumnos con los que llegaba a cruzarse. Al principio el motivo de estar corriendo había sido una huida no premeditada para evitar ser atrapada por las mordazas de la enfermera que, de seguro, la dejaría en cama tres días si por ella fuera... pero a medida que corría una amplia sonrisa se dibujó en su rostro. Adoraba sentir el aire golpear su rostro, notar cómo su melena se ondeaba y casi ni tocaba su cuerpo por la velocidad, esquivar los obstáculos que se le iban poniendo por delante -ya fuera alumnos, paredes, arcos... cualquier cosa- demostrando que se movía incluso mejor que los expertos de parkour y que nada podía frenarla. Estuvo tentada de soltarse el cabello pero entonces habría sido aparatoso para su carrera, además en cuanto cruzó el patio de la fuente decorada con águilas y serpientes dejó de pensar y se limitó a seguir su instinto.

Dejó que sus pies la llevaran a cualquier sitio, no le importaba que la vieran, total, muchos sólo percibían un rayo dorado pasar por su lado o, en algunos casos, sobre ellos en arriesgadas acrobacias que parecían imposibles de realizar para una joven recién curada de una aparatosa caída a considerable velocidad. Y aún así Elizabeth parecía no tener límites, el dolor había desaparecido por la adrenalina y parecía volar pues de tan rápido que iba sus pies apenas tocaban el suelo. Ni cuenta se daba de que empezó a ser perseguida y de que sus acciones harían que pronto nuevos rumores sobre ella circularan por el colegio, sincerametne le daba igual, ya había oído todo lo que una persona podía escuchar sobre sí misma por boca de terceros, un rumor más o uno menos no hacían diferencia. Fue así como llegó a los jardines, una zona que frecuentaba sobre todo de noche, cuando se escapaba de su habitación y no le daba por irse al bosque o al lago, después de todo el aroma de las flores la relajaba y ahuyentaba las pesadillas, al menos de vez en cuando.

Se detuvo al fin sin borrar la amplia sonrisa de su cara a pesar de que mantuviera la boca abierta al respirar con grandes bocanadas de aire para recuperar el aliento. Tuvo que inclinarse, flexionando las rodillas y apoyando sus manos en ellas para no marearse pues tan rápido como había subido la adrenalina le estaba bajando a un ritmo vertiginoso, y con su desaparición volvían los dolores aunque los aguantaría con ganas, después de todo aquella carrera le había levantado el ánimo mucho mejor que una montaña de dulces. Ahora que tenía unos momentos para pensar le llegaban pensamientos algo tontos a la cabeza, por ejemplo, con lo que adoraba la libertad le resultaba extraño que su forma animaga fuera una serpiente -lo cual no le desagradaba en absoluto- en lugar de otro animal como un halcón o un caballo, animales caracterizados por su velocidad entre otras cosas.

Sacudió su rostro de lado a lado para dejar esas tonterías atrás y respiró hondo una última vez antes de levantarse, masajeando un poco su antebrazo derecho y comprobando que seguía teniendo su varita en el bol... Vale, la varita estaba desaparecida, seguramente con Barran pues quizá se le cayó cuando chocó o quién sabe, pero estaba segura de que ese trozo de madera estaba con su lechuza, o en su defecto con sus demás pertenencias en la enfermería. Se encogió de hombros y soltó su cabello, dejándolo caer libre sobre su espalda hasta que casi rozó el suelo, haciéndole pensar cómo era posible que toda esa melena le llegara sólo a la cadera cuando se la recogía en una trenza. Se encogió de hombros por segunda vez, dejando pasar ese tema y se estiró escuchando crujir algunos de sus huesos antes de suspirar de forma placentera y, para su mala suerte, notar que tenía a alguien detrás.

Su buen humor desapareció al escuchar la irritante voz del perro, suspirando por ello y pensando cualquier cosa que responderle. No dijo nada, incluso relajó su expresión y dejó de fruncir el ceño para volver a mostrar una tranquila sonrisa, girándose así hacia Dominic al tiempo que posaba su zurda sobre su cadera y clavaba sus entrecerradas esmeraldas sobre los zafiros de su compañero. No respondió, ni siquiera le dijo algo cuando le lanzó la camiseta pues no se molestó en agradecerle o insultarle mientras la miraba para evaluar cuán rota estaba, escuchando sin mucho interés que había dejado -probablemente- a más de media escuela con la boca abierta o pensando que sus ojos los engañaban- "Volveré por la noche, así Madame no me pillará" -pensó en lo referente a sus cosas, ni muerta pisaba la enfermería mientras la encargada siguiera allí porque estaba segura de que antes de que abriera la puerta ya estaría amordazada y le gustaba demasiado su libertad como para arriesgarse.

Dedicó unos segundos más a ver su prenda y simplemente suspiró, le tocaría arreglarla de alguna forma o romperle la parte de abajo para que quedara bien aunque no llegara a cubrirle el ombligo, fuera cual fuera el arreglo que le hiciera ya lo pensaría más tarde, ahora se limitó a colgársela al hombro pues no le apetecía nada ponerse una prenda rasgada y sucia... a pesar de que con los pantalones no había tenido más opción y no estaban tan mal como la camiseta. Aún así pronto se dio cuenta de algo... El platinado estaba a su lado, ¿por qué demonios guardaba silencio? Él no era del tipo de gente que se queda callado cuando puede fastidiar a los demás y seguro tenía un amplio repertorio para cabrearla aunque ella estuviera literalmente ignorándole hasta ese momento en el que volvió a fijar su mirada en él. Lo que vio la sorprendió pues... ¿desde cuándo el pulgoso la miraba con malicia y diversión al mismo tiempo? Es más... ¿dónde demonios estaba mirando? Porque a su cara desde luego que no.

Cuando llamó su atención le miró con el ceño levemente fruncido, una expresión que desapareció tan pronto escuchó su pregunta y vio algo rojo en sus manos. No necesitó preguntar qué era, después de todo reconocía la prenda como esa que se había quitado no hace ni quince minutos. Palideció por unos segundos y no pudo evitar mirar disimuladamente a su alrededor, comprobando para su alivio que eran los únicos allí. Al menos no la avergonzaría delante de espectadores y eso ya era algo. Tenía muy claro lo que le iba a decir pero él se le adelantó, burlándose una vez más de ella auqnue en esta ocasión le salió el tiro por la culata- Como se nota que tú no tienes que llevarlos... Prefiero tener estos a ir por la vida con dos calabazas en lugar de pechos -respondió con sinceridad e incluso algo de molestia en su voz. Elizabeth odiaba a esas mujeres con pechos anormalmente grandes, al igual que odiaba a las modelos por ser tan esqueléticas. Ella prefería la proporción, además sus senos tampoco eran pequeños, tenían un buen tamaño y no le impedían moverse con facilidad, unos grandes serían, cuanto menos, incómodos y le darían un terrible dolor de espalda. Ella estaba bien así, y ni las burlas -mucho menos las de Dominic- le harían cambiar de opinión.

- Y en lo referente a tu pregunta... -aprovecharía la situación para jugar un poco y, habiendo mencionado aquellas palabras con tono sensual e incluso provocador acortó la distancia entre ambos unos pasos, acercándose lento y suave dando a entender que no tenía -al menos en apariencia- intenciones de dañarle. Cuando estuvo relativamente cerca dejó que su mirada maliciosa se posara directamente sobre los ojos ajenos y tras relamerse los labios bajó su zurda hasta la linde de sus jeans, metiendo por ella su pulgar para arrastrar un poco la mencionada linde hacia abajo- ¿Quieres comprobarlo?~ -insinuó con un tono incluso más provocativo. Era un juego peligroso sin duda pues la fama de Dominic con las mujeres no era un secreto... pero le gustaba jugar con fuego y si le salía bien la jugada podría burlarse del platinado durante muuucho tiempo. Decidió arriesgarse, total, ¿qué podría salir mal?



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Dominic Smirnov
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 9:12 pm

Era difícil molestar a la rubia cuando lo ignoraba de esa forma, después de todo, eran los insultos los que hacían más divertido el acabar con la paciencia de la ojiverde. Dejó escapar un suspiro mientras observaba con detenimiento todas y cada una de las acciones y reacciones de su acompañante para ver qué podía utilizar a su favor. No debió esperar mucho a decir verdad, notar que prácticamente pareció palidecer al momento en que aquella prenda roja. Si hubiera podido le hubiera tomado una foto, todo para inmortalizar aquel momento en el que la muchacha parecía desesperada por la situación en la que se encontraba. Que sus orbes se movieran un poco para asegurarse de que nadie les estaba viendo solo ayudó a aumentar aún más la satisfacción del varón por lo que estaba ocurriendo.

Guardó silencio por un rato mientras continuaba moviendo de un lado al otro la prenda frente al rostro de la joven, a una distancia prudencial cabe aclarar. Fue hasta que escuchó a la fémina hablar que se detuvo. ¿Se notaba que él no debía llevarlos? quizás, aunque a decir verdad no es que tuviese preferencia por un tamaño de pechos en particular, por el contrario, era algo que no preocupaba demasiado al varón y si había hecho el comentario había sido solo para molestarla. Por alguna razón, la imaginación del ojiazul le hizo ver la imagen, bastante estúpida en realidad, de la rubia con dos calabazas de halloween en el pecho, algo que provocó una divertida risa que seguramente la mujer no entendería. Luego de dejar de reirse por aquello, volvió a observar a la joven que al parecer se había quedado pensativa.

Pasaron algunos segundos, menos de un minuto suponía hasta que la rubia volvió a hablarle. ¿Pregunta? ¿Qué pregunta? Estuvo a punto de preguntar aunque recordó lo que había dicho antes. Sin embargo, al notar como ella se acercaba hacia él, instintivamente dió un paso hacia atrás, desconfiaba de ella y con razón, la conocía bastante. Pudo sentir la mirada de la joven clavarse sobre la propia, mientras él por su parte la mantenía para demostrarle que no le temía... no demasiado al menos. ¿Qué planeaba la mujer? ¿Por qué se había acercado hacia él de esa manera, habiendo dicho aquello en un tono de voz que él desconocía por completo en ella? No lo sabía, pero segurmente nada bueno podría salir de eso.

Se quedó quieto, vista sobre la ajena y con los músculos tensos para reaccionar en cualquier momento de ser necesario. Pudo ver como se relamia los labios. "¿Pero qué demonios?" Se preguntó ante tan perturabadora escena de la que estaba siendo testigo. Sin embargo, no pudo evitar desviar con la mirada para seguir la zurda de la joven, notando como colocaba su pulgar aparentemente para permitirle al varón ver. Toda duda de las supuestas intenciones de la mujer desapareció cuando ella le preguntó si quería comprobarlo. O se había golpeado con la cabeza o no podía explicarse aquello, por su parte, Dominic tragó grueso antes de volver la mirada hacia los orbes ajenos, buscando cualquier señal de peligro en ellos.

Aguardó varios segundos, era una jugada peligrosa sin lugar a dudas, pero la curiosidad, maldita y nociva curiosidad le carcomía la cabeza mientras se debatía internamente si caer en la obvia trampa de la serpiente o escuchar a su instinto que le decía a gritos que se alejase de ella cuanto antes para evitar terminar con un ojo morado o peor, con un golpe en la entrepierna que evitaría que alguna vez, si es que lograba superar el odio a los niños que sentía, pudiese tener descendencia para seguir con el legado de los Smirnov. Podía intentar salirse con la suya ileso, aunque era bastante difícil a decir verdad, aunque... podía aprovechar la momentanea debilidad de la mujer para ello, pero no era seguro que no terminase golpeado o peor, castrado.

Como si fuera a caer en una trampa tan evidente... Comentó luego de tomar una decisión. Si te digo que si y me acerco indefectiblemente terminarás por golpearme, si lo intento por la fuerza también terminaré golpeado y será aún peor. Dijo sin dudarlo, estaba seguro que no sería nada bueno para su salud confiar en la mujer con algo como eso. ¿Por qué debería confiar en tí, hoy en especial luego de todo el rato que estuve burlándome de tu estado? Suspiró con resignación. Mejor tomo estos y los vendo a alguno de tus admiradores, después de todo, aún huelen a ti~ Dijo mientras daba algunos pasos más hacia atrás, sabía que era peligroso el juego que estaba a punto de comenzar.
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Elizabeth Lockheart
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 9:36 pm

Sí que entendió el motivo de la estúpida risa del varón, despés de todo no había que ser un genio para saber que Dominic tenía una imaginación... bastante especial por así decirlo y tras su comentario era obvio que se imaginaría algo pervertido o, como había sucedido, algo gracioso. Aún así no le prestó atención alguna a eso, estaba más pendiente de lo que iba a hacer a continuación además de que sabía lo mucho que al varón llegaba a molestarle ser ignorado, más aún que ella ignorara sus burlas y comentarios, lo cual era una venganza bastante útil en ocasiones y que Elizabeth no se cortaba un pelo en utilizar de ser necesario. Volviendo con lo importante sin duda por un momento pensó que el golpe que se dio en la frente la había trastocado, pero en los seis años que llevaba compartiendo colegio con el pulgoso nunca había intentado algo así y quién sabe, probar cosas nuevas tal vez no estaría nada mal, sobre todo si encontraba algo con lo que atacar al ojiazul.

Su sonrisa se amplió e incluso dejó escapar un suave suspiro cuando notó cómo los orbes de su acompañante bajaban por su cuerpo apra seguir los movimientos de su mano, aunque tuvo que ignorar un escalofrío que recorrió travieso su columna, adjudicándolo al frío otoñal y a sus casi nulas prendas. Cuadno le escuchó tragar grueso su ego se hinchó un poco, era conocedora de su belleza y de que su cuerpo no estaba nada mal y, aunque no fuera vanidosa, provocar ciertas reacciones en un hombre como Dominic inflaba el orgullo. Por otro lado lo único que él encontraría en los ojos de la fémina sería ese toque sensual y al mismo tiempo malicioso que reflejaban sus palabras, gestos y expresiones, ni una sola muestra de peligro más que ese trasfondo salvaje que Elizabeth siempre poseía, el típico de una fiera sin domar.

Esperó paciente y aunque no se caracterizaba por subestimar a sus enemigos realmente creyó, por un escaso momento todo hay que decirlo, que el peliplata caería en su juego, después de todo los hombres eran débiles a la tentación y estaba segura de que el Smirnov no era en absoluto la excepción. De todas formas que él la descubriese no pareció sorprenderla, ni siquiera hizo mermar la sonrisa que se mantenía en su rostro, ésta sólo se amplió un poco y sus labios dejaron escapar una casi inocente risilla cuando él mencionó los dos finales a los que iba a llegar si se le acercaba. No estaba lejos de acertar, aunque quedaban posibilidades que él no había barajado. Dejó de reír con suavidad al escuchar su pregunta y le miró con una ceja alzada, como diciéndole un "¿En serio me lo preguntas?" con sólo una mirada, manteniendo silencio hasta que él terminó de hablar.

- Oh~ Es una lástima -mencionó sobre lo de venderlos pues no dudaba de que él sacaría una buena cantidad, no era secreto que el carácter indomable y salvaje de Eli la hacía famosa, los rebeldes arrastran masas como se suele decir- Pensé que tú le darías un mejor uso. ¿Venderlo a mis fans? Eso es muy bajo incluso para ti, además no necesitas el dinero. Creí que tu mente podría idear algo mejor para esa prenda, pero veo que te subestimé -a pesar de estar burlándose de él su tono de voz y, en general, su actitud no había cambiado, incluso aprovechaba para lamer sus labios de vez en cuando y pasar su diestra por su cuello, simulando apartarse el cabello pero dándole un buen ángulo de su cuello y, por extensión, del prominente escote que las vendas le conferían- En fin, no mucho más podía esperar de un perro. Quizá otro prefiera percibir mi aroma de primera mano y quiera aceptar mi propuesta~ -finalizó refiriéndose obviamente al comprobar el color de la única prenda interior que portaba, incluso se tomó la libertad de pasar por su lado, ignorándole tras una fugaz mirada y dándole la espalda como si no fuese nadie, dejando sin pretenderlo que el relajante y casi tentador aroma del aceite que la enfermera había utilizado para algunas de sus heridas impregnara el aire.



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Dominic Smirnov
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 10:24 pm

Rayos, no pareció sorprenderse de que por una vez la mente del varón le ayudase a no actuar como un animal en celo como lo hubiera hecho el resto de los estudiantes de Hogwarts en su situación. De haber sabido que tragar grueso y que seguir sus acciones con la mirada habrían servido para inflar el ego de la rubia se hubiera golpeado como reprimenda, el único ególatra debía ser él después de todo. Como fuera de haber sabido lo que por la mente de la joven se había cruzado, acerca de provocar a un hombre como él podía inflarle el orgullo a cualquiera, seguramente el propio hubiera aumentado a niveles inimaginables, de por sí su ego era alto, que lo alimentase aquella mujer tan... particular sería lo necesario para creer que podría llevarse al mundo por delante.

Se mantuvo en silencio, mas al oir la reacción a su intento de chantaje no pudo evitar observarla ligeramente sorprendido. ¿Era una lástima que él no quisiera quedarse con aquella prenda? O el golpe había atrofiado el cerebro de la rubia o tenía algo planeado para vengarse de todo lo que le había hecho hasta ahora. No se fiaba de ella, pero sin embargo la tentación era bastante. A menos que me crezcan pechos no veo qué uso podría darle a esto... Diría levantando el sostén como si estuviera sosteniendo un pañal sucio. Sin embargo tienes razón, el dinero no lo necesito, pero siempre puedes conseguir algún que otro favor de parte de algún que otro degenerado que pueda llegar a querer cumplir alguna retorcida fantasía sexual con algo como esto. Comentó mientras mantenía la mirada sobre la fémina.

Era una situación por demás extraña, a pesar de todo, el tono de voz ajeno parecía querer provocar, sus acciones acompañaban aquello mientras ella se relamía los labios e incluso descubría su cuello para dar una mejor vista al peliplata. Sin embargo, le observó verdaderamente extrañado cuando la joven le dijo que quizás alguien más podría preferir su aroma de primera mano. ¿Buscaba hacerle sentir celos o algo por el estilo? No lo sabía, pero era una idea demasiado descabellada que jamás se le ocurriría a él debido a la particular relación que ambos llevaban desde hacía ya tantos años de conocerse. Dejó escapar un suspiro mientas llevaba su diestra hacia su cabeza para desacomodarse el cabello, olvidando por completo que tenía el sostén de la fémina en su mano, terminando con el mismo sobre el rostro.

Se quitó la prenda rápidamente de allí, sin embargo, no lo suficiente como para alejarse de la mujer antes de que ella comenzase a moverse, pasando por su lado y acto seguido darle la espalda. No pasó desapercibido para él el peculiar aroma que la mujer tenía en su cuerpo, extraño, mas no desagradable en realidad. No creí que fueras de las que se acuestan con el primero que se cruzan. Comentó con un decepcionado tono de voz. Pero supongo que si alguno se atreve a percibir tu aroma de primera mano probablemente termine con tu mano marcada en su rostro. Dijo el joven para luego dejar escapar una suave risilla ante la mera idea de algún infeliz que siquiera se atreviese a intentarlo, conocía los golpes de la rubia, y no eran para nada suaves.

Sin embargo, y aprovechando que la mujer le dio la espalda, decidió seguirle el juego por un rato. Se acercó hacia ella hasta quedar a escasos centíemtros y rápidamente rodeó el cuerpo de la fémina con ambos brazos, como si de un abrazo por la espalda se tratase, pero sosteniendo las manos de la mujer para evitar que lo golpease. Apoyó su rostro sobre el hombro derecho de Elizabeth antes de susurrar cerca de su oido. Es un juego peligroso el que intentas. Dijo con calma, aunque a decir verdad, temía por su integridad física en esos momentos. Con la cabeza en esa posición en parte se aseguraba de no recebir un cabezaso en el rostro, por lo que en esos momentos solo debía preocuparse por las piernas de la muchacha si es que intentaba golpearlo.

Sostendría con firmeza ambos brazos de la rubia con la diestra, mientras que la zurda ascendía lentamente por el vientre ajeno en una suave caricia. Podrías salir perdiendo... Volvió a decirle con suavidad al oido. Sabía que se estaba ganando una paliza de parte de la rubia por lo que estaba haciendo en esos momentos, pero debía admitir que estaba disfrutando hacer algo que podía llegar a molestar como nunca a la fémina. Vamos a ver... Dijo mientras comenzó a bajar la zurda en dirección al pantalón de la muchacha con claras intenciones de averiguar si las bragas eran a juego o no. ¿Ella le detendría? ¿Le patearía el trasero? Era muy probable, no se fiaba de ella y bien sabía que era aún más peligrosa que una fiera salvaje. Su mano se detuvo sobre el pantalón, comenzando a desprenderlo lentamente, mientras su atención se desviaba entre el accionar de la fémina y lo que podía llegar a ver debajo de la prenda inferior.
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Lun Ene 02, 2012 11:58 pm

Era consciente de que si él supiera lo que en esos momentos cruzaba por su mente se convertiría en el hombre más insufrible del planeta, por suerte el platinado no era el único con una mente cerrada a cal y canto... curiosamente tenían algunos puntos en común y otros totalmente dispares, quizá de ahí se derivaba su particular relación. No era momento de pensar en eso de todas formas, se estaba divirtiendo de lo lindo y el comentario sobre los senos le hizo soltar una nueva risilla. Debía reconocer que Dominic era gracioso en ciertas ocasiones, incluso el comentario sobre las retorcidas fantasías sexuales lograron sacarle una risa divertida pues lejos de enojarle eso parecía hacerle bastante gracia, como uno de esos chistes tan buenos que aunque lo oigas muchas veces sigue haciéndote la misma gracia que en el primer momento.

A pesar de todo ya había pensado varias veces que se estaba comportando bastante raro, ni siquiera ella en todos sus años como pandillera y buscaproblemas había utilizado sus... llamémosle, encantos femeninos para fastidiar a otros alumnos. ¿Por qué hacerlo ahora con el pulgoso? Una parte de ella respondería que simplemente la situación le había llevado a probar cosas nuevas, la otra ni se molestaba en buscar respuesta, sólo actuaba sin pensar en las consecuencias, ya tendría tiempo para lamentarse después, ahora sólo se divertía a costa del varón. Realmente no buscaba despertar celos en él, sólo molestia o incluso curiosidad por hacerle pensar que ella sería capaz de dejar que un hombre se acercara a ella lo suficiente como para apreciar su olor, al parecer lo consiguió y tuvo que morderse el labio inferior -de forma provocativa sin pretenderlo- para no reírse a carcajadas cuando accidentalmente él se llevó el sostén justo a su cara antes de retirarlo casi de inmediato.

Cabe añadir que a punto estuvo de mandar todo al diablo cuando le escuchó decir que ella era de las que se acostaban con el primero que se les cruzaba. ¡Ja! ¡Como si algún iluso hubiera podido siquiera tocarla sin recibir un rodillazo en su hombría! Aún así mantuvo la compostura- No soy santa... pero tampoco idiota~ -mencionó tras escuchar el decepcionado tono de voz ajeno y rió de nueva cuenta, afirmando en silencio a las nuevas palabras ajenas salvo por una cosa que tuvo que rectificar- Perrito, cualquiera diría que no me conoces. Yo nunca abofeteo, yo golpeo con puños y piernas~ -y era verdad, en toda su vida Elizabeth no recordaba haber dado nunca una bofetada, le parecía demasiado remilgado y un puñetazo siempre era más eficaz. De todas formas dejó pasar el tema y continuó sus acciones sin cambio alguno, no pensaba modificar su teatro a estas alturas.

Así pues continuó su camino suponiendo que Dominic era demasiado orgulloso como para dejarse engañar por el truco. Se equivocó y maldijo mentalmente al no haberse preparado para reaccionar ante un movimeinto como el que el ojos azules utilizó para apresarla, impidiéndole el movimiento. Como no se esperaba tal acción y mucho menos tal cercanía fue incapaz de silenciar el suspiro que escapó de sus labios ni el temblor que sacudió casi imperceptiblemente su cuerpo de arriba a abajo y vuelta hacia arriba. Era como si le hubieran dado una descarga y toda su piel se hubiera erizado al completo, incluso llegó a pensar cómo era posible que su cuerpo reaccionara de esa manera. Quizá estaba sensible por las heridas... sí, eso debía ser, porque se negaba entera y completamente a aceptar que un idiota como el pulgoso hubiera logrado hacerla estremecer, antes muerta... pero joder qué difícil era pensar teniendo aquel aliento golpeando justo en su oreja cuando le decía esas estúpidas pero condenadamente sensuales...-"¡¿Qué demonios estoy pensando?! ¡¿Sensual él?! Debo haberme vuelto loca" -pensó junto a muchas otras cosas que pasaron por su cabeza en apenas unos segundos, entre ellas insultos al, irónicamente, menor de los dos.

Tragó grueso en un intento por calmarse. Él, aunque algo tarde, había picado el anzuelo así que ahora tenía que seguir con la función. El agarre a sus muñecas la incomodaba, al igual que la cercanía pero no lo demostró aunque le faltó bien poco para darle un buen golpe cuando le tomó ambas manos con una sola y utilizó la que dejó libre para comenzar a tocarla. Frunció levemente el ceño y su sonrisa se borró, dando paso a una expresión entre seria y... ¿sumisa? Quién sabe, con ella era difícil afirmar cualquier cosa a ciencia cierta. Apretó los dientes al metafóricamente morderse la lengua para no decirle más de unos cuantos insultos cuando sintió su zurda comenzar a descender. La típica vocecita que a veces uno oye advirtiéndole de algo ahora mismo estaba gritándole que hiciera algo para detenerle, tanto que hasta le impedía oír sus propios pensamientos y ni cuenta se dio que su pulso se había acelerado y de que empezaba a sentir calor, en lugar del frío que debería estar aquejando su cuerpo dado el clima. Se mantuvo quieta, acallando algunos suspiros que buscaban salir de sus labios pero cuando el platinado llegó hasta el pantalón supo que debía detenerle o la cosa se le iría de las manos.

En su posición no podía darle un cabezazo, tampoco un codazo pues tenía sus manos -y por extensión sus brazos- inmovilizadas, todo lo que podía hacer era atacar con sus piernas y no le faltaban ganas de darle un buen pisotón... pero se le ocurrió algo nuevo que no había probado nunca y que en su posición podía funcionar. Así pues, y con movimientos lentos para no alertar al varón lo que hizo fue echar su cabeza un poco hacia atrás, voltearla y, cual vampiresa, morder el cuello que Dominic había dejado a su total disposición cuando apoyó la cabeza contra su hombro. No fue un mordisco como tal pues ni haría sangre y quizá tampoco herida -al menos no una que durase en el lycan- pero sí dejaría una marca roja bastante visible y que podía considerarse fácilmente un chupetón. Sabía lo mucho que el peliplata odiaba cualquier marca en su cuerpo, así que no había mejor venganza que esa pues los golpes, a pesar de lo fuertes que fueran, no solían durar en él, puede que esa marca roja que incluso lamió con descaro sí permaneciera el tiempo suficiente como para sacarle de sus casillas. Además... mentiría si dijera que no había disfrutado haciéndoselo, era casi más placentero que golpearle. Eso sí, ni se paró a pensar en las consecuencias que esa acción podía tener si, lejos de molestar a Dominic, le instaba a continuar... Quizá había metido la pata.



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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Mar Ene 03, 2012 12:36 pm

Sonrió de medio labio cuando ella dijo que no era idiota. ¿En serio? Estuvo a punto de preguntarle pero se mordió la lengua para no seguir trayendo a colación el accidente de ese mismo día. Como fuera no negaba que desde que la conocía, jamás había visto a la rubia golpear con la mano abierta como la mayoría de las mujeres solian hacer, a fines prácticos, la rubia era como un tipo más, en varios sentidos. No comentó al respecto, todo se había calmado por el momento, quizás en demasía a decir verdad para como habían estado hasta hacia escasos minutos atrás. En el tiempo que llegaban de conocerse, no había tenido la oportunidad de oir a la mujer que acababa de apresar en sus brazos suspirar como acababa de hacerlo, más allá de bufidos y algún que otro suspiro de molestia, era extraño que ella lo hiciese.

Se quedó pensando en aquello durante algunos segundos. ¿Le había gustado que la tomase de esa forma acaso? Sería extraño que asi fuera, aunque el temblor que pudo percibir al estar en contacto casi total con la piel de la muchacha le hizo esbozar una maliciosa sonrisa. Era extraño, al parecer con aquel contacto había desencadenado una reacción que no esperaba en el cuerpo de la muchacha, que la piel de ella se hubiera erizado era claro signo de aquello. ¿Qué estaría pasando por la mente de la mujer en aquellos momentos? De haberlo sabido, Dominic no hubiera podido evitar que una carcajada escapase de sus labios, mas no una de burla, sino de satisfacción por haber provocado tales pensamientos, inflando su ego en el proceso. Como fuera, lamentablemente para él, no podía leer mentes.

Dada la cercanía con el cuerpo ajeno, pudo notar sin dificultad como ella tragaba grueso. ¿Estaba nerviosa acaso? Así parecía, daba claros indicios de estarlo después de todo, todas y cada una de las reacciones de la fémina daban esa imagen. Luego de aquella caricia sobre el vientre ajeno, y observando de perfil a la rubia podría notar el cambio en su expresión, como aquella sonrisa que ella había esbozado desaparecía por completo dando paso a una expresión... ¿molesta quizás? Por como había fruncido el ceño así parecía. Divertida situación en la que se habían metido, bastante peligrosa también, no se librarían de un buen sermón si es que alguien les veía en aquella situación por demás... subidita de tono.

Estúpido... si, así podría calificarse al varón por no haber prestado la atención que debía a los movimientos de la joven cuando ésta comenzó a mover su cabeza hacia atrás, girándo levemente y finalmente dándole una mordida en el cuello como si buscase clavar sus colmillos sobre la piel de Dominic. ¡Agh! Sería cuanto saldría de los labios del joven al sentir la presión sobre la, bajo su opinión claro, perfecta piel de su cuerpo. ¿Qué estaba pensando la mujer al hacer algo así? Jadeó mientras un escalofrío recorría todo su cuerpo, logrando que se estremeciera suavemente, tanto por la mordida como por la posterior lamida sobre la zona que sin lugar a dudas quedaría marcada. ¿Por qué no le había dado un cabezaso? ¿Por qué no un pisotón o incluso una patada en la entrepierna? Rayos, dejaría marcado el cuerpo de Dominic y eso era algo que no le agradaba para nada.

Se mantuvo firme, sin soltarle mientras internamente combatía con todas su fuerza de voluntad para evitar darle un insulto por lo que ella acababa de hacer. Intentó calmarse, pero simplemente no pudo, ansiaba venganza. ¿Por qué no conseguirla? Después de todo, ella aún estaba entre sus brazos y podría pagarle con la misma moneda. Sabes... el dolor se siente bien... Comentó con un malicioso tono de voz antes de acercar sus labios al cuello de la rubia, girando ligeramente la cabeza sobre el hombro ajeno para evitar quedar en posición de recibir un cabezaso. Si vamos a jugar de esta forma... espero que te atengas a las consecuencias~ Dijo cantarín, aunque internamente sentía deseos de arrancarle los dientes a la rubia por su osadía. ¿Marcar su perfecta piel por una venganza? ¡Imperdonable!

Dejaría a la joven sentir su aliento acariciar la suave piel de su cuello por unos segundos antes de entreabrir ligeramente sus labios, dando una suave lamida sobre el cuello de esta, para acto seguido, dar un suave beso que rápidamente se transformaría en una mordida y posteriór chupetón sobre la blanca piel ajena. Mantuvo la succión durante algunos segundos, se aseguraría de dejar una marca aún más notoria que la propia, y en lo posible, que tomara aquella tonalidad morada que resaltaría exquisitamente en la piel de la ojiverde. Rayos, la venganza era dulce, aunque debía admitir que la piel de Elizabeth no se quedaba atrás. Suspiró sobre la piel de la muchacha antes de separar sus labios del cuello, relamiéndose los mismos antes de separarse dando algunos pasos hacia atrás para evitar un golpe directo a su rostro.

Sonrió con malicia mientras volvía a relamer sus labios. Ojo por ojo... Diría mientras una cínica sonrisita se dibujaba en su rostro. ¿Disfrutaste mordiéndome? Preguntó mientras llevaba sus dedos en dirección a la marca que la rubia le había dejado. "Esto se notará luego..." Pensó antes de dejar escapar un suspiro resignado, ya no había nada que pudiera hacer, y el hecho de que su cabello no fuera lo suficientemente largo no ayudaría a poder ocultar dicha marca. Ahora gracias a esto seguro terminarán por inventar que somos pareja o alguna idiotez por el estilo. Dijo ligeramente molesto. Pero para ser justos... si llegas a esconder de cualquier forma esa marca. La señaló desde un lugar seguro. Te haré pasar vergüenza frente a mucha gente. Diría entre molesto y divertido, ya podía imaginar una escenita haciéndose pasar por una pareja despechada, sería una jugada peligrosa, pero entretenida para ver las expresiones de la joven de orbes esmeralda.
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Mar Ene 03, 2012 1:45 pm

Decir que disfrutó del quejido del varón sería quedarse corto, en cuanto escuchó ese escueto monosílabo sonrió ampliamente en su interior y lo habría exteriorizado de no ser porque tenía la boca ocupada aunque sin duda se le infló el ego -Dominic no era el único soberbio aunque estaba claro que la superaba en eso- cuando le escuchó jadear y ni hablar de lo divertido que le resultó apreciar el escalofrío que le atacó, después de todo estar casi enteramente pegados hacía que cada uno pudiera ser consciente de las reacciones que se daban en el cuerpo de su adversario. No esperaba que fuera tan gratificante pues creyó que un buen pisotón y un posterior rodillazo en la entrepierna le serían infinitamente más satisfactorios pero no negaría que le había gustado sentirle casi temblar por sus acciones, y le hubiera encantado que hubiese puesto el grito en el cielo porque ella se había atrevido a marcar su -que se note el sarcasmo- perfecta piel. Desgraciadametne no tuvo el placer de oírle gritar maldiciones como una nenaza y sin duda jamás pensó que se vengaría dándole a probar un buen trozo de su propia medicina.

Por apenas un segundo la fémina se quedó un poco desconcertada por el comentario de su compañero, e incluso estuvo a punto de burlarse tachándole de masoquista pero las palabras murieron en su garganta cuando sintió el aliento ajeno acariciar su piel fue como si se hubiera quedado muda de repente. Aún así sus ojos afilados no se apartaron del rostro ajeno -o de lo que podía ver de éste- en un intento por adivinar qué diablos le estaba pasando por la cabeza, de ahí que no fuera extraño que una mueca de sorpresa -por ligera que fuera- se marcase en su cara cuando sintió algo húmedo recorrerle el cuello. Por mero acto reflejo apartó el rostro como si intentara alejarse, pero dejándole acceso libre sin pretenderlo al tiempo que mordía su labio inferior y fruncía el ceño entre molesta y... desconcertada por lo que estaba sintiendo. Dominic tuvo razón cuando le dijo que nadie la había tocado, ella no había dejado que nadie se le acercara -salvo Mattias, aunque él no contaba- lo bastante como para siquiera rozarla y, en cierto modo, esas sensaciones eran nuevas y la fémina estaba desprotegida contra ellas por así decirlo, aunque se las apañaba bien para simular indiferencia... no demasiada en realidad.

Cuando la lengua fue sustituida por los labios del platinado Elizabeth se revolvió buscando liberarse aunque todo intento por soltarse del agarre se cortó de forma casi brusca cuando unos dientes se le clavaron en el cuello. Gimió de manera ahogada al estar todavía mordiendo su labio inferior y no se cortó a la hora de pisotearle el pie derecho, maldiciendo por no llevar tacones en ese preciso momento. Aún así eso no logró hacer que la liberara y ni ella se creía que fuera capaz de sentir placer y dolor al mismo tiempo, fuera lo que fuera que estuviera haciendo el pulgoso con su cuello estaba logrando hacerla temblar y gruñir. Juraría que intentaba arrancarle un buen pedazo de piel de tan brusco que actuaba. De todas formas su gruñido se hizo más fuerte cuando él le suspiró encima de la piel húmeda y de seguro casi enteramente morada, aprovechando que él se separó -y que para ello debía soltarla- para girarse de inmediato en un intento por alcanzarle con una patada lateral que de golpearle le iba a hacer bastante daño en el costado izquierdo.

Golpeara o no la rubia recuperaría la postura y el equilibrio, aguantando estoicamente las ganas de llevar una de sus manos a la zona mordida que ahora le dolía con ese típico ardor irritante que parecía enfadar más por lo molesto que por lo doloroso. Estuvo más que tentada a tomar su forma animaga y devolverle el mordisco con unas cuantas bastantes dosis de veneno de regalo, pero de hacerlo le tocaría vérselas seguramente con el director y sabía que el pulgoso podía tomar la forma de un lobo, de ahí los múltiples apodos que ella le ponía- "¡Capullo, arrogante, cretino, misógino, imbécil, cabrón...!" -y los insultos se sucedían en su cabeza como una fila interminable de palabras, todas malsonantes y dirigidas única y exclusivamente al idiota que tenía ahora delante de ella- Sigue soñando -respondió con aspereza a la estúpida pregunta, esta vez mintiendo aunque no tan directamente como lo hacía el resto de la gente pues no lo había negado, sólo insinuado que era una posibilidad tan remota como la de que los burros volaran.

- Como si los rumores nos hubieran importado alguna vez -musitó con indiferencia, esta vez siendo sincera como de costumbre pues un rumor más o un rumor menos no le importaban, a ella no al menos y siempre podía dejar pasar esa... mancha -por llamarla de alguna manera- como una herida que se hizo junto a las otras, después de todo lo suyo parecía más eso, una herida en lugar de un chupetón, aunque no podía decirse lo mismo de la de Dominic, la suya sí que parecía un chupetón se mirase como se mirase- "¿Para ser justos?" -cuestionó mentalmente al no tener ni la más remota idea de a qué se refería el varón, aunque cuando le amenazó Elizabeth fue incapaz de evitar hacer lo que comúnmente se conoce como facepalm. ¿De verdad le había amenazado para que fuera enseñando SU marca? No se lo creía pero quizá pudiera sacarle algún provecho a la situación en la que ella misma se había metido de cabeza.

- Lo mismo te digo, imbécil -¿quería él seguir ese juego? Pues bien, no sería Elizabeth la que se lo negara. Puede que se tapara la marca a propósito para que él mismo se dejara en evidencia, o puede que la mostrara e incluso resaltara para suscitar nuevos rumores, ya estaba cansada de oír siempre los mismos y si podía meter a Dominic en el ajo lo iba a hacer sin dudarlo. Aún así aprovechó estar en el jardín para tomar una de esas típicas piedras naturales que se utilizaban para decorar y sin escrúpulo alguno se la lanzó al varón con claras intenciones de golpearle la cabeza. Dada su debilidad física no le haría una herida grave... pero se conformaba con un chichón molesto o incluso con algo de sangre.



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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Mar Ene 03, 2012 5:17 pm

Vaya, al parecer hasta había logrado hacer que la fémina gimiese, aunque el pisotón fue doloroso, no le detendría de cumplir su objetivo que era marcar a la muchacha. Rayos, por las reacciones de la muchacha Dominic no podía saber si la estaba haciendo enojar o por el contrario disfrutar de todas y cada una de las sensaciones que estaba "mostrándole" en ese momento. Todo había salido prácticamente a pedir de boca hasta que tuvo la brillante idea de soltar a la fiera. Ni bien había intentado retroceder una violenta patada había sido lanzada en su dirección, Elizabeth parecía haberse molestado bastante y ciertamente era algo que disfrutaría por mucho tiempo. Sin embargo poco tiempo tuvo de regocijarse por sus logros, porque tuvo que hacer uso de sus reflejos y habilidad para detener la patada de la muchacha con sus brazos. Sintió deseos de levantarla y dejarla colgando en el aire boca abajo por un rato, pero podía terminar con una patada en el rostro de hacerlo, simplemente soltó a la joven y se alejó un poco.

¿No se llevaría la mano hacia la zona morada? Al parecer no, quizás estaba aguantándose las ganas para evitar que el varón sonriese satisfecho por lo que había hecho, después de todo, había cumplido el sueño de muchos en Hogwarts y había salido dentro de todo bien parado considerando tal proeza. ¿Que siguiera soñando? ¿Soñar contigo? Preguntó divertido. Paso... tendría pesadillas por el resto de mis días si lo hiciera. Comentó para molestarla porque era más que claro que la joven no se refería a eso. Sin embargo, muy... pero muy en el fondo, el varón debía admitir que había disfrutado de lo que acababa de hacer, aunque nunca se lo diría a la arrogante rubia porque soportarla luego de inflar su ego era algo que ciertamente no le apetecía.

No pudo evitar sonreir cuando la muchacha musitó que nunca se habían preocupado por los rumores, y era bastante cierto, no lo habían hecho antes, no era algo que fuera a cambiar tampoco. En eso tienes razón... Respondió dirigiéndole una mirada que incluso podría llegar a clasificarse de... ¿Amistosa? Si, era la mejor forma de catalogarla, si bien siempre parecían llevarse como perro y gato... serpiente en este caso, debía admitir que era la única persona a quien consideraba hasta cierto punto su "amiga". El silencio entre ambos se mantuvo durante un buen rato, de poder leer la mente de la muchacha seguramente se divertiría aún más de lo que lo hacía al solo poder llegar a intuir lo que ella pensaba en determinadas ocasiones.

Pues bien. Respondió con fingida molestia antes de sonreir maliciosamente. ¿Con esa boca te atreviste a morderme? Diría haciendo referencia a lo malhablada que podía llegar a ser la fémina de rubios cabellos. Si alguna vez planeas usar esa boca para besarme deberás lavártela antes... Diría dejando escapar una carcajada por tan... descabellada idea. Fue por estar riendo que no se percató de lo que la muchacha estaba haciendo y es por eso mismo que no fue capaz de esquivar la piedra que Elizabeth acababa de lanzarle, recibiendo el impacto de la misma justo en la frente. Fué prácticamente automático, ni bien la roca impactó en el cráneo del platinado, éste dejó de reir aguantándose las ganas de insultar a la fémina sin parar hasta haberse descargado.

El golpe no había sido la gran cosa, era evidente que la muchacha aún no se encontraba en óptimas condiciones como para convertirse en una grave amenaza, mas era claro que aún así el impacto había provocado algo de dolor en el varón. Para su fortuna, no había logrado lastimar su piel evitando así que sangre pudiera brotar de una herida. ¿Eso es todo lo que tienes? Preguntó desafiante mientras ideaba alguna forma de vengarse por el golpe. ¿Debería lanzarle la piedra a ella? No, no serviría, de seguro la esquivaría fácilmente, estaba débil, no inválida después de todo. Estuvo a punto de acercarse a ella para tirarla al suelo y quizás ensuciarla con barro o algo por el estilo cuando su mirada se dirigió hacia a un lado, justo detrás de la rubia para ser más exactos.

La expresión del peliblanco cambió por completo, incluso parecía que estaba a punto de palidecer cuando se abalanzó en dirección a la rubia, quitándose la chaqueta en el acto y colocándosela a la fuera a la mujer, cerrando la misma por completo intentando cubrir el cuerpo de esta. ¿A qué se debía el súbito cambio en el comportamiento del peliblanco? Simple, el director se encontraba a menos de veinte metros de donde ellos estaban ahora. ¿Por lo que más quieras no digas ni una sola palabra si? Le susurró a la rubia mientras observaba como el director al parecer se dirigía en dirección a ellos. No habrían pasado más de unos segundos hasta que los pasos del encargado de todo en Hogwarts podían escucharse lo bastante cerca como para hacer poner nervioso a cualquiera.

Buenos días director. Diría el peliplata mientras mantenía la mirada sobre el hombre frente a él. ¿Algún problema? Preguntó el hombre de la manera que lo caracterizaba, bastante calmada e incluso amable, algo que a ojos del peliplata era aún peor que si le gritase. No, ningún problema señor. Diría intentando ocultar lo nervioso que se sentía. Debería ponerse ropa limpia señorita Lockheart. Dijo el hombre mientras se volteaba. No se metan en problemas. Sería lo último que el director diría antes de comenzar a alejarse hasta finalmente ingresar nuevamente al castillo. Dejó escapar un suspiro de alivio cuando el hombre se fue y se giró para observar a la rubia. Por cierto, déjate la chaqueta o te enfermarás, sin contar que terminarán todos viéndote y podrías terminar en la oficina del director por andar... de esa forma. Comentó percatándose en el acto de que en efecto, por extraño que pareciera, la joven se veía incluso linda con la enorme chaqueta sobre su cuerpo. ¿Qué rayos, había pensado que ella era linda? Algo estaba mal en él, quizás la adrenalina le estaba afectando las neuronas.
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Mar Ene 03, 2012 5:59 pm

Sinceramente, y por mucho que odiase admitirlo el varón poseía una fuerza y reflejos mayores a los suyos, de ahí que no le sorprendiera que hubiese logrado detener su patada, aunque eso no quitaba el hecho de que el bloqueo la hizo enojar un poco más. Estaba lista para actuar si por algún casual el platinado atrapaba su pierna pero no necesitó poner en práctica ninguno de los ataques que había planeado pues él todo lo que hizo fue alejarse, dejando así que ella bajara la pierna y recuperara la postura erguida. Por otro lado ignoró descaradamente la respuesta que su comentario recibió, bien a gusto se quedaría si Dominic no pudiera dormir por las noches por su culpa y se burlaría de ello con gusto, pero debían de estar tan acostumbrados el uno al otro que, de verse también en sueños, sería como si se vieran en la realidad, es decir, se liarían a golpes. Esa fue una de las razones por las que no le dio importancia ninguna al comentario, otra de ellas era porque no le incumbía lo que él soñara, por ella como si una serpiente se lo comía vivo en sus pesadillas.

No logró su cometido pues la fémina estaba enfadada, sí, pero el comentario sobre los sueños ni le iba ni le venía, siguió mirando al varón como si durante ese tiempo hubiera estado callado o como si ella no le hubiera escuchado, tampoco es que hubiera prestado mucha atención, su cabeza estaba ideando múltiples venganzas a cada cual más cruel y físicamente dolorosa... algunas añadiendo extras que serían claros golpes al orgullo del ojos azules. Eso sí, que coincidieran en algo era cosa extraña pues aunque tuvieran algunos puntos en común en su personalidad no solían estar de acuerdo en nada, saber que pensaban igual sobre los rumores era una curiosidad que a los cotillas les encantaría saber para, irónicamente, crear más rumores. La mirada ajena fue correspondida por una un poco divertida que, al menos por un par de segundos, eliminó todo el enojo que sentía. Duró poco eso sí, pero fue fácil de percibir para cualquiera que la observara directamente a las esmeraldas que tenía por ojos como hacía Dominic.

Aún así ese corto momento de paz se vio fácilmente interrumpido por la retaíla de insultos que atravesaron la cabeza de la joven, quien se tomó un segundo para agradecer tener una mente cerrada a cal y canto y que el varón era incapaz de meterse en ella porque de haber sabido lo que pensaba probablemente habría estallado en carcajadas, bastante tenía con soportarle ahora como para encima inflarle el orgullo todavía más. Después de que él volviera a retomar la palabra todo lo que recibió por respuesta a su pregunta fue un "Hmp" casi bufado, como si le hiciera gracia el comentario pero al mismo tiempo la molestara- Antes me arrancaría los labios -añadiría en respuesta al comentario, mostrando una mueca de asco ante la sola idea de besarle. De por sí la idea resultaba tentadora y asquerosa a partes iguales, pero imaginárselo en verdad podría llegar a darle arcadas así que prefirió ahorrarse el mal trago- De todas formas mira quién fue a hablar. Más te vale no haberme contagiado la rabia, pulgoso -contraatacó justo después sin haber borrado su mueca de asco, aunque la suavizó un poco en un intento de recuperar compostura y seriedad, estando cabreada le era difícil ignorar al varón, y que le ignorasen deliberadamente era lo que más le fastidiaba.

Cuando le lanzó la piedra hubiera dado lo que fuera para colársela en la boca, hubiera sido delicioso callarle de esa forma la risa aunque también fue bastante bueno hacer que dejara de reírse con la pedrada. Hubiera sido genial escucharle insultándola, pero no pudo deleitarse con eso así que se conformaría por ahora- No... pero no creo que te merezcas más -respondió con tono malicioso, volviendo a dibujar esa sonrisa arrogante que tanto la caracterizaba. Incluso pensó en tomar otra piedra y jugar al tiro al blanco, aunque algo le dijo que ni se moviera si no quería salir mal parada. Llamémosle sexto sentido o intuición femenina, pero apenas unos segundos antes de que el peliplata cambiara su expresión ella sintió un tenebroso escalofrío reptar por su columna y no pudo evitar tragar grueso. Reconocía esa sensació, no era la primera vez que la notaba después de todo... y eso no solía ser bueno.

Sin embargo quizá la tacharan de suicida pero Elizabeth se caracterizaba por no amedrentarse ante nadie, ni siquiera ante el director y por ello le bastó con suspirar de manera pesada y larga para calmarse antes de disfrutar con la casi pálida cara de su archienemigo, aunque cuando se le abalanzó encima para ponerle la chaqueta era más que obvio que ella renegó pero no consiguió mucho, sólo retrasar las acciones del ojiazul por unos segundos. Así pues acabó con una chaqueta de mínimo cuatro tallas más -incluso para un ciego sería obvia la clara diferencia entre ella y el Gryffindor. Le sacaba unos 20 centímetros y era claramente más ancho que ella, con eso se decía todo- cubriendo lo que podía considerarse como semidesnudez y no tuvo más remedio que asentir ante la orden de Dominic, no le importaba meterse en líos y no era de las que se mordían la lengua ni con el director, pero cuanto menos tiempo estuviera en su presencia mejor para los dos.

Llegados a esa especie de tregua ambos simplemente esperaron a que el mandamás del colegio llegara hasta ellos, tan enigmático como siempre. Ella ni se molestó en saludar, al menos no con palabras pues todo lo que hizo fue dedicarle una simple y fija mirada, eso era suficiente a su criterio. Tampoco se tomó la molestia de responder la, de seguro, retórica pregunta del mayor, dejaría que fuera el platinado quien lidiase con el director aunque cuando mencionó lo de su ropa abrió la boca para soltarle algo del tipo "Métete en tus asuntos", por suerte para los dos alumnos Dominic fue rápido y le cubrió la boca con la mano a tiempo de que no dijera nada, ganándose una enojada mirada de la fémina y casi un nuevo mordisco. Supo controlarse, no quería que un grito del chico llamara la atención de Joe Almit así que permaneció quieta, de brazos cruzados y esperando a que liberara su boca. Al ser liberada su boca chasqueó libremente la lengua en señal de molestia e hizo ademán de quitarse la chaqueta -más bien casi de arrancársela- pero las palabras ajenas la detuvieron en seco. ¿Había escuchado bien?

- Oh, ¿acaso ahora te preocupas por mí? -pregutna retórica dicha con claro tono burlesco. Si Dominic estaba preocupándose de verdad por su salud o su integridad como alumna es que la presencia del director le había trastocado más que los seis años que llevaban peleándose como enemigos naturales. Resultaba desconcertante que ese acto anteriormente interesado -estaba segura que él le prestó la chaqueta para que el director no le dijera nada y no para cubrirla a ella- se hubiera convertido en un acto generoso... pero lo que más la desconcertaba era que tal acto le agradaba- "¿Qué cojones me está pasando?" -fue el fugaz pensamiento que cruzó su mente y, sin poder evitarlo, respiró profundamente, captando así el aroma que impregnaba la chaqueta y que, de una forma que no alcanzaba a comprender, la relajaba y le gustaba. Sacudió su cabeza de un lado a otro para bajar de las nubes y su interrogante y sorprendida mirada se clavó en el rostro de su acompañante, buscando alguna muestra de próxima burla al suponer que de repente le saldría con una frase del tipo "¿En serio crees que te diría eso? Dámela antes de que la estropees, o mejor quémala, ya no me sirve". Realmente esperaba escuchar algo de ese estilo, si no, su desconcierto sería el mayor que hubiera sentido en su vida.



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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Mar Ene 03, 2012 7:47 pm

Estuvo a punto de meterle la mano en la boca a la rubia para que no fuera a decir nada estúpido frente al director, haciendo que se ganaran un buen sermón a causa de la impulsiva e incluso torpe personalidad de la fémina. Todo lo que en la mente del varón podía oirse era su propia voz en el interior de cabeza repitiendo una y otra vez. "¡Cállate, cállate, cállate, CÁLLATE!" y a pesar de que la reprobadora mirada de la no había pasado desapercibida para él, prefería eso a que terminasen los dos castigados a causa de la afilada lengua de su acompañante. Una vez que el mayor se retiró, pudo quitarle el improvisado bozal a la fémina la cual no tardó en comenzar un berrinche en el cual estuvo a punto de quitarse a tirones la chaqueta que él le había colocado encima.

No se percató de lo que le había dicho a la joven hasta que ella misma hizo aquel comentario en tono burlezco. ¿Se estaba preocupando por alguien que no fuera él mismo? ¿Qué rayos le pasaba? N-No te confundas, es para evitar que algún pobre infeliz deba lidiar con tus puños si dice alguna tontería. Comentó rápidamente para intentar salir del apuro al que inconscientemente se había metido. Suspiró molesto, seguro la joven utilizaría aquello para tomarle el pelo luego. Tsk... Fue el único sonido que escapó de los labios del varón en un volúmen prácticamente imperceptible. Desacomodó su cabello con algo de molestia, se estaba poniendo por demás nervioso y definitivamente eso no era buena señal, para nada una buena señal y mucho menos cerca de la joven.

Como fuera, sacudió la cabeza al darse cuenta de que la muchacha envuelta en su chaqueta le había comenzado a resultar hasta linda en cierto modo, no podía aceptar pensar en algo así, rayos, ¿parecían querer matarse todo el tiempo y ahora su mente le jugaba una mala pasada por los nervios o lo que fuera? Necesitaba tiempo a solas, definitivamente algo iba mal en el interior de su cabeza y con la fémina cerca suyo no podría pensar con claridad, al menos no sin ser interrumpido por burlas o sus propios deseos de jugarle alguna broma pesada a Elizabeth. Por otro lado, aún debía ver la reacción de la enfermera cuando la fémina fuera a retirar sus maletas, aunque estaba seguro que ella optaría por escabullirse durante la noche para evitar que la obligaran a reposar durante un tiempo hasta que sus lastimaduras sanasen.

Como sea, tengo cosas que hacer. Comentó con... ¿Molestia quizás? Es probable, aunque no sabía la razón en realidad, como fuera, se dio la media vuelta y comenzó a caminar sin rumbo fijo, no sabía a dónde iria a decir verdad, solo quería alejarse de todos por un rato al menos como para poder tener la mente despejada y deliberar consigo mismo. Sin percatarse su rumbo le llevó hasta donde el sauce boxeador se encontraba, y una vez relativamente cerca se acomodaría sobre el cesped. Rascó su mejilla mientras dejaba escapar un suspiro de molestia, al menos la descarada rubia ya estaba algo más cubierta como para no provocarle un infarto a cualquier que le viese... semidesnuda como estaba. Cerró los ojos por un rato, quería descansar un poco ya que como de costumbre, había tenido una noche pésima por culpa de sus malditas pesadillas que no dejaban de atormentarle nunca.

Intentó dormir un poco, al menos no había nadie cerca en esos momentos. Su consciencia se alejó lentamente de él mientras poco a poco el sueño comenzaba a ganarle. A pesar del frío, el joven parecía estar bastante a gusto en aquel sitio, en silencio y solo. No pasó mucho tiempo sin embargo antes de que el joven despertase sobresaltado. ¿Cuánto habría sido? ¿Veinte minutos quizás? Era probable, el sol apenas si se había movido de la posición en la que él le vio antes de quedarse dormido. Suspiró resignado, al parecer estaba condenado a una vida de insomnio. Se dispuso a tomar el libro que llevaba con él desde antes de que la joven se golpease. Solía anotar en él sus pesadillas y servía como una especie de diario si se quería, hablando de lo que deseaba, relatando la última noche en la que vio a sus padres con vida con lujo de detalles.

Por más que buscó en los bolsillos de su pantalón no lo encontró, debía haberlo dejado en su chaqueta... Suspiró resignado, tendría que ir a buscar sus cosas luego, sin embargo, creyó que la muchacha no se fijaría en un libro aparentemente en blanco, lo cierto es que había utilizado tinta invisible para evitar que cualquier chismoso pudiera husmear en lo que él había escrito. ¡Rayos, Elizabeth puede llegar a leer el contenido! Se dijo mientras se levantaba de su sitio para comenzar a buscar a la fémina. Solo esperaba que ella no se encontrase en su habitación, estaba prohibido para los hombres ingresar a las habitaciones de la chicas después de todo. Solo esperaba que ella no leyese nada de lo que allí había, nada de su pasado, y menos aún algo que escribió el primer año allí.

Diario:
 
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MensajeTema: Re: Nuevas alas   Mar Ene 03, 2012 8:41 pm

De acuerdo, eso era incluso más extraño aún. Que el Smirnov se preocupara por ella era de por sí inusual, pero que se preocupara de que ella golpeara a cualquier mirón indiscreto era, sin duda, imposible- "¿Acaso está... nervioso?" -pensó con incredulidad al percatarse de que incluso había tartamudeado al principio de sus palabras. En cualquier otra situación habría descartado esa posibilidad de inmediato pero... habían ocurrido tantas cosas raras en menos de una hora que ya podía esperarse cualquier cosa por impensable que fuera en una situación medianamente normal. Aún así estaba tan sorprendida que ni se le pasó por la cabeza utilizar aquello para burlarse, Dominic era una de las pocas -por no decir la única- que lograba sorprenderla hasta el punto de dejarla sin palabras, un mérito que nunca le reconocería. Cuando le escuchó suspirar y musitar ese molesto monosílabo pareció salir de su trance y dejó de mirarle como si estuviera hipnotizada. Por suerte para ella el ojos azules tenía demasiadas cosas en la cabeza como para echarle en cara que se le había quedado mirando como boba.

Cuando él le soltó esa absurda excusa para escabullirse Elizabeth simuló tragársela y le dejó marchar sin siquiera despedirse, dejando que su mirada le siguiera hasta que le perdió de vista por la lejanía. Fue entonces cuando suspiró de manera sonora y se encogió de hombros, acurrucándose un poco y abrazándose a sí misma para mermar el frío que recién ahora estaba sintiendo. Aún siendo un animal de sangre fría -por lo menos su forma animaga- la rubia resistía bien tanto el frío como el calor, pero en esos momentos la falta de ropas y fuerzas jugaba en su contra por no hablar de lo sensible que seguía teniendo el cuerpo en general. Decidió no pensar e irse de allí, no quería pillar un catarro pues si tenía que volver a verle la cara a la enfermera ella misma se tiraría por el barranco que había en uno de los lados del castillo.

Sus pasos la llevaron así hasta la biblioteca, completamente desolada a esas horas y por suerte con una chimenea encendida. No lo dudó antes de acercarse a la mencionada chimenea y se sentó frente a ésta, casi pegada a los barrotes que la separaban de las brasas para recuperar el calor con mayor rapidez. Desconocía cuánto tiempo se pasó allí, sólo sentada y dejando que la mente se le quedara en blanco pues cuanto más pensara en todo lo que había sucedido más confusa se encontraba, y prefería no hacerse más lío del que ya tenía. Podría decirse que fue casualidad lo que la llevó a palpar la chaqueta para acomodarla y notar entonces que había algo en uno de los bolsillos. Lo sacó con cuidado viendo que era una especie de cuaderno y al abrirlo arqueó una de sus cejas al ver que estaba en blanco. Pasó la yema de sus dedos con delicadeza por algunas hojas notando que, si bien no se veía nada, alguien había escrito sobre esas páginas. Por invisible que fuera la tinta el surco que se marcaba en las hojas al pasar lápices, bolis o incluso plumas era fácil de notar con el tacto.

No tenía su varita a mano, pero como toda bruja de 7º curso que se precie era capaz de efectuar algunos hechizos sencillos sin varita, y para revelar escrituras de tinta invisible le bastó con musitar el conjuro oportuno para que las palabras aparecieran. Lo primero que leyó fue una fecha al azar: 15 de Octubre, el de hacía seis o siete años para ser más exactos. En ese momento sus manos se movieron como si fuera a cerrar el cuaderno, deteniéndose en el último momento. No debía leerlo, ella era muy celosa con su vida y no le gustaba meter las narices en la vida de los demás y mucho menos urgar en el pasado de otras personas... pero la curiosidad la estaba matando y terminó yendo en contra de sus propios principios cuando volvió a acomodar ese libro en sus manos. Algo le impulsaba a querer saber más de ese hombre al que, pensándolo bien, no conocía en absoluto aunque hubieran compartido casi todas las clases desde los once años.

Leyó con atención, sin pasar ni una palabra por alto y sin duda se sorprendió cuando descubrió que Dominic y ella tenían más cosas en común de las que creían. Nunca habían hablado de su pasado, al menos no entre ellos y resulta que eran muy parecidos. Los padres de ambos habían sido asesinados a pesar de que la rubia tuvo la suerte de no presenciar el atroz espectáculo que de seguro se protagonizó en su casa antes de que ella volviera del internado. Tras ello ambos habían acabado en manos del gobierno, orfanato o reformatorio no se diferenciaban mucho salvo, quizá, en la disciplina que se inculcaba en cada uno de ellos. Se hubiera reído de la primera acotación sobre los niños de no ser porque le recordaba mucho a ella, solo que en su caso nunca había rechazado una pelea. Si alguien la hería ella contraatacaba, incluso de joven era una mujer que no se dejaba pisotear por nadie, y mucho menos por otros niños.

Luego leyó lo de las pesadillas... y volvió a recordarle a ella misma. Elizabeth no padecía de insomnio y había adiestrdo su mente hasta el punto de ni siqiera soñar pues era preferible no tener sueños a que éstos fueran siempre pesadillas, pero aún así de vez en cuando volvían, aquella imagen de sus padres desfigurados en medio de una habitación roja por su propia sangre era un recuerdo que jamás se le borraría, estaba segura que ni el conjuro obliviate lograría arrancar esa escena de su mente. Negó con fuerza para evitar pensar en ello y siguió leyendo hasta que una fecha en particular llamó su atención: 3 de Abril. ¿Por qué diablos el platinado había apuntado esa fecha? No tuvo más que leer la línea siguiente para descubrirlo y sus ojos se abrieron tanto que hubiera jurado que se le saldrían de las cuencas. Dominic había apuntado en esa especie de diario la fecha anterior a su cumpleaños, y no sólo eso... encima escribió que estaba buscándole un regalo. ¿Ese era el Dominic que ella conocía? Juraría que no...

Aún así le resultó tierno -lo cual tratándose de ella era casi un milagro- que el varón hubiera pensado tanto qué regalarle. Ni se preguntó cómo averiguó su cumpleaños, comparado con lo que leía ese dato no tenía mayor importancia, al menos no por ahora. Debía reconocer que se molestó cuando la calificó como "niña bastante agresiva y malhablada" por cierto que eso fuera, aunque al igual que se molestó sin poder evitarlo tampoco pudo impedir que una sonrisa afable e incluso feliz curvara sus labios al leer que, a pesar de todo, le resultaba agradable y quería regalarle algo. No despegó sus ojos de las páginas, no hasta acabar con la última acotación referente a ella y que le hizo reír por lo bajo al tiempo que sentía sus ojos humedecerse, quién sabe si por la risa o por algo más.

- No te atrevas a llorar, idiota -se dijo a sí misma en un tono de voz tan bajo que incluso a ella le resultó difícil escucharlo. Aún recordaba aquel día, ¿cómo olvidarse? Cumplía los doce años si su memoria no le fallaba y ese molesto chico al que había conocido al incio de curso, más concretamente en la espera para entrar al gran comedor porque, casualmente, a Barran le dio por posársele sobre la cabeza siendo en aquel entonces apenas un polluelo que recién aprendía a planear. Fue divertido ver que él se molestaba de que un bicho con plumas utilizaba su cabeza de nido y obviamente Elizabeth no se cortó un pelo a la hora de burlarse un poco aunque no hubo mucho tiempo para bromas, la profesora McGonagall interrumpió la disputa al anunciarles que entraran.

Como su apellido empezaba por L (o por C según el que hubieran cogido primero) obviamente a ella la llamaron antes que al chico sin nombre y la asignaron en Slytherin, causando gran conmoción no sólo por la evidencia de su sangre sucia, sino por la firmeza con la que el Sombrero seleccionador la adjudicó a la casa de las serpientes... pero eso es otra historia. Desde el momento en que escuchó las palabras "Dominic Andrey Smirnov" y "Gryffindor" supo que su relación iba a ser complicada, por decirlo en términos suaves. Era fácil imaginar la sorpresa que se llevó el 4 de Abril cuando, además de su pesado e irritante hermanastro, otro alumno había llamado su atención. No recibió más regalos que el de Mattias porque sólo él -según creía- conocía su cumpleaños por eso acudió al llamado del platinado creyendo que querría decirle algo. Su sorpresa al ver que le regalaba algo fue mayúscula y apenas pudo disimularlo. Estaba contenta, feliz y desconcertada al mismo tiempo pero ni gracias dio, su garganta no articulaba palabra alguna aunque cuando abrió el regalo -arrancando papel y tapa o lo que hubiera entre ella y el interior de la caja- casi se cae para atrás del susto.

Era normal que lanzara el regalo lo más lejos psoible -que cayera en el Sauce boxeador fue mera casualidad-, después de todo... ¿a qué idiota se le ocurre regalarle a una niña de doce años una araña? Suerte tuvo Elizabeth de no gritar cuando vio ese animal a punto de morderla y fue instinto lo que le hizo lanzarla cuanto más lejos mejor. Pensó que era una broma pesada, que alguien habría filtrado la fecha de su cumpleaños y que Dominic se había vengado por lo ocurrido en el primer día en Hogwarts, por eso ni se imaginó que el regalo iba en serio. Recuerda haberse ido de allí sin pronunciar palabra, pero recién ahora descubría que sus acciones pasadas fueron como el desencadenante final de la relación a muerte que ellos dos tenían.

- Mira que llega a ser tonto... -volvió a musitar manteniendo la suave sonrisa dibujada en el rostro mientras, inconscientemente, llevaba su mano izquierda sobre su muslo, donde bajo los jeans -todavía sin colocar bien, cabe añadir- descansaba un tatuaje relacionado con todo ese asunto de hace cinco o seis años y que siempre ocultaba cuando estaba en la escuela ya fuera bajo pantalones o medias que cubrían desde los pies hasta casi el inicio de los muslos. Si lo pensaba bien... ¿cómo reaccionaría Dominic si lo viera? No lo sabía, ni tampoco era capaz de imaginarlo así como tampoco imaginaba que el varón estaba buscándola a toda prisa, pero en cuanto escuchase ruidos cerca de ella guardaría inmediatamente el cuaderno donde lo encontró, fingiendo no darse cuenta de que tenía el mencionado cuaderno en su poder.



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